27/12/13

Adélia Prado: "Siempre sueño que una cosa engendra, nada está muerto nunca..."



Antes del nombre


No me importa la palabra, la palabra común.
lo que quiero es el espléndido caos de donde emerge la sintaxis
los sitios oscuros donde nacen: de, sino,
el, sin embargo, que, esta incomprensible
muleta que me apoya.
Quien entiende al lenguaje, entiende a Dios,
cuyo Hijo es Verbo. Muere quien entiende.
La palabra es disfraz de una cosa más grave, sorda-muda,
fue inventada para ser callada.
En momentos de gracia, infrecuentísimos,
se le podrá atrapar: un pez vivo con la mano.
Puro susto y terror







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Poema extraño


Me duele la cabeza a los treinta y nueve años.
No es hábito. Me duele rarísimamente.
Nadie tiene la culpa.
Mi padre, mi madre, descansaron sus fardos,
no existe más el modo
de que tengan sus ojos sobre mí.
Madre, oh madre, oh padre, mi padre.
¿Dónde se escondieron?
Están dentro de mí.
No les hice mausoleo, puse a los dos en el suelo.
Una mata de no-me-olvides morado,
que abunda en los cementerios.
creció allá porque quiso.
Quien la plantó fue el viento, el agua de la lluvia.
Quien la va a matar es el sol.
Pasó el día de muertos; no fui, tampoco fui en el aniversario.
¿Para qué, si cualquier lugar me sirve para llorar?
No voy de tanto recordarlos.
Ooooh, padre.
Ooooh madre.
Dentro de mí responden
tenaces y duros
porque el celo del espíritu es sin mimos:
Heeey, hija.








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Lectura


Era un patio sombreado y un muro alto de piedras.
Los manzanos de frutos extemporáneos, de cáscara roja,
de oscurísimo vino, el gusto exquisito de las cosas
deseadas fuera de su tiempo.
A lo largo del muro había cántaros de barro.
Comía manzanas, bebía la mejor agua, sabiendo
que allá afuera el mundo se había detenido por el calor.
Después encontré a mi padre, que me hizo fiesta
y no estaba enfermo y ni había muerto, por eso reía,
los labios de nuevo y la cara circulados de sangre,
procuraba hacer algo para gastar su alegría:
¿dónde está mi formón, mi caña de pescar,
dónde mi encendedor, mi pocillo de café?
Siempre sueño que una cosa engendra,
nada está muerto nunca.
Lo que no parece vivo, abona.
Lo que parece estático, espera.








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Pascua


Vejez
es un modo de sentir frío que me asalta
y una cierta acidez.
El enrollarse de un perro
cuando la casa se apaga y las personas se acuestan.
Divido el día en tres partes:
la primera para mirar retratos,
la segunda para mirar espejos,
la última y mayor para llorar.
Yo, que fui rubia y lírica,
no estoy pictórica.
Pido a Dios,
en auxilio de mi flaqueza,
abrevie esos días y me conceda un rostro
de vieja madre cansada, de abuela buena,
no me importa. Aspiro a esto
con impaciencia y dolor.
Porque siempre hay quien diga
en medio de mi alegría:
"¿ponte el abrigo",
"¿tienes valor?",
"por qué no te pones anteojos?".
Igual que la rosa sequísima y su perfume de polvo,
quiero lo que de ese modo es dulce,
lo que de mí diga: así es.
Para dejar de temer y posar para un retrato,
recibir de regalo una poesía en pergamino.








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Pistas


No puede ser una ilusión fantástica
lo que nos hace domingo tras domingo
visitar a los parientes, insistir
que así es mejor, que un buen
empleo es medio camino andado.
No puede ser verdad
que tanto afán excave en la insolvencia.
Hay vuelos maravillosos de ave,
aviones tan bellos reposando en los campos
y lo que es piadoso en el muerto:
no su sexo marchito,
sino sus manos empeñadas sobre el pecho.








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Invención de un modo


Entre paciencia y fama quiero las dos
para envejecer curvada de motivos.
Imito el andar de las viejas de caderas duras
y, si me sorprenden, explico llena de verdad:
toi ensayando. Nadie me cree
y gano una hora de juventud.
Quiso hacer una falda larga para estar en casa;
la niña dijo: ¡Bah!, eso es para las mujeres de Sâo Paulo".
Quedo entre montañas,
entre atenta y vana,
entre blanco y blanco,
lentes para protegerme de reverberaciones.
La explicación es para el cuerpo del muerto,
su alma la conozco.
Estatua en la iglesia y en la Plaza,
quiero demasiado las dos.
Por eso es que prevarico y me pillan llorando,
viendo televisión,
o echando suertes con quién me voy a casar.
Porque todo lo que inventé ya fue dicho
en los dos libros que leí:
las escituras de Dios,
las escrituras de Joâo.
Todo es Biblia. Todo es Grande Sertâo.








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Saludo


¡Ave, María!
¡Ave, carne florecida en Jesús!
¡Ave, silencio resplandeciente,
urdidua de paciencia
donde Dios hizo su amor inteligible!








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Los acontecimientos y los decires


Quien está vivo dice:
hoy a las tres de la tarde, padre Liberio,
da la bendición en la VIlla Vicentina.
O así: es bueno bañarse.
O también: matrimonio es algo muy fino.
Fue gracioso cuando aprendí a hacer nudos,
quedé llena de poder.
Entendí después lo que quería decir:
"Toda convicción es apostólica".
Me quedé llena de espanto.
Las palabras sólo cuentan lo que se sabe.
Pero quien dice: Dios es un espíritu de paz,
está repitiendo lo de un niño de siete años, que añadió:
tengo miedo de día; de noche, no,
porque es claro.








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Lo que la musa eterna canta


Cese de una vez mi vano deseo
de que el poema sirva para todas las hambres.
Un jugador de futbol llegó a a declarar así:
"Me da rabia que me llamen intelectual,
soy un hombre como todos los otros".
Ah, qué sabiduría, como todos los otros,
a quien le bastó descubrir:
si quiero letras es para pedir empleo,
agradecer favores,
escribir mi nombre completo.
Lo demás es línea mal-trazada.








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Módulo de verano


Las cigarras comenzaron de nuevo, brutas y brutas.
Nada delicadas son las cigarras.
Disparan engrapadas en los troncos
el vidrio molido de sus pechos, todo él
-llamado canto- ceniciento-seco, garra
de pelo y alambre, un áspero metal.
Las cigarras tienen cabeza de novia,
las alas como velo, translúcidas.
Las cigarras tienen quehacer,
tienen ojos perdonables.
¿Quién no quiso clavar en ellos una aguja?
-Hijito mío, ven a comer,
oh, mi amor, ven a dormir-.
¡Qué noche tan clara y caliente,
oh, vida tan breve y buena!
La cigarra engancha sus patas
en mi corazón.
Lo que ella queda gritando no lo entiendo,
sé que es pura esperanza.








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Impresionista


En una ocasión,
mi padre pintó toda la casa
de anaranjado brillante.
Por mucho tiempo habitamos en una casa,
como él mismo decía,
constantemente amaneciendo.








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Vigilia


El terror nocturno decapitó mi mano
cuando iba a coger mi ropa de dormir.
Me detuve en medio del cuarto, una lucidez tan grande,
que todo se volvía incomprensible.
El contorno de la cama, de tal manera cuadrado y expectante,
el mango de un serrucho mal guardado, mi desnudez
en tránsito entre la puerta y la silla.
Claramente legibles e insolubles, una campiña
de sol y aire sin nubes, la risa de los niños
en el campo retasado por el tractor, las bodas de plata
del hombre que habla siempre: "¿Cuál fue mi error, si
mi deseo es morirme?".
Una familia hizo su casa en el cerro,
si muevo el pie, la casa se despeña.
El Espíritu de Dios, moviendo lo que le place,
mueve a la muchacha -que juré no era poeta-
a decir llena de gracia: "¡La cosa más graciosa ha de ser
el presidente chupando naranja!"
El Espíritu de Dios es misericordioso,
va a abandonarme para que yo pueda descansar,
va a dejarme dormir.








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Atávica


MI madre me daba el pecho y yo escuchaba,
el oído pegado a la fuente de sus suspiros:
"Oh, Dios mío, mi Jesús, misericordia".
Comía leche y culpa de estar alegre cuando lo estoy.
Si me hubiese quedado en el campo sería plañidera,
                          rezadora de rosario
cantadora, lo que en la vida es belleza sin deslumbramientos,
las tristezas maravillosas.
Mas vine a la ciudad a hacer versos tan tristes
que dan gusto. Mi Jesús, misericordia.
Por el placer de la tristeza vivo alegre.








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Endecha


Aunque el viejo rosal insista en este agosto
y confirmen el reinicio estas mujeres grávidas,
yo sufro un cansancio, intermitente como ciertas fiebres.
Se me antoja lavarme el cabello e ir a secarlo al sol,
desprevenida. Y sucede que hasta canto.
Más posa en la canción el ave negra y ronca desafino,
sin compás, una pierna más corta,
la ausencia ocupando todas mis habitaciones,
el recuerdo endurecido en el cristal
de una piedra en la uretra.








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Ahora, oh, José


Es tu destino, oh José,
a esta hora de la tarde,
recostarte en la pared,
las manos para atrás.
Tu saco abotonado
te guarda de otro frío,
adorna con tres botones
tu paciencia dura.
La mujer que tienes, tan histérica,
tan histórica, desanima.
Mas, oh, José, ¿qué haces?
Paseas en la cuadra
tu paseo leve
y miras así y piensas,
el modo de mirar tan pálido.
¿Por improbable, lo que sientes
no cuenta, José?
Lo que te salva de la vida
es la vida misma, oh José,
y lo que sobre ella está escrito
al ruego de tu fe:
"En medio del camino había una piedra".
"Tu eres piedra sobre esta piedra".
La piedra, oh, José, la piedra.
Resiste, oh, José. Acuéstate, José.








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Exhausto


Quiero un permiso para dormir,
perdón para descansar horas y horas,
al menos sin soñar
la leve paja de un pequeño sueño.
Quiero lo que antes de la vida
fue el profundo sueño de las especies,
la gracia de un estado.
Semilla.
Mucho más que raíces.








(versiones de José Francisco Navarro)




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Antes do Nome


Não me importa a palavra, esta corriqueira. 
Quero é o esplêndido caos de onde emerge a sintaxe,
os sítios escuros onde nasce o "de", o "aliás", 
o "o", o "porém" e o "que", esta incompreensível 
muleta que me apóia.
Quem entender a linguagem entende Deus
cujo Filho é Verbo. Morre quem entender.
A palavra é disfarce de uma coisa mais grave, surda-muda,
foi inventada para ser calada.
Em momentos de graça, infreqüentíssimos,
se poderá apanhá-la: um peixe vivo com a mão.
Puro susto e terro








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Poema esquisito


Dói-me a cabeça aos trinta e nove anos. 
Não é hábito. É rarissimamente que ela dói. 
Ninguém tem culpa. Meu pai, minha mãe descansaram seus fardos, 
não existe mais o modo de eles terem seus olhos sobre mim. 
Mãe, ô mãe, ô pai, meu pai. Onde estão escondidos? 
É dentro de mim que eles estão. 
Não fiz mausoléu pra eles, pus os dois no chão. 
Nasceu lá, porque quis, um pé de saudade roxa, 
que abunda nos cemitérios. 
Quem plantou foi o vento, a água da chuva. 
Quem vai matar é o sol. 
Passou finados não fui lá, aniversário também não. 
Pra quê, se pra chorar qualquer lugar me cabe? 
É de tanto lembrá-los que eu não vou. 
Ôôôô pai 
Ôôôô mãe 
Dentro de mim eles respondem 
tenazes e duros 
porque o zelo do espírito é sem meiguices: 
Ôôôôi fia.








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Leitura


Era um quintal ensombrado, murado alto de pedras.
As macieiras tinham maçãs temporãs, a casca vermelha
de escuríssimo vinho, o gosto caprichado das coisas
fora do seu tempo desejadas.
Ao longo do muro eram talhas de barro. 
Eu comia maçãs, bebia a melhor água, sabendo
que lá fora o mundo havia parado de calor. 
Depois encontrei meu pai, que me fez festa
e não estava doente e nem tinha morrido, por isso ria,
os lábios de novo e a cara circulados de sangue,
caçava o que fazer pra gastar sua alegria:
onde está meu formão, minha vara de pescar,
cadê minha binga, meu vidro de café?
Eu sempre sonho que uma coisa gera, 
nunca nada está morto. 
O que não parece vivo, aduba. 
O que parece estático, espera.








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Páscoa


Velhice
é um modo de sentir frio que me assalta
e uma certa acidez.
O modo de um cachorro enrodilhar-se
quando a casa se apaga e as pessoas se deitam.
Divido o dia em três partes:
a primeira pra olhar retratos,
a segunda pra olhar espelhos,
a última e maior delas, pra chorar.
Eu, que fui loura e lírica,
não estou pictural.
Peço a Deus,
em socorro da minha fraqueza,
abrevie esses dias e me conceda um rosto
de velha mãe cansada, de avó boa,
não me importo. Aspiro mesmo
com impaciência e dor.
Porque sempre há quem diga
no meio da minha alegria:
"põe o agasalho"
"tens coragem?"
"por que não vais de óculos?"
Mesmo rosa sequíssima e seu perfume de pó,
quero o que desse modo é doce,
o que de mim diga: assim é.
Pra eu parar de temer e posar pra um retrato,
ganhar uma poesia em pergaminho.








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Pistas


Não pode ser uma ilusão fantástica
o que nos faz domingo após domingo
visitar os parentes, insistir
que assim  é melhor, que de fato um bom
emprego é meio caminho andado.
Não pode ser verdade
que tanto afã escave na insolvência.
Há vôos maravilhosos de ave,
aviões tão belos repousando nos campos
e o que é piedoso no morto:
não seu sexo murcho,
mas suas mãos empenhadas sobre o peito.








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A invenção de um modo


Entre paciência e fama quero as duas,
pra envelhecer vergada de motivos.
Imito o andar das velhas de cadeiras duras 
...e se me surpreendem, explico cheia de verdade: 
tô ensaiando. Ninguém acredita
e eu ganho uma hora de juventude.
Quis fazer uma saia longa pra ficar em casa,
a menina disse: "Ora, isso é pras mulheres de São Paulo" 
Fico entre montanhas, 
entre guarda e vã,
entre branco e branco,
lentes pra proteger de reverberações.
Explicação é para o corpo do morto, 
de sua alma eu sei.
Estátua na Igreja e Praça
quero extremada as duas.
Por isso é que eu prevarico e me apanham chorando,
vendo televisão, 
ou tirando sorte com quem vou casar. 
Porque que tudo que invento já foi dito
nos dois livros que eu li:
as escrituras de Deus, 
as escrituras de João.
Tudo é Bíblias. Tudo é Grande Sertão.








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Saudaçâo


Ave, Maria!
Ave, carne florescida em Jesus.
Ave, silêncio radioso, 
urdidura de paciência  
onde Deus fez seu amor inteligível!








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Os acontecimentos e os dizeres


Quem está vivo diz:
hoje às três horas padre Libério
dá a bênção na Vila Vicentina.
Ou assim: coisa boa é um banho.
Ou ainda: casamento é coisa muito fina.
Eu achei tanta graça quando aprendi a dar nós,
fiquei cheia de poder.
Entendi depois o que queria dizer:
"Toda convicção é apostólica",
fiquei cheia de espanto.
As palavras só contam o que se sabe.
Mas, quem disse: Deus é um espírito de paz,
está repetindo um menino de sete anos que acrescentou:
eu tenho medo é de dia; de noite, não, 
porque é claro.








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O que a musa eterna canta


Cesse de uma vez meu vão desejo
de que o poema sirva a todas as fomes.
Um jogador de futebol chegou mesmo a declarar:
“Tenho birra de que me chamem de intelectual,
sou um homem como todos os outros.”
Ah, que sabedoria, como todos os outros,
a quem bastou descobrir:
letras eu quero é pra pedir emprego,
agradecer favores,
escrever meu nome completo.
O mais são as mal-traçadas linhas. 








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Módulo de verâo


As cigarras começaram de novo, brutas e brutas.
Nem um pouco delicadas as cigarras são.
Esguicham atarraxadas nos troncos
o vidro moído de seus peitos, todo ele
- Chamado canto - cinzento-seco, garra
de pêlo, arame, um áspero metal.
As cigarras têm cabeça de noiva,
as asas como véu, translúcidas.
As cigarras têm o que fazer,
têm olhos perdoáveis.
Quem não quis junto deles uma agulha??
- Filhinho meu, vem comer,
ó meu amor, vem dormir.
Que noite tão clara e quente,
ó vida breve e boa!
A cigarra atrela as patas
é no meu coração.
O que ela fica gritando eu não entendo,
sei que é pura esperança.








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Impressionista 


Uma ocasião, 
meu pai pintou a casa toda 
de alaranjado brilhante. 
Por muito tempo moramos numa casa, 
como ele mesmo dizia, 
constantemente amanhecendo. 








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Vigília


O terror noturno decepou a minha mão
quando ia pegar minha roupa de dormir.
Parei no meio do quarto, uma lucidez tão grande,
que tudo se tornava incompreensível.
O contorno da cama, de tal jeito quadrado e expectante,
o cabo de um serrote mal guardado, minha nudez
em trânsito entre a porta e a cadeira.
Claramente legíveis e insolúveis, uma campina
de sol e ar sem nuvens, a risada dos meninos
no campo retalhado de trator, as bodas de prata
do homen que fala sempre: 'Qual é o meu erro que
minha vontade é estar morto?'
Uma família fez sua casa no pé do morro,
se eu mover o pé, a casa despenca.
O Espírito de Deus, movendo o que lhe apraz, 
move a moça -que jurei nâo ser poeta-
a dizer cheia de graçc: 'coisa mais engraçada deve ser
o Presidente chupando laranja!'
O Espírito de Deus é misericordioso,
vai desertar de mim pra eu poder descansar,
vai me deixar dormir.








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Atávica


Minha mãe me dava o peito e eu escutava,
o ouvido colado à fonte dos seus suspiros: 
"Ô meu Deus, meu Jesus, misericórdia."
Comia leite e culpa de estar alegre quando fico.
Se ficasse na roça ia ser carpideira, puxadeira de terço, 
cantadeira, o que na vida é beleza sem esfuziamentos,
as tristezas maravilhosas.
Mas eu vim pra cidade fazer versos tão tristes
que dão gosto, meu Jesus misericórdia.
Por prazer da tristeza eu vivo alegre. 








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Endecha


Embora a velha roseira insista neste agosto 
e confirmem o recomeço estas mulheres grávidas,
eu sofro de um cansaço, intermitente 
como certas febres.

Me acontece lavar os cabelos e ir secá-los ao sol,
desavisada. Ocorre até que eu cante.
Mas pousa na canção a negra ave e eu desafino rouca, 
em descompasso, uma perna mais corta, 
a ausência ocupando todos os meus cômodos,
a lembrança endurecida no cristal
de uma pedra na uretra.








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Agora, ó José


É teu destino, ó José,
a esta hora da tarde,
se encostar na parede,
as mãos para trás.
Teu paletó abotoado
de outro frio te guarda,
enfeita com três botões
tua paciência dura.
A mulher que tens, tão histérica,
tão histórica, desanima.
Mas, ó José, o que fazes?
Passeias no quarteirão
o teu passeio maneiro
e olhas assim e pensas,
o modo de olhar tão pálido.
Por improvável não conta
O que tu sentes, José?
O que te salva da vida
é a vida mesma, ó José,
e o que sobre ela está escrito
a rogo de tua fé:
“No meio do caminho tinha uma pedra”
“Tu és pedra e sobre esta pedra”.
A pedra, ó José, a pedra.
Resiste, ó José. Deita, José,
Dorme com tua mulher,
gira a aldraba de ferro pesadíssima.
O reino do céu é semelhante a um homem
como você, José.








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Exausto


Eu quero uma licença de dormir, 
perdão pra descansar horas a fio,
sem ao menos sonhar
a leve palha de um pequeno sonho.
Quero o que antes da vida
foi o sono profundo das espécies,
a graça de um estado.
Semente.
Muito mais que raízes.








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Adélia Prado (1935)
Divinópolis, Minas Gerais, Brasil.


Bagagem, 1976
Editora Siciliano, Sâo Paulo, Brasil.

6/12/13

Elba Serafini: "Algunos cuerpos sucedieron en esa oscuridad..."



Aquel verano, amigos y hermanos
fuimos a pasar un día en la Isla.
Luego de las bromas
y de tirarnos al río vestidos
nos animamos a remar.

En el bote precario de madera
nos turnábamos de a pares.
El agua oscura la vegetación compacta,
el silencio agrietado por nuestros chillidos.
El sol calentaba las bebidas,
el fiambre para los sándwiches
engrasaba el papel gris del envoltorio.

Por la tarde, comenzaron a notarse
las marcas coloradas en el cuerpo
y el dolor en los brazos.
En la radio portátil sonaban
las canciones de moda.

El regreso fue por el camino
que, visto desde las barrancas, rodeaba el lago
que luego seria el náutico.
Riendo, siempre cantando, estábamos.

Después me contaron que en ese lugar,
amontonados bajo los sauces,
había un sinfín de cadáveres.

Decía el tano que se escondía para verlo
porque al rato no estaban más, tan fugaces
como los nombres en las paredes
que después vería
desde la ventanilla del colectivo, al alba.








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Cuando era chica pensaba que los platos voladores existían,
no sólo que existían sino que cambiaban
de tamaño y de forma en cualquier tiempo y lugar.
En aquel entonces, en mi cuarto,
había una ventana de tres hojas
en una de ellas, una rendija, una abertura muy pequeña.
Como en una especie de paranoia temprana,
a la noche me acostaba mirándola
y esperando que por esa ranura entrara la nave
(de proporciones mínimas, claro).
Esa nave que desafiando todas las barreras
de las fuerzas magnéticas
vendrían dirigida velozmente hacia mí
y me raptaría.
No era una espera agradable, era una espera temerosa,
me provocaba cierta exaltación,
con los ojos bien abiertos
me entregaba a lo ineludible.

Nunca sucedió. Sin embargo, a veces
todavía puedo recordarme imaginando
una pequeña luz que se transforma
y transforma otras realidades.

Din, dina, Dinamarca, dinámica, dinamita, dínamo.
Fuerzas combinadas, cambio,
movimientos que producen fenómenos.
Explosión de infinitas posibilidades.
Hace tiempo que vivo en Dinamarca,
no me había dado cuenta (siempre esperando irme).
Aquí la luz es distinta a la de mi infancia
la energía se ha transformado
en un inextinguible paisaje de bienvenida.








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Oruga o mariposa
te quedás adentro o afuera.

Afuera está el mal, me advirtieron
pero no les hice caso
y desplegué las alas más buscadas
por los coleccionistas.








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La primera vez que crucé al Río de la Plata
la embarcación
con asientos de madera
hacia su último viaje.
El sol blanqueaba el agua
al nivel de las ventanas
y una muchacha negra
me hablaba, entre pasajeros
con grandes bolsos.
El viaje transcurrió
asombrosamente plácido.
En el puerto transbordamos a un micro
y la geografía fue
una ruta eterna.
¿cómo saber cuándo se llega
a un lugar desconocido?
El hotel recién pintado
con balcones celestes
como mi vestido
de los veinte años.

(Era diciembre y era el viento).








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Durante el día
bajo a la playa, saludo
escucho historias de exilios
en otros idiomas.
En la siesta
pedaleo, sólo oigo
el chirriar de la bicicleta
y golpes
en el barco naufragado.

Vuelvo con vientos a favor.

Llegué un día de tormenta
a este lugar desconocido:
médanos inmersos en arbustos,
un oleaje tranquilo,
las rosas trepadoras
dejando su terciopelo en la senda
junto al jardín de invierno.
No voy a permanecer,
la extrañeza
se reaviva
en lo que resplandece.








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Siempre me fue esquivo el amor
lo dulce del amor
aquello que lo nombra.

Algunos cuerpos sucedieron
en esa oscuridad
de persianas bajas
y turbulencia de aire
pero no alcanzaron a brillar.

En el centro de la hoguera,
mis pies arden.
Brasa púrpura
hacia el desierto.








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Corren los perros detrás de sus presas,
más atrás sus cachorros,
aprendices de asesinos -dice ella-
los ve pasar a diario: jadeantes
sus ojos oscuros acechan a esos otros
vidriosos
mientras los colmillos sacuden
al animal que ya no sé defiende.

Ella simula pegar etiquetas
en un papel amarillento,
mira por la ventana
y en secreto fantasea con salir,
arrojarse sobre su marido,
morder, como los perros
una tarde de junio.








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Mi madre dice
que todos los muertos son ángeles,
potenciales escuchas
de nuestros ruegos
solo hay que pedir en voz alta
y esperar en silencio
una respuesta, ser pacientes,
depositar en otro
nuestro destino.

Así, la inusitada creencia
se alimenta
de un imaginario
círculo de perfección
sobre la tierra.








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My mother says
that all the dead are angels, 
maybe listeners 
of our beggings
only we have to ask in a loud voice
& wait in silence
for the answer, be patient, 
leave in other hands
our destiny.

So, the unusual belief
feeds itself
with an imaginary
circle of perfection
on the earth.








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That summer, friends and brothers,
we spent a day in the Island.
After the jokes
& after jumping dessed into the river
we dared to row.

On the neglected wooden boat
we freely shifted in pairs.
Dark water, thick vegetation, 
the silence was cracked by our little screams.
The sun heated the drinks, 
melting the cold meat for the sandwiches, 
turning greasy the grey wrapping paper.

In the evening, we began to notice
red blotches over our bodies, 
& pain in the arms.
We could hear on the portable radio
popular songs -in fashion.

The way back was a road
which, seen from the ravine, bordered the lake that
would later be the sailing club.
Laughing, singing always.

Later I was told that in the place, 
piled under the willows, 
there was an infinite number of corpses.

The tano used to say he would hide himself to see them
because shortly after they vanished, so quickly, 
like the names on the walls
that he would later see, 
from the bus window, at dawn.








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When I was a child I thought that flying saucers existed, 
not only that they existed but also that they changed
in size & shape at any time, at any moment.
During those days, in my room, 
there was a three-leaf window, 
a gap, a little opening in one of them. 
Like being poisoned by an early paranoid delusion, 
I lay on the bed looking at it
& waiting for the spaceship
-of small proportions, of course-
to come into existence thru that slot. 
Defying all possible magnetic force obstactles, 
the spaceship would swiftly make his way
to kidnap me. 
The wait dragged on, time of frightful wait
that made me feel kind of anxiety, 
with eyes wide open
I surrended to the unavoidable.

It never happened. But, sometimes, 
I can still remember myself thinking of
the subtle light that would transform itself &
transform other realities.

Den, Denmark, dynamic, dynamite, dyanmo.
mixed forces, change, 
emerging movements
that would cast unaccountable facts.
The explosion of endless possibilities.
It's been a long time since I've been living in Denmark, 
I haven't realized about that (I'm always waiting to leave).
Here, the light is different from the one of my childhood, 
energy has turned into one inextinguishable
inviting landscape.







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Caterpillar or butterfly
you'll stay inside or outside.

Outside there is evil, they prevented me
but I didn't pay attention
& displayed the most desirable wings
among collectors.








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The first time I crossed the Río de la Plata
the wooden-seat craft
was making her last journey.
The sun whitened the water
at window level
& a black girl
was speaking to me, among passengers, 
big bags in their arms.
The journey
was surprinsingly placid. 
At the port we passed on to a bus
& then evry sight offered
an eternal route.
How can we know when we arrive
to an unknown place?
The newly-painted hotel, 
its light blue balconies
like the dress
I used to wear
in my twenties.

(It was December & it was the wind).








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At daytime
I walked down the beach, say hello
listen stories
told in foreign languages
about exilities.
In the afternoon 
I pedal
I can only hear
the bicycle's screeching sound
& strokes
borne up out of the shipwrecked craft.

Wind-forwardly I returned.

It was a stormy day
when I first arrived at this unfamiliar place:
sand dunes immersed in bushes, 
quiet swell, 
the climbing roses
dropping off their vekvet along the path, 
next to the winter garden. 
I won't stay
the feeling of strangeness
revives
upon the radiant.








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I was always poor in terms of love
the sweet side
only the words that name it.

Some bodies did happen
in that closed blind darkness
& air turbulence, 
but they were late to gleam.

At the center of the bonfire
my feet are fuming.
Purple embers
towards the desert.








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The dogs run after their preys, 
puppies behind, 
apprendices to murder -so she says-
she sees daily the little animals passing by: breathless
their dark eyes threatening those
glassy ones, 
while fangs shaken
the defenseless animal.

She pretends to stick on labels
on yellowy paper, 
she looks thru the window
& secretly daydreams about going out, 
throwing herself on her husband, 
to bite, like the dogs, 
one June afternoon.




(versiones de Mariana Kosmal)



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Elba Serafini
Escobar, Buenos Aires, Argentina.

Mariana Kosmal (1966)
Birmigham, Inglaterra.

Dinamarca, 2007
Editorial: Sigamos Enamoradas, Olivos, Buenos Aires, Argentina.