28/7/14

Patricio Foglia: "Un verdadero lazo entre hombres sólo se logra en un campo de batalla..."



Mis padres me usaban de burro de carga
hablando mal, el uno del otro.
Me tocaba transportar material radioactivo
y el líquido espeso de las conversaciones
se filtraba en su goteo
pero a mí no me importaba convertirme
en un burro fluorescente
brillando en medio de la noche.










--------









Nunca vi a mis padres darse un beso
ni tuve un hermano que me explicara
cómo eran las cosas. Cuando tenía ocho años,
ellos se separaron
y como parte de la división, mi madre
me llevó con ella al departamento de mis abuelos.
Era el departamento más chico del mundo
una pecera para hámsters,
rectangular y transparente, una cocina,
el living, un baño y el cuarto.










--------









Una vez por semana aparecía mi padre
y me llevaba a algún restaurante. Comíamos
bajo el régimen de la visita carcelaria,
como si hablásemos por micrófonos.
La voz salía entrecortada,
con interferencias.
Ninguno de los dos sabíamos
cómo usar esos aparatos,
y preferíamos el silencio.










--------









Sin embargo, nadie juzgaba a nadie.
Mi mamá hablaba muy seguido
con una vecina
que cada vez que me veía
me decía que era el novio ideal
para su hija. La señora estaba enferma,
y siempre en bata, no importaba si era de día
o de noche, y su hija se había escapado.
A mí me alegraba cruzarme con ella,
verla atravesar su propio nubarrón,
la neblina del polvo de sus pesares.










--------









Edgar Lee Masters


Una sola vez, en toda mi vida
me sentí de verdad afortunado.
La ventana de mi estudio se abrió,
y entraron las voces
como un coro griego.
Yo podía oírlas, extrañamente,
a todas pero también a cada una,
y sin pensarlo me entregué,
me vi impulsado, a ser su instrumento.
Tomé, con cuidado,
cada historia como una vela entre mis manos,
y las fui colocando, entre los tomos del Código Civil
y mi pequeña réplica a escala
de un viejo obús de la época de la Guerra,
hasta que ocuparon mi escritorio por completo.
Yo detesto el misticismo puritano
ese deporte que practican
a lo largo y ancho del Sur de los Estados Unidos,
pero lo cierto es que
de alguna forma, aquella vez,
me pasé la noche escuchando la `palabra,
el fuego tenue del altar de mi pueblo.










--------









Banquo


Un verdadero lazo entre hombres
sólo se logra en un campo de batalla,
bajo la lluvia y los truenos.
Combatimos juntos,
convertimos las cabezas enemigas
en nueces, que partimos y degustamos,
envueltos en la alegría de la victoria.
¿Qué pasó después? ¿Dónde quedó el honor, la valentía?
El General Macbeth, mi amigo,
no fue capaz de matarme con sus propias manos.
A veces lo entiendo, o trato de perdonarlo:
¿Quién no desea tener, alguna vez,
una corona sobre su sien
aunque esté cubierta de barro y sangre?










--------










Max Brod


Sabías como iba a terminar esto
te había dicho, sí la verdad me creés
capaz de quemar tus papeles
te estás equivocando de persona.
Algunas noches no duermo, pensando
quién soy yo para publicar tus pesadillas.
Franz, disculpame si hubo un malentendido,
pero preferí seguir tu ejemplo,
tratar de ser como vos,
una especie nueva de santo
que carga con su conciencia,
con el peso de la culpa,
para que tu obra exista
para que ayude a construir, al final del camino,
nuestro templo en la diáspora y su tormenta.










--------










Theo


Johana dice que la pintura es una excusa
para vivir sin trabajar, como los vagos,
sin culpa, pero quédate tranquilo,
yo sé que no es así,
todo se va a arreglar pronto, lo siento,
de una u otra forma, vamos a poder armarte un taller,
en una esquina luminosa, a pocos minutos del campo,
pero eso sí, te pido un favor: Deja de disculparte,
no es necesario, soy yo el Van Gogh que está agradecido,
el que destina con alegría una parte de su esfuerzo
para que puedas, en nombre tuyo
pero también en el mío,
observar desde lo alto, como en un sueño,
el amarillo de la campiña,
la verdad oculta en los campesinos,
como quel globo aerostático
que flotó sobre nuestras cabezas,
la tarde en que nos escapamos de casa,
cuando éramos chicos: Aquella vez salí corriendo,
tuve miedo del castigo. Pero vos te quedaste,
hasta bien entrada la noche, mirando cómo el sol se iba,
cómo cambiaba el color de cada cosa.
Vincent, hermano, no vuelvas nunca de aquella tarde,
no escuches a nadie, seguí pintando,
no te olvides que sos
nuestra única esperanza.










--------



Patricio Foglia (1985)
Buenos Aires, Argentina.


Lugano 1 y 2 - 2014
Viajero Insomne Editora

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Hable o calle para siempre