3/8/14

Margaret Atwood: "Algún otro sentido tira de nosotros..."


El juego circular


I

Los niños en el césped
unidos de la mano
dan vueltas y vueltas

cada brazo entra en
el brazo de al lado, vueltas
alrededor del círculo
hasta que vuelva
cada uno a sus cuerpos
otra vez

Están cantando, pero
no entre sí:
sus pies se mueven
casi a tiempo del canto

Podemos ver
la concentración en
sus caras, sus ojos
fijos en los espacios
vacíos en movimiento justo en
frente de ellos.

Podríamos confundir este
movimiento crucial con alegría
pero no hay alegría en ello

Podemos ver (tomados del brazo)
mientras los observamos dar
vueltas y vueltas
atentos, casi
estudiosos (el pasto
bajo los pies ignorado, los árboles
rodeando el césped
ignorados, el lago ignorado)
que el objetivo
para ellos
de dar vueltas y vueltas
es (más rápido
        más lento)
dar vueltas y vueltas








II

Estar con vos
acá, en este cuarto

es como ir a tientas a través de un espejo
cuyo cristal se derritió
en consistencia
de gelatina

Te negás a ser
(y yo)
un reflejo exacto, a pesar de que
no caminás desde el cristal,
ser separado.

De todos modos, está bien
que hayan puesto
tantos espejos acá
(astillados, colgados sucios)
en este cuarto con popa elevada
y armario vacío; incluso
la parte posterior de la puerta
tiene uno.

Hay gente en el cuarto de al lado
discutiendo, abriendo y cerrando cajones
(las paredes son delgadas)

Mirás por delante de mí, escuchándolos,
tal vez, u
observando
tu propio reflejo en alguna parte
detrás de mi cabeza,
por encima de mi hombro

Te desplazás, y la cama
se hunde bajo nuestros pies, perdiendo su enfoque

hay alguien en el cuarto de al lado

siempre hay

(tu cara
distante, escuchando)

alguien en el cuarto de al lado.








III

Sin embargo,
en todos sus juegos
parece
haber alguna razón

aunque
abstractas
al principio

Cuando por la tarde
leemos leyendas
de batallas de monstruos y traiciones
secretas en el bosque
y muertes brutales,

que apenas escuchaban;
uno bostezó y se movió; otro
masticó el mango de madera
de un martillo;
el más joven examinó
un ligero corte en el dedo del pie,

y nos preguntamos cómo
podrían permanecer
por completo sin miedo
o incluso interesados
mientras la espada final se deslizó a través
del héroe moribundo.

La noche siguiente
caminando por la playa

encontramos las trincheras
que habían estado haciendo:
fortificadas con palos puntiagudos
plantadas en los lados
de sus fosas de arena

y una isla rodeada por el lago
sin puentes:

un último intento
(sin embargo
erosionada por el agua
en una hora)
para hacer
tal vez, un refugio humano
y seguro del alcance

de las caminatas a lo largo
(corazón de espada)
de estas playas nocturnas.








IV

Volviendo al cuarto:
me doy cuenta cómo
toda tu palabra-
en acción, tácitas calculadas
del cuerpo, las ironías
del contacto, son ahora
intentos para mantenerme
a una cierta distancia
y (en lo profundo) negando
reconocer que estoy acá

Te miro
observando mi cara
indiferente
pero con la misma curiosidad tensa
con la que podrías considerar
una parte repentinamente descubierta
de tu propio cuerpo:
una verruga tal vez,

y recuerdo
vos dijiste
que en la infancia eras
un trazador de mapas
(no haciéndolos pero) moviendo
un lápiz o un dedo
sobre los cursos de los ríos,
los diferentes colores
que marcan el ascenso de montañas;
un memorizador
de nombres (para mantener
estos lugares
en sus lugares apropiados)

Así que ahora me trazás
como una frontera de un país
o una nueva arruga extraña en
tu propia bien conocida piel
y estoy inmóvil, estancada
en el extenso mapa
de este cuarto, del continente de tu mente
             (acá y sin embargo no acá, como
             el armario y los espejos
             las voces a través de la pared
             tu cuerpo ignorado en la cama),

paralizada
por tus ojos
chinches azules frías








V

A los niños le gusta el bloque
de piedra gris que alguna vez fue un fuerte
pero ahora es un museo:

especialmente
les gustan las armas
y la armadura traída de
otros tiempos y países
y cuando se van a casa
sus dibujos estarán llenos
por unos días, de espadas
mazas arcaicas marrones
lanzas rotas
y explosiones al rojo vivo.

Mientras exploran
los cañones
(no son nuestros niños)

caminamos afuera a lo largo
los movimientos de tierra, señalando
la forma en que se están desmoronando
bajo los ataques
incesantes de los pies y las raíces de flores;

Las armas
que alguna una vez estaban afuera
afinadas para la guerra
están ahora dentro
ahí, en la fortaleza,
frágil
en cajas de vidrio;

¿Por qué es
(estoy pensando
en la moldura cuidadosa
alrededor de los arcos de piedra)
que en este tiempo, tales
defensas complejas mantienen
cosas que ya no merecen
(tanto)
ser defendidas?








VI

Y jugás el juego seguro
el juego huérfano

el voraz juego de invierno
que dice: estoy solo

(hambriento: sé que querés
que también lo juegue)

el juego de la niña abandonada que está
en cada ventana de la imagen,

tiritando, nariz apretada presionada
contra el cristal, la nieve
recolectada en su cuello,
observando las familias felices

(un juego de envidia)

Sin embargo él las desprecia: son postales
tan Navideñamente Victorianas:
los espectáculos de papel barato
sobre los pigmentos de
sus lugares de fuego
alegre y en risas
suburbanas envueltas de satín
y ellos tienen sus propias formas
de rol
social: el padre y la madre
jugando al padre y la madre

Él está contento
de estar
al margen de sí mismo
en el frío

(abrazándose a sí mismo).

Cuando te cuento esto,
vos decís (con una sonrisa falsa
como una guirnalda muy adornada):

Lo hacés también.

Lo cual en ciertas formas
es una mentira, pero también supongo
que es lo correcto, como de costumbre:

aunque me inclino a suponer
en otras estaciones
fuera de otras ventanas.








VIII

Verano otra vez;
en los espejos de este cuarto
los niños en ronda, cantando
la misma canción;

Este cuarto informal
descuidado como pasto seco,
la colcha
arrugada con pequeñas madrigueras, es
su césped
y estas paredes raspadas
contienen sus árboles circundantes,
esa pileta tapada
su lago

(una avispa viene,
dibuja en el pedazo de sandwich
tirado en la playa cercana
             (lo cuidadosamente que hacés
             tales detalles);
uno de los niños se estremece
pero abandonará)

Los hacés
girar y girar, de acuerdo con
las reglas cerradas de tus juegos,
pero no hay alegría en ello

y como nos mentimos
agarrados del brazo, ni
unidos ni separados
             (tus observaciones me cambian
             a una mujer sin espinas en
             una jaula de huesos, fuerte obsoleto
             tirada hacia adentro),
nuestros labios se mueven
casi a tiempo con su canto,

escuchando el abrir
y cerrar de los cajones
en el cuarto de al lado

(por supuesto, siempre hay
peligro, pero dónde
lo situarías)

(los niños giran
alrededor de una jaula de vidrio
desde el aire tibio
con sus voces
finas de insectos)

y mientras nos mentimos
acá, atrapados
en la monotonía del deambular
de cuarto en cuarto, cambiando
el lugar de nuestras defensas,

Quiero quebrar
estos huesos, sus ritmos prisioneros
             (invierno,
             verano)
todos los casos de cristal,

borrar todos los mapas,
romper la cáscara de huevo
protectora de niños
girando y cantando:

Quiero el círculo
roto.








---------








Ésta es una fotografía de mí


Fue tomada hace un tiempo.
A primera vista parece ser
una impresión
corrida: líneas borrosas y motas grises
mezcladas en el papel;

después, mientras la explorás
ves en la esquina izquierda
una cosa que parece una rama: parte de un árbol
(bálsamo o abeto) emergiendo
y, a la derecha, a media altura
lo que debería ser una leve
pendiente, una pequeña casa de madera.

En el fondo hay un lago,
y más allá de eso, algunas colinas bajas.

(La fotografía fue tomada
el día después de que me ahogué.

Yo estoy en el lago, en el centro
de la imagen, justo debajo de la superficie.

Es difícil decir dónde
precisamente, o decir
cuán grande o pequeña soy:
el efecto del agua
sobre la luz es una distorsión

pero si mirás lo suficiente,
eventualmente
serás capaz de verme.)








---------








Un lugar: Fragmentos VII


Algún otro sentido tira de nosotros:
perdimos algo,
algo importante de estas cosas
que deben ser escritas
y se bloquean contra nosotros
o tal vez (como una potencial
mina, una vena desconocida
de metal en la roca)
algo que no está perdido o escondido
pero simplemente no encontrado aún

que informa,
mantiene unida esta confusión,
esta amplitud y disolución:

no por encima o por detrás
o dentro de él, pero siendo
parte de él: una

identidad:
algo demasiado grande y simple
para que podamos ver.








---------








Después de la inundación, nosotros


Debemos ser los únicos
que quedan, en la niebla que se levantó
en todas partes, así
como en estos bosques

Camino a través del puente
hacia la seguridad de las tierras altas
(las copas de los árboles son como islas)

juntando los huesos
hundidos de las madres ahogadas
(duros y redondos en mis manos)
mientras que el rocío blanco lava mis piernas como agua;

los peces deben nadar bajo el bosque debajo de nosotros,
como los pájaros, de árbol en árbol
y a una milla de distancia
la ciudad, amplia y silenciosa,
yace perdida, submarina y lejana.

Paseás a mi lado, hablando de la belleza de la mañana,
sin saber que ha habido una inundación,

lanzando piedritas al azar por encima de tu hombro
en lo profundo pensar del aire,
sin oír los primeros pasos de tropiezo del casi-nacido
viniendo (lentamente) detrás de nosotros,
sin ver
los casi-humanos
rostros brutales formándose
(lentamente)
en la piedra.








---------








Los colonizadores


Un segundo después
el primer barco tocó la orilla,
hubo una escaramuza rápida
breve como una punzada
y después bajaron a la tierra

(por supuesto que en realidad
no había orilla: el agua volvió
a la tierra llevando
objetos: capturados y retenidos
desde el oleaje, hechos
menos de inmensas
redes de
caminos y rejillas de vallas)

y en cuanto a nosotros, naufragamos
elegidos por los tiburones
durante muchos siglos
verdosos antes de que llegaran:
nos encontraron
en la isla, varados
en la punta de una roca,
definiendo nuestra propia isla.

Desde nuestro esqueleto
inarticulado (tan
entremezclado, un
cuerpo),
que atrae lobos.

Nos enterraron
en el granito sólido
donde en nuestros huesos crecieron carne de nuevo
llegaron a los árboles y
el pasto.

Todavía
nosotros somos los mares
salados que detienen estas tierras.

Ahora los caballos pastan
dentro de esta cerca de costillas, y

los niños corren, con sonrisas
verdes, (sin saber
donde) atraviesan
los campos de nuestras manos abiertas.






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Los colonizadores


Un segundo después
el primer barco tocó la orilla,
hubo una escaramuza rápida
breve como una punzada
y después bajaron a la tierra

(por supuesto que en realidad
no había orilla: el agua volvió
a la tierra llevando
objetos: capturados y retenidos
desde el oleaje, hechos
menos de inmensas
redes de
caminos y rejillas de vallas)

y en cuanto a nosotros, naufragamos
elegidos por los tiburones
durante muchos siglos
verdosos antes de que llegaran:
nos encontraron
en la isla, varados
en la punta de una roca,
definiendo nuestra propia isla.

Desde nuestro esqueleto
inarticulado (tan
entremezclado, un
cuerpo),
que atrae lobos.

Nos enterraron
en el granito sólido
donde en nuestros huesos crecieron carne de nuevo
llegaron a los árboles y
el pasto.

Todavía
nosotros somos los mares
salados que detienen estas tierras.

Ahora los caballos pastan
dentro de esta cerca de costillas, y

los niños corren, con sonrisas
verdes, (sin saber
donde) atraviesan
los campos de nuestras manos abiertas.








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Viaje al interior


Hay similitudes
me di cuenta: esas colinas
que los ojos hacen planas como un muro,
soldadas, entre sí se abren al moverme
para dejarme atravesar; convertirme en
interminables como las praderas; esos árboles
crecen flacuchos, a menudo tienen
sus raíces en pantanos; este es un país pobre;
que un acantilado no se conoce
tan áspero, excepto con la mano, y es
por lo tanto, inaccesible. Mayormente
ese viaje no es plácido

de un punto a otro, una línea
punteada en un mapa, la ubicación
trazada sobre una superficie cuadrada
sin embargo me muevo rodeada por una maraña
de ramas, una red de aire y luz
y oscuridad alternas, en todo momento;
sin que haya destinos
además de este.

Hay diferencias
por supuesto: la falta de mapas fiables;
lo más importante, la distracción de pequeños detalles:
tu zapato entre las zarzas bajo la silla
donde no debería estar; brillantes
setas blancas y un cuchillo de cocina
sobre la mesa; una sentencia
cruzando mi camino, anegado como un tronco caído
Estoy segura de que pasé ayer

(¿He estado
caminando en círculos otra vez?)

gran parte del peligro:
muchos han estado acá, pero sólo
algunos han regresado sanos y salvos.

Una brújula es inútil; también
tratar de tomar direcciones
a partir de los movimientos del sol,
que son irregulares;
y las palabras acá son tan inútiles
como gritar en un desierto vacío.

Cualquier cosa que haga debo
mantener la calma. Lo sé
para mí es más fácil perder mi camino
acá para siempre, que en otros paisajes




(versiones en castellano: Hugo Zonáglez)


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The Circle Game


I

The children on the lawn
joined hand to hand
go round and round

each arm going into
the next arm, around
full circle
until it comes
back into each of the single
bodies again

They are singing, but
not to each other:
their feet move
almost in time to the singing

We can see
the concentration on
their faces, their eyes
fixed on the empty
moving spaces just in
front of them.

We might mistake this
tranced moving for joy
but there is no joy in it

We can see (arm in arm)
as we watch them go
round and round
intent, almost
studious (the grass
underfoot ignored, the trees
circling the lawn
ignored, the lake ignored)
that the whole point
for them
of going round and round
is (faster
       slower)
going round and round








II

Being with you
here, in this room

is like groping through a mirror
whose glass has melted
to the consistency
of gelatin

You refuse to be
(and I)
an exact reflection, yet
will not walk from the glass,
be separate.

Anyway, it is right
that they have put
so many mirrors here
(chipped, hung crooked)
in this room with its high transom
and empty wardrobe; even
the back of the door
has one.

There are people in the next room
arguing, opening and closing drawers
(the walls are thin)

You look past me, listening
to them, perhaps, or
watching
your own reflection somewhere
behind my head,
over my shoulder

You shift, and the bed
sags under us, losing its focus

there is someone in the next room

there is always

(your face
remote, listening)

someone in the next room.








III

However,
in all their games
there seems
to be some reason

however
abstract they
at first appear

When we read them legends
in the evening
of monstrous battles, and secret
betrayals in the forest
and brutal deaths,

they scarcely listened;
one yawned and fidgeted; another
chewed the wooden handle
of a hammer;
the youngest one examined
a slight cut on his toe,

and we wondered how
they could remain
completely without fear
or even interest
as the final sword slid through
the dying hero.

The next night
walking along the beach

we found the trenches
they had been making:
fortified with pointed sticks
driven into the sides
of their sand moats

and a lake-enclosed island
with no bridges:

a last attempt
(however
eroded by the water
in an hour)
to make
maybe, a refuge human
and secure from the reach

of whatever walks along
(sword hearted)
these night beaches.








IV

Returning to the room:
I notice how
all your word-
plays, calculated ploys
of the body, the witticisms
of touch, are now
attempts to keep me
at a certain distance
and (at length) avoid
admitting I am here

I watch you
watching my face
indifferently
yet with the same taut curiosity
with which you might regard
a suddenly discovered part
of your own body:
a wart perhaps,

and I remember that
you said
in childhood you were
a tracer of maps
(not making but) moving
a pen or a forefinger
over the courses of the rivers,
the different colours
that mark the rise of mountains;
a memorizer
of names (to hold
these places
in their proper places)

So now you trace me
like a country’s boundary
or a strange new wrinkle in
your own wellknown skin
and I am fixed, stuck
down on the outspread map
of this room, of your mind’s continent
            (here and yet not here, like
            the wardrobe and the mirrors
            the voices through the wall
            your body ignored on the bed),

transfixed
by your eyes’
cold blue thumbtacks








V

The children like the block
of grey stone that was once a fort
but now is a museum:

especially
they like the guns
and the armour brought from
other times and countries
and when they go home
their drawings will be full
for some days, of swords
archaic sunburst maces
broken spears
and vivid red explosions.

While they explore
the cannons
(they aren’t our children)

we walk outside along
the earthworks, noting
how they are crumbling
under the unceasing
attacks of feet and flower roots;

The weapons
that were once outside
sharpening themselves on war
are now indoors
there, in the fortress,
fragile
in glass cases;

Why is it
(I’m thinking
of the careful moulding
round the stonework archways)
that in this time, such
elaborate defences keep
things that are no longer
(much)
worth defending?








VI

And you play the safe game
the orphan game

the ragged winter game
that says, I am alone

(hungry: I know you want me
to play it also)

the game of the waif who stands
at every picture window,

shivering, pinched nose pressed
against the glass, the snow
collecting on his neck,
watching the happy families

(a game of envy)

Yet he despises them: they are so
Victorian Christmas-card:
the cheap paper shows
under the pigments of
their cheerful fire-
places and satin-
ribboned suburban laughter
and they have their own forms
of parlour
games: father and mother
playing father and mother

He’s glad
to be left
out by himself
in the cold

(hugging himself).

When I tell you this,
you say (with a smile fake
as a tinsel icicle):

You do it too.

Which in some ways
is a lie, but also I suppose
is right, as usual:

although I tend to pose
in other seasons
outside other windows.








VII

Summer again;
in the mirrors of this room
the children wheel, singing
the same song;

This casual bed
scruffy as dry turf,
the counterpane
rumpled with small burrows, is
their grassy lawn
and these scuffed walls
contain their circling trees,
that low clogged sink
their lake

(a wasp comes,
drawn by the piece of sandwich
left on the nearby beach
            (how carefully you do
            such details);
one of the children flinches
but won’t let go)

You make them
turn and turn, according to
the closed rules of your games,
but there is no joy in it

and as we lie
arm in arm, neither
joined nor separate
            (your observations change me
            to a spineless woman in
            a cage of bones, obsolete fort
            pulled inside out),
our lips moving
almost in time to their singing,

listening to the opening
and closing of the drawers
in the next room

(of course there is always
danger but where
would you locate it)

(the children spin
a round cage of glass
from the warm air
with their thread-thin
insect voices)

and as we lie
here, caught
in the monotony of wandering
from room to room, shifting
the place of our defences,

I want to break
these bones, your prisoning rhythms
            (winter,
            summer)
all the glass cases,

erase all maps,
crack the protecting
eggshell of your turning
singing children:

I want the circle
broken.









-------------








This Is a Photograph of Me

It was taken some time ago. 
At first it seems to be 
a smeared
print: blurred lines and grey flecks 
blended with the paper;

then, as you scan
it, you see in the left-hand corner 
a thing that is like a branch: part of a tree 
(balsam or spruce) emerging 
and, to the right, halfway up 
what ought to be a gentle 
slope, a small frame house.

In the background there is a lake, 
and beyond that, some low hills.

(The photograph was taken
the day after I drowned.
I am in the lake, in the center 
of the picture, just under the surface.

It is difficult to say where 
precisely, or to say 
how large or small I am: 
the effect of water 
on light is a distortion

but if you look long enough, 
eventually 
you will be able to see me.)



---------







A Place: Fragments VII

An other sense tugs at us: 
we have lost something, 
some key to these things 
which must be writings 
and are locked against us 
or perhaps (like a potential 
mine, unknown vein 
of metal in the rock) 
something not lost or hidden 
but just not found yet

that informs, 
holds together this confusion, 
this largeness and dissolving:

not above or behind 
or within it, but one 
with it: an

identity: 
something too huge and simple 
for us to see.








---------








After the Flood, We


We must be the only ones
left, in the mist that has risen
everywhere as well
as in these woods

I walk across the bridge
toward the safety of high ground
(the tops of the trees are like islands)

gathering the sunken
bones of the drowned mothers
(hard and round in my hands)
while the white mist washes around my legs like water;

fish must be swimming down in the forest beneath us,
like birds, from tree to tree
and a mile away
the city, wide and silent,
is lying lost, far undersea.

You saunter beside me, talking of the beauty of the morning,
not even knowing that there has been a flood,

tossing small pebbles at random over your shoulder 
into the deep think air,
not hearing the first stumbling footsteps of the almost-born
coming (slowly) behind us,
not seeing 
the almost-human 
brutal faces forming
(slowly)
out of stone.








---------








The Settlers


A second after
the first boat touched the shore, 
there was a quick skirmish
brief as a twinge
and then the land was settled

(of course there was really
no shore: the water turned
to land by having
objects in it: caught and kept
from surge, made
less than immense
by networks of
roads and grids of fences)

and as for us, who drifted
picked by the sharks
during so many bluegreen
centuries before they came:
they found us
inland, stranded
on a ridge of bedrock, 
defining our own island.

From our inarticulate
skeleton (so
intermixed, one 
carcass), 
they postulates wolves.

They dug us down
into the solid granite
where our bones grew flesh again
came up trees and
grass.

Still
we are the salt
seas that uphold these lands.

Now horses graze
inside this fence of ribs, and

children run, with green
smiles, (not knowing
where) across
the fields of our open hands.







--------








The Settlers


A second after
the first boat touched the shore, 
there was a quick skirmish
brief as a twinge
and then the land was settled

(of course there was really
no shore: the water turned
to land by having
objects in it: caught and kept
from surge, made
less than immense
by networks of
roads and grids of fences)

and as for us, who drifted
picked by the sharks
during so many bluegreen
centuries before they came:
they found us
inland, stranded
on a ridge of bedrock, 
defining our own island.

From our inarticulate
skeleton (so
intermixed, one 
carcass), 
they postulates wolves.

They dug us down
into the solid granite
where our bones grew flesh again
came up trees and
grass.

Still
we are the salt
seas that uphold these lands.

Now horses graze
inside this fence of ribs, and

children run, with green
smiles, (not knowing
where) across
the fields of our open hands.








---------







Journey to the Interior


There are similarities 
I notice: that the hills 
which the eyes make flat as a wall, welded 
together, open as I move 
to let me through; become 
endless as prairies; that the trees 
grow spindly, have their roots 
often in swamps; that this is a poor country; 
that a cliff is not known 
as rough except by hand, and is 
therefore inaccessible. Mostly 
that travel is not the easy going

from point to point, a dotted 
line on a map, location 
plotted on a square surface 
but that I move surrounded by a tangle 
of branches, a net of air and alternate 
light and dark, at all times; 
that there are no destinations 
apart from this.

There are differences 
of course: the lack of reliable charts; 
more important, the distraction of small details: 
your shoe among the brambles under the chair 
where it shouldn't be; lucent 
white mushrooms and a paring knife 
on the kitchen table; a sentence 
crossing my path, sodden as a fallen log 
I'm sure I passed yesterday

(have l been 
walking in circles again?)

but mostly the danger: 
many have been here, but only 
some have returned safely.

A compass is useless; also 
trying to take directions 
from the movements of the sun, 
which are erratic; 
and words here are as pointless 
as calling in a vacant wilderness.

Whatever I do I must 
keep my head. I know 
it is easier for me to lose my way 
forever here, than in other landscapes




---------




Margaret Atwood (1939)
(Ottawa, Canadá)

The Circle Game - 1964
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