23/7/16

Jorge Leónidas Escudero: "Soy como el ignorante empeñoso que aspira a un tesoro..."



Cero 


El fuego los consuma 
les aúllen los monos de hórrida selva
y los papagayos trastruequen sus nombres, 
las orquídeas abunden, vanamente, 
sobre sus itinerarios confusos. 

Porque no fueron más que semilla de viento, 
ojo de tormenta o sea
en sus manos existen elementos angélicos
pero se malogran las vetas, 
todo termina en burla. 

Y es que nadie ha visto más forma de desierto
que ellos, más aguda
soledad o un desquite que jamás llega. 

A bancos de las plazas madrugadas
suelen ir esas penas o hiantes hombres enroscados, 
las sus lágrimas luego de perder
y el aplauso de las palmeras para mayor escándalo.

Constructores tozudos de castillos de naipes
al azar de su ansia, sin abrigo; 
tropezar en la misma piedra a cada
paso en la inmensidad. 

Sin embargo resumen lo más hondo del hombre: 
Sobrepasar sus límites, pura búsqueda y nada. 

El juego es hermoso, pero el camino es triste.









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15


En Baden Baden o en Wiesbaden,
donde amó la ruleta Dostoievski,
ahí estuve en mil
ochocientos sesenta y pico.

Aún lo veo al ingenuo de Fedor
perder hasta el pasaje de vuelta a Rusia
y me veo a mí mismo, ilusionado,
perseguir infames mariposas.

Es que vengo haciendo en muchas partes
vida de iluso,
soñando con aves del paraíso
y perdiendo las plumas.

Sin duda que el eximio novelista,
jugador extremoso,
seguirá todavía en Baden Baden o en Wiesbaden
(tal como lo dejé)
luchando a pie juntillas contra los numerosos
caprichos de la suerte.

Por eso le remito este mensaje hoy
para que venga a ver mi última martingala,
tan bonita,
que si no anda inventaré otra.

Vendrá por descontado el amigo Fedor
a que juguemos juntos, porque le gustaba mucho
colgarse en los precipicios y sacar la lengua.









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4


Tableteo de fichas, el fracaso
que las arañas tejen. En efecto, 
punto y banca es un juego extraordinario
para gente omitida que decide
tomar cartas en algo.

La mano de la mujer, un bote dado vuelta, 
trataba de retener su última esperanza. 
Fumaba desesperada. Un acierto
quiso enhebrar de apuro y se le torció el humo.

Vieja madera rubia la echaron a una orilla
para alimento de las hormigas.
Mientras tanto la noche iba de ancar, 
siete por uno, esperen, cinco y pide;
mucha gente humillada.

Entonces se dirigió a mí con la mirada
y sin pronunciar labio
dijo que estaba muy delgada, 
que era representante de la Humanidad sufriente, 
que podría desquitarse si yo le regalara una ficha.

Más no quise ayudarla porque es muy difícil
que la Humanidad se desquite.









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25


Este burro me ha hecho perder la fe en el mundo.
Tan lindo que es cuando avanza. ¡Winedrop! ¡Winedrop! 
pero después afloja y todo termina en desquicio.

Primaveral domingo hora quince.
Temperatura exactamente la de mi furia
por manejar boletitos de modo 
que se metió Farfal por la mismísima:
perdí por cuatro cuerpos.

Ahora soy un seco padre de familia
expuesto a los lobos que me persiguen. Era
jugarle a un caballito fenómeno
y miren lo que pasó.

Volveré volveré como las oscuras
a escupir este piso e insultar
cualquier pedigree. Pasaba, 
iba solamente a la florería
a comprar un ramo para una amiga de mi mujer
que falleció en domingo, pobrecita,
cuando entré al hipódromo y me jugué las flores
a las patas de un pura sangre.









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6


Si usted ve a los buscadores de oro de la Amazonia
dice que son grandes muchachos.
En cambio de mí dirá que soy un vago.
Es admisible que no se fije bien;
pero ellos y yo nos revolcamos
en el mismo barro del juego.

No olvide pensar que esos trabajadores
juegan a la ruleta ahondando su veta
y sueñan con acertar una bonanza
para así despedirse de la selva hórrida, 
los bichos ponzoñosos y cuanta bestia
se enquista donde habita la esperanza. 

Ahora si medita hasta profundamente
usted podría llegar a la evidencia
de que los garimpeiros de la Sierra Pelada, 
al igual que yo, 
estamos agarrando el rábano por las hojas.









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13


Soy como el ignorante empeñoso
que aspira a un tesoro.
Todo lo conseguido fueron llagas
y cuanto más un ¡Ah!, como alto gozo
en la noche total, por haber visto.

Eso y tomar mujer. Ella y los niños.
El desierto por tierra prometida.
A veces un oasis pequeñísimo. 

Terrible vanidad quererlo todo
y elegir el camino más difícil.

Nadie dirá, el día que me quiebre, 
que pude en una cosa seria.
Mis amistades, comentando el hecho, 
moverán la cabeza como péndulo
negándome al barrer. Así es la vida.









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36


Apareció transido una mañana
cuando me levantaba para ir a la escuela.
Observé tras los vidrios que dudaba
si entrar a casa o no. Era mi padre.

De sobretodo largo arrugado
y barba en crecida. Va y le abre
mi madre. Nos sentamos
a desayunar y ni agrega esta boca es mía.

Ven que revea ese mazo, papaíto,
tu mano en cucharita temblorosa al café,
la falta de seguridad en los ojos,
y el sol que apareció, no obstante
habías perdido todo
según supe después.

Nunca más ocurrió y prestamente
dijiste cuidadito hijo mío,
el juego es un abrojo que se te prende
hasta dejarte desnudo.

Y desde entonces su ausencia
de sobretodo fúnebre vigila
en la puerta de todos los casinos y timbas
para que yo no entre;
pero entro no más y a la salida
digo tenés razón viejito, perdoname.









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8


Tanto morder barrotes de la jaula
ha perdido los dientes, 
tanto llevar el monstruo en sus espaldas
las clavículas se le han incrustado
en los pulmones. 

Le ha puesto al 11 y ha cobrado espanto.

Se dirige a un sillón y casualmente
me atrevo a explicarle. 
La seguidilla que usted busca no existe, 
es un sueño de tontos, se deshoja
a cada golpe de brisa. 

Me mira de reojo
para decirme evidentemente molesto:
Los números vecinos son amores, 
nada más que ahora están perezosos, más espere
y van a cantarlos hasta usted morirse. 

Ahí le pongo las manos en los hombros
y le siento hundidas las clavículas 
en efecto, por el peso del monstruo.









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33


De los jugadores difuntos que pululan
en sus lugares afines, 
cada vez que asisto salía uno
y se me ubica en el hombro.

Se me acomoda encima como un loro perverso
y desde ese momento ya no puedo ganar, no, 
porque entonces abrigo un ícono-vestigio, 
un espíritu mistificado 
como dicen los entendidos.

Me cantará en el oído esos números
que si apuesto no salen y al a viceversa.
¡Oh!, entidad fraccionaria y mentirosa, 
núcleo de espanto, inteligencia parásita, 
¿por qué insistes en humillarme?

Tendré que hacerme exorcizar.









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20


La lombriz solitaria que abarcó su corazón
se ha retirado al fin, toda ofendida, 
ante la buena vida que hace Ignacio, 
quien ya non toca dado ni baraja
y ruletísticamente hablando tampoco.

El caso es que la tenía alevosa
que lo tenía chupado y ojeroso, 
y hasta con un cordón de acreedores
alrededor de la casa, ha soltado presa. 

Hermoso.
Hermoso si esto terminara aquí;
pero el hombre anda raro, 
como si le faltara aire.

Su mujer cree verlo definitivamente a salvo;
pero yo digo que no, 
que cualquier noche de éstas volverá a las andadas
y dará gritos tristes, 
retorciéndose lujuriosamente, 
cuando lo exprima otra vez la lombriz.









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9


Por haberme excedido en un todo
he vendido a masticar estropajo. 
Entregué mi herencia a eventos, olvidé
toda prudencia.

Llevado a coronar números varios
se me fueron los años entre los dedos, 
mis sueños terminaron en humo, 
mi delirio expiró en tercera docena. 

No quería charlar de esta manera
pero he de desahogarme. Anoche mismo
me dijo un amigo no acudas
porque la luna está adversa.
Sin embargo asistí ya que existe
un expedicionario impenitente en mí, 
un Prometeo, Un Ícaro, un ofendido
capitán ballenero que ha muerto
mil veces destrozado por sí mismo.









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3


Soñándote a ti mismo serás tu sueño.
Suéñate, pero despierto.
Luego olvida los pensamientos:
tu acción se transformará en la no acción.

El zorro no premedita, acecha, 
y salta sobre la presa en el momento oportuno.
De modo que si pretendes ganar nunca elijas
porque el saber habla de ti o no habla
sin que haya vacilación.

esto lo aprendí en mis estrujamientos, 
un cavilar nocturno
escribir fino, lixiviar ceniza, 
quemarme los ojos en vista de todo.

Acércate a la mesa como idiota, 
como si estuvieras ajeno a todo
y coloca la apuesta donde tu corazón diga ¡Ah!

Pero mejor olvídate, 
apártate de estas palabras.
El fuego de lo desconocido se alimenta con mariposas.









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Jorge Leónidas Escudero (1920-2016)
San Juán, Argentina.


Los grandes jugadores - 1987
Edición del autor, San Juan, Argentina.