23/1/14

Carmen Giménez Smith: "Soy ceniza y vos viento, lo que justifica mi ausencia..."



Conversación con la almohada


Soy una odalisca en pedazos.
El escalofrío debería ocurrir cada momento,

pero no lo hace. En lugar de ello tartamudea
como una luz de bicicleta.
Prometiste tarjetas postales
De Atlantic Mirror,

después dejás los escarabajos debajo
de tu huella dactilar.

Mi ventana gitana:
tu fisura.

Escuchá, llegué acá
el mismo modo en que lo hiciste,

depositando el corazón en un extraño
que arrancó la música de mis genitales,

así que hacé algo verdadero
antes de irte. O no lo hagas.

Lo encontraré.
Mi especie siempre lo hace.








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Pestaña


Me gustaría que la preocupación por los diamantes no sea una gran bisagra
o eso que viví como el globo ocular de una estrella.
Me gustaría poder soltar una blasfemia tan veloz como motocicletas.
Deseo que mi membrana sangrienta vuelva.

Se busca: un organismo grande y gordo que me coma viva.

Me gustaría que todo el mundo en mi estómago dejara de rascar.
Me gustaría levantarme sobre la multitud en un palanquín,
¡por favor!

¿Alguien me escribiría una respuesta apropiada?

Sueño que Manhattan se vuelve más barato.
Que estas cosas son más baratas:
Drogas, delicadeza, el vestidito acinturado.

Me gustaría un poco, vale cinco o diez centavos,
un favor, una puerta, una miga de la que se salió con la suya.

Me gustaría poder encontrar lo que necesitás encontrar un veinte
en un abrigo viejo. Me gustaría poder deshacer todo y empezar
otra vez con una nueva lana salpicada de plata. Para rehacer cada primer día.

Quiero elegir bien. Quiero el aspecto
y la sensación de autenticidad. Tengo sed, hambre,
alcanzar el punto máximo de lujuria. Un espeleólogo de yenes de dolor.
Quiero, quiero, quiero. Tiene un anillo en él. Quiero el anillo.








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Foto de una chica en una playa


Una vez cuando era inocente
y no conocía otra forma,

un espejo en frente de mí
y un océano detrás,

me recosté en medio de la luz del día,
muñeca de papel delgada, soñando,

después desaparecí. Le di al día una huella digital,
después se olvidó.

Me senté desnuda en una toalla
en un caluroso lunes de junio.

El sol se grabó en el interior de mis párpados,
mientras un joven dormía a mi lado.

El olor de todos los océanos estaba alrededor de nosotros-
sal excitante, molusco, y sudor,

pero vislumbré a la distancia.
Una marea subió mientras dormía,

y pronto me quedé sola. Trato de ser
una figura en la memoria. Está hueco ahí.

Por amor a la verdad, voy a decir que ella estaba en una playa
y sus ojos estaban cerrados.

Ella estaba desnuda en la arena, recostada,
y la hora la tomó poco a poco.








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Déja Vu


Me pasó una vez .
El invierno llegó, y la nieve cubrió cada centímetro .
Me paré en la tribuna, como me dijeron ,
e hice acusaciones asombrosas. El público lo ignoró ,
así que me oculté detrás del tejo en maceta.
Esperando por un momento que supuse iba a tener

sobre un balcón con vistas al gigante, el paisaje cuadriculado.
Los sonidos que hice subrayaron lo que quise decir .
La maceta de tejo era el rostro que llevaba .
Era una metáfora de lo que podría ser.
El público soportó .
Puse el la maceta de tejo detrás de mí. Hice del asombro un arte.

Sin embargo esa no era la verdad. El invierno
viene y niega todo lo que cubre. No importa donde esté.
El balcón es un piso sin paredes.
El tejo es un dolor que ensombrece.
La instancia vive por debajo de nosotros. No sólo nosotros, de todos.

La sombra nos lastima. Hago sonidos como
la verdad. El destino y el robo están involucrados.
Creo que te dije esto antes. El suelo es una pared que oculta .
El tejo es acolchado y sin color. La sombra es un destino en el que estás involucrado.
El tejo sobre un balcón que niega. Te dije esto antes.
Me quedé deshecha. Es lo que quise decir. Debajo de todos.








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La hija


Dijimos que ella era una imagen negativa de mí debido a su liviandad.
Ella es la luz y también el pasaje, la gloria en mi corteza.
Hija, ¿de dónde sacaste toda esa diosa?
Sus ojos son dos oscuros remansos de Neruda al atardecer.
A veces es una extraña en mi casa porque no la había imaginado.
¿Quién será su hija?
Ella y yo somos el flujo gradual de la oscuridad de mi madre.
Despliego la cinta de su vida, y es un pasillo largo liso, las puertas se abrieron de golpe.
Su superficie es una desviación por eso.
La daño a ella, daño a todos nosotros.
Dentro de ella, mi coraje y timbre, mi vehemencia.








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Traslado


Te dejé durmiendo en una ciudad como ésta - estabas mejor sin mí.
Soy ceniza y vos viento, lo que justifica mi ausencia.
Los gestos que convertiste en castillos no eran nada en absoluto.
Una fortaleza siempre disimula.
Oh sí, la huella de tu dedo no te hace divino.
Pero el fastidio en el corazón de una mujer la hace monja.
Hablaste como si hubiera una Italia a la que iríamos juntos.
Cuando era elegante y perlada, nadie me quería.








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Lo de siempre


Crecí bajo la casa
donde viven las esporas limosas.

Planté a mis amigos por ello.
Puse sacos de arena alrededor
cuando llegó la primera inundación.

Cuando la segunda vino,
Los sostuve sobre el agua turbulenta
hasta que me lastimé el hombro
y tuve que ceder.

Así que parecía auténtico,
Quemé los bordes del mismo.

Lo puse en la boca de alguien más.

Depositó una gota
de sí misma en mí, así que
Me convertí en esa cosa,
que sin nombre y sin vergüenza
se enreda alrededor
de una rama de un árbol de manzanas.

Me susurró en sus oídos
las tensas letras
de mi infancia, "por favor,
por favor decimelo ahora",
como si pudiera tener algo de ello.








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Fortuna: una conversación


Tu sueño en el que el techo se dilató sobre nosotros
era una visión, y
los barcos que también habías visto - espectáculos cerca a tiempo -

todavía se avecinan.
Lo que tenés que saber está enterrado,
apartado como un hueso que descubre

sólo cuando un perro está listo para ello.
Las joyas que escondés,
ese examen intenso.

Tu gemelo vive sólo para explicar
estás en contra de su cara de trasfondo.
Cuando te detenés ahí para mirarte a vos,

hacés un descubrimiento.
Mantenés tu copia
tus malentendidos, pero
sin nada del espíritu original. Iluminando.

Llevá esta retrospectiva como una billetera,
cambiarlo por la moneda local, vos
inversión interminable. Vos optimista.







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Descubriendo la alondra


Uno

Nuestra casa de "Refugio Pasiva"
tenía tan pocos detalles dentro. Mi madre
vivió pasiva como un anillo en una caja de terciopelo.

Escribí un poema sobre mi padre
volviendo a un planeta, a ser
un satélite ansioso de ese planeta,
ascendiendo de su órbita
en la atmósfera.
En los poemas, hice cenizas
nuestra modesta casa.
Hice cenizas las casas
de todo el pueblo.

Nadie me conocía, pensé.
Pero mi madre sí.
Ella me garabateó una foto
donde mi boca debería haber estado.
Me explicó nostálgica
y me ofreció bálsamos, pieles,
cigarrillos envueltos en hojas de tilo.



Dos

Cada mañana una alondra
llega a la ventana frontal
que la enmarca.
El incendio es invención, cantó la alondra
desde su lugar,
señalando dónde ardía su corazón plateado.
Crece mi boca,
besando esa ventana,
aguas turbulentas por dentro,
mi hambre extiende
sus extremidades felinas.

Me pregunté cuáles eran sus talentos.
Pregunté si la alondra fue mi madre o
si mi madre, ¿mi madre? Entonces una mañana
la alondra desapareció.

Desde mi ventana observé
la mancha desesperada.
Busqué en los arbustos. Busqué en la mesa,
su lugar en el desván velado
de la casa. El halo de humo
en el cielo estaba salpicado de pájaros.
Pero no eran la alondra.
Observé el cielo, salí empujando la ventana

para ver, mi pelo largo retorcido en los cables
que conecta nuestra casa
a la distancia. Un fuego incesante.
Miré a la cara delicada del mismo.
No sé de dónde viene.
Lo quería.
Al principio me pareció
que era la verdad
consumiendo.
Después, no, en absoluto.



Tres

Dormí mientras mi madre
midió mi hambre.
Ella dejó el requesón en cajas de cartón.
Ella dejó una nota en la puerta:
Me fui. No me esperes levantada.

Ella encontró la foto
Que tomé de la alondra.
La adorné con perlas. En ella la alondra canta
una canción que traté de aprenderme
desde la hendidura de su boca.
Una vez presioné la foto a mi cara
como una máscara, pero nada.
Esto mi madre se llevó.

Dulce. Dulce hija. Dulce hija mía.
Ella sabía lo que quería desde el principio.



Cuatro

Mi lapicera se torna más punzante.
La tinta se llena.
El viento frío se queda en mi espalda.
Mi padre se convierte en un fantasma de industria.
Mi madre se envuelve en capas
en la noche. Cada noche, ella mira en los árboles.
"Duuu-lce", ella dice en voz alta, en busca de la fuente de humo.
Dulce hija. Ella se convierte en una extraña con ramitas en el pelo.
La alondra, vuelve a casa. La alondra, encuentra a mi madre. Ahora ella es la que
te necesita. Cuando mi madre me besa,
ella sabe como hollín.





(versiones en castellano: Hugo Zonáglez)








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Pillow Talk


I am an odalisque in pieces.
Frisson should happen every single time, 

but doesn't. Instead it stammenrs
like a bike light.
You promise postcards
from the Atlantic Mirror, 

then leave scarabs under
your thumbprint. 

My gypsy window:
your fissure. 

Listen, I got here
the same way you did, 

taking heart in a stranger
who plucked music from my pudendum, 

so make something true
before you go. Or don't.








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Eyelash


I wish the preoccupation with diamonds wasn't such a hinge
or that I lived like a starlet's eyeball.
I wish I could spout blasphemy quick as motorcycles.
I wish for my bloody caul back.

Wanted: A big, fat organism to eat me alive.

I wish that everyone in my stomach would stop scratching.
I would like to be raised over the crowd in a palanquin, 
pretty please.

Will someone write me a proper response?

I dream Manhattan gets cheaper.
That these things are cheaper:
Drugs, daintiness, the little mock dress.

I wish for a bit back, five or ten cents' worth, 
a favor, a door, a crumb from the one that got away.

I wish I could find what I need you find a twenty
in an old coat. I wish I could unravel it all and start
it again with new wool flecked silver. To redo each first day.

I want to choose right. I want the look
and the feel of authenticity. I'm thirsty, hungry, 
peaked in lust. A caver of aching yen.
I want, I want, I want. It's got a ring to it. I want the ring.








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Photo of a girl on a beach


Once when I was harmless
and didn’t know any better,

a mirror to the front of me
and an ocean behind,

I lay wedged in the middle of daylight,
paper-doll thin, dreaming,

then I vanished. I gave the day a fingerprint,
then forgot.

I sat naked on a towel
on a hot June Monday.

The sun etched the inside of my eyelids,
while a boy dozed at my side.

The smell of all oceans was around us—
steamy salt, shell, and sweat,

but I reached for the distant one.
A tide rose while I slept,

and soon I was alone. Try being
a figure in memory. It’s hollow there.

For truth’s sake, I’ll say she was on a beach
and her eyes were closed.

She was bare in the sand, long,
and the hour took her bit by bit.








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Déjà Vu


It happened to me once.
Winter came, and snow quilted every inch.
I stood on the soapbox, as I was told,
and made staggering accusations. The public ignored,
so I retreated behind the potted yew.
I was waiting for a moment I was supposed to have

on a balcony overlooking the giant, gridded landscape.
The sounds I made underscored what I meant.
The potted yew was the face that I wore.
It was a metaphor for what could be.
The public endured.
I put the potted yew behind me. I made staggering an art.

That wasn’t the truth though. Winter
comes and negates all its covers. It doesn’t matter where I stand.
The balcony is a floor without walls.
The yew is a hurt that shadows.
The instance lives beneath us. Not just us, everybody.

The shadow hurts us. I make sounds like
the truth. Fate and theft are involved.
I think I told you this before. The floor is a wall that obscures.
The yew is quilt without color. Shadow is a fate you involved.
The yew on a balcony negates. I told you this before.
I was left undone. It’s what I meant. Underneath everyone.








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The Daughter


We said she was a negative image of me because of her lightness.
She's light and also passage, the glory in my cortex.
Daughter, where did you get all that goddess?
Her eyes are Neruda's two dark pools at twilight.
Sometimes she's a stranger in my home because I hadn't imagined her.
Who will her daughter be?
She and I are the gradual ebb of my mother's darkness.
I unfurl the ribbon of her life, and it's a smooth long hallway, doors flung open.
Her surface is a deflection is why.
Harm on her, harm on us all.
Inside her, my grit and timbre, my reckless.








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Translation


I left you sleeping in a city like this - you were better off without me.
I'm cinder and you're wind, which justifies my absence.
The gestures you turned into castles were only nothing at all.
A fortress always dissembles.
Oh yes, the imprint of your finger doesn't make you godlike.
But the jar in every woman's heart makes her a nun.
You talked like there was a Italy we'd go to together. 
When I was elegant and pearl-like, nobody loved me.








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The Ever


I grew it under the house
where the loamy spores live.

I jilted my friends for it.
I sandbagged around it
when the first flood came. 

When the second one came, 
I held it up over the swirling water
until my shoulder hurt
and I had to hand it over.

So it would look authentic, 
I burned the edges of it.

I put it in someone else's mouth.

It deposited a droplet
of itself into me so that
I became that thing, 
that nameless, shameless
thing wound around
a limb on an apple tree. 

I whispered in its ears
the fraught lyrics
of my girlhood, please,
please tell me now, 
like I could have anything from it.








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Fortune: A Conversation


Your dream in which the ceiling dilated over us
was a vision, and 
the boats you had also seen — spectacles near in time -

were still looming.
What you have to know is buried, 
pushed away like a bone that unearths

only when a dog is ready for it.
What you hide jewels you, 
that acute examination.

Your twin lives only to explain
you're against his face backdrop.
When you pause there to look in on you, 

a discovery is made.
Your facsimile retains
your misunderstandings, but
with nothing of the original spirit. Illuminating.

Take this hindsight like a wallet
of cash, exchange it for the local currency, you
endless inversion. You optimist.








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Finding the Lark


One.

Our house of Quiet Restraint 
had so few gifts in it. My mother 
lived quiet as a ring in a velvet box.

I wrote a poem about my father 
turning into a planet, of being 
that planet's anxious satellite, 
rising from its orbit 
into the atmosphere. 
In the poems, I burned down 
our modest house. 
I burned down houses 
all over town.

No one knew me, I thought. 
But my mother did. 
She scribbled me a picture 
where my mouth should have been. 
She explained longing 
and offered me salves, furs, 
cigarettes wrapped in linden leaves. 



Two.

Every morning a lark 
came to the front window 
that framed her. 
Arson is Invention, sang the lark 
from her perch, 
pointing to where her silvery heart smoldered. 
I grew my mouth, 
kissing that window, 
roiling waters inside, 
my hunger stretching 
its feline limbs.

I wondered what her gifts were. 
Wondered if the lark was my mother or 
if my mother, my mother? Then one morning 
the lark disappeared.

From my window I watched 
for the desperate speck. 
Searched the bushes. Searched the table, 
her perch in the house's 
veiled attic. The halo of smoke 
in the sky was dotted with birds. 
But they weren't the lark. 
I watched the sky, pushed out of the window

to look, my long hair twisted in the wires 
that connected our house 
to the distance. A fire chattered. 
I looked into the lacy face of it. 
I didn't know where it came from. 
I wanted it. 
At first it seemed to me 
that it was the truth 
burning away. 
Then, not at all. 



Three.

I slept while my mother 
measured my hunger. 
She left cottage cheese in cardboard boxes. 
She left a note on the door: 
Gone. Don't Wait Up.

She found the photo 
I took of the lark. 
I adorned it with pearls. In it the lark sings 
a song I tried to learn 
from the cleft of her mouth. 
I once pressed the photo to my face 
like a mask, but nothing. 
This my mother took.

Sweet. Sweet Girl. Sweet Girl of Mine. 
She knew what I wanted all along. 



Four.

My pencil grows sharper. 
The ink runs full. 
The cold wind stays at my back. 
My father becomes a ghost of industry. 
My mother wraps herself in cloaks 
at night. Every night, she looks in the trees. 
Su-weet, she calls out, searching for the source of smoke. 
Sweet Girl. She becomes a stranger with sticks in her hair. 
Lark, come home. Lark, find my mother. Now she's the one 
who needs you. When my mother kisses me, 
she tastes like soot.






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Carmen Giménez Smith (1971)
New York, Estados Unidos.


Odalisque in Pieces, 2009
Tucson, University of Arizona Press