27/9/13

María Fernanda Espinosa: "después de amar vuelve la paz se va la voz queda el tatuaje..."



I


Dibujo que me dejas
de tus huellas hilvanadas
rastro de oruga
que tambalea en tapecio
mientras me aflojas la cintura
sin tiempo
me sueltas el cabello sin tregua
babosa que repta
Te beso sin boca
con cuerpo
y dejas de estar
la magia te hace
boa matacaballo
y por la noche
araña que palidece
y te clava un dardo de savia
en la nuca.








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II


Cuando seas
tatuaje de fuego
en mi hombro
pez con boca simétrica
Y escamas de espejo
te soñaré
como sueña el brujo
sus ritos floripondios
en la niebla húmeda
y el aire empedrado de amatistas azules

será sueñomagia
vapor de heno fresco
y te harás estatua de cal y hierro
porque tu y yo estamos hechos
de polvo astral y pupilas de cedro.








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III


Todo el alcanfor del bosque
en tus axilas mojadas
para que seas trampolín
cometa con cola de luces
y verte devorado en reflejos
por todos los polígonos del cuerpo
ver que tus playas
se hagan monte y bromelia
reloj de arena tic-tac
en tus piernas
enorme hamaca de miel
balanceo de hoja
de palmera
se queden en cada anillo de nube
en cada salto de tigre.








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IV


Tocarte
como a rama mojada en piso de selva
sólo eso
dejarte mis ríos
mis campos que se quiebran
sembrarte en cada poro
regarte de saviasaliva
las hendiduras
los vértices del cuerpo
y que corras leopardo
te pongas la máscara y el manto
y me dejes
para encontrarte en medio bosque
suspendido en el viento
desnudo.
Yo orquídea imaginosa
esperando tocarte
sólo eso.








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V


Oro peregrino en páramo
frío y quieto
sin complicidad
ni toboganes acuáticos
de sal y espuma
en tu boca chuquiragua
te dejo sables en verso
ramas opacas
como tus manos
tengo un saltamontes
que me anda por dentro
y todo el horizonte
copiado de mitos y cuentos








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VII


Como tu aire de oveja africana
no puedo redimirme
ni dejarte retozar
sin que me tengas en tus ancas
de caballo de salto
no puedo despensarte acuático
terrestre
fragmento de bosque y de lago
curvas de pez resbaloso
de pez espada
que imagina
todos los abrazos
las poses
los pasos
los besos.








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IX


Bajo tus capas espesas e invisibles
me hago tormenta
agua prolongada
gota
dejo de ser cuerpobóveda
serpiente de mito
me hago sudor
plumas de tangaras en el cuello
manos y pies fríos
espejismo temporal
y arena que se frota
de una orilla a otra orilla
en la curva de tu cuerpo
cola de hipocampo
que me deja suelta
entre sábanas y ojales.








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XIV


Tú siempre con la piel imantada
desafiando el polvo
los abismos manuales
siempre con las curvas lisas
lobo de mar
acaricias todo
sin vuelta de marea
más allá del contorno
estiras los brazos
hasta el umbral del fuego
gimnasta
de bordes elásticos
de cuerda floja
me vas a dejar sin aliento
cuando vuelvas
la ceniza
devorará la huella
se posará en la memoria
hasta borrarte








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XV


Cuando te descubrí
ya eras puente cóncavo
cuerpo elíptico
danzante de corpus
con luces y espejos
sobre mis sábanas
tu reflejo
perfil de minotauro
tenía que ver con la espera
el jadeo de viento marchito
o los murales cromáticos
de caras y leyendas
ya era tarde
para moldes de yeso
fotos de calendario
y música de fondo
te quedaste para siempre
sin filtros
con toda la luz de la tarde
desnudándote.








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XVII


Te imagino
te sigo
te siento
dibujo tu cuerpo
con sombras y todo
pero esto se llama despedida
aprender a pensarme sin ti

no habrá rincón que no te devore

no habrá indultos
solo un desierto
un invierno cien pies.








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XXII


Me quedan tus rodillas
una sensación borrosa
de caricias desiguales
y un espasmo lunar en el ombligo

pero me importa un jabalí
y un gato envenenado
que te hayas descubierto
más tarde que la tarde.








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XXIII


Qué áspera la noche
qué real el frío y el espacio
qué inservibles los mantos y las plumas
las hogueras de caricias ajenas

de nada sirvieron las estampas
los viejos talismanes
el olor a bosque en la almohada
de nada el llanto
la angustia sucesiva
el temor al desencanto.








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XXVIII


Las esperanzas están permitidas
si no estropean la estética del tiempo

cuando se ama
la paz del cuerpo muere
se pierde el sueño para siempre
la voz se teje despacio
voz que consciente
espera
recrea
después de amar vuelve la paz
se va la voz
queda el tatuaje:
permanencia y angustia

se quiebra el resto
plaza
cielo
selva








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XXXII


Cántame un verso
despierta mi cuerpo
dame un final en tu laberinto

quiero ser tu aliada invisible
tu rito diario
inagotable

fúgate
de ese miedo
del antiguo olor a tragedia
de los cielos sin puertas

quiero

cántame.








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XXXIII


Ningún espacio es suficiente para contenernos
ni esta selva que se desnuda en vértigo
ni el más allá del brujo y su ayahuasca

reclamo tu olor
y repaso
los pliegues del aire
que nos sostiene inmóvil

detengo este sueño
para que se haga el silencio
para que te devuelvas
cubierto de sábanas tibias
en rumor
en ojeras de tiempo circular.








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XXXVI


Comes
me carcomes
soy viento y selva
no manzana
caracol desnudo
sirena en laberinto

tu
eclipse incoloro
barbas que me llegan hasta el sueño
me atrapan como brazos
tus barbas

huyo
a medio sol
a media luna
después del café
antes de tiempo.








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XXXVII


Como duende en sol matinal
te descubro asustado
despojado de cielo
con piel de leopardo y olor a canela

militante de sueños inútiles
de lunas incompletas
privado de noches
ahogado en versos
llorando dolores inéditos

recobremos de tu espejo la insurgencia
para zurcir retazos de tiempo y desmemoria
y fraguar una historia nueva
tuya
mía
de los insensatos
caídos del universo.








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XXXIX


Despego
y me encimo en tu mástil
como aguja en hilo
me enredo en tus alas
como piola en trompo

te salvo
de mis escamas plateadas
me balanceo asida a tus lianas
te suelto
te dejo.








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XLV


En la selva
la luna es más grande y más tibia
un círculo de cera con penachos de luciérnaga
atravesada por ríos de sueño
anchos ríos como el Napo y sus islas.

Es otra luna
otro tiempo
son otros los hombres
las mujeres de ojos rasgados
otras las cascadas
carcajadas de agua y espuma
de sombra garúa
que apenas moja
como amante tardío.
A los guacamayos
les crecen alas nuevas todos los días
y a las nubes unicornios de viento.

Es otra luna
otro tiempo
son otros los hombres
otras las cascadas
carcajadas de agua y espuma
de sombra garúa
que apenas moja
como amante tardío.








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LXI


Que el sol me tiña de piel cobriza
me quite la cal del cuerpo
con dos claves de sol
y tres golpes de clave
con agua de coco en el cuello
y hoja de palmera en el ombligo
me deje
olor a plexo lunar y violeta marchita
en el monte del pecho
me cambie los dedos zancudos
por textura de papel cometa
mi cuerpo asimétrico en un beso de bocapez
donde el eco se pierda
y el llanto
se haga grito de lápiz
que escribe mi sueño
de dientes blancos
de muro geométrico de cal blanca
sobre tu piel de caoba y azafrán.








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LXIII


La muerte
es perro indefenso y cojo
el fin de esa lora anónima
de ojos callados

hábito inútil el de llorar
como inservible luto del cuerpo

morir es heredarse en plural
oírse en eco ajeno
dejarse en los astros sin viento

es acaso un rito
un favor al espacio y al tiempo
un encuentro nuevo con el sueño

sin más.








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María Fernanda Espinosa (1964)
Salamanca, España, nacionalizada ecuatoriana.

Tatuaje de selva (1992)
Editorial: abrapalabra editores (Quito, Ecuador)

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Hable o calle para siempre