19/12/12

Jorge Leónidas Escudero: "Tiemblo en ansiedad gozante cuando pienso la posibilidad de hallar la clave..."

 
Tregua


Desde aquí veo pasar gente va y viene,
mujeres pantalón mostrar lo suyo,
hombres rebuscadores de lo obvio,
un árbol demacrado ser otoño
en hojas despedidas,
un perro aún, un niño todavía,
un pedazo de sol en la vereda,
un vendedor de globos de colores. Esto
será hasta que al inventor del mundo
se le ocurra otro invento,
hasta que por aburrimiento
borre todo con el codo.








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La pared parlante


En la calle donde paso
cada vez más despacio yéndome,
suelo ahí pensativo detenerme a leer
en la pared de un baldío el mensaje de amor
qu' escribiera un joven hace años no sé.
El sol y la lluvia lo destiñen pero
aunquel tiempo lo borre
seguirá ahí para decir la vida
no muere.

Esto le conté a un amigo y replicó:
Choterías tuyas
darte cuerda ante un escrito en pared muda.
Quien escribió a fulana que la amaba
seguro hoy está en la antípoda
o es su marido golpeador.
Es decir salite,
vos estás en romanticón todavía.

E yo me alcé de hombros,
dije perdón voy a retirarme
y caminé hacia la pared del baldío
para releer vitalidá.








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Jugar con fuego


Voy a hablar del juego y otras yerbas
difíciles en pasado a mí.
Es qu' estando empeñado en dar en tecla,
a fuerza de en las piedras tropezar
finalmente agarré una verdá.

Comprendí no era yo quien apostar debía
sino otro, un automatismo como el hipo
venido de alivio. Practiqué. Me llegaron
satisfacciones pocas y pérdidas muchas.

Porque ampliar la conciencia es posible,
acceder al futuro inmediato, pisar nubes,
pero el yo nos engaña,
agarra una verdá del inconsciente
y la muestra al revés entonces
vos apostás y perdés.

Por eso mildemente pido me diga alguien
qué hacer para matarlo al yo
porque ese es el culpable.








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Baile de disfraz


La gente entra en esto porque ya está adentro,
nadie quiere ponerse la careta de arrugas
pero terminan poniéndosela,
nadie acepta la torpeza de sus pies
pero todos salen a bailar.

Por mostrar alegría algunos exhiben
su dentadura postiza.
Hay mujeres que arropan sus flaccideces
y hombres que se ajustan pantalones
para acomodar su hernia y
salir a bailar valientemente.

Todos a divertirse
ensimismados en sus asuntos tristes;
y quien no halla compañía
baila en soledá porque no hay otra.

El carnaval insiste
en prestarle disfraces a la gente,
disfraces que no gustan
pero de uso obligatorio.

Y cuando el tiempo se cansa de darles cuerda
la Directora golpea manos,
pide atención y grita: Basta,
se acabó lo que se prestaba,
devuelvan los disfraces y descansen
en paz.








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Corrugación frontal


Puede ser que de tanto mirar lo que no estaba
le nacieran en la frente canales,
huellas, honduras,
ese montón de surcos que ostenta.

No es que sea sombrío
e arrugue el ceño nojado sino son
caminos de su propia búsqueda.

Le gusta indagar, es su costumbre
escarbar en sí mismo y por eso
de tanto no hallar respuestas
se le amontonaron ahí las preguntas.

Sin eco anduvo el tal fulano
de oscuridá en oscuridá golpeando puertas.
Buscaba la punta de la madeja
y al no hallar resonancia
se le en la frente formó eso.

Es que las incógnitas lo agarraron a hachazos
y esto para ser franco me a mí sucedió.
Se me juntó tal cantidad de preguntas muertas
que decidí hacer esta presentación
para no vayan a creer es por enojo
ando con la frente agestada.








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Pedido de ayuda


Señor ciego,
veo que con bastón blanco se guía
para pasos afuera dar, caminar a
donde sea. Bienvenido.
Siéntese neste banco de la plaza a mi lado,
présteme su bastón para aquí mismo
intentar yo no sé bien qué
pero alejarme de ocurrencias falsas.

Esto le pido porque
debido a zonceras que en la cabeza
se me cruzan
he perdido orientación.
M' encuentro sentado aquí y no arranco
hacia desenredar el enredo.

Gracias. Le agradezco señor.
Este su bastón blanco en mi mano tal vez pueda
guiarme en la oscuridá para que salga,
salir de esto en qu' estoy donde me faltan,
para reconstruirme,
por lo menos dos hiladas de ladrillos.








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Amanecer tardío


Tiemblo en ansiedad gozante
cuando pienso la posibilidad
de hallar la clave. Advierto
qué para no caer en desánimo
necesito decirme esto así esto,
soñar aciertos, gozo,
perfumes de al jardín ir
en flores o deleite para
no más nada de nada, basta con existo.

Levanto la cabeza de la almohada.
E en serio, ¿de qué jardín hablé?
No entonces lloro, me levanto
caliento agua y tomo café.
Miro la hora
veo que para retirarme
falta un poco más de,
de lo que falta para definitivamente.








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Lo que bota la arena


Colgado de un clavo en la pared,
hueso limpio,
cráneo de caballo cuando un amigo
dijo lo hallé en el desierto,
lo arranqué de la arena,
aquí lo traje no sé por qué, ahí está.

Oí un relincho allá
en lejanías y noches, auroras
donde un jinete oscuro
metió su caballo en la muerte.

Eso oí e un escalofrío
me recorrió el cuerpo, puse
la mano sobre el hueso
y tras un instante de silencio
dijo mi amigo ¿qué? ¿qué hubo?
Nada, contesté, nada.








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Jorge Leónidas Escudero (1920)
San Juán, Argentina.


Tras la llave, 2006
Ediciones en Danza

2 comentarios:

  1. che! que bueno este blog! me parece que no sabia que te habias pasado aca!

    te pongo para seguirte leyendo
    para hacerlo habitualmente

    besos

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