30/12/12

Osvaldo Bossi: "la delicia de un deseo de amor que es la droga más terrible del mundo..."



Chicos malos


Yo no creo en los chicos malos.
Aunque hagan cosas terribles, yo no creo.
Miro esa foto
con tus hermanos y tus primos, haciéndose el payaso
y se me rompe el corazón
-la alegría, a veces, es un monstruo
que nos hace llorar. Bueno,
yo río y lloro como un condenado
cuando miro esas fotos.

Chico malo jugando con su perro.
Chico malo arrojando un beso al aire
para que lo reciba su hermana,
que sostiene la cámara. Y el mismo chico malo
abrazando a su mami, mientras sirve la mesa.
Y la mami que se ruboriza y se pone contenta
de tener un hijo así, tan loco -no sé cómo explicarlo,
es la primera foto que veo de tu madre
y ya la venero
como si fuera la Virgen de Itatí.

Seguro que de fondo sonaba un chamamé
(no Los hermanos Barrios, porque le cantan
a la tristeza, sino uno de esos
que dan ganas de salir a los cuatro vientos
y ponerse a gritar. Yo que no grito ni en sueños,
salir a la calle y ponerme a gritar
porque vi el fondo de tu casa
por primera vez, con ese coche viejo, arrumbado
y una montañita de escombros
y la soga donde tu mami cuelga la ropa.

Aunque parezcas el chico
más indomable de todo este mundo. Yo vi
la mesa en la que te sentabas a comer,
el vaso de vino, el pan, la humilde ráfaga
de una alegría que se le sustrae al tiempo.
El tiempo: el único y verdadero chico malo
en toda esta historia.





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Si pudiera sacarte de la droga

Si pudiera sacarte de la droga...
pero no puedo.
Hago el intento, pero siempre fracaso.
No soy tu padre. No soy tu madre.
No soy un especialista.
En lugar de eso, te acompaño a comprar...

Lo raro, lo más raro de todo
es que al Tío (así lo llaman a tu dealer)
yo le caigo muy bien.
No son ideas mías.
Terminan de hacer el intercambio
y el tipo se da vuelta y me mira, sonriente;
después te guiña un ojo y (si no hay mucho trabajo)
nos invita a tomar una cerveza
ahí nomás, en el bar de la esquina.
Y si vas solo... Bueno,
indefectiblemente te pregunta por mí.

Cuando nos presentaste
le dijiste: Este es Osvaldo, un gran amigo.
Y agregaste, enseguida; Es escritor.
Desde ese día
a ese buen padre de familia, algo
(aunque parezca una locura) le atrae, le intriga de mí.

No hay muchos escritores por esa zona,
y los que hay
no van a esos lugares seguramente.
Si te contara mi vida, me dijo, tendrías para escribir
un libro
. Y entornó los ojos
como buscando algo que parecía estaba ahí,
entre nosotros, pero que nadie, salvo él mismo
podía reconocer.

Yo creo que El Tío aquella noche
al verme, se dio cuenta de todo
y ese descubrimiento lo encandiló.
Como si los consumidores de drogas, lleváramos
un halo o un sello en la frente.
Yo no consumo nada, y nada de lo que él vende
me interesa, pero leyó en mis ojos, estoy seguro
la tortura y la delicia de un deseo de amor
que es la droga más terrible del mundo,
digan lo que digan los especialistas.

Pero bueno, ya es tarde.
Después de obtener lo que querías,
no te importa más nada y como un zombie
te acercás y me decís al oído. Aguantáme un toque
y después nos vamos
. Trepás las escaleras
del bar, hacia el baño, de dos en dos
y de un salto -oh, magnífico- desaparecés.

El Tío, mientras tanto, me mira
y se sonríe. Es que adictos como yo
no se deben ver todos los días.
Por eso, supongo, cada vez que te pasa
la pequeña bolsita resplandeciente
te pregunta por mí.










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De a poco, me fuiste presentando


De a poco, me fuiste presentando
a tus amigo.
Nadie sabe, sin embargo
lo que existe entre nosotros.
Ni yo mismo lo sé.
Como si se tratara de un sentimiento
absurdo o que no podemos,
nadie podría, clasificar.
Qué suerte tiene la gente
cuando puede llamar
las cosas por su nombre.
Quizás firmaron un acuerdo de paz
o algo así. los nombres que yo tengo
varían, y ninguno me alcanza.
Se trata por lo tanto
de un mundo inestable
o cuya permanencia no depende
de las palabras que lo nombran.
De hecho, seamos honestos
los nombres de tus amigos
tampoco son una garantía de nada.
Pomelo, el Rulo, babosa, Tapita, el Polaco...
No son nombres, son otra cosa.
Hay un secreto que no se ve.
Hay un misterio que las palabras
intentan, pero no pueden, revelar.
Por eso, ni yo pregunto nada
ni ellos preguntan.
Cada uno en la suya.
Y todo el tiempo hablan, hablamos
de cualquier otra cosa.
Hasta que de pronto, Tapita
se acerca, me palmea el hombro y a medida que llena mi vaso de cerveza
me pregunta, con esa voz
rasposa que tiene Tapita: ¿Con espuma
o sin espuma?

Con espuma, le digo.
Luego llena su vaso y al levantarlo, dice
como todo niño borracho,
muy solemnemente: ¡Por la amistad!
Y los otros, al verlo
se suman
al brindis. Por la amistad, dicen
por la amistad! como si estuvieran jurando
a la bandera. Y en eso, justo
en ese momento, yo me acuerdo
de un libro
increíble de Boris Vian
que leí cuando tenía la edad de Lautaro
y de Tapita, y de todos estos vagos que flotan
como ángeles
en la húmeda eternidad de los bares,
a cualquier hora.
El libro se llamaba, si no
me equivoco. La espuma de los días.
Bueno, yo brindo por eso.










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Princesas


Entré a la noche
con una linterna de juguete.
Dicen que en cualquier momento
se apagarán las baterías
y veré las cosas tal como son.
mientras tanto, Ana
que justo pasaba por ahí
se suma a la fiesta improvisada
por el cumpleaños d mi amigo.
Entra en el bar y enseguida
se sienta a mi lado
(lleva un vestido sencillo
porque, me dijo un día, no le gusta
llamar la atención de la gente).
A mí me encanta su sonrisa
y la voluntad que pone en todas las cosas
y el hondo silencio en que se pierde, a veces
mientras los otros hablan, beben,
fanfarronean...
Fue hermosa un día, y ahora
el deterioro que acarrea la calle
la cubre como un velo
que la muestra y la oculta a la vez.
Aún así, nada parece preocuparla
esta noche.
Ahora mismo, por ejemplo, con un ojo
se alegra de vernos, y con el otro
cuenta los billetes... y está bien que así sea.
pero después se olvida de todo
y se entrega a la música
que sale de los altoparlantes.

-Es Karina, me dice, y se pone contenta
y yo lo llamo al mozo y le pido
un vaso para Ana que, como la otra princesita,
mueve la cabeza y los hombros, el pelo largo
rubio, hasta la cintura
sin dejar de pedir que le mientan,
que por favor
le mientan, dice, una y otra vez...
Como si el bar se hubiera convertido
en un hermoso trasatlántico
que brilla, en mitad de la noche, lejos
de cualquier dolor.

...Porque ya no hay dolor .
Ningún dolor ¿no es cierto Ana?
Yo mismo, que a veces parezco
tan desamparado, me muevo
como si la calle hubiera sido lo mío
siempre, y no los libros.
Como si vos, y Tapita, y mi amigo Lautaro
fueran, desde siempre, mis auténticos
camaradas. ¿Por eso
en un momento determinado
te recogiste el pelo y me invitaste
a bailar? Después
nuestros amigos se acercaron, y todos
nos reímos de todo.
Como si Dios, no importa lo que diga,
estuviera siempre de nuestro lado ¿no es cierto, Ana?
Y ahí nomás me abrazaste y, sin dudarlo
me diste un beso
tibio, como nunca antes nadie
me había dado en los labios.
Y me dijiste que sí.










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Basta de paz, basta de amor


No voy al trabajo,
pierdo las horas al lado tuyo
como quien se tira en el pasto, boca arriba
a mirar las estrellas.
Nubes negras, pesadas
amenazan abrirse
para dejar caer masa compactas
de granizo
y destrucción.
Por suerte, no encendiste la radio.
Abrís una cerveza y te quedás, desnudo
mirando por la ventana
el avance inexorable de los acontecimientos.
Desde la cama, todo es hermoso
como en un cuadro: Muchachos en la ventana
cigarrillo en una mano, botella
de cerveza en la otra, mirando la noche
.

Porque de golpe se hizo la noche.
Un río cruza
de lado a lado la ciudad.
La lluvia golpea la ventana
como si fuera el último día.
-Son piedras, digo
mientras me acerco a mirar, yo también,
un poco asustado
el cielo que se desguaza.
Pero este chico no se asusta; se ríe
de la tormenta. Le divierte
el estrépito que se armó.
Las calles inundadas, el tránsito congestionado.
La gente que corre, corre, a refugiarse de la lluvia
pero inútilmente.
-Traéte otra cerveza, Os, me dice.
Mirá el cachengue que se armó.
Y yo me río
porque en mi vida voy a encontrar
una palabra más precisa que ésa
para definir ese momento de furia.
Como si Dios
bajara del cielo (basta de paz, basta de amor)
y se pusiera a patear tachos de basura
y a golpear sus cadenas
sobre los techos de los autos.










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Ayer a la tarde


Ayer a la tarde
llamaste para decirme
que me querías.
Loco te quiero, me dijiste.
De fondo se escuchaba el ruido
ensordecedor de los autos
y de las ambulancias.
Un bocinazo detrás del otro.
imaginé la rabia de los taxistas, la rabia
de los colectiveros...
Pero yo te escuché.
A mil kilómetros de distancia
escuché tu voz (guarra,
profundamente estremecida).
No sé qué estarías haciendo
en ese momento, ni por qué lo dijiste.
Algunos muchachos
no confiesan su amor
ni arrinconados contra una pared.
Duros como una piedra.
Tercos como una mula.
pero ¿de qué amor estoy hablando?
Dijiste que me querías.
Que me querías, sólo eso. Contento
y un poco aturdido, es cierto
como si hubieras descubierto un continente
todavía desconocido, y tuvieras
la urgente necesidad de comunicármelo.








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Osvaldo Bossi (1963)
Ciudadela, Buenos Aires, Argentina


Chicos malos y otros libros, 2012
Editorial Conejos

23/12/12

Jimena Repetto: "antes del primer llanto siempre hay un silencio..."



Los patos


Los patos, contra la física
levantan las alas y vuelan.

De lejos, son sombras negras
que podrían cubrir un palacio
o trazar rutas
por las que ningún ser jamás transite.

Después aterrizan en una laguna,
supongo, a remojar sus plumas
verdes o azules
brillantes, me contabas.

Yo te creía
que ellos podían cruzar montañas, continentes
creía en eso con la fe y la certeza
con la que veía a la tierra humedecerse
y mojaba los pies en los charcos de julio.

Íbamos por la ruta
y un pájaro se estrelló contra el vidrio.

Paramos.

Los patos esquivan el sol
son inmortales
dijiste mientras esperábamos
que viniera el auxilio.

Cayó en pleno vuelo
así haya estado entre las nubes más blancas.

Cuando llegó el remolque
con tres hombres y cadenas
nos llevaron al pueblo más cercano
y me contaste sobre los patos
que nadaban en una laguna,
no te atrevías a tocarlos
y yo alimentaba sus picos naranjas.

El pájaro quedó en la ruta,
cambiaron el vidrio en menos de dos horas.

Los patos viven para siempre
contra la física
en los días de sol, creía.

Un pájaro cualquiera
cae en un giro
del auto que lo lleva por delante
con dos personas antes de alejarse
como si nunca nada hubiera sido.








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Lejano


Cruzaste la frontera

Allí:
taxis verdes aparcando en las esquinas
taxis verdes que nunca
van cerca de casa.

Supongo te habrás acostumbrado
yo también a la posibilidad
de no encontrarnos.

Me pregunto
si el tiempo te hará más guapo
si te enamorarás.

Ahora hablo en tu idioma
conquistador
y lejano.








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Invasión


Cuando volvimos
en la ventana de nuestra casa
encontramos un nido
peligrosísimo.

Podía llenarse la casa de palomas
una invasión capaz de detener
un avión en pleno vuelo.

No nos atrevíamos a echarlas
así que dejábamos pasar el tiempo
como si esperáramos el daño.

Por las noches escuchábamos
la amenaza cómplices.

De un día para el otro se fueron
después del nacimiento de los pichones.
Nos quedamos solos
rogando por ese miedo
que nos mantenía unidos
con las persianas bajas.








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Violetas, absurdos, brillantes


Eras mi mago
el único que aparecía conejos
violetas, absurdos, brillantes

Con el tiempo no hubo más ilusiones.

A veces en las fiestas busco
hombres con galeras

sacan conejos blancos
de orejas rosadas
y bigotes afilados

pero ahora me da igual.








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Por si acaso


Por si acaso
quisiera decirte
que un tiempo atrás
yo no sabía
ni de poemas ni de palabras
y todo era un mito
como la niebla o la luz
en la primera mañana.

Andaba pateando latitas,
desafiando esquinas,
escondiéndome en salas oscuras
donde el mundo
se había vuelto proyecciones
de otro mundo
en el que no existían las escuelas
ni los hombres
ni la añoranza.

Yo le dije a ese tiempo
que se fuera a ver si llueve
que me dejara tranquila
mientras me ataba grillos
en el cuello
para que me dieran música
mientras descubría la noche
para que me diera danza.

Yo quisiera decirte
que antes del primer llanto
siempre hay un silencio
y al nacer callada
el grito tajea la existencia
como las palabras
tejen las alianzas.

Yo te dije un día
que no era damita
de volados ni de poses
que cada tanto se me escapa
un chirrido insoportable
que saca escarchas en las flores.

Pero otras veces
como esas noches
me crecen las arrugas primigenias
y hago brotar entre mis dedos
las olas de todos los ríos
los cantos de todos los mares.

Ayer me hice la valiente
y me tragué un carretel dorado
te dije que no era Ariadna
por no decirte

que está adentro el laberinto
aunque esté afuera
el Minotauro.








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Así mueren mil peces


Adelante atrás adelante
los pescadores
batían sus brazos
y lanzaban las carnadas.

Ellos esperaban pacientes
que la superficie se moviera
y el hilo se tensara
para sacar el almuerzo.

Los peces boqueaban
lejos de sus casas
de sus amigos
de la tersura del lago y saltaban.

Vos decías que sólo ellos
bailaban su muerte
yo pensé que nunca se veía
morir peces en el agua.

Igual que nosotros ante el fin
para evitar el dolor
nos alejamos.








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Jimena Repetto (1980)
Buenos Aires, Argentina


Autos rojos Bestias impares, 2012
Tocadesata ediciones

19/12/12

Jorge Leónidas Escudero: "Tiemblo en ansiedad gozante cuando pienso la posibilidad de hallar la clave..."

 
Tregua


Desde aquí veo pasar gente va y viene,
mujeres pantalón mostrar lo suyo,
hombres rebuscadores de lo obvio,
un árbol demacrado ser otoño
en hojas despedidas,
un perro aún, un niño todavía,
un pedazo de sol en la vereda,
un vendedor de globos de colores. Esto
será hasta que al inventor del mundo
se le ocurra otro invento,
hasta que por aburrimiento
borre todo con el codo.








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La pared parlante


En la calle donde paso
cada vez más despacio yéndome,
suelo ahí pensativo detenerme a leer
en la pared de un baldío el mensaje de amor
qu' escribiera un joven hace años no sé.
El sol y la lluvia lo destiñen pero
aunquel tiempo lo borre
seguirá ahí para decir la vida
no muere.

Esto le conté a un amigo y replicó:
Choterías tuyas
darte cuerda ante un escrito en pared muda.
Quien escribió a fulana que la amaba
seguro hoy está en la antípoda
o es su marido golpeador.
Es decir salite,
vos estás en romanticón todavía.

E yo me alcé de hombros,
dije perdón voy a retirarme
y caminé hacia la pared del baldío
para releer vitalidá.








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Jugar con fuego


Voy a hablar del juego y otras yerbas
difíciles en pasado a mí.
Es qu' estando empeñado en dar en tecla,
a fuerza de en las piedras tropezar
finalmente agarré una verdá.

Comprendí no era yo quien apostar debía
sino otro, un automatismo como el hipo
venido de alivio. Practiqué. Me llegaron
satisfacciones pocas y pérdidas muchas.

Porque ampliar la conciencia es posible,
acceder al futuro inmediato, pisar nubes,
pero el yo nos engaña,
agarra una verdá del inconsciente
y la muestra al revés entonces
vos apostás y perdés.

Por eso mildemente pido me diga alguien
qué hacer para matarlo al yo
porque ese es el culpable.








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Baile de disfraz


La gente entra en esto porque ya está adentro,
nadie quiere ponerse la careta de arrugas
pero terminan poniéndosela,
nadie acepta la torpeza de sus pies
pero todos salen a bailar.

Por mostrar alegría algunos exhiben
su dentadura postiza.
Hay mujeres que arropan sus flaccideces
y hombres que se ajustan pantalones
para acomodar su hernia y
salir a bailar valientemente.

Todos a divertirse
ensimismados en sus asuntos tristes;
y quien no halla compañía
baila en soledá porque no hay otra.

El carnaval insiste
en prestarle disfraces a la gente,
disfraces que no gustan
pero de uso obligatorio.

Y cuando el tiempo se cansa de darles cuerda
la Directora golpea manos,
pide atención y grita: Basta,
se acabó lo que se prestaba,
devuelvan los disfraces y descansen
en paz.








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Corrugación frontal


Puede ser que de tanto mirar lo que no estaba
le nacieran en la frente canales,
huellas, honduras,
ese montón de surcos que ostenta.

No es que sea sombrío
e arrugue el ceño nojado sino son
caminos de su propia búsqueda.

Le gusta indagar, es su costumbre
escarbar en sí mismo y por eso
de tanto no hallar respuestas
se le amontonaron ahí las preguntas.

Sin eco anduvo el tal fulano
de oscuridá en oscuridá golpeando puertas.
Buscaba la punta de la madeja
y al no hallar resonancia
se le en la frente formó eso.

Es que las incógnitas lo agarraron a hachazos
y esto para ser franco me a mí sucedió.
Se me juntó tal cantidad de preguntas muertas
que decidí hacer esta presentación
para no vayan a creer es por enojo
ando con la frente agestada.








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Pedido de ayuda


Señor ciego,
veo que con bastón blanco se guía
para pasos afuera dar, caminar a
donde sea. Bienvenido.
Siéntese neste banco de la plaza a mi lado,
présteme su bastón para aquí mismo
intentar yo no sé bien qué
pero alejarme de ocurrencias falsas.

Esto le pido porque
debido a zonceras que en la cabeza
se me cruzan
he perdido orientación.
M' encuentro sentado aquí y no arranco
hacia desenredar el enredo.

Gracias. Le agradezco señor.
Este su bastón blanco en mi mano tal vez pueda
guiarme en la oscuridá para que salga,
salir de esto en qu' estoy donde me faltan,
para reconstruirme,
por lo menos dos hiladas de ladrillos.








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Amanecer tardío


Tiemblo en ansiedad gozante
cuando pienso la posibilidad
de hallar la clave. Advierto
qué para no caer en desánimo
necesito decirme esto así esto,
soñar aciertos, gozo,
perfumes de al jardín ir
en flores o deleite para
no más nada de nada, basta con existo.

Levanto la cabeza de la almohada.
E en serio, ¿de qué jardín hablé?
No entonces lloro, me levanto
caliento agua y tomo café.
Miro la hora
veo que para retirarme
falta un poco más de,
de lo que falta para definitivamente.








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Lo que bota la arena


Colgado de un clavo en la pared,
hueso limpio,
cráneo de caballo cuando un amigo
dijo lo hallé en el desierto,
lo arranqué de la arena,
aquí lo traje no sé por qué, ahí está.

Oí un relincho allá
en lejanías y noches, auroras
donde un jinete oscuro
metió su caballo en la muerte.

Eso oí e un escalofrío
me recorrió el cuerpo, puse
la mano sobre el hueso
y tras un instante de silencio
dijo mi amigo ¿qué? ¿qué hubo?
Nada, contesté, nada.








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Jorge Leónidas Escudero (1920)
San Juán, Argentina.


Tras la llave, 2006
Ediciones en Danza