13/8/12

Paulina Vinderman: "Bajo mis dedos crecen metáforas como hongos..."



4                                                                                            (De Hospital de veteranos)

 
A golpes de estrella, a golpes de luna,
¿cuánto hace que parezco un castor,
manteniéndome a flote en los rápidos del río?
Soy el guardián de mi padre, el guardián
del lenguaje, títulos nobiliarios sacudidos
por el temporal.
El amor es un objeto antiguo, valiosísimo,
encerrado en un museo babilónico, expuesto
a la artillería del invasor.
Bajo mis dedos crecen metáforas como hongos.

Días vacíos, quemados por un viento dorado.

Detrás del cielo azul pastel, habita una negrura
de cuervo.
Pobre cuervo, alisando sus plumas sobre
el alambrado; él, como el castor, bebe de este mundo
el agua posible.





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Campo quemado                                                                    (De Escalera de incendio)

 
Nada de todo esto se parece al miedo,
el miedo es un agujero donde se resguarda
antes de la acción.
Este vacío se parece al hambre, a una tierra
quemada.
Veo, desde la ruta, un último hurón apresurarse
a escapar, ningún pájaro queda.
Soy una mujer al borde de un camino, todos
mis gestos son los de partir.

Una vez bailé un vals en un hotel de lujo,
el mundo era rojo entonces, me sabía heroína,
ahora escribo sobre la heroicidad después de
lavarme la cara: alguna historia con buenos fracasados
en las márgenes del papel.

Con suavidad, empiezo a ajustar las señas bajo
el humo.
Hay un saludo a nadie, o a un pájaro irreal
posado otra vez en lo que queda de una rama.
Inconsistente y neutra,
alzo los párpados desde una luminosidad que
recuerdo,
como una actriz, antes de la representación,
en un teatro de provincia.





 
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9                                                                                                (De Hospital de veteranos)

Una pobreza luminosa nos une otra vez,
como en la infancia.
Pero ésta será la última canción.
¿Recordaré la letra cuando nos hayamos ido?
El olvido es una traición dulcísima
que no lastima tanto como una muerte.
Por ahora distribuyo los tesoros
en un espacio neutral: una servilleta a cuadros
y un marco para la foto de mamá, bella con su fe
y su collar prestados.
Ah, "si yo fuera el invierno mismo",
encendería fogatas diminutas en el corredor,
estrellas muertas que se asocien a este universo
de falla, de necesidad.




 
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10                                                                                            (De Hospital de veteranos)

Nuestra casa está en ruinas, te dicen
mis ojos sin querer.
Sólo tenemos esta seguridad de la leche caliente
que cruza tu garganta y nos consuela.
Afuera brilla una ciudad que cierra los ojos,
tal vez sufra más sin embargo: por ser plana,
por no tener colinas de aflicción.
Pero espera, pacientemente espera.
Nosotros oscilamos en la neblina de este sueño
desahuciado y ardemos en lo que ya terminó.
Heredé tus huesos y tu testarudez,
pero no tu miedo: ese foso en el cual hemos
nadado como perros sin dueño toda una vida.
—Gracias por la cena—dice tu voz ronquísima
desde el fondo de los tiempos, como un invitado
cortés a su anfitrión,
y sé que te irás pronto, llevándote el foso,
el hermano que no tuve, - el secreto - donde
construí a tientas, a pinceladas de acuarela, mi valor





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Postdata                                                                                    (De Escalera de Incendio)

 
Y todavía no te he hablado del
deterioro del correo en esta oscura provincia
del imperio.
El empleado únicamente gruñe
recostado contra un almanaque del año anterior
(un fondo excesivo de flores, vacas y montañas)
pero ahora lo enamoraron los destinos de mis cartas,
sonríe —algunas veces—
y puedo apostar que piensa en mí
cuando cruza los puentes rumbo a su almohada.
Uno puede adueñarse de los sueños de otros
para no morir, uno puede aceptar la vida como una
representación del deseo.
Así es que sin turbulencias, invento falsas
cartas a escribir —
exóticos remitentes en la mañana que tiembla—
y ese hombre y yo
volvemos a ser porosos, invencibles,
por un rato.





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II                                                                                                           (De El Muelle)

 
Otra vez cúpulas en el poema, otra vez la ciudad.
Las travesías se volvieron copias
de ciudades tocadas sólo por supervivencia,
para regresar a la mía.
Como si ella contuviera todos los números, los secretos,
las pasiones del mundo.
Alguna vez una calle me devuelve el desierto
y cuando oscurece,
las sombras de las bolsas de basura
son instalaciones de museo, que sólo puedo ver
cuando mi memoria agotada olvida el mar, aquellas grúas
detrás de las cercas, la mujer del turbante azul que
me vendió la caja mágica y la oportunidad
de atesorar mis miedos como mariposas atrapadas
en la belleza de su oro.
Hay que aprender la asfixia como se aprende un idioma.
Nadie llorará por la ausencia de las alas contra el cielo.




 
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IV                                                                                           (De El Muelle)

 
Este verano se parece a un pueblo todavía humeante
después de un bombardeo.
Del otro lado del río, en la bruma, un bote
está listo para llevarme a la frontera.
Si la metáfora suena dramática, es para proteger
esta ausencia sin brillo, el riesgo de una soledad en sordina
y a repetición.
Las heroínas no huyen del calor
ni de los muñecos quemados entre los escombros.
Hay que llegar (del otro lado), y escribir.
Y escribir es despojarme página por página
de un nombre anotado demasiada vida.
Amo este balanceo en la nada,
los recuerdos como linternas en la noche
que atraen a los animales y los alejan de sus cuevas.
Mi cueva es este verano inmóvil, metafísico,
casi reverente.
¿Hay alguien ahí?
No es fácil de entender tanta certeza, duele el mundo
y yo soy el mundo.
Un galpón atestado de maniquíes de vidrio
para verles, de lejos y cerca, los hilos de la repetición.





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1                                                                                               (De Hospital de veteranos)

La ventana del hospital
da a un baldío espeso de pasto y de botellas rotas
(como cicatrices de batallas).
Un sauce milagroso crece en la esquina que
da al cuartel.
Hospital de otro siglo, el dolor que me ata
a la silla despintada también es de otro siglo.
Las enfermeras corren con los orinales
por corredores hundidos y no reparan en él.
No estoy acá para curar mi vieja herida ni mi insomnio.
Soy hija, se supone que las hijas tienen salud.
En plena noche los azulejos blancos destilan
una luz primitiva. Puedo seguir un camino entre las
camas sin titubear.
Esa es mi luna, también la que imagino
sobre las botellas como un spot.
Comprendo su soledad (sin hermanos)
en medio del cielo.
Comprendo las mareas, comprendo a la locura
como un exceso de blanco.

He sido amada (no comprendida),
he sido aquel perro solitario de mi primer poema,
que atravesó la calle para ser mi amigo.

"¿Podríamos jugar mañana, cerca del sauce?"

El amanecer está en un punto muerto,
suspendido por una memoria que semeja un barco
sin mascarón de proa.
(Igual que mi vida).





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La muerte de la imaginación                                                                      (De Bulgaria)

 
  "Lo que más temo es la muerte de
la imaginación."
                              Sylvia Plath

El corazón no tiene quien le escriba,
nadie se atreve a cruzar la noche remando
en la intemperie
                  (nadie se ve)
Y si no fue más que un amor negro, susurrante
que nada da,
el viaje más lejano fue el de mi cabeza
hacia su hombro
                          (el más inútil)
La rama golpea en la terraza
pero es solamente oscura. El miedo
se sienta a comer un pastel en la cocina
                        (y dice que es real)
¿Alguien pudo tocar a la desesperación?

Terciopelo, papel de diario, una lata oxidada,
no hay vacuna contra las superficies.
El mundo es un hueco tapado con barniz
                            (y no respira.)




 
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Paulina Vinderman (1944)
Buenos Aires, Argentina.

 
El vino del atardecer, 2008
Editorial: El suri porfiado

2 comentarios:


  1. El corazón no tiene quien le escriba,
    nadie se atreve a cruzar la noche remando
    en la intemperie

    tomo un pedacito y digo que siempre hay quien le escriba a nuestro corazon, sea quien sea siempre hay un alma iluminando la nuestra. un beso grande!

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  2. Gracias por pasarse y rescatar algo de este humilde espacio

    Beso grande

    :)

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