14/6/14

Verónica Yattah: "¿Y para qué ir hasta el final?..."



ERAN TRES VAIVENES: EL DE LA HAMACA
el mío y el del barco pirata.
El parque de diversiones quedaba cerca de la casa
y esa tarde se me ocurrió esperarte balanceándome.
Los gritos de los navegantes del barco
¿era miedo?
coinidían con los momentos más altos de la hamaca.
En esa época nadie pedía permiso a nadie
y así entraste en mi vida,
como un gato colándose entre las rejas
de una casa vecina.
Las piernas cruzadas
el ronroneo pausado de la hamaca
ente dos árboles casi tocando el piso.
¿Qué tranquilidad era esa?
Iba marcando los segundos con cada vaivén,
me preguntaba si de verdad ibas a llegar
a pasar conmigo el fin de semana.








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PARA LLEGAR A TU CASA NO HACE FALTA UN COLECTIVO
es un camino simple, una ele que evité durante días.
Hay excusas como seguir yendo al almacén cruzando la avenida.
Esa avenida es una frontera, una división,
una zona de peligro.
Pero hoy me decido y salgo a buscarte.
En esto estoy cuando cae una hoja.
En el camino está la plaza donde nos vimos
cuando todavía hacía frío.
Algo de estos perros me detiene
la lengua de un labrador sobre mi mano.
Yo, que no entiendo a los animales, hoy me entrego
al roce de mis dedos sobre su pelo.
Una señora pregunta dónde queda la iglesia
un nene logra por fin enganchar la sortija
un estrépito de risas y la calesita se detiene
hombres y mujeres transpirados haciendo gimnasia.
¿Y para qué ir hasta el final?
Hay un perro mirándome de frente
como diciéndome "quedate".
Pero los perros también se van y lo que queda
si algo queda, es la hermosura de su rastro.








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EL PUNTO SE TRANSFORMÓ EN GOLPE SECO, 
las líneas no.
Hasta detenernos las líneas blancas del costado de la ruta
fueron suaves cintas deslizándose.
¿Qué iluminaron las luces esa noche?
Las hice titilar
para espantar lo que veía,
te desperté, por si el punto era mi imaginación
y no ese perro mirándonos de frente.
Me agarraste la mano para no esquivarlo.
De dormir pasaste a ese movimiento
a esa invasión sobre el volante.
En la estación de servicio dijiste “era el perro o”.
Yo no pude responder
y mientras el agua caía sobre el parabrisas
al señor le dijiste “sí,
en la ruta había niebla”.








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LA MÉDICA DICE QUE LA ANESTESIA VA A TARDAR EN HACER EFECTO.
Por un momento nos quedamos mirándonos
ella como pidiendo que me afloje
yo empezando a sentir un cosquilleo en los labios
y unas ganas de salir corriendo.
Sobre el haz de luz, la radiografía de mis dientes.
En un rato esa imagen y la realidad
van a ser cosas distintas.
Vos encontrabas parecidos
entre la forma de una nuez y la del cerebro
o las grietas del desierto y las líneas que deja
la borra de café.
Las raíces de los dientes hoy con plantas acuáticas
que se mueven como animales en el fondo del mar
y parece mentira que en unos minutos
dos de estos dientes vayan a dejar de existir.








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EL VERDE DE LA PIEDRA BRILLA MÁS.
Ahora que la mojo, la piedra que me trajiste del sur
deja de ser algo duro para ser una piedra de color que estalla.
Sobre la palma de mi mano descansa la piedra.
Los dedos apenas se abren
como si mi mano fuera una flor envolviendo un tesoro.
De hecho, es una ofrenda que me trajiste aquella vez.
Antes de irte te la pedí:
"traeme algo que encuentres bajo el agua, en un arroyo".
En esos días yo sabía cada cosa que quería
con una exactitud que daba miedo.
También daba miedo ver que volvías con la piedra
que yo había imaginado.
Ahora la piedra descansa sobre mi mano.
Es una piedra de la buena suerte.
yo la mojo y la aprieto y la piedra brilla.
Pero ahora es diferente
y así como la lluvia parecía interminable y no
así la dejo.
Ahora es una piedra perdida en una ciudad cualquiera.








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¿QUÉ VEÍAMOS EN LOS PERROS?
La agilidad de los galgos no alcanzaba
y los hombres necesitaban
meter sustancias en sus cuerpos.
Con tu cámara filmaste
cómo sostenían el muslo de un perro
y lo acariciaban hasta aflojarlo,
hasta clavarle una aguja.
Fue raro que tomaras esa imagen
porque el documental no iba a ser de denuncia.
Yo corrí la mirada y vi que estaban listos
seis de los perros en las gateras.
Desde el otro extremo de la pista
alguien arrastraba por la tierra
un cadáver de conejo.
A los galgos los ojos se les salían.
Cuando volvíamos dijiste que lo difícil
no era ver todas esas cosas
sino hacer algo con ellas.








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Verónica Yattah (1987)
Buenos Aires, Argentina.


Los perros también se van, 2014
Viajero Insomne Editora

1 comentario:

  1. Vas a dar talleres de poesía? Estoy interesada. Capdevilamarale@hotmail.com

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