18/5/12

Luis Osvaldo Tedesco: "Todo lo que miro se detiene, perseguido..."




XIV (Relato sobre Noemí)


Aire de la vida, no supiste jugar.
No fue mía la seda de tus noches.
El sueño animal y el ruego del alma
no te conmovieron, no vino a mí
la pausa feroz del beso inolvidable.
Aire de la vida, alondra gris
de tela muerta, callejera
sangre de la imagen: no corras,
no te vayas, podríamos hacer algo
todavía, podríamos querernos
una vez, siquiera una vez, imaginar
vientos de mar en la carne palpitante...
Tras el oscuro romance que te nombra
todo lo que miro se detiene, perseguido.




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VI (Vida en común)


El cuerpo que te busca
no sabe ser mejor.

Revolcado en tu contorno
mi sueño pulsa temeroso
el vacío de lejana juventud.

Estás sola, y estoy solo,
y el semen seco de la madrugada
se va con jabón, frotando fuerte.




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IV (Vida en común)


Mujer sedienta de besos
detiene mi deseo

Ternura que deshace
la leyenda, apenas una lágrima
de olor amante la penumbra.

En la madrugada
tu latido es una herida
sobre mi ropa sucia de trabajo.




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X (Vida en común)


Aquella línea de tu cuello
sobre mi corazón, aquella piel
sobre mis besos, cadáveres sueltos

de frío enternecido. Así tu ruego
raspa del viejo amor la trémula
materia del deseo. Así raído

mi cuerpo en el tuyo se detiene
como tantas palabras en el blanco
papel que retuerzo, papel que no tiembla.




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XI (Relato sobre Noemí)


Finalmente. Noemí volvió a Buenos Aires.
Esteban. Vicente, de nuevo Raúl,
Marcos, Julio, el malogrado poeta,
la turbia fantasía en los ojos de Ana
y el dinero crujiente en su escote
dejaron vacíos de inasible ventura.
Era linda Noemí, con su pelo negro
y los ojos briosos, el vientre caído
entre muslos violentos de pálido brillo.
Luego, en un tramo vulgar de la historia,
monótona voz del deseo el hastío
detiene la imagen: hay una caricia
que ya no te busca, soñás en la vida
y el sueño recuerda el miedo del alma.




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XIII (Relato sobre Noemí)


Noemí es el tema, la imagen escrita,
el descanso ritual de sus ojeras
en el quebrado suspiro del poema.
Solos en la noche, en este cuarto,
dejo mi calor en tu escote dolorido
y aprieto palabras. Esa es la norma:
sos Noemí, soy el poeta, lo demás
lucha en la oscura sintaxis del castigo
como sombra de sombras sumadas al deseo.
Te tocan mis manos, te abriga el papel,
toda tu saliva lava el lejano
temblor que penetra... Noemí:
en el cuidado romance de la muerte
tuya es mi sílaba, mi parodia, mi regreso.




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V (Relato sobre Noemí)


Labios secos de nena golpeada
y ojos muy negros que miran despacio
la gris arboleda que lleva a la iglesia.
Un cuerpo vacío camina temblando
por veredas gigantes de sol empañado.
Así son las cosas: un día cualquiera
la sangre sumisa, las manos pequeñas,
la espalda doblada en surcos amantes
regresan de misa. La casa no es suya,
no es suya la pena que muerde Modesto
ni el grito implacable de tía Clotilde.
Noemí ya es mujer, su piel obedece,
pequeña en su cama sueña que llora.




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II (En el lugar opaco)


En el lugar opaco
te vio mi corazón.

Parco potrero voluptuoso,
alas de pasión esbelta
bajo el colorete de los sueños.

Todas las tardes de mi vida
van hacia tu suelo, todas las tardes
dejo mi cuerpo donde nadie espera.

Tientos crudos del deseo,
parejeros del alma
sobre la carne detenida.

La esquina de casa, el ondulado
terreno de andamios infinitos,
bandadas de niebla sanguinaria.

En el lugar opaco
te vio mi corazón,

en el vidrio de otras manos,
en el frío de otros besos,
en el hierro genital de tu memoria,

en la mellada
cadencia de tus piernas
tembló mi corazón.

Toda la noche tu perfume, todas las noches
escribo la imagen del límite que vuelve.




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Luis Osvaldo Tedesco (1941)
Lomas del Mirador, Buenos Aires, Argentina


Reino sentimental, 1985
editorial: Torres Agüero

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