6/12/16

Alicia García Bergua: "Llega por fin esa presencia llana de las cosas..."


Mi cuerpo es sedentario 
le gusta demorarse,
centrarse en lo que siente
y no pasar de largo.
Pese a incomodarle estar inmóvil,
va llevando el compás de lo que escribo.
Él es quién sabe lo que estoy buscando,
él lleva el ritmo de lo que yo digo,
sin él no veo lo que estoy diciendo
desde la magnitud en que está dicho
que es mi respiración, mi titubeo.








----








Tenía treinta años, 
me recuerdo fumando,
abordando esa vida
que parecía ir a alguna parte:
aquí, donde estoy
de nuevo conociéndome
como si fuera otra.
Pese al miedo,
me sentía caminar
de palmo a palmo
por eso que era yo;
no podía creer que envejecía,
que no iba a la cabeza
de mi tiempo.
Ahora que me pasa por encima
y que me hallo
ya cada vez más sola
con mi cuerpo,
me sé parte de todo,
un trozo que se va
y se despide a diario
únicamente para despertar,
despertar muchas veces.








----








Luto


La familia es un sistema planetario.
En los momentos duros, cuando no la disfruta,
desconoce su inercia.
Se siente ajena a esas órbitas
que recorre en plena oscuridad.
Su sol no la alumbra para verse a sí misma,
sólo la perfila, le da fuerza.
Por eso cuando hay luto poco a nada se aclara.
Sólo las ilusiones pierden peso
frente a la contundencia del núcleo familiar.
La pena hace tocar ese duro granito
en que está cincelado.
Su apariencia es flexible y nos permite amar la libertad,
pero se vuelve cruel cuando se quiebra.








----








Metafísica

para Carlos

Antes de aquel principio,
todo lo que en ahora nuestras vidas
también nos separaba.
Hubo sólo caminos
en los que nos cruzamos
sin nunca darnos cuenta;
oímos nuestros nombres
como si de otros mundos se tratara.
Éramos otros cuerpos, otras mentes;
ahora los vemos desde aquí
como una orilla vaga,
un lugar de partida
desde el cual el nosotros
va empujando el recuerdo
como un río.








----








Mientras dormimos


Prosigue la memoria en la corteza;
ha dejado de ser esa palanca que nos lanza hacia afuera.
Ya todo se reduce a pálpitos e impulsos
que nuestro cuerpo debe reiterar.
Rondamos nuestros limites, vamos perdiendo el hilo,
todo lo que pensamos viene y va,
cruza por la cabeza como por una playa abandonada.
Quedamos dispersados en todos esos granos
que llevan uno a uno las ondas del espíritu.
Sostienen por momentos tormentas gigantescas
que pueden despertarnos,
se asientan en el fondo y surge un mar absurdo
que se atraviesapor necesidad.
¿Regresaremos acaso a un lugar donde ya sólo cuentan
las mínimas partículas de las que estamos hechos?








----








Me detengo de pronto
en la hoja de un libro
por donde me escapé
olvidando que existo,
miro a mí alrededor y me entristezco.
Sin la tinta que pasas ante mis ojos
en caracteres ágiles,
no aguantaría el frío y la aridez
con la que nos repetimos insaciables.
Me quisiera soltar,
recuperar el ritmo aventurado
que alguna vez mantuve
más allá de esas letras.
Pero ahora no puedo,
las paginas impresas
son también las columnas de mi casa.
Sin ellas no habría nada,
todo estaría vacío
y no habría horizonte en qué pensar.








----








Me gusta este silencio
de la ropa doblada en el armario,
me tranquiliza mucho;
mirarla hace una pausa contundente.

Una encima de la otra
las prendas del armario
esperan con paciencia,
parecen señalar que hay que cruzar los brazos,
mirar los pensamientos se aligeran
y se vuelven dispersos.








----








Llega por fin esa presencia llana de las cosas
que una no quiere ver de puro miedo
y el amor que te tuve está entre ellas
ya sin sombra de duda.
Fuiste un resquicio, un ancla,
una vitalidad abrumadora,
tú que captabas todo tan ágilmente.

Un crédito en pantalla,
la imagen registrada de una persona...
eran los alfileres que ponías,
como tu madre, maestra y costurera,
para quedarte aquí y mantener a raya la añoranza
de ese tiempo imposible que acarrea el exilio.
Todos esos pinchazos de tu letra menuda
y esos dibujos rápidos
para atrapar el mundo en movimiento,
eran una manera de aferrarte,
de ir creando nostalgias.

Un diálogo, un chiste, alguna melodía
hacían surgir en ti ese simple placer de la memoria
con el que se recogen los momentos
como pequeños trozos coloridos.
Caminaste junto con mil amigos
para festejar siempre
el hilo milagroso de tu vida.








----








Urgencias


Los pacientes se centran en su propio dolor y no se miran,
sólo algunos observan
a quienes deambulan entre ellos.
Los familiares vemos de reojo
a quien no es nuestro enfermo,
nos ayudamos casi sin rozarnos;
somos un pueblo efímero
unido por los sueros:
caminos solitarios a las venas
de todos los que yacen.
Médicos y enfermeras nos tratan de alejar
de lo que ocurre,
piden que respondamos cuestionarios
y nos dejan ahí, pegados al presente,
sin saber si en efecto nos entendieron bien
en esta aldea de cortinas
en la que no estaremos todo el tiempo,
pues nos harán salir a una sala de espera
en la que formaremos otro pueblo distinto,
distraído y con sueño,
nervioso de no oír el altavoz
y que cuida con celo cada silla
o el piso en el que duerme.








----




Alicia García Bergua (1954)
Ciudad de Mèxico.


Tramas - 2007
Editorial: Calamus