13/10/14

Griselda Garcia: "buscábamos algo que ya nos encontró..."


Album familiar


Cuando en mitad de la noche
presentimos y tocamos
y tocando descubrimos
agua, a veces crema, sangre
por un segundo dudamos
ente limpiarnos
o seguir durmiendo.

Ahora lo sabemos:
buscábamos algo
que ya nos encontró.

Ciegos como topos
nunca supimos hacia dónde.
No por eso dejamos de cavar.








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El profesor de piano


Te veo entrando
detrás el cielo morado
tu camisa muy blanca
la corbata suelta
al final del día.

El oficio hizo bellas tus manos
cómo no mirarlas
cuando las hacés volar.

Hora en que la luz baja
al cielo está por llorar.
Ajenos a todo
esperamos el agua
dejamos que el tiempo pase.








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El secreto


Como una ciega enfebrecida
te miro con los dedos
sigo tu mapa táctil
escultura móvil de agua.

No sin peligro
nos acercamos
a la felicidad.

Oírte decir mi nombre
palabra que en tu boca
me hará nueva.

Seremos una piel
vibrante y olorosa

aprenderemos
a tocarnos y sabernos

aprenderemos
a cuidarnos.








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Descripción de un estado físico


Por la lengua, dientes, paladar
transita el sonido.
En la garganta, tráquea, glotis
mora la angustia.

El suceso imprime su huella.
Luego asfixia y mutismo.
Al final, quizás
la palabra.
En el medio
horas o años
de silencio.

La mente es un manojo
de espejos rotos
sin ninguna luz cerca.








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Oración


Oigo sus levísimas campanas.
Reina está aquí.

Me arrastro a su encuentro
beso el suelo bajo sus pies.
Soy su mejor esclavo, dice
y en su palmada firme lo compruebo
en la presión de la suela sobre mi cabeza.

De rodillas soy de todos
el más fiel
el más solícito.

Reina
dame la dicha de seguir
bajo tu ley.

Dame la alegría máxima
de servirte
siempre, siempre.








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La siembra


Hice de tu abundancia
un banquete egoísta
un rito privado
una fiesta de uno.
Pude verte pero no supe
decir tu nombre
ni velar tu sueño.

Asustaba lo grave de tu canto
tu insistencia en dar verdad.
Cerré los ojos.
Borré el rastro
que llevaba a vos.

Como frutas
que había de multiplicar
me encontré, después
diciendo a otros tus palabras
amando como un animal
frágil como una larva
en su capullo.

Ahora: la siembra.
Esperaré
con la paciencia
del que deseó
y obtuvo.








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Torso desnudo de un muchacho al sol


El cuerpo se tensa
en cien fibras enloquecidas.
En el abdomen plano
dos líneas se pierden
en la espesura del pubis.
Esas líneas bastarían
para adorarlo meses.

Al final del día
buscarle las axilas, olerlo
buscarlo entre las piernas
y encontrarlo duro
pesado de semen joven.

Es verano.
La tortura de no tenerlo es dulce.








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Griselda García (1979)
Buenos Aires, Argentina.


El ojo del que mira - 2009
Ediciones La Carta de Oliver

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