22/6/12

Alfonsina Storni: "y el goce de gritar ya ensaya voces..."



Mar de pantalla


I

Se viene el mar y vence las paredes
y en la pantalla suelta sus oleajes
y avanza hacia tu asiento y el milagro
de acero y luna toca tus sentidos;

Respira sal tus fauces despertadas
y pelea tu cuerpo contra el viento,
y están casi tus plantas en el agua
y el goce de gritar ya ensaya voces.

Las máquinas lunares en el lienzo
giran cristales de ilusión tan vivos
que el salto das ahora a zambullirte:

Se escapa el mar que el celuloide arrolla
y en las dedos te queda, fulgurante,
una mística flor, técnica y fría.





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Fuerzas


Esa espada del mar en los confines...
Tiendas de luna y sol; un viejo nido
de palabras que avanzan por las olas
a clavarse llameantes en tu pecho.

Allá está el puño que semillas suelta
hacia tu tierra y hace agricultura
de flor de fuego en tus arenas frías;
allá en el abra, junto al mar, de cielo.

Máquinas de trastorno allá gobierna
y en sus aspas de jade soy volteada.
¿Qué me quieres oh tú palabra grave?

Nadie contesta pero ordena todo;
y el rubio alfanje de la luna nueva
el vientre me penetra y lo florece.






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Dios-fuerza


Cuán descreído es dios, que no arquitecta
cosa de perdurar y el paso cruza
de Jehová fuerte y pone en los cimientos
de empresas altas túneles de topos.

Echa a nacer un pueblo con la diestra,
y en la siniestra preparados tiene
descolorantes, y en las almas pinta
paisajes de colores y los lava.

Nada a su lengua es pan que dé provecho,
ni en mar o pulga pone más cuidado,
ni piel de mundo más que de hombre mide;

Manteles cambia de su propia mesa,
que él solo existe desmayando afirma
y hálitos le da al barro que son llamas.





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Sugestiones de un canto de un pájaro


La muerte no ha nacido, está dormida
en una playa rosa. Mira al griego:
no lo mató la infamia y la cicuta:
vive y sobre la Acrópolis enciende.

¿Quién te dijo que el dedo de la envidia
me rayó de amarillo los vestidos?
Era una mariposa que cargaba
polen de sobra y lo dejó pasando.

¿Oyes? Las ratas en las oficinas
no muerden suela de los directores;
hay una lluvia fina de violetas

secas que caen y producen ruido;
y el descosido corazón del joven
es la manzana heroica de Guillermo.





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Una gallina


Una tarde de tantas. baja al agua
la voz de toda cosa moribunda
y el sol le pone al día un lindo ex-libris
en oro, azul cobalto y rosa vivo.

No está la mente para alzar a pulso
el bloque de la vida. Vuela al campo
sin que lo cace el ojo distraído.
¿Por qué reparo en la gallina oscura

que baja hasta la playa, a los costados
dos polizones rotos por el viento?
¿Por qué persigo sus pisadas solas

que marcan lirios en el polvo de oro?
¿Esta arena, subida de los mares,
guardará fósil la inocente huella?





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Regreso a la cordura


Tú me habías roto el sol: de los dentados
engranajes de las constelaciones
colgaba en trozos a tocar el árbol,
casa de luz jugando a arder la tierra.

Alzaste el mar estriado de corales
y en una canastilla de heliotropos
aquí en mi falda lo dejaste al dulce
balanceo acunante de mi pecho

Al regresar, ya de tu amor cortada,
me senté al borde de la Sombra y sola
lo estoy juntando al sol con gran cordura.

Ya se fija en su sitio; ya se caen
las olas de mi falda y avisado
reajusta el mar sañudo su rebaño.





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Tiempo de esterilidad


A la Mujer los números miraron
y dejándole un cofre en su regazo:
y vió salir de aquel un río rojo
que daba vuelta en espiral al mundo.

Extraños signos, casi indescifrables,
sombreaban sus riberas, y la luna
siniestramente dibujada en ellos,
ordenaba los tiempos de marea.

Por sus crecidas Ella fué creadora
y los nóumenos fríos revelados
en tibias caras de espantados ojos.

Un día de su seno huyóse el río
y su isla verde florecía de hombres
quedó desierta y vió crecer el viento.





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Ultrateléfono


¿Con Horacio? - Ya sé que en la vejiga
tienes ahora un nido de palomas
y tu motocicleta de cristales
vuela sin hacer ruido por el cielo.

-¿Papá? - He soñado que tu damajuana
está crecida como el Tupungato;
aún contiene tu cólera y mis versos.
Echa una gota. Gracias. Ya estoy buena.

Iré a veros muy pronto; recibidme
con aquel sapo que maté en la quinta
de San Juan ¡pobre sapo! y a pedradas.

Miraba como buey y mis dos primos
le remataron; luego con sartenes
funeral tuvo; y rosas lo seguían.





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Una oreja


Pequeño foso de irisadas cuencas
y marfiles ya muertos, con estrías
de contraluces; misteriosa valva
vuelta caverna en las alturas tristes.

del cuello humano; rósea caracola
traída zumbadora de los mares;
punzada de envolventes laberintos
donde el crimen esconde sus acechos.

A veces, bajo el sol que da la sangre,
de rocas rojas dibujada y otras
hecha papel de cielo en madrugada:

Como en luna menguante te despliegas
y allá en el fondo, negro del subterráneo
donde ruge el león del pensamiento.





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Sugestión de un sauce


Debe existir una ciudad de musgo
cuyo cielo de grises, al tramonto,
cruzan ángeles verdes con las alas
caídas de cristal deshilachado.

Y unos fríos espejos en la yerba
a cuyos bordes inclinadas lloran
largas viudas de viento amarilloso
que al vidrio desdibuja balanceadas.

Y un punto en el espacio de colgantes
yuyales de agua; y una niña muerta
que va pensando sobre pies de trébol.

Y una gruta que llueve dulcemente
batracios vegetales que se estrellan,
pacientes hojas, sobre el blando limo.





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El sueño


Máscara tibia de otra más helada
sobre tu cara cae y si te borra
naces para un paisaje de neblina
en que tus muertos crecen, la flor corre.

Allí el mito despliega sus arañas;
y enflora la sospecha; y se deshace
la cólera de ayer y el iris luce;
y alguien que ya no es más besa tu boca;

Que un no ser, que es un más ser, doblado,
prendido está aquí y estás ausente
por praderas de magias y de olvido.

¿Qué alentador sagaz, tras el reposo,
creó este renacer de la mañana
que es juventud del día volvedora?





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Gran cuadro


Reunió la muerte el tronco derrumbado
y el capitel caído y los vellones
secos del árbol y mandó a la luna
a que rezara por aquellas ruinas.

Atrajo a alguna rata su responso
y no quiso cantar allí el insecto
y el cielo bostezaba amanzanado
sus lentas madrugadas retraídas.

Un ciervo herido con los cuernos rotos
dió contra el capitel y halló nidada
de piedras negras, dientes del silencio.

No, no era un cuadro aún para pintores
de mucho fuste, pero entré en la tela
y ágil movió la muerte sus pinceles.





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Alfonsina Storni (1892-1938)
Capriasca, Suiza, nacionalizada argentina

Mascarilla y trébol, (1938) 1959 (tercera edición)
editorial: Ediciones Meridión

1 comentario:

  1. Alfonsina Storni (1892) en 1938, un 25 de octubre, decidió ponerle fin a su vida arrojándose al mar en la ciudad de Mar del Plata. Meses antes publicó lo que sería su último libro: "Mascarilla y trébol". Existen en el libro unas palabras por parte de la misma autora como un intento de explicar o, más que nada prevenir a los lectores, de que este, no es un libro más. La necesidad de experimentar utilizando un nuevo lenguaje fue más fuerte para romper con aquellas antiguas formas con que se la habían encasillado, y a la vez consagrado dentro la poesía argentina. "Preveo que va a ser tildado de oscuro...", se adelanta la autora como tratando de descomprimir lo que las palabras parecen cargar, curiosamente una de las palabras que más aparece dentro de este libro es "muerte". Pero a lo mejor será como la poeta explica: "todo tiene aquí un sentido, una lógica..." y pide la colaboración de los lectores para completar ese sentido. Afirma que estos "antisonetos", brotaron vitalmente en contenido y forma: "casi en estado de trance". Alega "cambios psíquicos fundamentales" en su vida que la llevaron a explorar estos nuevos terrenos. Finalmente concluye con que todo libro se expresa por sí mismo: "es como si un corazón sensiblemente agitado y estallante se empeñara en querer certificar que las mareas que lo turban suben de sus legítimos torrentes"

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