14/7/14

Laura García del Castaño: "Es libre todo lo que brilla por su ausencia..."


a Edgar Bayley

Hay gente que no podría decir si vive o si estima
a qué profundidad se encuentra
el corazón, su despecho
Qué heredó de sus padres
qué enfermedades
qué libros
Qué animales sacrifica, a cuántos alimenta
de qué edificio salta
qué sangre entrega

Hay gente que vive sin haber descubierto
una gota de agua pura
la luz del día
dónde enciende
la luz de toda dificultad
dónde ilumina
la luz de los objetos que lavan
la luz del corazón del despecho
dónde impacta

Hay gente que vive sin reconocer
un ojo rojo de fiebre
la impresión de una mano en precioso pelo
una gota de agua pura
el sacrificio animal
de hombre solo

Hay gente que ve su propio rostro y se impacta
que corre sus pasos y se atropella
Cuántos hay
que no advierten
la profundidad del despecho
y saltan
a su propio vacío
y mueren.










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En el correo la mujer que vendía sobres es ciega
sus ojos son pisadas de un animal
que huyó hace tiempo
Me reconoce cada vez que llego
Esta mañana me dijo
vos sos la chica que escribe poemas
a quién le enviás hoy?
Me dio un sobre pequeño donde calza justo un libro
aunque en su mirada no calce una sola visión
Sus ojos son blancos como la espalda de un dios
íntimo con ella
que se rehúsa a mirarnos
de ellos no cae agua nieve
caen esquirlas de un volcán
que trama en las profundidades
Estos son tus poemas? preguntó
tomó el libro pero no como un libro
sino como si tomara un cráneo, un ramo, una espada
algo frágil y feroz, distante a nosotros
Abrió en la página treinta y con sus dedos recorrió los versos
de derecha a izquierda como si desandara un viaje
Se frenó en la palabra ciervo
la acarició una y otra vez
como si hubiese decidido domesticarla
Su índice se superpuso a la palabra
que ya no se vio
como si el ciervo hubiera entrado en ella
como si nunca se hubiese ido
como si sus patas firmes en un nuevo territorio
hubiesen borrado por un instante
las anteriores pisadas.










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Esta mañana afeité a un muerto
rasuré su barba de coma y agonía
Sobre todo rasuré su claridad y su ignorancia,
porque él ignora y padece,
como un animal quieto recién encandilado
Le saqué brillo a la dureza del hielo y del asfalto.
Le saqué brillo a sus facciones de ciego
Pensaba que tuvimos oportunidad
de cruzar este mismo gesto
La delicadeza
lastimar lo que vive
su cara de no pensar
de horas de no pensar
su gesto de hombre
que está siendo aliviado y comprendido.

Este hombre tenía setenta años
y viajaba a mi lado en el colectivo sin voltear a verme
Pero miró mis manos agarradas al asiento una vez
las miró como algo posterior y tibio
con el reflejo absurdo
de lo que será para despojarnos
Pero no era ahí que él debía tocarme
ni que yo rozaría su gesto de vivir
Era aquí y ahora
Aquí y ahora que debía afeitarlo
dejarlo listo
¿Para quién? ¿Para ir a dónde?
¿Para estar prolijo y ser puntual con qué?
¿Para convertirse
en furia, en leña, en adivino?

Lo que ha sido ya es ceniza.
Sólo muere en él lo que no ha vivido.
También hago mi duelo
asumir el desprecio de la muerte.
Intentar descubrir que le fascinó de este hombre,
por qué nos sigue ignorando

Rasuro la oscura belleza en el pelo blanco
mientras él sueña el roce de otra mano

Quito la barba, el esmalte
mientras él algo dice con labios sellados
¿Quién lo despertará de este sueño?










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Adentro están velando a un hombre
es el tío del chico que afuera
cuenta figuritas
coloca varias de pie contra una puerta
con una carta derriba otro hombre
Repasa el maso
elige del medio el dragón de hielo
prueba otra vez
Así ha sido toda la tarde
Así es adentro
El auto en el que fueron a ver la nieve
Un hombre cenando en casa con sus costillas rotas
y otro volteado aquí
entre las figuritas que un dios desprevenido
vuelve a contar.










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El café en vasos de tergopol, la caña Legui
El álbum de los flores, la ropa apilada en las sillas de plástico
El diario comprado sólo para llevarse la parte sin aliento
Las palmas que no se desmontan sin sacarse un punto del pulóver
o pincharse los dedos
La edad a primera en la nocturna
La voz del pariente lejano en donde cubrirse del reproche
la ficción de los eventos reales
No tener un plan más que un rosario atado sin milagro
Hombres a oscuras que aprovechan mirarse
a la luz de un auto que desaparece.










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Es libre el animal que no está domesticado
domesticado como la foto que se cree su engaño
como el bonsái que no espera dar sombra
Es libre el animal y es libre tu mano
que alza esa piedra y golpea
a quién no ja podido liquidar con palabras
Es libre todo lo que brilla por su ausencia
Es libre esa mujer del fin del mundo
Es débil la voluntad del hombre y está domesticada
para regar plantas, desatar nudos, envolver regalos
Con esa misma ración el poeta soñaría la mitad de su vida
desandaría la mitad de su muerte
Es danza lo que inventamos frente al espejo
Es domesticada la hospitalidad del mundo
Es realidad el aliento triste del sueño que te ignora
porque es libre de soñar donde no has vivido
y es libre de no despertar
Es dueño
Es duelo lo que tiene pulso y no sabe andar
lo que tiene llaves y no olvida
Es poeta lo que el mundo ve
el resto de algo que se quema*
Es miedo lo que remonta al animal de toda maravilla
Es partitura lo que interpretas a escondidas de la música
Es real la niña espléndida que apagué con arena
Todo ha sido desandar
y no ser domesticada.










*Fragmento del poeta Roberto Juarroz (Argentina 1925-1995)



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Laura García del Castaño (1979)
Córdoba, Argentina.

El animal no domesticado - 2014
Editorial Gráfica 29 de Mayo - Córdoba

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