2/10/12

Alejandro Archain: "No hay voz que pueda nombrar la ausencia..."


XIV


En la mirada está la acción
que puede devolver a la vida.

Una mirada que vuelve a recorrer,
paso a paso el jardín de una casa,

la deriva de las hojas y el verde
reflejando sus tonos imposibles
contra las paredes blancas

paredes como nubes danzando y
viajando como trenes a lo lejos
volando como gorriones enceguecidos
como ríos caudalosos
buscando un descanso
a la locura de su oleaje.

En el silencio de la tarde,
envuelto en el olor del cansancio
y con la respiración entrecortada
como único sonido palpable,
me dispongo a descubrir
alguna señal que cambie la dirección
de la vida que flota en la penumbra
de un cuarto en penumbra.








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XXXVI


¿Puede el tren trepar
la cascada?
¿Puede navegar un río?
¿Cruzar la punta
del volcán en llamas?

Puede trepar la
cascada,
beber el agua dulce
que lo ciega.

Puede el río
desplegar sus velas
y roer
la lava calcinada.

La piedra negra
lamida
por la lengua de
un oscuro animal
                                                que la devora.



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XLVII

Trenes corriendo
                                           entre murientes

asaltan
las verdes alamedas.

Crispamos la jaula
alrededor del cielo

fuimos lo que somos

entremezclados
                                           de vísceras
                                                                           y huesos.








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XXXVIII


No hay voz
que nombre
o pueda mencionar
la ausencia

Lleva tiempo
sin tiempo que la abarque
en un crujir
de durmientes
                                 que se escapan.

De vuelta sobre el surco,
cava rutas de olvido,
se sumerge
                                candente
sobre el llano.

Derrite, borra,
acalla el grito de los pájaros
el tren a su paso
entre ansiosas
llanuras que lo acogen.

Rítmicas tonadas
del viento.








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XXVIII


¿Simula el tren su partida?
¿Imagina su partida a las cinco?
¿Intuye, borra, abraza, gime
por encima de su propia deriva?

¿Obstruye sus pensamientos
mientras gira hacia
su propia afirmación?

¿Cruje su incertidumbre
de madera y hierro?

¿Amputa la mirada del sol?

¿Gira, batiendo la mañana en retirada?

¿Ciega los gemidos en la soledad de la noche?

¿Arrastra, en su propio devenir,
la agonía de mi padre?

¿Pone alas en la risa y en la humedad
de las piernas?








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VI


Tren de las cinco.
Deriva anclando en viejos y
descoloridos recuerdos.

Una manera de viajar hacia adelante
yendo hacia atrás.

Terquedad de la mañana
porfiando en los esteros.

Tren como río que parte
de cada muelle que toca.
En cada balsa encalla
sus ruedas imposibles
y en cada camalote instala
una última campanada.

Río que parte a las cinco
como ruta que escapa
a la próxima pisada.

Laguna con gesto de tren
a la deriva,
última mirada de un gorrión
perdido.








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Alejandro Archain (1953)
San Fernando, Buenos Aires, Argentina.


Deriva, 2011
Editorial: Paradiso ediciones

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