4/3/14

Anahí Mallol: "descubrir la nueva forma del amor..."


iceberg


sorprendente y hermoso
como un iceberg
descubrir
la nueva forma del amor
en la maravilla del cuerpo:
cuando él llora
de la punta de los pechos brota
una forma
perfecta de consuelo
una leche
blanca y dulcísima.








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el silencio


tan cómodo cada uno
en la mirada del otro
miradas que brillan como si
con sus destellos subyugaran
todo el dolor del mundo
tan reposados en esa calma
nada que decir salvo
tal vez o por ejemplo
que el cielo se divisa entre las ramas
de los árboles y las nubes
van ligeras hacia no se sabe dónde
nada más
y una hora después repetir lo mismo
el cielo se divisa
y las nubes
y sin embargo no hay
en esa frase
una sola que no haya sido
cuidadosa
amorosamente meditada.








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la voz


rumores como de hojas en otoño
irisan la superficie de mi oído
cuando tu voz
alta en la noche se alza
roe mi silencio y
despierta mi cuerpo
oscuro y límpido el deseo de tocarte.








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el tiempo


una noche cuando apenas
termina de atardecer
me encerrás entre tus brazos
acá, digo, acá quiero estar
ni tiempo ni espacio sino
un planeta que no existe apenas
entre el pasado próximo y el
porvenir inmediato.








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el desconocido


sin previo aviso
el amor
por casi
un desconocido
el deseo de su cuerpo
exactos el peso
el olor y la superficie
tibia
de la piel
hasta que ya no se puede
dormir sin él
sin esos
peso temperatura
olor tacto
en la lmohada
justo ahí al otro lado.








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la ofrenda


ella le ofrece
sin condiciones un cuerpo
que él no desea
pero acepta por
vanidad por soledad ¿por
una súbita ternura de saberse
querido?
cierta curiosidad cierto desprecio cierta
dulzura circula entre los cuerpos.
ahora cae
sobre su corazón
una tristeza gris.
cuando ella vuelve a la habitación
él ya se había vestido.
se sientan en la cama
respiran su propio olor
toman un té fuerte en tazas
de porcelana fisuradas por el tiempo
el día se oscurece
cada vez. la lluvia es más fuerte
se asienta sobre las cosas
del otro lado
de la ventana.








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zoo


jugamos al zoológico
un zoológico loco
la oreja un caracol
que llenamos de baba
la nariz una mantis religiosa
el anca de una gacela
el pelo del animal más suave
la cintura que se arquea como felino
tus nervios al tocarme y los míos:
finos ijares de pura sangre
y la mirada de alazán
y su sudor sabroso
dulce y salado.








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los leones


el desierto no es un lugar
inmóvil con su relieve inapresable
sus colores improbables
es un aplazamiento continuo
del lugar y del tiempo
una pequeña muerte

aquí, mi único refugio

aquí me escondo de vos me guardo
donde aún, los leones rugen.








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el calor


como si se pudiera
residir en el calor de otro cuerpo
me acomodo entre los brazos del verano
espero
la tarde en que vuelvas,
amor, a leer conmigo mi pequeño
zoológico de palabras
o sombras en los muros, para empezar de nuevo.








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el orden


la inversión
del orden de las cosas y las causas
cuando el amor
se realiza
una aproximación
de dos alientos extraños

la constatación
en la entrega
a la certeza de los cuerpos
de la rotundidad
de la inmateria.

la muerte del amor
fértil en su vientre acuna
el nacimiento
de un amor nuevo.








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la viuda


muere de muerte
violenta
con derramamiento de sangre
imprevista
para todos menos para él
que eligió el día la hora y el lugar.

aunque los años pasan y aunque ella
no es la viuda y aunque juró
no volver a entregarse al placer
y sin embargo sí lo hizo
la muerte violenta se filtra todavía
entre los pliegues de su dicha y entonces ella sabe
que con ese hombre tuvo
alguna forma del amor.








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el vientre


una tarde de calor un verano
en la mitad de la vida una mujer
aprieta con las manos
con las dos manos
el vientre blando y llora

piensa en un cielo para siempre
sin nubes y sin sol casi pero siempre
luminoso indiferente
con la crueldad propia de las luces del desierto
o de la noche ártica que no permiten
para los párpados
ningún descanso.

con todo el cuerpo con los brazos
su vientre infértil
cercenado llora
ese amor imposible.








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las gotas


yo no quería lastimarlo
cómo iba a decirle eso
bajaba los ojos y me callaba
pero en el tiempo que seguía
la mentira o el silencio
se interponían
una piedra o una isla
cercana a la costa
acosada por las olas que estallan contra ella
y salpican hasta el aire con su espuma y sus
mínimas desintegradas gotas

entre ese hombre y yo
que habíamos tenido
quién lo diría
nuestros años felices.








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la escarcha


todavía me llama
de vez en cuando
escucho mi nombre entre las ramas
y dice que recuerda
exactamente
cómo se sentía
entre los brazos
la curva de esta cintura
ahora más gruesa.

yo no digo nada
y recuerdo el primer día
cuando creí
que su voz en mi cuerpo
no era más
que escarcha sobre la tierra.








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el barco


las tardes enteras
las mañanas y las noches
con vos
en una cama

como si pudiera
sustraerse
en el espacio
inmenso móvil
-un barco casi
tan duro tan frágil
como cualquier Titanic de película-
a la amenaza de los días.








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Anahí Mallol (1968)
La Plata, Buenos Aires, Argentina.

Como un iceberg, 2013
Paradiso Ediciones

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Hable o calle para siempre