18/6/12

Arminda Ralesky: "Pero aprendí sola, a violar sutil, solapadamente los estatutos..."


Del  hombre y sus máscaras


No creo en los grandes espectáculos.
En los enormes mascarones y plumajes.
Todo oculta la auténtica piel desarmada.

Sólo ante uno mismo
Se puede ser héroe o cobarde.

Hermético es el mundo de la conciencia de un hombre.
En él no entra ninguna farándula.

Cada hombre
Es héroe o cobarde, sólo.
Débil o estoico,
Cuando nadie lo sabe,
El propio yo, feliz o torturado
El que vive en uno mismo
Es su más inescrupuloso interlocutor.





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IV


Llegué
Ligada a un cordón de sangre, leche,
Ancestros.
Creciendo atada con el nudo de una caricia,
Un castigo, un perdón,
Una culpa.
En el pulmón de un nido hecho
Por el calor y el humor
De todos.
Llegué con esa sed insaciable
Que a través de mil poros
Absorbe.
En la sangre me tatuaron de temprano
Largo códice indeleble
Que me acompañe hasta la fosa.
En él me señalaron, como sucede en grandes monumentos,
Que es púdico cubrir los senos
Y desenvainar las espadas.

También, a lavarme las manos
Y cuánto debo dar,
O no dar.

Pero aprendí sola, a violar sutil,
Solapadamente
Los estatutos.

Rama bifurcada
Sé latir en un tiempo permitido
Y guardar otro compás para mis horas clandestinas.

Si esgrimo aspecto de animal bifronte
No es mía la culpa.
Nací indefensa, dispuesta a recibir.





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XXVII
    para Tango de Jacobo Fijer


Esta noche en que siento cuánto
Este corazón gastado
Podría amar...

Esta hora donde el recuerdo es dulzura
Y el dolor abrocha presente y pasado
Allí donde vos y yo, no fuimos lo que somos...

Ahora, cada uno en rótulo legal
Ni vos sos vos, ni yo soy yo.
¿Qué queda de aquella embriaguez?
No es fácil cansarse de amar.
Podría en cualquier momento
Reinventar mi juventud
Si alguna vez llamaras
A la que fui.





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La máscara

a Odín


¿A quién le importa tu máscara?
Aunque por ella realices difíciles danzas.
Aúlles a los infiernos, clames a los dioses,
Ames, creas, temas, traiciones...

Amonestes a los hombres,
Te solidarices con ellos...
Y rías, llores...

Siempre con tu máscara.

Bailes,
Bailes, bailes, bailes,
Hasta caer.

Muerto
Te encerrarán con ella.





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La máscara emplumada


Hay pájaros que necesitan inflar su plumaje
Y viven artificiosamente abultados,
Porque la pequeñez de su mísero cuerpecillo
Espantaría.

Es la máscara inútil de la presa frente al cazador.

Para algunos, la única coraza posible en la jungla diaria.
Si has peleado duro en el encuentro de todos los días,
Conoces la tristeza del cazador,
Su decepción.

Ahora comprendo el agudo chillido
De los animales pequeños.
La ausencia de aroma en la orquídea esplendorosa.
La serenidad del paquidermo.
Y la ponzoña del pequeño alacrán...
Ahora comprendo...
He desentrañado el misterio
De todas las máscaras.







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XII


   a una mano hallada en un basural

Esta mano
Que fuera dad para amar,
Amasar el pan,
Conducir un niño...
Esta pinza animal sensible,
Dolorosa, vehículo del arte,
Sufrida, silenciosa,
Este largo emblema exclusivamente humano
Porque una mano es mucho tiempo...
Este registro de animal pensante,
Rama nueva y tan antigua,
La he visto y tan antigua,
La he visto separada de anhelos y pasiones.
Mísero animal inmóvil
Ocupando su brevedad de espacio en el suelo.
Si poca materia es un Hombre,
Toda la vida de un hombre,
Una mano es apenas un pequeño sitio
Ganado o perdido.
Pero mi mano
Es la afirmación de que existo
Vehículo de mi condición de ser.
Tiemblo por un tiempo que sentencia las manos.
¿Adónde llevará un río de manos seccionadas?

Porque una mano es mucho tiempo...





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Epitafio a una máscara


No actuó en famosa gran tragedia
Ni fue eje de singular espectáculos alguno.
No llegó a descifrar ninguna incógnita
Y murió desteñida. Simplemente máscara.
Desprovista de empastes que cubren arrugas
Limpiamente, sin subterfugios
De honores que ocultan deshonores.
Y glorias
Que escudan fracasos.
Con las ajaduras que dejan en la frente
Hijos,
Muertes
Decepciones
Y la mordedura de dolores físicos
Dañando tanto como los metafísicos.
..........................................................
Se fue dejando una triste mirada
En pupila que conoció, o no conoció, quizá...
Contribuyendo a la tristeza sin culpa
Que dejan los que mueren normalmente;

No a la culpa sin tristeza
Con que golpean los asesinados.
Porque hoy es tarde para la Torre de marfil
Y nadie puede lavarse las manos.
Hubiera querido, en su vida de máscara
Responder aunque una sola vez, categóricamente
A una identidad.
Pero todas las identidades en este tiempo se tambalean
Algo mueve el eje de la tierra
Movimiento que llega desde los ejes del pensamiento.








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Arminda Ralesky (?-2009)


El rostro y sus máscaras, 1977
editorial: Ediciones Tres Tiempos

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Hable o calle para siempre