27/9/13

María Fernanda Espinosa: "después de amar vuelve la paz se va la voz queda el tatuaje..."



I


Dibujo que me dejas
de tus huellas hilvanadas
rastro de oruga
que tambalea en tapecio
mientras me aflojas la cintura
sin tiempo
me sueltas el cabello sin tregua
babosa que repta
Te beso sin boca
con cuerpo
y dejas de estar
la magia te hace
boa matacaballo
y por la noche
araña que palidece
y te clava un dardo de savia
en la nuca.








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II


Cuando seas
tatuaje de fuego
en mi hombro
pez con boca simétrica
Y escamas de espejo
te soñaré
como sueña el brujo
sus ritos floripondios
en la niebla húmeda
y el aire empedrado de amatistas azules

será sueñomagia
vapor de heno fresco
y te harás estatua de cal y hierro
porque tu y yo estamos hechos
de polvo astral y pupilas de cedro.








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III


Todo el alcanfor del bosque
en tus axilas mojadas
para que seas trampolín
cometa con cola de luces
y verte devorado en reflejos
por todos los polígonos del cuerpo
ver que tus playas
se hagan monte y bromelia
reloj de arena tic-tac
en tus piernas
enorme hamaca de miel
balanceo de hoja
de palmera
se queden en cada anillo de nube
en cada salto de tigre.








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IV


Tocarte
como a rama mojada en piso de selva
sólo eso
dejarte mis ríos
mis campos que se quiebran
sembrarte en cada poro
regarte de saviasaliva
las hendiduras
los vértices del cuerpo
y que corras leopardo
te pongas la máscara y el manto
y me dejes
para encontrarte en medio bosque
suspendido en el viento
desnudo.
Yo orquídea imaginosa
esperando tocarte
sólo eso.








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V


Oro peregrino en páramo
frío y quieto
sin complicidad
ni toboganes acuáticos
de sal y espuma
en tu boca chuquiragua
te dejo sables en verso
ramas opacas
como tus manos
tengo un saltamontes
que me anda por dentro
y todo el horizonte
copiado de mitos y cuentos








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VII


Como tu aire de oveja africana
no puedo redimirme
ni dejarte retozar
sin que me tengas en tus ancas
de caballo de salto
no puedo despensarte acuático
terrestre
fragmento de bosque y de lago
curvas de pez resbaloso
de pez espada
que imagina
todos los abrazos
las poses
los pasos
los besos.








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IX


Bajo tus capas espesas e invisibles
me hago tormenta
agua prolongada
gota
dejo de ser cuerpobóveda
serpiente de mito
me hago sudor
plumas de tangaras en el cuello
manos y pies fríos
espejismo temporal
y arena que se frota
de una orilla a otra orilla
en la curva de tu cuerpo
cola de hipocampo
que me deja suelta
entre sábanas y ojales.








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XIV


Tú siempre con la piel imantada
desafiando el polvo
los abismos manuales
siempre con las curvas lisas
lobo de mar
acaricias todo
sin vuelta de marea
más allá del contorno
estiras los brazos
hasta el umbral del fuego
gimnasta
de bordes elásticos
de cuerda floja
me vas a dejar sin aliento
cuando vuelvas
la ceniza
devorará la huella
se posará en la memoria
hasta borrarte








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XV


Cuando te descubrí
ya eras puente cóncavo
cuerpo elíptico
danzante de corpus
con luces y espejos
sobre mis sábanas
tu reflejo
perfil de minotauro
tenía que ver con la espera
el jadeo de viento marchito
o los murales cromáticos
de caras y leyendas
ya era tarde
para moldes de yeso
fotos de calendario
y música de fondo
te quedaste para siempre
sin filtros
con toda la luz de la tarde
desnudándote.








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XVII


Te imagino
te sigo
te siento
dibujo tu cuerpo
con sombras y todo
pero esto se llama despedida
aprender a pensarme sin ti

no habrá rincón que no te devore

no habrá indultos
solo un desierto
un invierno cien pies.








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XXII


Me quedan tus rodillas
una sensación borrosa
de caricias desiguales
y un espasmo lunar en el ombligo

pero me importa un jabalí
y un gato envenenado
que te hayas descubierto
más tarde que la tarde.








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XXIII


Qué áspera la noche
qué real el frío y el espacio
qué inservibles los mantos y las plumas
las hogueras de caricias ajenas

de nada sirvieron las estampas
los viejos talismanes
el olor a bosque en la almohada
de nada el llanto
la angustia sucesiva
el temor al desencanto.








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XXVIII


Las esperanzas están permitidas
si no estropean la estética del tiempo

cuando se ama
la paz del cuerpo muere
se pierde el sueño para siempre
la voz se teje despacio
voz que consciente
espera
recrea
después de amar vuelve la paz
se va la voz
queda el tatuaje:
permanencia y angustia

se quiebra el resto
plaza
cielo
selva








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XXXII


Cántame un verso
despierta mi cuerpo
dame un final en tu laberinto

quiero ser tu aliada invisible
tu rito diario
inagotable

fúgate
de ese miedo
del antiguo olor a tragedia
de los cielos sin puertas

quiero

cántame.








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XXXIII


Ningún espacio es suficiente para contenernos
ni esta selva que se desnuda en vértigo
ni el más allá del brujo y su ayahuasca

reclamo tu olor
y repaso
los pliegues del aire
que nos sostiene inmóvil

detengo este sueño
para que se haga el silencio
para que te devuelvas
cubierto de sábanas tibias
en rumor
en ojeras de tiempo circular.








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XXXVI


Comes
me carcomes
soy viento y selva
no manzana
caracol desnudo
sirena en laberinto

tu
eclipse incoloro
barbas que me llegan hasta el sueño
me atrapan como brazos
tus barbas

huyo
a medio sol
a media luna
después del café
antes de tiempo.








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XXXVII


Como duende en sol matinal
te descubro asustado
despojado de cielo
con piel de leopardo y olor a canela

militante de sueños inútiles
de lunas incompletas
privado de noches
ahogado en versos
llorando dolores inéditos

recobremos de tu espejo la insurgencia
para zurcir retazos de tiempo y desmemoria
y fraguar una historia nueva
tuya
mía
de los insensatos
caídos del universo.








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XXXIX


Despego
y me encimo en tu mástil
como aguja en hilo
me enredo en tus alas
como piola en trompo

te salvo
de mis escamas plateadas
me balanceo asida a tus lianas
te suelto
te dejo.








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XLV


En la selva
la luna es más grande y más tibia
un círculo de cera con penachos de luciérnaga
atravesada por ríos de sueño
anchos ríos como el Napo y sus islas.

Es otra luna
otro tiempo
son otros los hombres
las mujeres de ojos rasgados
otras las cascadas
carcajadas de agua y espuma
de sombra garúa
que apenas moja
como amante tardío.
A los guacamayos
les crecen alas nuevas todos los días
y a las nubes unicornios de viento.

Es otra luna
otro tiempo
son otros los hombres
otras las cascadas
carcajadas de agua y espuma
de sombra garúa
que apenas moja
como amante tardío.








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LXI


Que el sol me tiña de piel cobriza
me quite la cal del cuerpo
con dos claves de sol
y tres golpes de clave
con agua de coco en el cuello
y hoja de palmera en el ombligo
me deje
olor a plexo lunar y violeta marchita
en el monte del pecho
me cambie los dedos zancudos
por textura de papel cometa
mi cuerpo asimétrico en un beso de bocapez
donde el eco se pierda
y el llanto
se haga grito de lápiz
que escribe mi sueño
de dientes blancos
de muro geométrico de cal blanca
sobre tu piel de caoba y azafrán.








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LXIII


La muerte
es perro indefenso y cojo
el fin de esa lora anónima
de ojos callados

hábito inútil el de llorar
como inservible luto del cuerpo

morir es heredarse en plural
oírse en eco ajeno
dejarse en los astros sin viento

es acaso un rito
un favor al espacio y al tiempo
un encuentro nuevo con el sueño

sin más.








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María Fernanda Espinosa (1964)
Salamanca, España, nacionalizada ecuatoriana.

Tatuaje de selva (1992)
Editorial: abrapalabra editores (Quito, Ecuador)

22/9/13

Elaine Feinstein: "cuando nos sosteníamos de la mano tu tacto me hizo estúpidamente feliz..."



Invierno


El reloj regresa. Las luces de la tienda se derraman
sobre la calle mojada, estas rayas rotas
de señales de tráfico y faros blancos llenan
la tarde. Mis pensamientos son sombríos.

Conduzco imaginándote todavía a mi lado,
queriendo compartir la película que vi anoche,
- de separaciones en tiempo de guerra, y el final
cuando un viejo matrimonio se reencuentra -

Nunca aprendiste a hablar y a encontrar la manera
al mismo tiempo, tu voz me molesta.
Bueno, tenés razón, perdí mi rumbo,
y sonrío un momento en la memoria,

siempre sabiendo que yacés pacíficamente y enrollado
como un embrión bajo el suelo fangoso,
sin nacimiento a esperar, giraste
en la oscuridad, donde nada se encuentra.








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Bremerhaven


Navidad en Bremerhaven. Cada rama recubierta
de hielo transparente como tubos de vidrio, cada respiración
antes de que saliera vapor de nuestros labios.
No quería ir a la feria

Te habría gustado ganar algunos juguetes
incluso en la lluvia helada y saborear los puestos
de pasteles ricos, comprar algunos juegos alemanes,
pero yo no quería estar ahí.

Después, en una cabina de madera donde nos refugiamos,
mi hijo y yo bebimos vino caliente y hablamos de vos.
Él todavía estaba enojado por sus recuerdos de la infancia,
y, mientras hablaba, de pronto, estabas ahí,

- Único, sarcástico y revoltoso -
como si hubiéramos conjurado tu presencia caliente
permaneciste por un momento sólidamente entre nosotros,
antes de que te disolvieras de nuevo en el aire.








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Una visita


Todavía recuerdo el amor como otro país
con un paisaje casi olvidado
de piel salada y una boca seca. Creo que
siempre había una tentación de escaparse
de la violencia de ese sol, la repentina
insignificancia de la ambición,
al acecho de los celos como el gato de una bruja.

Anoche estaba navegando en mi sueño
como una vieja marinera, con el escorbuto
coloreando mis pensamientos, había luz de luna
y hielo en las aguas verdes.
Alucinaciones. Nostalgia peligrosa.
Y temprano esta mañana susurraste
como si estuvieras suavemente a mi lado:

¿Seguís enojado conmigo? Y dijiste mi
nombre con tanta ternura, lloré.
Nunca te reproché tanto
que recuerde, ni siquiera cuando debí hacerlo;
para mí, eras el chico en el jardín de Ravel
que siempre deseaba ser bueno,
como las criaturas del bosque sabían, y yo también.








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Manos

Primero nos reconocemos uno al otro como si fuéramos hermanos,
y cuando nos sosteníamos de la mano tu tacto
me hizo estúpidamente feliz.

Sostené mi mano, dijiste en el hospital.

Tenías manos grandes, manos fuertes, suaves
como los de un padre Mediterráneo
acariciando la cabeza de un chico.

Sostené mi mano, dijiste. Siento
No voy a morir mientras estés acá.

Tomaste mi mano en nuestro primer avión
y en las casas de ópera, o viendo
un video que querías compartirme.

Sostené mi mano, dijiste. Voy a dormirme
y ni siquiera sabré que no estás ahí.








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Camas 


Anoche me preguntaba dónde te habías ido a dormir.
No estabas en la cama. No había nadie en tu silla.

A través de cada ventana de la blanca luna llena miré.
Me estremecí en el jardín. ¿Dónde estás, cariño?

Llamé miserablemente: Tomarías frío.
Despertando, dejo que los hechos del día se desarrollen.










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Correo electrónico sin enviar


Cuando viajo sin vos, no soy más
que un barrilete llamativo en un largo umbilical.
Mis vuelos están atados por esta línea telefónica
hasta tu silla Parker Knoll, donde esperás
solitario y estoico.

Acerca del Festival: no hay pingüinos
cruzando el camino en la Isla Norte,
no hay ballenas en el puerto de Wellington.
La masa de tierra más cercana es la Antártida, y
el viento sopla directamente desde ahí a Nueva Zelanda.

Katherine Mansfield vivió acá de niña.
y me compré medias de ligas en colores brillantes
en honor a ella en el personaje de Gudrun.
Para vos, me compré una bata de lana.
Siempre has sido un hogar para mí. Añoro casa.








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Cosas


Acá estamos en un Julio caluroso, con los tesoros
de toda una vida juntos agrupados en cajas
para ser removidas y puestas en nuevos lugares:
la escultura de ébano de la esposa de Rama, Sita,
cada pelo cortado con precisión, los títeres
de Praga, las copas pesadas decorativas,
un ventilador Sung descubierto en el sudeste asiático,
una flauta de madera de cerezo. Vos siempre

estabas dispuesto a explorar, y al mismo tiempo emocionado
por investigar las salas de subastas o una tienda de Oxfam.
En una ferretería, descubriste la elegancia en
una herramienta simple para rallar queso.
Incluso los repuestos de clips y grapas
mantienen tu presencia, y los tornillos,
y el adhesivo guardado debajo de la escalera

que con frecuencia utilizaste para reparar los respaldos de las sillas.
Por no hablar de la computadora, en la que tu espíritu
Todavía sigue: redes de pensamientos que vivieron intensamente.
Y sobre todo, debajo de los cajones de madera de nogal
la mesita de luz del dormitorio donde una vez mantuviste
las pastillas para dormir y para la indigestión:
tu audífono, tus lentes, tus dientes.








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Inmortalidad


Si creyera en un paraíso a la antigua,
entonces vos, mi amor, todavía estarías hablando en él.
Habría un cielo azul y algunas nubes
visto a través de arcos de piedra, como en
La escuela de Atenas de Rafael, con Diógenes
tirado en las escaleras, y Platón en la semejanza de Da Vinci.
Podrías perseguirlos con tus preguntas ansiosas -
como una vez desafiaste a los oradores en la Escuela de Economía.

No es que espere encontrarte ahí
yo misma, que no puedo soportar más
debe ser cierto como una vez dijiste:
Pensamos. Y aprendimos a entender un poco.
Y después estamos muertos...








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Un guijarro en tu tumba


Es fácil amar a los muertos.
Sus voces son suaves. No discuten.
Una vez en la tierra, nos pertenecen fielmente.

Pero ¿nos perdonan?
Nuestra incapacidad fastidiosa de entender
sus quejas, nuestra evidente indignación

como las palabras de culpa. Una vez, recuerdo
rompiste con algunos furiosos
intercambios para decir con tristeza:

"No quiero tu tonto dolor
después de muerto, es ahora
que necesito tu compasión".








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El collar de la viuda


Amigos prueban mis historias en sus dientes o
con un fósforo: ¿son de plástico o de ámbar?
Mis hijos dicen que debo haber olvidado
cómo solía recurrir a ellos tan a menudo,
repitiendo sus palabras y pidiendo tranquilidad.
¿Por qué ahora debería recordar una presencia amorosa?
Pero lo hago: mi historia como esposa
está enroscada en la cadena de mi propia vida,
y cuando toco estas perlas, todavía recuerdo
tu espalda caliente mientras nos dormimos juntos como cucharas.







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Winter


The clock's gone back. The shop lights spill
over the wet street, these broken  streaks
of  traffic signals and white head-lights fill
the  afternoon.  My thoughts are  bleak .

I drive imagining  you still at my side,
wanting  to share  the film I saw last night,
- of wartime separations, and the end
when an old married couple re-unite -

You never  did  learn to talk and find the way
at the same time,  your voice teases me.
Well, you're right,  I've missed my turning,
and smile a moment at the memory,

always knowing you lie peaceful and curled
like an embryo  under the squelchy ground,
without a birth to wait for,  whirled
into  that darkness  where nothing is found.








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Bremerhaven


Christmas in Bremerhaven. Every twig sheathed
in transparent ice like tubes of glass, each breath
steam as it left our lips.
I did not want to go to the fair

You would have liked to poke through toys
even in freezing rain, and relished the stalls
of rich cakes, bought some German games,
but I did not want to be there.

Then, in a wooden booth where we took shelter,
my son and I drank gluhwein and spoke of you.
He was still angry about childhood memories,
and , as he spoke, suddenly, you were there,

- one-off, sardonic and obstreperous -
as if we had conjured your hot presence
to stand for a moment solidly between us,
before you dissolved back into the air.








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A visit


I still remember love like another country
with an almost forgotten landscape
of salty skin and a dry mouth. I think
there was always a temptation to escape
from the violence of that sun, the sudden
insignificance of ambition,
the prowl of jealousy like a witch’s cat .

Last night I was sailing in my sleep
like an old seafarer , with scurvy
colouring my thoughts , there was moonlight
and ice on green waters.
Hallucinations. Dangerous nostalgia.
And early this morning you whispered
as if you were lying softly at my side:

Are you still angry with me ? And spoke my
name with so much tenderness, I cried.
I never reproached you much
that I remember, not even when I should;
to me, you were the boy in Ravel’s garden
who always longed to be good,
as the forest creatures knew, and so do I.








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Hands


We first recognised each other as if we were siblings,
and when we held hands your touch
made me stupidly happy.

"Hold my hand",  you said in the hospital .

You had big hands, strong hands, gentle
as those of a Mediterranean father
caressing the head of a child.

"Hold my hand", you said.  I feel
I won't die while you are here.

You took my hand on our first aeroplane
and in opera houses, or watching
a video you wanted me to share.

"Hold my hand", you said. I'll fall asleep
and won't even know you're not there.








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Beds


Last night I wondered where you had found to sleep.
You weren't in bed. There was no-one in your chair.

Through every window the white, full moon glared .
I shivered in the garden.  Where are you, my darling ?

I called out  miserably:  You will catch cold .
Waking, I let the daytime facts unfold.








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Unsent Email


When  I travel  without you,  I am no more
than a  gaudy kite on a long umbilical.
My flights  are  tethered by this telephone line
to your Parker  Knoll,  where you wait
lonely and stoical.

About  the Festival: there were  no penguins
crossing the road on the North Island,
no whales in Wellington harbour .
The  nearest land mass  is Antarctica, and
the wind blows straight from there to New Zealand.

Katherine Mansfield  lived  here as a child.
and I've bought gartered stockings in  bright  colours
to honour her in the character of  Gudrun.
For you,  I've  bought a  woollen  dressing gown.
You were always home to me.  I long for home.








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Stuff


Here we came in hot July, with the treasures
of a whole life together shambled in boxes
to be unwrapped and set out in new places:
the ebon carving of Rama's wife, Sita,
each hair precisely cut, the puppets
from Prague, heavy art deco goblets,
a Sung fan discovered in South East Asia,
a cherry-wood flute player. You were

always eager to explore, and equally pleased
to investigate auction rooms or an Oxfam shop.
In a hardware store, you discovered elegance in
a simple tool for shaving slivers of cheese.
Even caches of paper clips and staplers
hold your presence, and the screws,
and Aruldite stored under the stairs

you often used to mend the backs of chairs.
Not to speak of the imac, in which your spirit
still continues: nets of thought intensely lived.
And most of all , in walnut drawers beneath
the table by our bed where once you kept
sleeping pills and indigestion tablets :
your hearing aid, your spectacles, your teeth.








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Immortality 


If I believed in an old-fashioned paradise, 
then you, my love, would still be talking in it. 
There would be blue sky and a few clouds 
seen through stone arches, as in 
Raphael's 'School of Athens',with Diogenes 
sprawled on the steps, and Plato in the likeness of da Vinci. 
You could pursue them with your eager questions - 
as you once challenged speakers at LSE. 

It's not that I hope to find you there 
myself, more that I cannot bear 
it should be true as once you said: 
We think. And learn to understand a bit. 
And then we're dead... 







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A pebble on your grave


It’s easy to love the dead.
Their voices are mild. They don’t argue.
Once in the earth, they belong to us faithfully.

But do they forgive us?
Our crabby failure to understand
their complaints, our manifest indignation

as words of blame. Once, I remember
you broke off some angry
exchange to say unhappily:

“I don’t want your silly grief
after I’m dead, it’s now
I need your pity.”








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Widow’s necklace 


Friends try my stories on their teeth or 
with a match: are they plastic or amber? 
My children say I must have forgotten 
how I used to turn to them so very often,
repeating your words and begging reassurance.
Why should I now recall a loving presence? 
But so I do: my story as a wife 
is threaded on the string of my own life,
and when I touch these beads, I still remember 
your warm back as we slept like spoons together.








(versiones en castellano: Hugo Zonáglez)


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Elaine Feinstein (1930)
Bootle, Liverpool, Inglaterra.


Talking to the Dead, 2007.
Editorial: Carcanet Press, Inglaterra.

2/9/13

Amelia Biagioni: "Amor hasta volverse sombra..."



1                                                                                                       (I Zundert-Paris)


Digo adiós a Zundert.
Pura ignota entreabierta mi adolescencia
hoy dejará su territorio suave.
Por la vez última
como en todo mi tiempo del espacio natal
                             que mi padre con versículos apacienta
taño el sendero entre difuntos
que me conduce a la fosa donde estoy
después de haber nacido muerto
                                                          igual treinta de marzo
                                                          mismo lecho
un año antes de mi nacimiento.

La piedra con mi nombre
está pulida por los roces del niño solitario
que a la orilla crecía reuniéndose consigo.

Pasé la infancia relatándome de boca a fosa
los follajes las flores los zumbidos
                                           heridos por la maravilla,
mostrándome desde mirada a abismo
el infinito pincelado aliento.
Juntos enderezábamos el árbol el camino el cielo
                        para el nido la oruga la oración.

Ahora debo partir
ser para siempre mi alejado
y aún no sé si es más fuerte el caminante o el inmóvil.

Hacia la mano alada llevo el absorto fuego
y dibujo mi tumba sobre fondo de lápidas y yedras.
La mano indaga escucha desplegando
                                          líneas  contornos  sombras  luces
trazo a trazo organiza el más allá del pensamiento
es ojo azul que no comprende pues contempla.

-Qué harás oh Vincent sin mis días
                                          en tu agujero vertiginoso.
-Seguir muriendo inmensamente Vincent.
-Qué haré Vincent sin ti cruzando el viento.
-Vivir con desmesura Vincent
  encendiendo el jardín humano
  mientras tu espalda en éste yacerá.








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2


Amor hasta volverse sombra
             por Úrsula de Londres y desdenes.

Amor por los hundidos en las fosas de carbón
                                                  de algún clamor del Borinage
             Los alumbra con evangelio
             los abraza debajo de la tierra
                         entre el derrumbe y el grisú
             les da su pan abrigo cama biblia y verde
                      hasta quedarse ardiendo azul entre rendijas
                                                               harapos huesos barbarroja
                           y ser borrado por abuso de abnegación.

Amor hasta quemarse en la ordalía voluntaria
                                                                   de la mano en la llama
              por la ensimisma Kee de Amsterdam y Etten
              envuelta viudamente en su ¡nunca no nunca!

Amor hasta la redención fijada en sueño,
              por la desfigurada humanidad
                        ebria nocturna rota humanidad
                                 Cristina de las calles de La Haya.
              Mientras dura en su lámpara y abrazo
              la llama Sien la inventa Sien en ola
                        de ternura de belleza lejana de alondra
              la crea Sorrow para siempre.








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Los comedores de papas


Arquetipos
cofias y gorros de intemperie y zapatos desenterrados
del acezante margen llegan hasta mi gris.
Son los que cada día cumplen sin lágrima y sin ira
la fatiga la penuria lo ciego.
Son los sumisos
los servidores de profundis
los que nunca ordenaron eligieron soñaron.

El hueco humoso de su choza
sus bultos encorvados
   brotando tristes fauces garras ojos carencias
sus yertos movimientos subterrenos
todo está hecho con la oscura polvorienta corteza
de las papas que cultivaron
y que esta noche comen en mi pecho contrito.

Pende un candil que apenas si atestigua
pero en la mesa
desde lo humeante hacia donde convergen las hambres
surge una leve misteriosa lumbre
que enhiesta humaniza recrea la carne exhausta
convierte el antro en la casa en el tiempo
resucita las almas
las consuela sutura comunica
las levanta a oyentes del Sermón de la montaña
a comensales para otra Cena de Leonardo.








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1                                                                                                                    (II Arles)


Vincent penetra el mediodía encara el amarillo dios
asume los colores que deliran engendran paren soles.
Hirsuto en llamaradas afrontando el mistral
ebrio de amor pobreza y astro
sin piedad de sí mismo sin sombra sin orilla
cambiando pan por frenesí
                    de escarlatas cobaltos y otros
                                    y sus combinaciones fulgurantes
desencadena su pintura
                    volando dentro de la realidad.








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Coronado de llamas en la noche cerrada
                                                   por mirasoles muros ciegos
pinta el transido Vincent del espejo
mientras la oreja ilimitada
                                    una mitad sujeta y la otra andante
escucha en el dolor y el cosmos.








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                                                                                                       (III Saint-Remy)


En las altas afueras del cilindro de inmolación
tal vez transcurre un frío un ejercicio de virtuosos
       pinceles conformados con las ganancias y variantes
               de la revolución de los colores
una lúdica mayoría
que pinta desde el ojo
sin la pasión de la conciencia.

En el adentro en el derrumbe a plomo
va en escombros cayendo aquel tan suyo soplo
que sigue levantando entre los astros evocados
el castillo de la hermandad
              de los que pintan con la vida.

En el fondo de arriba asoma Theo
descuelga un grial de aliento desaparece asoma.

En el fondo creciente de abajo brilla Auvers.
Ciclos videntes
                                   Vincent gira
y colinas vertiginosas
                                   Vincent cargando causas y aparejos
                                   urgido sube y baja hacia la muerte.








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(IV Auvers-Sur-Oise)


Y lo que alterno pinta es siempre
el inocente ojo fatal
que dialoga con su reflejo.

           -Ya no sé dónde estoy.
           -Estás dentro al final de tu relámpago.








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Amelia Biagioni (1916-2000)
Galvez, Santa Fé, Argentina.


Estaciones de Van Gogh, 1984.
Editorial: Sudamericana.