14/3/14

Raymond Carver - ¿Por qué no bailan?



En esta oportunidad (que no será la única) estará dedicada a uno de los varios cuentos del maestro Raymond Carver, "Why Don't You Dance?", que aparece originalmente en el libro "What We Talk About When We Talk About Love", de 1981.
En el 2010 se realizó una película basada en este cuento, llamada: "Everything Must Go", dirigida por Dan Rush y protagonizada por Will Ferrell. Abajo del cuento encontrarán la película subtitulada en español.




¿Por qué no bailan?


En la cocina, él vertió otro trago y miró el dormitorio en su patio delantero. El colchón fue despojado y las sábanas rayadas como caramelos yacían junto a dos almohadas en la cómoda. A excepción de eso, las cosas se veían de la forma que estaban en el dormitorio, la mesita de noche y la lámpara de lectura en su lado de la cama, la mesita de noche y la lámpara de lectura al lado de ella.
El lado de él, el lado de ella.
Él consideraba esto mientras sorbía el whisky.
La cómoda estaba a pocos metros de los pies de la cama. Por la mañana había vaciado los cajones en cajas de cartón, y éstas se encontraban en la sala de estar. Un calentador portátil estaba al lado de la cómoda. Una silla de mimbre con una almohada decorada estaba al pie de la cama. El set de cocina de aluminio pulido tomó una parte de la vereda. Un paño de muselina amarilla, demasiado grande, un regalo, cubría la mesa y caía por los lados. Una maceta de helechos estaba sobre la mesa, junto con una caja de plata y un tocadiscos, regalos también. Una gran televisión de modelo consola descansaba sobre una mesa de café, y a unos pocos metros de distancia de esto había un sofá, una silla y una lámpara de pie. El escritorio fue empujado contra la puerta del garaje, unos pocos utensilios estaban en la mesa, junto con un reloj de pared y dos cuadros. También estaba en la vereda una caja de cartón con tazas, vasos y platos, cada objeto envuelto en papel de diario. Esa mañana había limpiado los armarios, y con excepción de las tres cajas en la sala de estar, todas las cosas estaban fuera de la casa. Había instalado un alargue hacia afuera y todo estaba conectado. Las cosas funcionaban, sin diferencia de lo que era cuando estaban dentro.
De vez en cuando un auto disminuía su velocidad y la gente miraba. Pero nadie paraba.
Se le ocurrió que tampoco lo haría.

-Debe de ser una venta de garage- dijo el muchacho.
Este muchacho y muchacha están amueblando un apartamento pequeño.
-Vamos a ver lo que quieren por la cama- dijo ella.
-Y por el televisor- dijo el.
El muchacho se estacionó en la vereda y se detuvo frente a la mesa de cocina.
Se bajaron del auto y empezaron a examinar las cosas, ella tocando el paño de muselina, él enchufando la licuadora y girando el dial en PICAR, ella levanta un calienta platos, él enciende el televisor y hace unos ajustes.
Se sentó en el sofá para ver. Encendió un cigarrillo, miró a su alrededor, tiró el fósforo en el pasto.
Ella se sentó en la cama. Se sacó los zapatos de un tirón y se reclinó hacia atrás. Pensó que podía ver una estrella .
-Vení para acá, Jack. Probá esta cama. Traé una de esas almohadas- dijo ella.
-¿Cómo es posible?- dijo él.
-Probalo- dijo ella.
Él miró alrededor. La casa estaba a oscuras .
-Me siento raro- dijo él. -Es mejor ver si hay alguien en casa-
Ella saltó sobre la cama.
-Probalo primero- dijo ella.
Él se acostó en la cama y puso la almohada debajo de la cabeza.
-¿Cómo se siente?- dijo ella.
-Se siente firme- dijo él.
Ella giró y puso su mano en la cara de él.
-Besame- dijo ella .
-Levantémonos- dijo él.
-Besame- dijo ella.
Ella cerró los ojos. Lo abrazó .
Él dijo -Voy a ver si hay alguien en casa-
Pero él sólo se sentó y se quedó donde estaba, aparentando que estaba viendo la tele.
Las luces se encendieron sobre las casas a lo largo de la calle.
-¿No sería divertido si...- dijo ella, sonrió y no terminó la frase.
Él se rió, pero sin razón. Sin razón, él encendió la lámpara de lectura.
Ella apartó un mosquito, con lo cual él se levantó y se acomodó la camisa.
-Voy a ver si hay alguien en casa- dijo él. -No creo que haya nadie. Pero si es de alguien, voy a averiguar para llevarme las cosas.
-Lo que pidan, ofrecé diez dólares menos. Siempre es buena idea- dijo ella. -Y, además, tienen que estar desesperados o algo así.
Es una muy buena televisión- dijo él.
-Preguntémosle cuánto- dijo ella.

El hombre llegó de la vereda con una bolsa de mercado. Tenía sándwiches, cerveza, whisky. Vio el auto en la entrada y la muchacha en la cama. Vio la televisión encendida y al muchacho en el portón.
-Hola- dijo el hombre a la muchacha. -Encontraste la cama. Eso es bueno.-
-Hola- dijo ella, y se levantó. -Sólo estaba probándola.- Ella palmeó la cama. -Es una muy buena cama.-
-Es una buena cama.- dijo el hombre, bajó la bolsa y agarró la cerveza y el whisky.
-Pensábamos que no había nadie- dijo el muchacho. -Estamos interesados en la cama y tal vez en la tele. Además tal vez el escritorio. ¿Cuánto quiere por la cama?-
-Estaba pensando en cincuenta dólares por la cama- dijo el hombre.
-¿Tomaría cuarenta?- preguntó ella.
-Tomaré cuarenta- dijo el hombre.
Sacó un vaso de la caja de cartón. Le sacó el papel de diario. Rompió el sello del whisky.
-¿Qué hay de la televisión?- dijo el muchacho.
-Veinticinco-.
-¿Tomaría quince?- dijo ella.
-Quince está bien. Podría tomar quince- dijo el hombre.
Ella miró al muchacho .
-Chicos, quieren un trago- dijo el hombre. -Los vasos están en esa caja. Voy a sentarme. Voy a sentarme en el sofá.-
El hombre se sentó en el sofá, se tiró hacia atrás y miró al muchacho y a la muchacha.

El muchacho encontró dos vasos y se sirvió whisky.
-Ahí nomás- dijo ella. -Creo que quiero agua en el mío.-
Ella tomó una silla y se sentó a la mesa de la cocina.
-Hay agua en ese grifo de allá- dijo el hombre. -Abrí el grifo.-
El muchacho volvió con el whisky aguado. Se aclaró la garganta y se sentó a la mesa de la cocina. Sonrió. Pero no tomó nada de su vaso.
El hombre miró la televisión. Terminó su trago y comenzó otro. Metió la mano para encender la lámpara de pie. Fue entonces cuando el cigarrillo cayó de sus dedos y cayó entre los almohadones.
Ella se levantó para ayudar a encontrarlo.
-Entonces, ¿qué es lo que querés?- el muchacho dijo a ella .
El chico sacó la chequera y la acercó a los labios como si estuviera pensando.
-Quiero el escritorio- dijo ella. -¿Cuánto sale el escritorio?-
El hombre hizo un gesto con la mano a esa pregunta absurda.
-Decí una cifra- dijo.
Él los miró mientras estaban sentados a la mesa. En la luz de una lámpara, había algo en sus rostros. Era agradable o desagradable. No había manera de saber.

-Voy a apagar el televisor y poner un disco- dijo el hombre.
-Este tocadiscos, también es barato. Háganme una oferta.-
Se sirvió más whisky y abrió una cerveza.
-Todo está de oferta- dijo el hombre.
Ella sostuvo la copa y el hombre le sirvió .
-Gracias- dijo ella. -Es muy agradable- dijo.
-Se te va a la cabeza- dijo el muchacho. -Me estoy poniendo de la cabeza.- Levantó su copa y se sacudió.
El hombre terminó su trago y se sirvió otro, y después encontró la caja con los discos.
-Elegí alguno-, dijo el hombre a ella, y él sostuvo los discos para ella.
El muchacho estaba haciendo el cheque.
-Éste- dijo ella, eligiendo uno, eligiendo cualquier cosa, porque no conocía los nombres en esas etiquetas. Ella se levantó de la mesa y se sentó de nuevo. No quería quedarse quieta.
-Lo estoy haciendo a cobrar en efectivo- dijo el muchacho.
-Claro- dijo el hombre.
Bebieron. Escucharon el disco. Y entonces el hombre puso otro.
¿Por qué no bailan chicos? se decidió a decir, y entonces dijo.
-¿Por qué no bailan?-
-No lo creo- dijo el muchacho.
-Adelante- dijo el hombre. -Es mi patio. Se puede bailar si quieren.-
Los brazos el uno con el otro, sus cuerpos apretados, el muchacho y ella se movieron por toda la vereda. Estaban bailando. Y cuando el disco había terminado, lo pusieron de nuevo, y cuando ese terminó, el muchacho dijo. -Estoy borracho.-
Ella dijo: -No estás borracho.-
-Bueno, estoy borracho- dijo el muchacho.
El hombre dio vuelta el disco y el muchacho dijo: -Lo estoy.-
-Bailá conmigo- dijo ella al muchacho y después al hombre, y cuando el hombre se levantó, se acercó a él con los brazos abiertos.

-Esa gente allá, están observando- dijo ella.
-Está bien- dijo el hombre. -Es mi lugar- dijo.
-Hagamos que observen- dijo ella.
-Así es- dijo el hombre. -Ellos pensaron que habían visto todo por acá. Pero no han visto esto, ¿verdad?-
Él sintió el aliento de ella en su cuello.
-Espero que les guste la cama-, dijo él.
Ella cerró y después abrió los ojos. Empujó su cara en el hombro del hombre. Acercándose al hombre.
-Debe estar desesperado o algo así- dijo ella.

Semanas más tarde, ella dijo: -El tipo era de mediana edad. Todas sus cosas estaban ahí mismo en su patio. No miento. Nos emborrachó y nos hizo bailar en la vereda. ¡Oh, Dios mío! No se ría. Él puso esos discos. Mire este tocadiscos. El viejo nos los dió, y todos estos discos malos. ¿Van a mirar esta mierda?-
Ella siguió hablando. Ella le dijo a todos. No había más que eso, y ella estaba tratando de convencerlos. Después de un tiempo, dejó de intentarlo.




(versión en castellano: Hugo Zonáglez)




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Why Don't You Dance?


In the kitchen, he poured another drink and looked at the bedroom suite in his front yard. The mattress was stripped and the candy-striped sheets lay beside two pillows on the chiffonier. Except for that, things looked much the way they had in the bedroom—nightstand and reading lamp on his side of the bed, nightstand and reading lamp on her side.
His side, her side.
He considered this as he sipped the whiskey.
The chiffonier stood a few feet from the foot of the bed. He had emptied the drawers into cartons that morning, and the cartons were in the living room. A portable heater was next to the chiffonier. A rattan chair with a decorator pillow stood at the foot of the bed. The buffed aluminum kitchen set took up a part of the driveway. A yellow muslin cloth, much too large, a gift, covered the table and hung down over the sides. A potted fern was on the table, and a few feet away from this stood a sofa and chair and a floor lamp. The desk was pushed against the garage door. A few utensils were on the desk, along with a wall clock and two framed prints. There was also in the driveway a carton with cups, glasses, and plates, each object wrapped in newspaper. That morning he had cleared out the closets, and except for the three cartons in the living room, all the stuff was out of the home. He had run an extension cord on out there and everything was connected. Things worked, no different from how it was when they were inside.
Now and then a car slowed and people stared. But no one stopped.
It occurred to him that he wouldn't, either.

-It must be a yard sale- the girl said to the boy.
This girl and this boy were furnishing a little apartment.
-Let's see what they want for the bed- the girl said.
-And for the TV- the boy said.
The boy pulled into the driveway and stopped in front of the kitchen table.
They got out of the car and began to examine things, the girl touching the muslin cloth, the boy plugging in the blender and turning the dial to MINCE, the girl picking up a chafing dish, the boy turning on the television set and making little adjustments.
He sat down on the sofa to watch. He lit a cigarette, looked around, flipped the match into the grass.
The girl sat on the bed. She pushed off her shoes and lay back. She thought she could see a star.
-Come here, Jack. Try this bed. Bring one of those pillows,- she said.
-How is it?- he said.
-Try it,- she said.
He looked around. The house was dark.
-I feel funny- he said. -Better see if anybody's home-
She bounced on the bed.
-Try it first- she said.
He lay down on the bed and put the pillow under his head.
-How does it feel?- she said.
-It feels firm- he said.
She turned on her side and put her hand to his face.
-Kiss me- she said.
-Let's get up- he said.
-Kiss me- she said.
She closed her eyes. She held him.
He said, -I'll see if anybody's home-
But he just sat up and stayed where he was, making believe he was watching the television.
Lights came on in the houses up and down the street.
-Wouldn't it be funny if- the girl said and grinned and didn't finish.
The boy laughed, but for no good reason. For no good reason, he switched the reading lamp on.
The girl brushed away a mosquito, whereupon the boy stood up and tucked in his shirt.
-I'll see if anybody's home- he said. -I don't think anybody's home. But if anybody is, I'll see what things are going for.-
-Whatever they ask, offer ten dollars less. It's always a good idea- she said. -And, besides, they must be desperate or something.
It's a pretty good TV- the boy said.
-Ask them how much,- the girl said.
     
The man came down the sidewalk with a sack from the market. He had sandwiches, beer, whiskey. He saw the car in the driveway and the girl on the bed. He saw the television set going and the boy on the porch.
-Hello- the man said to the girl. -You found the bed. That's good.-
-Hello- the girl said, and got up. -I was just trying it out.- She patted the bed. -It's a pretty good bed.-
-It's a good bed- the man said, and put down the sack and took out the beer and the whiskey.
-We thought nobody was here- the boy said. -We're interested in the bed and maybe in the TV. Also maybe the desk. How much do you want for the bed?-
-I was thinking fifty dollars for the bed,- the man said.
-Would you take forty?- the girl asked.
-I'll take forty- the man said.
He took a glass out of the carton. He took the newspaper off the glass. He broke the seal on the whiskey.
-How about the TV?- the boy said.
-Twenty-five.-
-Would you take fifteen?- the girl said.
-Fifteen's okay. I could take fifteen,- the man said.
The girl looked at the boy.
-You kids, you'll want a drink- the man said. -Glasses in that box. I'm going to sit down. I'm going to sit down on the sofa.-
The man sat on the sofa, leaned back, and stared at the boy and the girl.
     
The boy found two glasses and poured whiskey.
-That's enough- the girl said. -I think I want water in mine.-
She pulled out a chair and sat at the kitchen table.
-There's water in that spigot over there- the man said. -Turn on that spigot.-
The boy came back with the watered whiskey. He cleared his throat and sat down at the kitchen table. He grinned. But he didn't drink anything from his glass.
The man gazed at the television. He finished his drink and started another. He reached to turn on the floor lamp. It was then that his cigarette dropped from his fingers and fell between the cushions.
The girl got up to help him find it.
-So what do you want?- the boy said to the girl.
The boy took out the checkbook and held it to his lips as if thinking.
-I want the desk- the girl said. -How much money is the desk?-
The man waved his hand at this preposterous question.
-Name a figure- he said.
He looked at them as they sat at the table. In the lamplight, there was something about their faces. It was nice or it was nasty. There was no telling.
    
-I'm going to turn off this TV and put on a record- the man said.
-This record-player is going, too. Cheap. Make me an offer.-
He poured more whiskey and opened a beer.
-Everything goes- said the man.
The girl held out her glass and the man poured.
-Thank you," she said. -You're very nice- she said.
-It goes to your head- the boy said. -I'm getting it in the head- He held up his glass and jiggled it.
The man finished his drink and poured another, and then he found the box with the records.
-Pick something- the man said to the girl, and he held the records out to her.
The boy was writing the check.
-Here- the girl said, picking something, picking anything, for she did not know the names on these labels. She got up from the table and sat down again. She did not want to sit still.
-I'm making it out to cash- the boy said.
-Sure- the man said.
They drank. They listened to the record. And then the man put on another.
Why don't you kids dance? he decided to say, and then he said it.
-Why don't you dance?-
-I don't think so- the boy said.
-Go ahead- the man said. -It's my yard. You can dance if you want to.-
Arms about each other, their bodies pressed together, the boy and the girl moved up and down the driveway. They were dancing. And when the record was over, they did it again, and when that one ended, the boy said. -I'm drunk.-
The girl said, -You're not drunk-
-Well, I'm drunk- the boy said.
The man turned the record over and the boy said, -I am-
-Dance with me- the girl said to the boy and then to the man, and when the man stood up, she came to him with her arms wide open.
     
Those people over there, they're watching- she said.
-It's okay- the man said. -It's my place- he said.
-Let them watch- the girl said.
-That's right- the man said. -They thought they'd seen everything over here. But they haven't seen this, have they?-
He felt her breath on his neck.
-I hope you like your bed- he said.
The girl closed and then opened her eyes. She pushed her face into the man's shoulder. She pulled the man closer.
-You must be desperate or something- she said.
     
Weeks later, she said: -The guy was about middle-aged. All his things right there in his yard. No lie. We got real pissed and danced. In the driveway. Oh, my God. Don't laugh. He played us these records. Look at this record-player. The old guy give it to us. and all these crappy records. Will you look at this shit?-
She kept talking. She told everyone. There was more to it, and she was trying to get it talked out. After a time, she quit trying.





http://vk.com/video247343109_168023104

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Raymond Carver (1938-1988)
Clatskanie, Oregón, Estados Unidos.

9/3/14

Yehuda Amijai: "levanté pesas de dolor con el corazón..."


Dios lleno de misericordia


Dios está lleno de misericordia
si Dios no estuviera lleno de misericordia
habría misericordia en el mundo y no sólo en él.
yo que corté flores en la montaña
y escudriñé la profundidad de los valles,
yo, que traje cadáveres desde las colinas,
puedo atestiguar que el mundo está vacío de misericordia.

yo que fui rey de la sal junto al mar,
que estuve indeciso junto a mi ventana,
que enumeré los pasos de los ángeles,
que levanté pesas de dolor con el corazón
en competencias atroces.

yo, que uso sólo una pequeña parte
de las palabras que hay en el diccionario.
yo, que debo resolver enigmas contra mi voluntad
sé que si Dios no estuviera lleno de misericordia
habría misericordia en el mundo
y no sólo en él.








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Lluvia sobre el campo de batalla 

in memorian Diki


llueve sobre mis amigos
sobre mis amigos vivos que
se cubren las cabezas con una manta
y sobre mis amigos muertos que
ya no se cubren más








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Dios se apiada de los chicos del jardín 


Dios se apiada de los chicos del jardín
un poco menos de los de primaria
y de los grandes ya no se apiada
los deja solos
y a veces tienen que arrastrarse
en cuatro sobre la arena ardiente
para llegar a la estación
y están vertiendo sangre

quizás a los que aman de verdad
les dará su piedad, se compadecerá, los cubrirá
como hace el árbol con el viejo sentado
en el banco del paseo público

quizás por ellos también nosotros saquemos
las últimas monedas de bondad
que nos dejó mamá
para que su riqueza nos defienda
ahora y en los otros días








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Sentado junto a la ventana


estoy sentado junto a la ventana.
a mis días perdidos no los llevarán con la policía.
los militares se apuran
como estrellas
sus hombros suben de escalafón,
suben sus mangas
no sus corazones.

enciendo la radio del cielo,
apago el viento.
habrá mucha rutina
y pocas lágrimas
la puerta de mi casa
es hija de la vejez
del portal del cielo.

quiero seguir
sentado entre dos sillas, sobre la buena tierra
quiero vivir entre mi nombre y mi apellido
quiero vivir entre mi nombre y mi apellido
y no ser de ninguno de los dos.

lo que nos pone tristes, se queda con nosotros,
tiene nombres como las calles,
sólo las cosas alegres
fluyen
sin nombre.








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Intendente


es triste ser
intendente de Jerusalén.
es tremendo.
¿cómo alguien puede ser intendente
de una ciudad como esta?
¿qué va a hacer con ella?
construir y construir y construir.


y por la noche las piedras
de las montañas que hay alrededor
se van a acercar a las casas.
como lobos que vienen a aullar a los perros
que se hicieron esclavos de los humanos.








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Indicaciones para una camarera 


no levantes los vasos ni los platos
de la mesa. ¡No limpies
la mancha del mantel! Es bueno saber
que vivieron otros en este mundo.

compré zapatos
que estuvieron en los pies de otra persona
mis amigos tienen sus propios pensamientos.

amo a la mujer de otro tipo.
mi noche viene ya usada con sueños.
sobre mi ventana están marcadas unas gotas de lluvia.
en mis estantes hay libros con anotaciones que otros hicieron.
en el plano de la casa en la que voy a vivir,
junto a la puerta,
el arquitecto dibujó a unos extraños.
sobre mi cama hay una almohada que conserva
la forma de una cabeza que no es la mía.

por eso, no levantes
la mesa.
es bueno saberlo:
vivieron otros en este mundo.








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El lugar en que tenemos razón 


el lugar en que tenemos razón
nunca florecerá
en primavera

el lugar en que tenemos razón
está pisoteado y duro
como un patio

pero las dudas y los amores
hacen del mundo tierra fértil
como el oso hormiguero, como el arado
y un murmullo se escuchará en el lugar
donde estaba la casa
que fue destruida








(versiones del hebreo al castellano por Gustavo Gottfried)



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Yehuda Amijai (1924-2000)
Würzburg, Alemania.

Gustavo Gottfried (1969)
Buenos Aires, Argentina.

4/3/14

Anahí Mallol: "descubrir la nueva forma del amor..."


iceberg


sorprendente y hermoso
como un iceberg
descubrir
la nueva forma del amor
en la maravilla del cuerpo:
cuando él llora
de la punta de los pechos brota
una forma
perfecta de consuelo
una leche
blanca y dulcísima.








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el silencio


tan cómodo cada uno
en la mirada del otro
miradas que brillan como si
con sus destellos subyugaran
todo el dolor del mundo
tan reposados en esa calma
nada que decir salvo
tal vez o por ejemplo
que el cielo se divisa entre las ramas
de los árboles y las nubes
van ligeras hacia no se sabe dónde
nada más
y una hora después repetir lo mismo
el cielo se divisa
y las nubes
y sin embargo no hay
en esa frase
una sola que no haya sido
cuidadosa
amorosamente meditada.








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la voz


rumores como de hojas en otoño
irisan la superficie de mi oído
cuando tu voz
alta en la noche se alza
roe mi silencio y
despierta mi cuerpo
oscuro y límpido el deseo de tocarte.








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el tiempo


una noche cuando apenas
termina de atardecer
me encerrás entre tus brazos
acá, digo, acá quiero estar
ni tiempo ni espacio sino
un planeta que no existe apenas
entre el pasado próximo y el
porvenir inmediato.








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el desconocido


sin previo aviso
el amor
por casi
un desconocido
el deseo de su cuerpo
exactos el peso
el olor y la superficie
tibia
de la piel
hasta que ya no se puede
dormir sin él
sin esos
peso temperatura
olor tacto
en la lmohada
justo ahí al otro lado.








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la ofrenda


ella le ofrece
sin condiciones un cuerpo
que él no desea
pero acepta por
vanidad por soledad ¿por
una súbita ternura de saberse
querido?
cierta curiosidad cierto desprecio cierta
dulzura circula entre los cuerpos.
ahora cae
sobre su corazón
una tristeza gris.
cuando ella vuelve a la habitación
él ya se había vestido.
se sientan en la cama
respiran su propio olor
toman un té fuerte en tazas
de porcelana fisuradas por el tiempo
el día se oscurece
cada vez. la lluvia es más fuerte
se asienta sobre las cosas
del otro lado
de la ventana.








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zoo


jugamos al zoológico
un zoológico loco
la oreja un caracol
que llenamos de baba
la nariz una mantis religiosa
el anca de una gacela
el pelo del animal más suave
la cintura que se arquea como felino
tus nervios al tocarme y los míos:
finos ijares de pura sangre
y la mirada de alazán
y su sudor sabroso
dulce y salado.








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los leones


el desierto no es un lugar
inmóvil con su relieve inapresable
sus colores improbables
es un aplazamiento continuo
del lugar y del tiempo
una pequeña muerte

aquí, mi único refugio

aquí me escondo de vos me guardo
donde aún, los leones rugen.








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el calor


como si se pudiera
residir en el calor de otro cuerpo
me acomodo entre los brazos del verano
espero
la tarde en que vuelvas,
amor, a leer conmigo mi pequeño
zoológico de palabras
o sombras en los muros, para empezar de nuevo.








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el orden


la inversión
del orden de las cosas y las causas
cuando el amor
se realiza
una aproximación
de dos alientos extraños

la constatación
en la entrega
a la certeza de los cuerpos
de la rotundidad
de la inmateria.

la muerte del amor
fértil en su vientre acuna
el nacimiento
de un amor nuevo.








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la viuda


muere de muerte
violenta
con derramamiento de sangre
imprevista
para todos menos para él
que eligió el día la hora y el lugar.

aunque los años pasan y aunque ella
no es la viuda y aunque juró
no volver a entregarse al placer
y sin embargo sí lo hizo
la muerte violenta se filtra todavía
entre los pliegues de su dicha y entonces ella sabe
que con ese hombre tuvo
alguna forma del amor.








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el vientre


una tarde de calor un verano
en la mitad de la vida una mujer
aprieta con las manos
con las dos manos
el vientre blando y llora

piensa en un cielo para siempre
sin nubes y sin sol casi pero siempre
luminoso indiferente
con la crueldad propia de las luces del desierto
o de la noche ártica que no permiten
para los párpados
ningún descanso.

con todo el cuerpo con los brazos
su vientre infértil
cercenado llora
ese amor imposible.








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las gotas


yo no quería lastimarlo
cómo iba a decirle eso
bajaba los ojos y me callaba
pero en el tiempo que seguía
la mentira o el silencio
se interponían
una piedra o una isla
cercana a la costa
acosada por las olas que estallan contra ella
y salpican hasta el aire con su espuma y sus
mínimas desintegradas gotas

entre ese hombre y yo
que habíamos tenido
quién lo diría
nuestros años felices.








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la escarcha


todavía me llama
de vez en cuando
escucho mi nombre entre las ramas
y dice que recuerda
exactamente
cómo se sentía
entre los brazos
la curva de esta cintura
ahora más gruesa.

yo no digo nada
y recuerdo el primer día
cuando creí
que su voz en mi cuerpo
no era más
que escarcha sobre la tierra.








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el barco


las tardes enteras
las mañanas y las noches
con vos
en una cama

como si pudiera
sustraerse
en el espacio
inmenso móvil
-un barco casi
tan duro tan frágil
como cualquier Titanic de película-
a la amenaza de los días.








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Anahí Mallol (1968)
La Plata, Buenos Aires, Argentina.

Como un iceberg, 2013
Paradiso Ediciones