30/12/12

Osvaldo Bossi: "la delicia de un deseo de amor que es la droga más terrible del mundo..."



Chicos malos


Yo no creo en los chicos malos.
Aunque hagan cosas terribles, yo no creo.
Miro esa foto
con tus hermanos y tus primos, haciéndose el payaso
y se me rompe el corazón
-la alegría, a veces, es un monstruo
que nos hace llorar. Bueno,
yo río y lloro como un condenado
cuando miro esas fotos.

Chico malo jugando con su perro.
Chico malo arrojando un beso al aire
para que lo reciba su hermana,
que sostiene la cámara. Y el mismo chico malo
abrazando a su mami, mientras sirve la mesa.
Y la mami que se ruboriza y se pone contenta
de tener un hijo así, tan loco -no sé cómo explicarlo,
es la primera foto que veo de tu madre
y ya la venero
como si fuera la Virgen de Itatí.

Seguro que de fondo sonaba un chamamé
(no Los hermanos Barrios, porque le cantan
a la tristeza, sino uno de esos
que dan ganas de salir a los cuatro vientos
y ponerse a gritar. Yo que no grito ni en sueños,
salir a la calle y ponerme a gritar
porque vi el fondo de tu casa
por primera vez, con ese coche viejo, arrumbado
y una montañita de escombros
y la soga donde tu mami cuelga la ropa.

Aunque parezcas el chico
más indomable de todo este mundo. Yo vi
la mesa en la que te sentabas a comer,
el vaso de vino, el pan, la humilde ráfaga
de una alegría que se le sustrae al tiempo.
El tiempo: el único y verdadero chico malo
en toda esta historia.





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Si pudiera sacarte de la droga

Si pudiera sacarte de la droga...
pero no puedo.
Hago el intento, pero siempre fracaso.
No soy tu padre. No soy tu madre.
No soy un especialista.
En lugar de eso, te acompaño a comprar...

Lo raro, lo más raro de todo
es que al Tío (así lo llaman a tu dealer)
yo le caigo muy bien.
No son ideas mías.
Terminan de hacer el intercambio
y el tipo se da vuelta y me mira, sonriente;
después te guiña un ojo y (si no hay mucho trabajo)
nos invita a tomar una cerveza
ahí nomás, en el bar de la esquina.
Y si vas solo... Bueno,
indefectiblemente te pregunta por mí.

Cuando nos presentaste
le dijiste: Este es Osvaldo, un gran amigo.
Y agregaste, enseguida; Es escritor.
Desde ese día
a ese buen padre de familia, algo
(aunque parezca una locura) le atrae, le intriga de mí.

No hay muchos escritores por esa zona,
y los que hay
no van a esos lugares seguramente.
Si te contara mi vida, me dijo, tendrías para escribir
un libro
. Y entornó los ojos
como buscando algo que parecía estaba ahí,
entre nosotros, pero que nadie, salvo él mismo
podía reconocer.

Yo creo que El Tío aquella noche
al verme, se dio cuenta de todo
y ese descubrimiento lo encandiló.
Como si los consumidores de drogas, lleváramos
un halo o un sello en la frente.
Yo no consumo nada, y nada de lo que él vende
me interesa, pero leyó en mis ojos, estoy seguro
la tortura y la delicia de un deseo de amor
que es la droga más terrible del mundo,
digan lo que digan los especialistas.

Pero bueno, ya es tarde.
Después de obtener lo que querías,
no te importa más nada y como un zombie
te acercás y me decís al oído. Aguantáme un toque
y después nos vamos
. Trepás las escaleras
del bar, hacia el baño, de dos en dos
y de un salto -oh, magnífico- desaparecés.

El Tío, mientras tanto, me mira
y se sonríe. Es que adictos como yo
no se deben ver todos los días.
Por eso, supongo, cada vez que te pasa
la pequeña bolsita resplandeciente
te pregunta por mí.










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De a poco, me fuiste presentando


De a poco, me fuiste presentando
a tus amigo.
Nadie sabe, sin embargo
lo que existe entre nosotros.
Ni yo mismo lo sé.
Como si se tratara de un sentimiento
absurdo o que no podemos,
nadie podría, clasificar.
Qué suerte tiene la gente
cuando puede llamar
las cosas por su nombre.
Quizás firmaron un acuerdo de paz
o algo así. los nombres que yo tengo
varían, y ninguno me alcanza.
Se trata por lo tanto
de un mundo inestable
o cuya permanencia no depende
de las palabras que lo nombran.
De hecho, seamos honestos
los nombres de tus amigos
tampoco son una garantía de nada.
Pomelo, el Rulo, babosa, Tapita, el Polaco...
No son nombres, son otra cosa.
Hay un secreto que no se ve.
Hay un misterio que las palabras
intentan, pero no pueden, revelar.
Por eso, ni yo pregunto nada
ni ellos preguntan.
Cada uno en la suya.
Y todo el tiempo hablan, hablamos
de cualquier otra cosa.
Hasta que de pronto, Tapita
se acerca, me palmea el hombro y a medida que llena mi vaso de cerveza
me pregunta, con esa voz
rasposa que tiene Tapita: ¿Con espuma
o sin espuma?

Con espuma, le digo.
Luego llena su vaso y al levantarlo, dice
como todo niño borracho,
muy solemnemente: ¡Por la amistad!
Y los otros, al verlo
se suman
al brindis. Por la amistad, dicen
por la amistad! como si estuvieran jurando
a la bandera. Y en eso, justo
en ese momento, yo me acuerdo
de un libro
increíble de Boris Vian
que leí cuando tenía la edad de Lautaro
y de Tapita, y de todos estos vagos que flotan
como ángeles
en la húmeda eternidad de los bares,
a cualquier hora.
El libro se llamaba, si no
me equivoco. La espuma de los días.
Bueno, yo brindo por eso.










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Princesas


Entré a la noche
con una linterna de juguete.
Dicen que en cualquier momento
se apagarán las baterías
y veré las cosas tal como son.
mientras tanto, Ana
que justo pasaba por ahí
se suma a la fiesta improvisada
por el cumpleaños d mi amigo.
Entra en el bar y enseguida
se sienta a mi lado
(lleva un vestido sencillo
porque, me dijo un día, no le gusta
llamar la atención de la gente).
A mí me encanta su sonrisa
y la voluntad que pone en todas las cosas
y el hondo silencio en que se pierde, a veces
mientras los otros hablan, beben,
fanfarronean...
Fue hermosa un día, y ahora
el deterioro que acarrea la calle
la cubre como un velo
que la muestra y la oculta a la vez.
Aún así, nada parece preocuparla
esta noche.
Ahora mismo, por ejemplo, con un ojo
se alegra de vernos, y con el otro
cuenta los billetes... y está bien que así sea.
pero después se olvida de todo
y se entrega a la música
que sale de los altoparlantes.

-Es Karina, me dice, y se pone contenta
y yo lo llamo al mozo y le pido
un vaso para Ana que, como la otra princesita,
mueve la cabeza y los hombros, el pelo largo
rubio, hasta la cintura
sin dejar de pedir que le mientan,
que por favor
le mientan, dice, una y otra vez...
Como si el bar se hubiera convertido
en un hermoso trasatlántico
que brilla, en mitad de la noche, lejos
de cualquier dolor.

...Porque ya no hay dolor .
Ningún dolor ¿no es cierto Ana?
Yo mismo, que a veces parezco
tan desamparado, me muevo
como si la calle hubiera sido lo mío
siempre, y no los libros.
Como si vos, y Tapita, y mi amigo Lautaro
fueran, desde siempre, mis auténticos
camaradas. ¿Por eso
en un momento determinado
te recogiste el pelo y me invitaste
a bailar? Después
nuestros amigos se acercaron, y todos
nos reímos de todo.
Como si Dios, no importa lo que diga,
estuviera siempre de nuestro lado ¿no es cierto, Ana?
Y ahí nomás me abrazaste y, sin dudarlo
me diste un beso
tibio, como nunca antes nadie
me había dado en los labios.
Y me dijiste que sí.










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Basta de paz, basta de amor


No voy al trabajo,
pierdo las horas al lado tuyo
como quien se tira en el pasto, boca arriba
a mirar las estrellas.
Nubes negras, pesadas
amenazan abrirse
para dejar caer masa compactas
de granizo
y destrucción.
Por suerte, no encendiste la radio.
Abrís una cerveza y te quedás, desnudo
mirando por la ventana
el avance inexorable de los acontecimientos.
Desde la cama, todo es hermoso
como en un cuadro: Muchachos en la ventana
cigarrillo en una mano, botella
de cerveza en la otra, mirando la noche
.

Porque de golpe se hizo la noche.
Un río cruza
de lado a lado la ciudad.
La lluvia golpea la ventana
como si fuera el último día.
-Son piedras, digo
mientras me acerco a mirar, yo también,
un poco asustado
el cielo que se desguaza.
Pero este chico no se asusta; se ríe
de la tormenta. Le divierte
el estrépito que se armó.
Las calles inundadas, el tránsito congestionado.
La gente que corre, corre, a refugiarse de la lluvia
pero inútilmente.
-Traéte otra cerveza, Os, me dice.
Mirá el cachengue que se armó.
Y yo me río
porque en mi vida voy a encontrar
una palabra más precisa que ésa
para definir ese momento de furia.
Como si Dios
bajara del cielo (basta de paz, basta de amor)
y se pusiera a patear tachos de basura
y a golpear sus cadenas
sobre los techos de los autos.










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Ayer a la tarde


Ayer a la tarde
llamaste para decirme
que me querías.
Loco te quiero, me dijiste.
De fondo se escuchaba el ruido
ensordecedor de los autos
y de las ambulancias.
Un bocinazo detrás del otro.
imaginé la rabia de los taxistas, la rabia
de los colectiveros...
Pero yo te escuché.
A mil kilómetros de distancia
escuché tu voz (guarra,
profundamente estremecida).
No sé qué estarías haciendo
en ese momento, ni por qué lo dijiste.
Algunos muchachos
no confiesan su amor
ni arrinconados contra una pared.
Duros como una piedra.
Tercos como una mula.
pero ¿de qué amor estoy hablando?
Dijiste que me querías.
Que me querías, sólo eso. Contento
y un poco aturdido, es cierto
como si hubieras descubierto un continente
todavía desconocido, y tuvieras
la urgente necesidad de comunicármelo.








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Osvaldo Bossi (1963)
Ciudadela, Buenos Aires, Argentina


Chicos malos y otros libros, 2012
Editorial Conejos

23/12/12

Jimena Repetto: "antes del primer llanto siempre hay un silencio..."



Los patos


Los patos, contra la física
levantan las alas y vuelan.

De lejos, son sombras negras
que podrían cubrir un palacio
o trazar rutas
por las que ningún ser jamás transite.

Después aterrizan en una laguna,
supongo, a remojar sus plumas
verdes o azules
brillantes, me contabas.

Yo te creía
que ellos podían cruzar montañas, continentes
creía en eso con la fe y la certeza
con la que veía a la tierra humedecerse
y mojaba los pies en los charcos de julio.

Íbamos por la ruta
y un pájaro se estrelló contra el vidrio.

Paramos.

Los patos esquivan el sol
son inmortales
dijiste mientras esperábamos
que viniera el auxilio.

Cayó en pleno vuelo
así haya estado entre las nubes más blancas.

Cuando llegó el remolque
con tres hombres y cadenas
nos llevaron al pueblo más cercano
y me contaste sobre los patos
que nadaban en una laguna,
no te atrevías a tocarlos
y yo alimentaba sus picos naranjas.

El pájaro quedó en la ruta,
cambiaron el vidrio en menos de dos horas.

Los patos viven para siempre
contra la física
en los días de sol, creía.

Un pájaro cualquiera
cae en un giro
del auto que lo lleva por delante
con dos personas antes de alejarse
como si nunca nada hubiera sido.








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Lejano


Cruzaste la frontera

Allí:
taxis verdes aparcando en las esquinas
taxis verdes que nunca
van cerca de casa.

Supongo te habrás acostumbrado
yo también a la posibilidad
de no encontrarnos.

Me pregunto
si el tiempo te hará más guapo
si te enamorarás.

Ahora hablo en tu idioma
conquistador
y lejano.








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Invasión


Cuando volvimos
en la ventana de nuestra casa
encontramos un nido
peligrosísimo.

Podía llenarse la casa de palomas
una invasión capaz de detener
un avión en pleno vuelo.

No nos atrevíamos a echarlas
así que dejábamos pasar el tiempo
como si esperáramos el daño.

Por las noches escuchábamos
la amenaza cómplices.

De un día para el otro se fueron
después del nacimiento de los pichones.
Nos quedamos solos
rogando por ese miedo
que nos mantenía unidos
con las persianas bajas.








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Violetas, absurdos, brillantes


Eras mi mago
el único que aparecía conejos
violetas, absurdos, brillantes

Con el tiempo no hubo más ilusiones.

A veces en las fiestas busco
hombres con galeras

sacan conejos blancos
de orejas rosadas
y bigotes afilados

pero ahora me da igual.








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Por si acaso


Por si acaso
quisiera decirte
que un tiempo atrás
yo no sabía
ni de poemas ni de palabras
y todo era un mito
como la niebla o la luz
en la primera mañana.

Andaba pateando latitas,
desafiando esquinas,
escondiéndome en salas oscuras
donde el mundo
se había vuelto proyecciones
de otro mundo
en el que no existían las escuelas
ni los hombres
ni la añoranza.

Yo le dije a ese tiempo
que se fuera a ver si llueve
que me dejara tranquila
mientras me ataba grillos
en el cuello
para que me dieran música
mientras descubría la noche
para que me diera danza.

Yo quisiera decirte
que antes del primer llanto
siempre hay un silencio
y al nacer callada
el grito tajea la existencia
como las palabras
tejen las alianzas.

Yo te dije un día
que no era damita
de volados ni de poses
que cada tanto se me escapa
un chirrido insoportable
que saca escarchas en las flores.

Pero otras veces
como esas noches
me crecen las arrugas primigenias
y hago brotar entre mis dedos
las olas de todos los ríos
los cantos de todos los mares.

Ayer me hice la valiente
y me tragué un carretel dorado
te dije que no era Ariadna
por no decirte

que está adentro el laberinto
aunque esté afuera
el Minotauro.








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Así mueren mil peces


Adelante atrás adelante
los pescadores
batían sus brazos
y lanzaban las carnadas.

Ellos esperaban pacientes
que la superficie se moviera
y el hilo se tensara
para sacar el almuerzo.

Los peces boqueaban
lejos de sus casas
de sus amigos
de la tersura del lago y saltaban.

Vos decías que sólo ellos
bailaban su muerte
yo pensé que nunca se veía
morir peces en el agua.

Igual que nosotros ante el fin
para evitar el dolor
nos alejamos.








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Jimena Repetto (1980)
Buenos Aires, Argentina


Autos rojos Bestias impares, 2012
Tocadesata ediciones

19/12/12

Jorge Leónidas Escudero: "Tiemblo en ansiedad gozante cuando pienso la posibilidad de hallar la clave..."

 
Tregua


Desde aquí veo pasar gente va y viene,
mujeres pantalón mostrar lo suyo,
hombres rebuscadores de lo obvio,
un árbol demacrado ser otoño
en hojas despedidas,
un perro aún, un niño todavía,
un pedazo de sol en la vereda,
un vendedor de globos de colores. Esto
será hasta que al inventor del mundo
se le ocurra otro invento,
hasta que por aburrimiento
borre todo con el codo.








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La pared parlante


En la calle donde paso
cada vez más despacio yéndome,
suelo ahí pensativo detenerme a leer
en la pared de un baldío el mensaje de amor
qu' escribiera un joven hace años no sé.
El sol y la lluvia lo destiñen pero
aunquel tiempo lo borre
seguirá ahí para decir la vida
no muere.

Esto le conté a un amigo y replicó:
Choterías tuyas
darte cuerda ante un escrito en pared muda.
Quien escribió a fulana que la amaba
seguro hoy está en la antípoda
o es su marido golpeador.
Es decir salite,
vos estás en romanticón todavía.

E yo me alcé de hombros,
dije perdón voy a retirarme
y caminé hacia la pared del baldío
para releer vitalidá.








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Jugar con fuego


Voy a hablar del juego y otras yerbas
difíciles en pasado a mí.
Es qu' estando empeñado en dar en tecla,
a fuerza de en las piedras tropezar
finalmente agarré una verdá.

Comprendí no era yo quien apostar debía
sino otro, un automatismo como el hipo
venido de alivio. Practiqué. Me llegaron
satisfacciones pocas y pérdidas muchas.

Porque ampliar la conciencia es posible,
acceder al futuro inmediato, pisar nubes,
pero el yo nos engaña,
agarra una verdá del inconsciente
y la muestra al revés entonces
vos apostás y perdés.

Por eso mildemente pido me diga alguien
qué hacer para matarlo al yo
porque ese es el culpable.








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Baile de disfraz


La gente entra en esto porque ya está adentro,
nadie quiere ponerse la careta de arrugas
pero terminan poniéndosela,
nadie acepta la torpeza de sus pies
pero todos salen a bailar.

Por mostrar alegría algunos exhiben
su dentadura postiza.
Hay mujeres que arropan sus flaccideces
y hombres que se ajustan pantalones
para acomodar su hernia y
salir a bailar valientemente.

Todos a divertirse
ensimismados en sus asuntos tristes;
y quien no halla compañía
baila en soledá porque no hay otra.

El carnaval insiste
en prestarle disfraces a la gente,
disfraces que no gustan
pero de uso obligatorio.

Y cuando el tiempo se cansa de darles cuerda
la Directora golpea manos,
pide atención y grita: Basta,
se acabó lo que se prestaba,
devuelvan los disfraces y descansen
en paz.








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Corrugación frontal


Puede ser que de tanto mirar lo que no estaba
le nacieran en la frente canales,
huellas, honduras,
ese montón de surcos que ostenta.

No es que sea sombrío
e arrugue el ceño nojado sino son
caminos de su propia búsqueda.

Le gusta indagar, es su costumbre
escarbar en sí mismo y por eso
de tanto no hallar respuestas
se le amontonaron ahí las preguntas.

Sin eco anduvo el tal fulano
de oscuridá en oscuridá golpeando puertas.
Buscaba la punta de la madeja
y al no hallar resonancia
se le en la frente formó eso.

Es que las incógnitas lo agarraron a hachazos
y esto para ser franco me a mí sucedió.
Se me juntó tal cantidad de preguntas muertas
que decidí hacer esta presentación
para no vayan a creer es por enojo
ando con la frente agestada.








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Pedido de ayuda


Señor ciego,
veo que con bastón blanco se guía
para pasos afuera dar, caminar a
donde sea. Bienvenido.
Siéntese neste banco de la plaza a mi lado,
présteme su bastón para aquí mismo
intentar yo no sé bien qué
pero alejarme de ocurrencias falsas.

Esto le pido porque
debido a zonceras que en la cabeza
se me cruzan
he perdido orientación.
M' encuentro sentado aquí y no arranco
hacia desenredar el enredo.

Gracias. Le agradezco señor.
Este su bastón blanco en mi mano tal vez pueda
guiarme en la oscuridá para que salga,
salir de esto en qu' estoy donde me faltan,
para reconstruirme,
por lo menos dos hiladas de ladrillos.








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Amanecer tardío


Tiemblo en ansiedad gozante
cuando pienso la posibilidad
de hallar la clave. Advierto
qué para no caer en desánimo
necesito decirme esto así esto,
soñar aciertos, gozo,
perfumes de al jardín ir
en flores o deleite para
no más nada de nada, basta con existo.

Levanto la cabeza de la almohada.
E en serio, ¿de qué jardín hablé?
No entonces lloro, me levanto
caliento agua y tomo café.
Miro la hora
veo que para retirarme
falta un poco más de,
de lo que falta para definitivamente.








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Lo que bota la arena


Colgado de un clavo en la pared,
hueso limpio,
cráneo de caballo cuando un amigo
dijo lo hallé en el desierto,
lo arranqué de la arena,
aquí lo traje no sé por qué, ahí está.

Oí un relincho allá
en lejanías y noches, auroras
donde un jinete oscuro
metió su caballo en la muerte.

Eso oí e un escalofrío
me recorrió el cuerpo, puse
la mano sobre el hueso
y tras un instante de silencio
dijo mi amigo ¿qué? ¿qué hubo?
Nada, contesté, nada.








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Jorge Leónidas Escudero (1920)
San Juán, Argentina.


Tras la llave, 2006
Ediciones en Danza

16/11/12

Carina Sedevich: "Yo sé que en algún lado nuestro amor existe..."




19


Yo sé que en algún lado nuestro amor existe
como existen los esteros y los ríos.
Ajeno a nosotros como si fuera un hijo.
Un hijo que se fue.
Y lo pensamos.
En algún lado, le damos nuestro cuerpo.
Le damos todavía nuestros gestos.
Nos preguntamos.
En nuestra memoria es tan distinto
como cada día que tuvimos.
Hasta podemos saborear su sangre
como después de un puñetazo.
Porque hoy nuestro amor no nos asiste.
Aunque esté erigido en algún sitio
o fluya sobre un cauce
o se haga brasa.








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8


Sin nubes que lo ablanden
el cielo es como un tajo
y el patio es un dibujo malo.
Hay algo nuevo afuera
más allá del pasto incontrolable.
Algunos frutos amarillos en un árbol.
¿Son damascos?
Te enojabas porque no vigilaba
los damascos.
Eran tantos.
Venían todos a la vez.
Querías la caravana del damasco.
Baldes y baldes.
Más duros, más maduros.
Había que hacer algo.
¿Mermelada?
Tus damascos me pesaban en el corazón.
Me espesaban la sangre tus damascos.
Querías la maravilla del damasco:
“llevale a tu mamá, dale al vecino”.
Tiré muchos damascos finalmente.
En un baldío
para que no los vieras.
¿Y el festival de la calabaza?
Se me pudrieron muchas calabazas.
Tenías la fórmula para conservarlas
pero yo era tan imperfecta.
En realidad querías una huerta
así como más sexo, caminatas
visitas…
Y todo era un fracaso.
¿Serán de nuevo los damascos?
¿Seré una mujer salvaje?
Como te enojaste tanto
y hasta lloraste una vez:
¿te debo algo?
¿Debo hacer algún intento nuevo?
¿Seré una mujer indigna?
Ni siquiera quiero que seas feliz.
¿Volverá mi gato?
El sol hace tajos más profundos.








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11


Se anunciaba la lluvia
en un soplo lento en las ventanas,
como de caireles secos.
El día de la pausa se abría paso
con una claridad opaca
que me hacía pensar en una araña
encendida bajo el polvo.
Cualquier araña vieja
hasta la más sencilla
es adorable para mí.
Puede suplir al sol perfectamente.








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7


Ahora sí enloquecieron los pájaros.
Cierro los vidrios,
acerco los sahumerios a las velas,
cambio las toallas.
Restos de gestos para nadie.
¿Cuánta tierra puede acumularse
en cuánto tiempo
sobre esta mesa?
¿Cuál es la diferencia
entre la mesa limpia
y esta mesa?
Los gatos me rondan
porque lo saben todo.


*


Es hora de volver a no esperar.
Hay demasiado hilo tendido
sobre demasiadas cosas.
Ya no quiero que
te apenes por mi vida
que mi soledad abrasiva
te perturbe
o que te esperances
con mi risa.
Aprieto mis palabras como
piedras.
Eso es todo.








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13


Existe lo soportable
y lo insoportable existe.
Nada más.
El tiempo
es apenas un pozo de agua.
Mi ojo siniestro ve un sexto del pasado,
mi ojo diestro una séptima parte del futuro.
Si pudiera delimitar el tiempo
como un arco de fútbol de potrero
entre palo y palo habría lo mismo:
algunas chispas en la oscuridad.








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23


Yo no soy tu sendero
porque no soy de tierra:
soy de agua y de fuego
y de viento después.
Pensá, mirá pasar mi cuerpo
por tu cabeza repleta de erecciones.
¿Duele?
Un gesto
para poner tu mano sobre mí.
Uno te pido.
Si no, nada.
¡Al mundo de los otros!
¡A juntar tus cigarros, tus pasajes, tus cuitas!
Los miedos que yo sé…
¡A cagarse!
Mi sangre te di.
Mi aire te di.
Mi fruto.
Y ahora me quemo
deliciosa, al borde, y no sabés.
No conocés lo ígneo de las cosas.
Esperá, dejá pasar:
florezco en este juego.
Y me dan ganas de acercarte calas,
cenizas y cajitas.
Muerto.
Y yo que te di vida tanto tiempo.








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27


Ayer a la tarde fui otra vez.
Los gatos estaban misteriosamente blancos
en medio de la mugre y de los pastos altos.
Unas colillas, jabones, una taza.
Supe que habías estado por ahí.
Casi pude sentir tu desolación
como pude sentir la mía esa mañana
en que me dejaste sola tras la puerta.
Porque las paredes en estas horas hablan
con una voz que nunca se derrama.
Y las cosas, ya sabemos que no importan,
pero están o no están, y como sea, cantan.
Heladas o hirvientes esperan que las notes
mientras el aire agrio te rodea.








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17


Mañana pasarán cosas.
Vendrá mi hermano,
traerá sus hijas.
El olor de esas nenas
puede salvarnos de todo.
Ellas
son el amor condensado.
Entonces
me pongo un vestido.
Voy al supermercado.
No pienso en las cosas
que pasarán mañana.
No pienso que no sé
donde está mi marido.
Voy a hacer las ensaladas
que les habían gustado.
Voy a llevarles champán.
Voy a ir con mi tía a buscar
la calesita.
Vamos a armarla
junto a la pileta.
Vamos a encender el arbolito.
Vamos a ver arder el fuego
del asado.
A las doce nos besaremos todos.
Y alguien va a llorar
seguramente
un poco.
Vamos a escuchar las voces
de las nenas.
Vamos a abrazarnos.
Mi analista dice que la gente
llega a tu vida con una misión
y se va
cuando ya está cumplida.
He perdido un hijo
una vez más.
Me han dejado sola
tras la puerta.
Espero de verdad
que mi analista
sepa.









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Carina Sedevich (1972)
Santa Fé, Argentina.



Como segando un cariño oscuro, 2012
Ediciones Llanto de Mudo, Córdoba.

1/11/12

Roberto Juarroz: "Hay palabras que se parecen mucho más al silencio..."




7


Amar es la mayor aceptación,
pero también el mayor asombro.
Quizá no sepamos de qué ante qué,
pero percibimos por fin algo más que lo diferente,
tal vez más diferente todavía.

Y así se pone en crisis
la ambulatoria duplicidad de cuanto existe.
El esfuerzo de ser uno
encuentra su descanso
en el esfuerzo de ser dos.
Y sólo entonces
dos es más que uno.
O quizá
más que ninguno.








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13


Hay que cambiar la locura del mundo.
Para iniciar el trabajo
se puede, por ejemplo,
tomar todos los nombres propios
y escribirlos de nuevo con letras minúsculas,
comenzando por el del ser más amado
o la mayor ausencia,
sin olvidar tampoco
el nombre propio de la muerte.

Al empequeñecer progresivamente los nombres,
iremos recobrando el vacío que contienen
y quizá podamos hallar como añadido
el nombre propio de la nada.

Y nombrar a la nada
puede ser precisamente
la fundación que nos falta:
la fundación de una locura
que no necesitemos cambiar.








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6


Hay palabras
que se parecen mucho más al silencio que a palabras.
No porque se las diga en voz baja,
se las coloque debajo de la niebla
o se las dibuje a la sombra presuntuosa de la muerte.

Esas palabras cavan túneles inesperados
en el monótono discurso del hombre,
desdeñan los oropeles de la fábula
que envuelve a las figuras del cortejo
y están siempre dispuestas a escaparse
de los textos trucados que montamos.

Los diccionarios las crucifican en sus folios,
los constructores las usan como estacas o ladrillos,
los directores las maniatan en sus normas,
los vendedores las estampan en sus ítems,
los predicadores las arrojan como pálidos guijarros.

Pero esas palabras no están solas
y cada una busca entonces su pareja
y reabsorbe la sustancia extraviada,
el elemento no catalogado
que la torna más silencio que palabra,
silencio sin silencio.








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23


Los pensamientos a veces se convierten en humo
y nos envuelve como una insólita nube,
fatigada de imitar a las formas.

El yo escapa entonces
como un gas innecesariamente comprimido
y nos queda nada más que la fractura que somos,
este método furtivo y agobiante
para unir lo que no puede unirse de otro modo,
ya que sólo una grieta
puede juntar lo que no existe.

Estamos habituados
a que los pensamientos regresen de ser humo,
pero nuestro yo,
que generalmente también vuelve,
se torna cada vez menos yo,
un demacrado vaho
que apenas si empaña los cristales,
una niebla en suspenso,
un vago ejercicio
de sostener el aliento del verbo.

El pensamiento nos traiciona
y el yo también nos traiciona.
Somos leves señales de humo
que tal vez no tejan ni un código.

Pero abajo, arriba o entre el humo
queda siempre la fidelísima fractura,
la grieta que nos fija en el abismo.








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15


El discurso húmedo de la nostalgia
ablanda las palabras y las cosas
y convierte la vida en más ausencia,
en miga sin corteza.

Lo vivido y lo no vivido
deben trenzarse aquí en lo que se vive,
con el dios que nos falta,
sin arrastrar la cuerda por el barro.

y hasta lo que no viviremos
puede volverse del revés como todo
o abrirse hacia afuera
como una ventana que se rebela.

Porque la nostalgia del futuro
puede arrasar también el pan
y la boca desdentada o con dientes
que trata de comerlo.








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16


Cambiar los ecos de las cosas.
Distribuirlos de otra manera,
hasta que no sea necesario un sonido para producir un eco
y hasta que no haya un silencio sin un eco.

¿Cómo no tienen eco una mirada,
una flor, una ausencia?
¿Cómo no tiene eco el vacío de dios?
¿Cómo no tienen eco la redundancia de la muerte,
la fiebre tersa de la luz,
el diapasón irregular del pensamiento?

Hay además tantos ecos desperdiciados por el mundo
que es justo salvar algunos de su pérdida
cambiándolos de lugar.
Al hombre, por ejemplo,
le sobran ecos donde no los necesita
y le falta en sus zonas esenciales.
El hombre no ha armado el discurso del mundo,
pero puede sin duda transformarlo.
Aunque también el hombre sea
un eco fuera de lugar.








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9


El diálogo con el hombre tiene un límite,
un muro anonadante.
A veces sobreviene el silencio
o también la locura o la muerte.
Pero otras veces es allí donde se inicia
el diálogo con la ausencia,
ese interlocutor que no responde como el otro.

Sin embargo, también la ausencia responde.
Su lenguaje revela otro código,
transversal y traspuesto,
no atado a los circuitos inmediatos,
ni tampoco al recuerdo más o menos sellado
o a las figuraciones o alusiones de estos signos.

El dialogo con la ausencia
es el único diálogo
que va más allá de uno mismo.
Aunque el ejercicio comience
con la ausencia que hay en cada uno.

El último paso,
la perfección del diálogo,
consiste en convertirse uno mismo en ausencia.








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35


Hay momentos que es preciso renunciar al día.
Sólo la noche coincide con nuestra desorientación.
Los cables subrepticios de la luz
sólo sirven entonces para apresarnos.

La sombra no necesita cables ni pretextos.
las señas de la oscuridad parecen signos fraternales.
El universo está solo,
pero nosotros estamos más solos.

No hay día que no se despeñe por dudosos conciliábulos.
La noche, en cambio, está del otro lado de la pérdida.
Y caer en la noche
es mucho más natural que caer en el día.








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16


El cielo raso del sueño
está pintado con pintura ajena al sueño.

El piso del sueño
tiene huellas de distantes latitudes.

La habitación del sueño
es vecina de otras habitaciones
construídas con materiales diferentes.

Y el habitante del sueño
tiene la extraña convicción
de no haber nacido allí.

Los papeles parecen cambiados
y las funciones trastornadas.
Todo sueño debe ser reemplazado por otro.
pero el canje inevitable no es un sueño.








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15


Un zumbido de fondo
acusa la presencia de las cosas.
Necesitamos la palabra y el viento
para poder soportarlo.

Un zumbido de fondo
denuncia la ausencia de las cosas.
Necesitamos inventar otra memoria
para no enloquecer.

Un zumbido de fondo
anuncia que no hay nada
que no pueda existir.
Necesitamos un silencio doblado de silencio
para aceptar que todo existe.

Un zumbido de fondo
subraya el frío de la muerte.
necesitamos la suma de todos los cantos
y el resumen de todos los amores
para poder aplacar ese zumbido.

O una tarde cualquiera,
sin más condición que su abertura,
vendrá un pájaro a posarse en el aire
como si el aire fuera otra rama.
Y entonces cesarán todos los zumbidos.








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4


Relámpago de asombro
en el espacio atónito.

Por lo menos puntuaremos el abismo
con una respiración de luz entecortada
una línea de puntos suspensivos,
paralela a cenizas invisibles.

Nada podría ser más asombroso
que observar y registrar ese espectáculo.
No tenemos, sin embargo,
un buen punto de mira.

Y además carecemos
de la técnica adecuada
para poder juntar la luz de esos relámpagos
en una línea entera.








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11


Cualquier lugar del mundo
puede convertirse en un círculo mágico,
cuando el pensar reencuentra
su tronco esencial.

No sabemos qué pasa afuera del mundo,
pero aquí no hay diferencia
entre un lugar y otro,
si como un zapador iluminado
se cava hasta la base.

Entre las ruinas o las torres,
en el desierto o en el bosque,
en el templo o el mar,
la fundación del encuentro es una sola.

Y después, sólo después,
el sol y la luna
dejan de ser flores monstruosas,
fúnebres coronas
para escoltar nuestra caída.








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25


No sólo la muerte,
como puntual cartero,
pasa y deja su carta.
ocurre lo mismo con la desolación.
Un día cualquiera
llega el sobre fatídico.
No trae una cruenta noticia
ni nos revela ninguna oscuridad.
Es un mensaje de otro tipo:
un gesto quebrado
nos muestra de pronto
la inutilidad de la fe.

Y de repente nos sentimos
lo que hemos sido siempre:
enfermos terminales.
pero ahora,
enfermos terminales
que han perdido hasta el habla,
que han perdido la letanía de su dialogo
y se han quedado aislados,
separados del mundo,
como un dios o los muertos.

Hay mensajes tan cerrados
que ellos mismos ahogan
todas las respuestas posibles.








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Roberto Juarroz (1925-1995)
Coronel Dorrego, Buenos Aires, Argentina.


Undécima Poesía Vertical, 1988
Ediciones Carlo Lohlé

12/10/12

Entrevista a Sylvia Plath: "la experiencia real de escribir un poema es magnífica..."





Breve intro informativa


La entrevista se realizó el 30 de Octubre de 1962 por Peter Orr. Y su único libro publicado hasta ese momento era "The Colossus" ("El Coloso"). Antes de la entrevista leyó y a la vez grabó, quince poemas de lo que después formaría parte del libro "Ariel", que se publicaría en foma póstuma, recordando que se suicidio el 11 de febrero de 1963.




El audio original:





- Sylvia, ¿qué te hizo empezar a escribir poesía?

- No sé qué me hizo empezar, la escribía desde que era bastante chica, me gustaban las rimas infantiles y supongo que creí poder hacer lo mismo. Escribí mi primer poema, el primero publicado, cuando tenía ocho años y medio. Salió en "The Boston Traveller", y desde entonces, supongo, que he sido algo así como profesional.

- ¿Sobre qué tipo de cosas escribías cuando empezaste?

- La naturaleza, creo: pájaros, abejas, la primavera, el otoño, todos esos temas que son regalos absolutos para la persona que no tiene experiencia interior sobre la cual escribir. Creo que la llegada de la primavera, las estrellas en el cielo, la primera nevada y demás, son regalos para un/a chico/a, un/a joven poeta.

- Ahora, con el correr de los años, ¿podés decir que hay temas que te atraen particularmente como poeta, cosas sobre las que sientas que te gustaría escribir?

- Tal vez esto es una cosa americana: Estuve muy emocionada por lo que siento que es la nueva revelación que surgió, por ejemplo, con "Estudios de la vida" de Robert Lowell, esta revelación intensa es una experiencia emocional muy seria, muy personal, una experiencia emocional que siento que ha sido tabú. Los poemas de Robert Lowell sobre su experiencia en un hospital psiquiátrico, por ejemplo, me interesaron mucho. Estos temas peculiares, privados y tabú, siento que han sido explorados en la poesía norteamericana reciente. Pienso particularmente en la poetisa Anne Sexton, que escribe sobre sus experiencias como madre, como una madre que tuvo crisis nerviosa, es una joven extremadamente emocional y sensible, y sus poemas son maravillosamente artesanales y sin embargo tienen una especie de emoción y de profundidad psicológica que tal vez es algo nuevo, muy excitante.

- Ahora vos, como poeta, y como una persona que se extiende en ambos lados del Atlántico, si puedo decirlo así, siendo una norteamericana...

- Es una posición bastante incómoda, ¡pero lo aceptaré!

- ¿De qué lado cae tu peso, si puedo seguir con la metáfora?

- Bueno, pienso que en cuanto a lenguaje soy norteamericana, me temo que mi acento es norteamericano, mi manera de hablar es de una norteamericana, soy una norteamericana anticuada. Esa es probablemente una de las razones por las que ahora estoy en Inglaterra y por las que siempre estaré en Inglaterra. Estoy 50 años atrás en cuanto a mis preferencias y debo decir que los poetas que más me entusiasman son norteamericanos. Hay muy pocos poetas ingleses contemporáneos que admire.

- ¿Eso significa que pensás que la poesía inglesa contemporánea está pasada de moda en comparación con la norteamericana?

- No, pienso que es un poco "estrecha", si me permite decirlo. Hubo un ensayo de Alvarez, el crítico británico: sus argumentos sobre los peligros del refinamiento en Inglaterra son muy pertinentes, muy ciertos. Debo decir que no soy muy refinada y siento que el refinamiento ejerce un control absoluto: la pulcritud, el orden maravilloso, que es tan evidente en todas partes de Inglaterra es tal vez más peligroso de lo que parece en la superficie.

- Pero ¿no te parece también, que está ese asunto de los poetas ingleses que trabajan bajo el peso de algo que en mayúsculas se llama "Literatura inglesa"?

- Sí, no podría estar más de acuerdo. Sé que cuando estaba en Cambridge esto apareció. Las mujeres jóvenes se me acercaban y me decían: "¿Cómo te atrevés a escribir, a publicar poemas, con la crítica, la terrible crítica, que cae en el que publica?" Y la crítica no del poema como poema en sí. Recuerdo que me horroricé cuando alguien me criticó que empezaba como John Donne, pero no terminaba precisamente como él, y en ese momento sentí por primera vez sobre mí todo el peso de la literatura inglesa. Pienso que en Inglaterra todo el énfasis, en las universidades, en la crítica práctica (pero no tanto en la crítica histórica, sabiendo de qué período viene la línea) esto es casi paralizante. En Norteamérica, en la universidad, leemos - ¿qué? - T. S. Eliot, Dylan Thomas, Yeats, que es donde empezamos. Shakespeare quedó en segundo plano. No estoy segura si estoy de acuerdo con esto, pero pienso que para el joven poeta, el que escribe poesía no es tan aterrador ir a la universidad en Norteamérica como en Inglaterra, por estas razones.

- Decís, Sylvia, que te considerás una norteamericana, pero cuando escucho un poema como "Papi", que habla de Dachau y Auschwitz y Mein Kampf, tengo la impresión de que este es el tipo de poema que un verdadero norteamericano no podría haber escrito, porque no significan demasiado, estos nombres no significan mucho del otro lado del Atlántico, ¿no?

- Bueno, me está hablando como una norteamericana general. En particular, mi origen es, puedo decir, alemán y austríaco. Por una parte soy primera generación norteamericana, por otro lado soy segunda generación norteamericana, y por eso mi preocupación por los campos de concentración y demás, es singularmente intensa. Y además, soy una persona  más bien política, así que supongo que es parte de donde viene eso.

- Y como poeta, ¿tenés un gran e intenso sentido de lo histórico?

- No soy una historiadora, pero estoy cada vez más fascinada por la historia y ahora me encuentro leyendo más y más sobre historia. En la actualidad estoy muy interesada en Napoleón, en las batallas, en las guerras, en Gallipoli, en la primera guerra mundial y demás, y pienso que a medida que envejezco me vuelvo más y más histórica. Por cierto, no lo era para nada en mis primeros veinte años.

- ¿Tus poemas ahora tienden a salir de los libros más que de tu propia vida?

- No, no: No diría eso en absoluto. Pienso que mis poemas surgen inmediatamente de experiencias sensoriales y emocionales que tengo, pero debo decir que no puedo simpatizar con esos gritos del corazón, informados sólo por una aguja o  cuchillo, o lo que sea. Creo que uno debería ser capaz de tener el control y manipular experiencias, incluso las más terribles, como la locura o el ser torturado, este tipo de experiencias, y uno debería ser capaz de manipular esas experiencias con un conocimiento y una mínima inteligencia, pienso que la experiencia personal es muy importante pero sin duda no debería ser una especie de experiencia narcisista de caja cerrada y mirarse en el espejo. Creo que debería ser pertinente y relevante a cosas mayores, cosas más grandes como Hiroshima y Dachau y demás.

- Y entonces, detrás de la reacción emocional primitiva debe haber una disciplina intelectual.

- Estoy muy convencida: habiendo sido una académica, después de haber sido tentada por la invitación de quedarme para convertirme en doctora, profesora, y todo eso, una parte de mí sin duda respeta todas las disciplinas, siempre y cuando no se atrofien.

- ¿Qué pasa con los escritores que te influenciaron, los que significaron mucho para vos?

- Hubo muy pocos. Me resulta muy difícil seguirles el rastro en verdad. Cuando iba a la universidad estaba atónita y asombrada por los modernos, por Dylan Thomas, por Yeats, por Auden incluso: en un momento estuve totalmente loca por Auden y todo lo que escribía era desesperadamente "Audenesco". Ahora vuelvo a empezar yendo hacia atrás, empiezo a mirar a Blake, por ejemplo. Y después claro, es presuntuoso decir que uno está influenciada por alguien como Shakespeare: uno lee a Shakespeare, y eso es todo.

- Sylvia, se nota leyendo tus poemas y escuchándolos que hay dos cualidades que emergen muy rápida y claramente: una es la lucidez (y pienso que estas dos cualidades tienen algo que ver una con la otra), la lucidez y el impacto que tienen al leerlos. Ahora bien ¿diseñás conscientemente tus poemas para que sean lúcidos y efectivos cuando se leen en voz alta?

- Esto es algo que no hice en mis primeros poemas. Por ejemplo, mi primer libro, "El Coloso", hoy no puedo leer ninguno de los poemas en voz alta, No los escribí para ser leídos en voz alta. De hecho, son muy privados, me aburren. Estos que acabo de leer, son muy recientes, tengo que decirlos, me los írecito a mí misma, y pienso que esto es el desarrollo de mí propia escritura, es algo muy nuevo en mí, y cualquier lucidez que tenga puede provenir del hecho de que me los digo a mi misma, en voz alta.

- ¿Pensás que esto es un ingrediente esencial de un buen poema, que debería ser capaz de ser leído en voz alta efectivamente?

- Bueno, lo siento hoy y siento que este desarrollo de las grabaciones de poemas, de recitar poemas en lecturas, de tener grabaciones de poetas, pienso que es una cosa maravillosa. Estoy muy emocionada por esto. En cierto sentido, hay un retorno, sin que lo haya, al viejo rol del poeta, que era hablarle a un grupo de personas, ir al encuentro.

- O cantar para un grupo

- Cantar para un grupo de personas, exactamente.

- Dejando de lado la poesía por un momento, ¿hay otras cosas que te gustaría escribir, o que hayas escrito?

- Bueno, siempre estuve interesada en la prosa. Desde que era adolescente, publiqué cuentos. Y siempre quise escribir el cuento largo. Quise escribir una novela. Ahora que alcancé, diría, una edad respetable, y tuve experiencias, me siento mucho más interesada en la prosa, en la novela. Siento que en una novela, por ejemplo, se puede poner un cepillo de dientes y toda la parafernalia que uno encuentra en la vida diaria, y esto lo encuentro más dificultoso en la poesía. La poesía, siento, que es una disciplina tiránica, hay que ir tan lejos y tan rápido, en un espacio tan reducido que tenés que apartar todo lo periférico. ¡Y lo extraño! Soy una mujer, me gustan mis pequeños "Lares y Penates"(*), me gustan las trivialidades, y encuentro que en una novela, puedo tener más de la vida, tal vez no sea una vida tan intensa pero desde luego más vida, y como resultado de eso me siento muy interesada en escribir novela.

- Esto es casi una especie de "Dr. Johnson", ¿no? ¿Qué fue lo que dijo: "hay algunas cosas que son aptas para su inclusión en la poesía y otras que no"?

- Bueno, por supuesto, como poeta diría puf! Diría que todo debería ser capaz de entrar en un poema, pero no puedo poner cepillos de dientes en un poema, realmente no puedo.

- ¿Te encontrás mucho con otros escritores, poetas?

- Prefiero los doctores, parteras, abogados, cualquier cosa menos los escritores. Pienso que los escritores y artistas son las personas más narcisistas. No debería decir esto, porque me gustan muchos de ellos, de hecho muchos de mis amigos resultan ser escritores y artistas. Pero debo decir que admiro más a la persona que domina un área de experiencia práctica, y que puede enseñarme algo. Quiero decir, mi partera me enseñó a criar abejas. Y, bueno, ella no puede entender nada de lo que escribo. Pero resulta que ella me gusta, puedo decir, más que la mayoría de los poetas. Y entre mis amigos hay personas que saben todo sobre barcos o todo sobre ciertos deportes, o cómo abrir a alguien para remover un órgano. Estoy fascinada por esta maestría de lo práctico. Como poeta, se vive un poco en el aire. Siempre me gusta que alguien me enseñe algo práctico.

- ¿Hay alguna otra cosa que hubieras preferido hacer aparte de escribir poesía? Porque esto es algo, obviamente, ocupa gran parte de la vida privada, si uno tiene éxito. ¿Alguna vez estuviste arrepentida de no haber hecho otra cosa?

- Pienso que si hubiera hecho otra cosa, me gustaría haber sido médica. Es una especie de polo opuesto a ser escritora, supongo. Cuando era más joven mis mejores amigos siempre eran médicos. Solía vestirme con un guardapolvo blanco y hacer rondas, ver recién nacidos y cadáveres abiertos. Eso me fascinaba, pero nunca me atreví a disciplinarme hasta el punto de aprender todos los detalles que hacen falta para ser una buena médica. Este tipo de oposición: alguien que trata directamente con las experiencias humanas, es capaz de curar, sanar, ayudar, en este tipo de cosas. Supongo que si tengo nostalgia es esa, pero me consuelo con conocer muchos médicos. Y puedo decir, tal vez, que estoy más feliz por escribir sobre médicos que de haber sido una.

- Pero básicamente esto de escribir poesía, es algo que ha significado una gran satisfacción para vos, ¿es así?

- Oh, satisfacción! No creo que pudiera vivir sin ella. Es como el agua o el pan, o algo completamente esencial para mí. Me encuentro absolutamente llena cuando escribo un poema, cuando estoy escribiendo uno. Después de haber escrito, rápidamente dejás de ser un poeta y te convertís en una especie de poeta en descanso, que no es lo mismo para nada. Pero pienso que la experiencia real de escribir un poema es magnífica.








*Nota de Traductor: Se llaman Lares y Penates a dos tipos de dioses familiares en la época del imperio romano. Los Lares velaban por las intrusiones en la casa, por la integridad de sus dueños; los Penates vigilaban el almacén, la despensa, las provisiones familiares.






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Sylvia Plath (1932-1963)


Boston, Estados Unidos.

2/10/12

Alejandro Archain: "No hay voz que pueda nombrar la ausencia..."


XIV


En la mirada está la acción
que puede devolver a la vida.

Una mirada que vuelve a recorrer,
paso a paso el jardín de una casa,

la deriva de las hojas y el verde
reflejando sus tonos imposibles
contra las paredes blancas

paredes como nubes danzando y
viajando como trenes a lo lejos
volando como gorriones enceguecidos
como ríos caudalosos
buscando un descanso
a la locura de su oleaje.

En el silencio de la tarde,
envuelto en el olor del cansancio
y con la respiración entrecortada
como único sonido palpable,
me dispongo a descubrir
alguna señal que cambie la dirección
de la vida que flota en la penumbra
de un cuarto en penumbra.








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XXXVI


¿Puede el tren trepar
la cascada?
¿Puede navegar un río?
¿Cruzar la punta
del volcán en llamas?

Puede trepar la
cascada,
beber el agua dulce
que lo ciega.

Puede el río
desplegar sus velas
y roer
la lava calcinada.

La piedra negra
lamida
por la lengua de
un oscuro animal
                                                que la devora.



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XLVII

Trenes corriendo
                                           entre murientes

asaltan
las verdes alamedas.

Crispamos la jaula
alrededor del cielo

fuimos lo que somos

entremezclados
                                           de vísceras
                                                                           y huesos.








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XXXVIII


No hay voz
que nombre
o pueda mencionar
la ausencia

Lleva tiempo
sin tiempo que la abarque
en un crujir
de durmientes
                                 que se escapan.

De vuelta sobre el surco,
cava rutas de olvido,
se sumerge
                                candente
sobre el llano.

Derrite, borra,
acalla el grito de los pájaros
el tren a su paso
entre ansiosas
llanuras que lo acogen.

Rítmicas tonadas
del viento.








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XXVIII


¿Simula el tren su partida?
¿Imagina su partida a las cinco?
¿Intuye, borra, abraza, gime
por encima de su propia deriva?

¿Obstruye sus pensamientos
mientras gira hacia
su propia afirmación?

¿Cruje su incertidumbre
de madera y hierro?

¿Amputa la mirada del sol?

¿Gira, batiendo la mañana en retirada?

¿Ciega los gemidos en la soledad de la noche?

¿Arrastra, en su propio devenir,
la agonía de mi padre?

¿Pone alas en la risa y en la humedad
de las piernas?








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VI


Tren de las cinco.
Deriva anclando en viejos y
descoloridos recuerdos.

Una manera de viajar hacia adelante
yendo hacia atrás.

Terquedad de la mañana
porfiando en los esteros.

Tren como río que parte
de cada muelle que toca.
En cada balsa encalla
sus ruedas imposibles
y en cada camalote instala
una última campanada.

Río que parte a las cinco
como ruta que escapa
a la próxima pisada.

Laguna con gesto de tren
a la deriva,
última mirada de un gorrión
perdido.








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Alejandro Archain (1953)
San Fernando, Buenos Aires, Argentina.


Deriva, 2011
Editorial: Paradiso ediciones

26/9/12

Guillermo Dávila: "ahora ¿lo volveré a cruzar?"


1914


de pie en la barranca
más elevada
campanas apresuran
ciertos pasos convocados

arrodillados sobre
oscuras raíces
ayudan a quebrar los hielos
entre barbas y vendajes

barro sangre
siete versos
para elevar esperanza

un resplandor de hambre
en el límite de la guerra






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el puente


escolar en junio
guante que aguarda
el cruce del riachuelo
después de saltar escarchas
apretando el paso y los cuadernos
bajo el brazo
útiles de cuarto grado
varios plumines cucharita
un compás un limpiaplumas

ahora ¿lo volveré a cruzar?






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tempestad


viento obstinado
que acorrala naves fondeadas
bamboleantes

zumban las jarcias
rezan los cascos contra el murallón

enredados en sus cuchetas
los marineros sueñan otros rumbos






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inundación


quiero
despertarme con el agua
en mis tobillos
pero apenas si
escucho
sirenas que superan
los ruidos laterales

medianoche
ahogada en chaparrones
contra casillas de chapa






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la araña y las moscas


caminan
sin red
sobre el revoque
recalentado por el sol
de la pared roída
donde una pequeña
cazadora atrapa
moscas displicentes






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el faro


azota la tormenta
sudestada constante

sauces a contrapelo
aplastados contra la costa
golpeados por las olas
que sobrepasan el murallón

pero si se abre mi ventana
el farol de la calle me despierta






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rota la marea


el amanecer estalla
como una granada

luces
gotas
escarchadas de rocío

y algunos grillos presos
en sus jaulas
irritados en la cochera






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jadeo final


día por día
en las ramas
de un verano seco
orugas de colores
ardientes
día por día
aquel jadeo
repulsivo
entre mis dedos






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Guillermo Dávila (1936)
Avellaneda, Buenos Aires, Argentina.

El puente y otros poemas, 2008
Editorial: Huesos de jibia

31/8/12

Mariano Blatt: "A veces dios aparece y pone las cosas cada una en su lugar."



Fantasmitas


Va Mario Bros caminando con Dr. PacMan
por la famosa calle de la realidad
y vos sentado en una silla escuchando todo lo que tenés que hacer.
Tenés, por ejemplo,
que escribir poemas centrados
para que con ellos los chicos puedan construir
caños de cobre que esa misma tarde
en esa misma calle de la realidad
pero un poco más al costado
colocan en la plaza y se la pasan
haciendo pruebas muy difíciles pero a la vez muy bonitas
como el flip slide caño caño
o el doble triki sin remera
que consiste básicamente en lustrar los caños de cobre
con la panza de la tabla
(y hacerlo sin remera).
Esos caños de cobre lustrados
fueron hechos con la misma fibra con la que escribiste
poemas centrados. Tenés que escribir
además
poemas corridos.
Estos servirán para abastecer
la gran red de energía eléctrica
que está al servicio de la ya famosa realidad.
El proceso es así:
agarran tus poemas corridos
dicen esto está mal
esto está bien
esto no rima
esto no está pero lo veo igual
(fantasmitas).
Una vez que ya se sabe todo esto
pasan el poema por una maquinita
(es la misma maquinita
con la que los chicos hicieron los caños de cobre
solo que usada para el otro lado).
Entonces de ahí sale energía que se pasa el cableado
y así se iluminan las ciudades.
La iluminación de las ciudades es una cosa importante
aunque no lo parezca. A mí, personalmente
me gustan las luces rojas
las verdes, las amarillas. Me gustan las luces de mi cabeza
cuando están prendidas o cuando están apagadas.
Me gustan las luces con efectos
me gustan los chicos con defectos
y me gusta que vaya Mario Bros caminando con Dr. PacMan
por la famosa calle de la realidad.
No me gusta, en cambio
tener que escribir poemas torcidos.
pero los poemas torcidos.
Pero los poemas torcidos
son los que se usan para volver a la corriente. la técnica es así.
Como sabíamos uno se venía cayendo de la famosa calle de la realidad,
porque esa es una calle resbalosa
además de angosta. Y como sabíamos
hay mucha gente caminando por la famosa, angosta y resbalosa
calle de la realidad. O sea que es casi imposible
no caerse. Pero como sabíamos
vos tenías que escribir poemas torcidos
que para que se los figuren
son como unas cañas de pescar, sólo que torcidas. Y para que se lo figuren
si vos sacás tu caña de pescar y tirás el anzuelo para la calle de la realidad
como la caña está torcida, inmediatamente se te traba en un arbolito.
Es el arbolito que te trae a la realidad.
Abracemos al arbolito.
Ahora sentémonos un rato a la sombra del arbolito.
Y veamos
si queremos
como los chicos hacen pruebas cada día más hermosas
como el viento mueve las hojas del arbolito
como tu chico se saca la remera porque tiene calor
y porque tiene lindo cuerpo.
Y como el mundo sigue dando vueltas
un día es de día al otro día es de noche.
La gente que hoy conocés mañana ya no la conocés
los problemas se hacen chiquitos
las civilizaciones se van
y tu chico tiene lindo cuerpo
y vos tenés una capucha
y por ahora todo marcha más o menos bien.








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La lata


Acá sentado en una lata de pintura dada vuelta
con una ramita de este tamaño en la boca
estoy
mirando a los caballos
con una mano y con la otra
acariciándome el pelo.
A veces dios aparece
y pone las cosas cada una en su lugar.








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Plaza la muerte


El otro día me morí
y en la muerte había un chico andando en skate
Le digo eh muerti
me dicen eh marian
le digo eh capucha todo bien
me dice eh feo qué contás
le digo ah o sea que era mentira es de sk8 or die
no me dice nada
no le digo nada
y me pongo a caminar por la muerte
para ver cómo era.
Más adelante había unos chicos jugando basket
les digo aguanten los Bulls
me dicen aguanten los Pistons
hacemos choque los cinco y tiramos sonrisita
demostrando una señal de respeto
onda vos sabés de NBA
yo sé de NBA
distancia y respeto.
Más adelante había una placita con banquitos re lindos
para sentarse a pensar.
¿Qué hice?
Me senté a pensar.
En este punto quizás sea bueno
aprovechando que estamos hoy todos aquí reunidos
bajo este sol tremendo
alrededor de esta luz hermosa
y rodeados por estas montañas espléndidas
explicar de qué la fueron mis pensamientos
en ese banquito de plaza la muerte.
Bien, al principio los pensamientos tenían la forma de una moneda dorada
de mucho valor
pero poco brillo. Luego
se me aparecían intermitentemente caras bonitas
de chicos bonitos
con ropa bonita
y actitudes bonitas.
Ejemplo:
un pibito desamparado con capucha
esperando el tren en estación Haedo.
le guiño un ojo,
me guiña el otro.
Ejemplo:
un loquito de acá a la vuelta con brillo en los dientes
que me sonríe y me dicen marian
cuando quieras estamos acá en la cortada
venite, trae churros que fuego sobra
(el fuego era él).
Pero luego, lamentablemente,
los pensamientos se esfumaban
o, más bien, se disolvían
en lucecitas brillos y recuerdos de electricidad.
Más adelante
por la calle que une al desmayo con la muerte
me encuentro con la vía.
Junto a la vía, un kioskito.
Pide una Coquita de vidrio
me la dan
y me siento en el pasabobos a tomar Coquita de vidrio
con mi amigo Pocavida.
Le digo eh Pocavida tanto tiempo
qué hacés acá
vení a tomar una Coquita de vidrio conmigo al pasabobos.
Y así fue.
Nos ponemos al día
él se pone mi shorcito negro del Necaxa
y cada uno sigue pues por su rumbo
porque la vida más allá de cualquier explicación
que se le pueda encontrar
consiste en agarrar un rumbo
cada uno el suyo
y a lo largo de ese camino
ir cruzándose con los rumbos de otros.Cuando muchos rumbos se juntan
se forma una avenida
que también se conoce como Amistad
Familia o Grupo.
Estas avenidas
pueden ser más o menos anchas
y a su vez
más o menos largas.
Lo cierto es que al final
cuando la calle de tu propio rumbo
se acerca la muerte
entonces se va transformando en un pasadizo cada vez más angosto
oscuro e incómodo
en el que al principio sólo cabe uno mismo
pero al final
ni siquiera cabe uno mismo.
Yo lo digo porque estuve en la muerte
(el otro día me morí y en la muerte había un chico andando en skate
le digo eh muerti
me dice eh marian
le digo sabés cómo vuelvo para atrás?
y me lo dijo
pero yo
a ustedes
hoy aquí aprovechando este sol tremendo
y la compañía de este bonito perro que descansa a mi lado
ey, perrito, buen día
estoy leyendo un poema
poneme atención.
Les decía
yo
hoy
a ustedes
junto a mi perro
lamentablemente
no les puedo decir cómo volver para atrás.








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El Paraíso, el Espacio Exterior


El Paraíso,
el Espacio Exterior
un viaje en lancha por el Río de la Plata,
una charla confusa con un perro,
3 pibes caminando por el medio de la calle.
El olor de una panadería, de un porro y de después de coger en verano.
Una buena mesa en una pizzería. Un vaso de cerveza, un chico en cuero.
Un pibe con cara de drogado en el subte. Un ventilador de esos de pie
que me tira aire a mí, a vos, a él, a vos, a mí de nuevo y así toda la tarde.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
un camino entre árboles re altos,
las siete de la mañana,
una pila de libros,
varios pibes jugando a la pelota en un descampado
y otros destrozados por la droga y por el amor,
especialmente por el amor.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
una foto de un lugar abierto,
el ruido que hacen las estrellas
y el que no nos dejan hacer.

Gente del otro lado del alambrado.
Los diferentes tipos de drogas que usamos para estar bien,
el sol dándote de lleno en la parte de arriba de la cabeza.

El olor de una pileta techada
la luz en el vestuario de chicos,
los chicos.

Un buen nadador,
un chico del interior andando en motito de delivery.
un montoncito de yerba usada tirada atrás de un campo de deportes.
Un pibe con buzo de Tigre andando en bici por la plaza de Lobos.
Un campo de deportes a las cinco de la tarde.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
un chico re lindo bailando re bien.
La luz de una estrella,
la de muchas,
un pibe extasiado mirándote de cerca a los ojos
y otro con cara de extasiado buscando perdido a su grupo de amigos.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
un buzo de los Minessota Timberwolves.
El primer día de vacaciones de cuando tenías diecisiete y se te
marcaban los abdominales re bien.
El montoncito de mochilas en la playa,
un pibe dándole la mano a otro.
El Paraíso
el Espacio Exterior,
el olor de fumar porro los sábados a la tarde.

Una casa con las ventanas abiertas,
las cerámicas frías de la cocina,
una pileta en la parte de atrás.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
el viento dl Río de la Plata en la rambla de Montevideo,
un pibe rubio de ojos negros haciendo juego consigo mismo
y la camiseta de Peñarol

El olor del barro seco entre los tapones del botín,
el pantaloncito de fútbol manchado con pasto,
una droga nueva re rica que viene en gotero.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
la sensación de empezar a estar muy drogado en una súper fiesta,
una foto del campo a las cinco de la tarde,
un amigo pasándote el brazo por atrás de la cintura para
empezar a saltar juntos.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
un chico en la cancha de Quilmes moviendo una bandera de palo de
Argentinos.
Un jugador de fútbol bailándole cumbia al banderín del córner,
un puente re largo de cruzar.
Gente saltando porque su equipo va ganando,
un policía más chico que vos revisándote los bolsillos.

Quince micros parados al costado de la ruta a cincuenta kilómetros
de entrar a Córdoba,
unos pibitos que estuvieron tomando Fernet todo el viaje jodiendo a
unas vacas para matar el tiempo,
un policía cordobés yéndolos a buscar.
Una foto desde el cielo,
la hinchada visitante cantando mucho más fuerte que la local.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
la única forma de entrar a un lugar.

Un pueblo  de pocos habitantes
un camión heladera llevando lácteos al almacén,
los yogures,
el chico que los descarga,
un billete de dos pesos volando en el medio de cualquier lado.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
la terraza de un edificio,
la parte más alta.
Una buena manera de empezar a bailar,
saber que tenés más éxtasis en el bolsillo del pantalón.

una charla graciosa con un amigo,
dos pibes hablando con los anteojos puestos,
siete amigos bailando exactamente igual por un ratito,
3 pibes caminando por el medio de la calle.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
una escalera que no termina nunca más
una amigo jugando al ajedrez contra la máquina,
un pibito que no entiende lo que está pasando.

La droga de los buenos,
la de los mejores,
la de los increíbles.

Una foto satelital de altísima resolución,
un chico haciéndote una pregunta interesante.

Un abrazo re sincero.
Muchos recuerdos juntos que te hacen cosquillas en las piernas.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
un chico con los ojos cerrados,
unas zapatillas para saltar mejor.

Un perro de la misma raza que el chico que te gusta,
una amigo hablándote del campo a las cinco de la tarde
y en el momento en que iba a escribir que tomaba mate
tomo mate.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
un chico imitando el ruido del viento con la boca,
una esquina mal iluminada.
Dos pibes con capucha fumando porro.
Un poema que empieza y termina como vos querés .

El Paraíso
el Espacio Exterior,
un chico que te lo jura por dios,
una canción que viene con un sonidito increíble.

Un sueño re lindo,
un momento agradable para estar en.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
saber que está todo bien.
Un chico con un tatuaje de Michael Jordan,
una pastilla que te pone como superhéroe.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
un pibe bailando re bien con las mejores zapatillas,
un tema que te da ganas de vivir
y otro, que viene después, que te da ganas de vivir más arriba.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
un festejo de gol que no te vas a olvidar nunca más,
los mejores chicos para estar enamorado de.

Un poema re fácil de escribir,
un chico re lindo de ver sin remera,
un arquero que achica bien en el mano a mano.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
la sonrisa de éxtasis más linda de la fiesta,
mucha gente levantando las manos al mismo tiempo.

Estar bien
estar re bien.
El árbol más alto del pueblo,
un tema que te hace despegar.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
una carrera de acá a la esquina,
una cosa que se me acaba de ocurrir,
un poeta con la mirada puesta en.

El Paraíso
el Espacio Exterior,
las cosas que nadie entiende.

Una re lancha que te lleva a mil lugares que querías conocer,
media pastilla de éxtasis en el bolsillo de la campera que más te gusta,
una cosa re interesante que te quería contar
El Paraíso
el Espacio Exterior.






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Mariano Blatt (1983)
Capital Federal, Buenos Aires, Argentina.

Hielo locura seguido de Increíble, 2011
Editorial: Ediciones Stanton

13/8/12

Paulina Vinderman: "Bajo mis dedos crecen metáforas como hongos..."



4                                                                                            (De Hospital de veteranos)

 
A golpes de estrella, a golpes de luna,
¿cuánto hace que parezco un castor,
manteniéndome a flote en los rápidos del río?
Soy el guardián de mi padre, el guardián
del lenguaje, títulos nobiliarios sacudidos
por el temporal.
El amor es un objeto antiguo, valiosísimo,
encerrado en un museo babilónico, expuesto
a la artillería del invasor.
Bajo mis dedos crecen metáforas como hongos.

Días vacíos, quemados por un viento dorado.

Detrás del cielo azul pastel, habita una negrura
de cuervo.
Pobre cuervo, alisando sus plumas sobre
el alambrado; él, como el castor, bebe de este mundo
el agua posible.





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Campo quemado                                                                    (De Escalera de incendio)

 
Nada de todo esto se parece al miedo,
el miedo es un agujero donde se resguarda
antes de la acción.
Este vacío se parece al hambre, a una tierra
quemada.
Veo, desde la ruta, un último hurón apresurarse
a escapar, ningún pájaro queda.
Soy una mujer al borde de un camino, todos
mis gestos son los de partir.

Una vez bailé un vals en un hotel de lujo,
el mundo era rojo entonces, me sabía heroína,
ahora escribo sobre la heroicidad después de
lavarme la cara: alguna historia con buenos fracasados
en las márgenes del papel.

Con suavidad, empiezo a ajustar las señas bajo
el humo.
Hay un saludo a nadie, o a un pájaro irreal
posado otra vez en lo que queda de una rama.
Inconsistente y neutra,
alzo los párpados desde una luminosidad que
recuerdo,
como una actriz, antes de la representación,
en un teatro de provincia.





 
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9                                                                                                (De Hospital de veteranos)

Una pobreza luminosa nos une otra vez,
como en la infancia.
Pero ésta será la última canción.
¿Recordaré la letra cuando nos hayamos ido?
El olvido es una traición dulcísima
que no lastima tanto como una muerte.
Por ahora distribuyo los tesoros
en un espacio neutral: una servilleta a cuadros
y un marco para la foto de mamá, bella con su fe
y su collar prestados.
Ah, "si yo fuera el invierno mismo",
encendería fogatas diminutas en el corredor,
estrellas muertas que se asocien a este universo
de falla, de necesidad.




 
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10                                                                                            (De Hospital de veteranos)

Nuestra casa está en ruinas, te dicen
mis ojos sin querer.
Sólo tenemos esta seguridad de la leche caliente
que cruza tu garganta y nos consuela.
Afuera brilla una ciudad que cierra los ojos,
tal vez sufra más sin embargo: por ser plana,
por no tener colinas de aflicción.
Pero espera, pacientemente espera.
Nosotros oscilamos en la neblina de este sueño
desahuciado y ardemos en lo que ya terminó.
Heredé tus huesos y tu testarudez,
pero no tu miedo: ese foso en el cual hemos
nadado como perros sin dueño toda una vida.
—Gracias por la cena—dice tu voz ronquísima
desde el fondo de los tiempos, como un invitado
cortés a su anfitrión,
y sé que te irás pronto, llevándote el foso,
el hermano que no tuve, - el secreto - donde
construí a tientas, a pinceladas de acuarela, mi valor





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Postdata                                                                                    (De Escalera de Incendio)

 
Y todavía no te he hablado del
deterioro del correo en esta oscura provincia
del imperio.
El empleado únicamente gruñe
recostado contra un almanaque del año anterior
(un fondo excesivo de flores, vacas y montañas)
pero ahora lo enamoraron los destinos de mis cartas,
sonríe —algunas veces—
y puedo apostar que piensa en mí
cuando cruza los puentes rumbo a su almohada.
Uno puede adueñarse de los sueños de otros
para no morir, uno puede aceptar la vida como una
representación del deseo.
Así es que sin turbulencias, invento falsas
cartas a escribir —
exóticos remitentes en la mañana que tiembla—
y ese hombre y yo
volvemos a ser porosos, invencibles,
por un rato.





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II                                                                                                           (De El Muelle)

 
Otra vez cúpulas en el poema, otra vez la ciudad.
Las travesías se volvieron copias
de ciudades tocadas sólo por supervivencia,
para regresar a la mía.
Como si ella contuviera todos los números, los secretos,
las pasiones del mundo.
Alguna vez una calle me devuelve el desierto
y cuando oscurece,
las sombras de las bolsas de basura
son instalaciones de museo, que sólo puedo ver
cuando mi memoria agotada olvida el mar, aquellas grúas
detrás de las cercas, la mujer del turbante azul que
me vendió la caja mágica y la oportunidad
de atesorar mis miedos como mariposas atrapadas
en la belleza de su oro.
Hay que aprender la asfixia como se aprende un idioma.
Nadie llorará por la ausencia de las alas contra el cielo.




 
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IV                                                                                           (De El Muelle)

 
Este verano se parece a un pueblo todavía humeante
después de un bombardeo.
Del otro lado del río, en la bruma, un bote
está listo para llevarme a la frontera.
Si la metáfora suena dramática, es para proteger
esta ausencia sin brillo, el riesgo de una soledad en sordina
y a repetición.
Las heroínas no huyen del calor
ni de los muñecos quemados entre los escombros.
Hay que llegar (del otro lado), y escribir.
Y escribir es despojarme página por página
de un nombre anotado demasiada vida.
Amo este balanceo en la nada,
los recuerdos como linternas en la noche
que atraen a los animales y los alejan de sus cuevas.
Mi cueva es este verano inmóvil, metafísico,
casi reverente.
¿Hay alguien ahí?
No es fácil de entender tanta certeza, duele el mundo
y yo soy el mundo.
Un galpón atestado de maniquíes de vidrio
para verles, de lejos y cerca, los hilos de la repetición.





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1                                                                                               (De Hospital de veteranos)

La ventana del hospital
da a un baldío espeso de pasto y de botellas rotas
(como cicatrices de batallas).
Un sauce milagroso crece en la esquina que
da al cuartel.
Hospital de otro siglo, el dolor que me ata
a la silla despintada también es de otro siglo.
Las enfermeras corren con los orinales
por corredores hundidos y no reparan en él.
No estoy acá para curar mi vieja herida ni mi insomnio.
Soy hija, se supone que las hijas tienen salud.
En plena noche los azulejos blancos destilan
una luz primitiva. Puedo seguir un camino entre las
camas sin titubear.
Esa es mi luna, también la que imagino
sobre las botellas como un spot.
Comprendo su soledad (sin hermanos)
en medio del cielo.
Comprendo las mareas, comprendo a la locura
como un exceso de blanco.

He sido amada (no comprendida),
he sido aquel perro solitario de mi primer poema,
que atravesó la calle para ser mi amigo.

"¿Podríamos jugar mañana, cerca del sauce?"

El amanecer está en un punto muerto,
suspendido por una memoria que semeja un barco
sin mascarón de proa.
(Igual que mi vida).





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La muerte de la imaginación                                                                      (De Bulgaria)

 
  "Lo que más temo es la muerte de
la imaginación."
                              Sylvia Plath

El corazón no tiene quien le escriba,
nadie se atreve a cruzar la noche remando
en la intemperie
                  (nadie se ve)
Y si no fue más que un amor negro, susurrante
que nada da,
el viaje más lejano fue el de mi cabeza
hacia su hombro
                          (el más inútil)
La rama golpea en la terraza
pero es solamente oscura. El miedo
se sienta a comer un pastel en la cocina
                        (y dice que es real)
¿Alguien pudo tocar a la desesperación?

Terciopelo, papel de diario, una lata oxidada,
no hay vacuna contra las superficies.
El mundo es un hueco tapado con barniz
                            (y no respira.)




 
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Paulina Vinderman (1944)
Buenos Aires, Argentina.

 
El vino del atardecer, 2008
Editorial: El suri porfiado