24/10/14

Linda Pastan: "nuestras palabras parecen más jóvenes de lo que somos..."


Poema de amor


Quiero escribirte
un poema de amor vertiginoso
como nuestro arroyo
después del deshielo
cuando estamos
sobre sus orillas
peligrosas y lo observamos llevar
cada ramita
cada hoja seca y tallo
en su camino
cada escrúpulo
cuando lo vemos
tan crecido
desembocando
que mientras lo observamos
debemos tomarnos
el uno al otro
y retroceder
debemos tomarnos el uno
al otro o
tomar nuestros zapatos
empapados debemos
tomarnos el uno al otro









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Después de una ausencia


Después de una ausencia que no fue culpa de nadie
somos tímidos uno con el otro,
y nuestras palabras parecen más jóvenes de lo que somos,
como si debiéramos volver al momento en que nos conocimos
y trabajar nosotros mismos de vuelta al presente,
la forma en que nunca leíste un cuento
desde el lugar en que lo dejaste
pero siempre empezás el libro de nuevo.
Quizá deberíamos haber permanecido
atados como alpinistas
por el cable de seguridad del teléfono,
marca nuestra propia pequeña rueda de plegaria,
nuestras voces menos fantasmales a través de las millas,
menos delicadas de lo que son ahora.
Había olvidado el gris en tus rizos,
esa salpicadura de invierno sobre tu cara,
recordando al hombre más joven
que solías ser.

Y me siento vieja y ordinaria,
teniendo que pensar otra vez en la comida para la cena,
en los animales para ser atendidos, toda la marea
de la vida cotidiana oculta pero peligrosa
tirando abajo de los dos tan firme.
He soñado con nuestra cama
como si se tratara de una costa donde estaríamos lavados,
no este colchón rayado
debemos cubrirlo con sábanas. Me había olvidado
de todos los viejos negocios entre nosotros,
como el correo no respondido durante tanto tiempo que el silencio
se convierte en elocuente, un mensaje propio.
Incluso me había olvidado cómo el amor matrimonial
es un territorio más misterioso
cuanto más se explora, como uno de esos terrenos
de los que leés, un jardín en el desierto
donde parás a beber, sin saber
si tu boca se llenará de agua o arena.









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En el jardín


¿Cómo distinguimos las flores de las malas hierbas
ahora que la vieja igualdad del espacio
ha terminado en el jardín, y las semillas
de algodoncillo y margarita se dispersaron en desgracia?
¿Es el estambre, el pétalo, o la hoja
al igual que la antigua firma de Caín
que marca la carne de las flores silvestres, a su pesar
así como la orquídea florece en la fama?
Y Esaú era la flor silvestre de su clan,
Y Jacob era el hermano que fue elegido.
Así aprendemos a distinguir al hombre del hombre
Como los botánicos, nuestras categorías congeladas.
Pero en una sola mañana las rosas mueren
mientras los dientes de león y la mala hierba se multiplican.









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A una hija abandonando la casa


Cuando a los ocho años
te enseñé a andar
en bicicleta, trotando
a tu lado
mientras tambaleabas
sobre las dos ruedas redondas,
mi propia boca redondeada
de sorpresa cuando saliste
adelante por el camino
curvado del parque,
Seguí esperando
por el ruido
de tu caída cuando
corría para atajarte,
mientras creciste
más pequeña, más frágil
con distancia,
chocando, chocando
por tu vida, gritando
de risa,
el pelo aleteando
detrás de vos como un
pañuelo haciendo
un adiós.









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Los pájaros


se dirigen al sur, empujados
por una brújula en los genes.
Ellos no se dejan engañar
por este raro noviembre de verano,
aunque estamos en nuestras puertas
vistiendo ropa de algodón.
Los estamos observando

mientras bajan y se juntan-
la sombra de las alas
cae sobre el corazón.
Cuando se mueven ligeramente entre
las ramas peladas, los árboles
deben pensar que volvieron
sus hojas perdidas.

Los pájaros se dirigen al sur,
instinto es la historia más antigua.
Vuelan sobre sus dobles,
las veletas de silencio,
enseñándonos
con sus colas emplumadas
el norte verdadero.









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El paraíso imperfecto


Si Dios hubiera dejado de trabajar después del quinto día
con el Edén lleno de verduras y frutas,
si los robles y lilas hubieran dominado
más de un reino hecho de tallos y raíces,
si el paisaje era el genio de la creación
y ni el hombre ni la serpiente jugaron un papel
y Dios tuvo que mirar al viento de la lamentación
y no una tarjeta postal del alma,
¿Habría descansado en la orilla de su nube
con nada en el universo que perder,
o tendría hambre de una multitud humana?
¿Qué elegiría un sabio y justo creador:
las hosannas verdes de una hoja en ciernes
o el contrato estricto entre el amor y el dolor?









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La forma en que las hojas siguen cayendo


Es noviembre
y temprano - hora de ir a trabajar.
Siento el pequeño látigo
de mi conciencia golpear
mientras estoy a la ventana observando
la gran cosecha de hojas.
Mi vecino al otro lado de la calle,
su soplador de hojas ya rugiente,
intenta poner orden
desde el caos de la decoloración.
Él parece valiente y un poco tonto.
Es casi una marea, la forma
en que las hojas siguen cayendo
ola tras ola a la tierra.

En el Edén no había
estaciones, y a veces
pienso que fue la prolijidad
de ese jardín
que Eva odiaba, todas las etiquetas de madera
con los nuevos nombres de las plantas y los árboles.
Sin embargo, también soy hija de Adán
y me gusta el orden, aunque
los márgenes de mis poemas
son desiguales, y yo estoy acá
toda la mañana observando las hojas.








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En lo profundo de estos bosques


Cariño, ¿cómo hacés crecer tu jardín
en lo profundo de estos bosques, ahogándose en tanta sombra
que incluso apenas pueden las manzanas ser lentas
para elevarse por encima de las sombras donde vadean?
¿Sos una amenaza para todos los árboles vivientes?
Nos apoyamos contra dos troncos, por la espalda
pero a través de tu cara curtida es lo que veo
sé que en algún lugar ocultás un hacha.
¿Cuando él planeó el Eden hizo que el gran Dios conciba
las flores que florecen sin necesidad de la luz?
¿Y no había nada que Adán ocultara de Eva?
¿Y no florecen los ciros por la noche?
Colocás unas lilas arrancadas en mi mano
y sacrificás un roble. Casi entiendo.








(versiones en castellano: Hugo Zonáglez)




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Love Poem


I want to write you
a love poem as headlong
as our creek
after thaw
when we stand
on its dangerous
banks and watch it carry
with it every twig
every dry leaf and branch
in its path
every scruple
when we see it
so swollen
with runoff
that even as we watch
we must grab
each other
and step back
we must grab each
other or
get our shoes
soaked we must
grab each other 









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After an Absence


After an absence that was no one's fault
we are shy with each other,
and our words seem younger than we are,
as if we must return to the time we met
and work ourselves back to the present,
the way you never read a story
from the place you stopped
but always start each book all over again.
Perhaps we should have stayed
tied like mountain climbers
by the safe cord of the phone,
its dial our own small prayer wheel,
our voices less ghostly across the miles,
less awkward than they are now.
I had forgotten the grey in your curls,
that splash of winter over your face,
remembering the younger man
you used to be.

And I feel myself turn old and ordinary,
having to think again of food for supper,
the animals to be tended, the whole riptide
of daily life hidden but perilous
pulling both of us under so fast.
I have dreamed of our bed
as if it were a shore where we would be washed up,
not this striped mattress
we must cover with sheets. I had forgotten
all the old business between us,
like mail unanswered so long that silence
becomes eloquent, a message of its own.
I had even forgotten how married love
is a territory more mysterious
the more it is explored, like one of those terrains
you read about, a garden in the desert
where you stoop to drink, never knowing
if your mouth will fill with water or sand.









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In the Garden


How do we tell the flowers from the weeds
Now that the old equality of space
Has ended in the garden, and the seeds
Of milkweed and daisy scatter in disgrace?
Is it the stamen, petal, or the leaf
That like the ancient signature of Cain
Marks the flesh of wildflowers, to their grief
Just as the orchid blossoms into fame?
And Esau was the wildflower of his clan,
And Jacob was the brother who was chosen.
So we learn to distinguish man from man
Like botanists, our categories frozen.
But in a single morning roses die
While dandelions and chokeweed multiply.









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To a Daughter Leaving Home


When I taught you
at eight to ride
a bicycle, loping along
beside you
as you wobbled away
on two round wheels,
my own mouth rounding
in surprise when you pulled
ahead down the curved
path of the park,
I kept waiting
for the thud
of your crash as I
sprinted to catch up,
while you grew
smaller, more breakable
with distance,
pumping, pumping
for your life, screaming
with laughter,
the hair flapping
behind you like a
handkerchief waving
goodbye.









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The Birds


are heading south, pulled
by a compass in the genes.
They are not fooled
by this odd November summer,
though we stand in our doorways
wearing cotton dresses.
We are watching them

as they swoop and gather—
the shadow of wings
falls over the heart.
When they rustle among
the empty branches, the trees
must think their lost leaves
have come back.

The birds are heading south,
instinct is the oldest story.
They fly over their doubles,
the mute weathervanes,
teaching all of us
with their tailfeathers
the true north.









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The Imperfect Paradise


If God had stopped work after the fifth day
With Eden full of vegetables and fruits,
If oak and lilac held exclusive sway
Over a kingdom made of stems and roots, 
If landscape were the genius of creation
And neither man nor serpent played a role
And God must look to wind for lamentation
And not to picture postcards of the soul, 
Would he have rested on the bank of his cloud
With nothing in the universe to lose, 
Or would he hunger for a human crowd?
Which would a wise and just creator choose:
The green hosannas of a budding leaf
Or the strict contract between love and grief?









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The Way the Leaves Keep Falling


It is November
and morning - time to get to work.
I feel the little whip
of my conscience flick
as I stand at the window watching
the great harvest of leaves.
Across the street my neighbor,
his leaf blower already roaring,
tries to make order
from the chaos of fading color.
He seems brave and a bit foolish.
It is almost tidal, the way
the leaves keep falling
wave after wave to earth.

In Eden there were
no seasons, and sometimes
I think it was the tidiness
of that garden
Eve hated, all the wooden tags
with the new names of plants and trees.
Still, I am Adam's child too
and I like order, though
the margins of my poems
are ragged, and I stand here
all morning watching the leaves.









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Deep in These Woods


Darling, how do you make your garden grow
Deep in these woods, drowning in so much shade
That even hardly may apples are slow
To rise above the shadows where they wade?
Are you a threat to every living tree?
We lean against two trunks, resting our backs
But through your craggy face is what I see
I know that somewhere you conceal an axe.
When he planned Eden did great God conceive
Flowers that flourish with no need of light?
And was there nothing Adam hid from Eve?
And doesn’t the cereus bloom at night?
You place a burst of lilac in my hand
And sacrifice an oak. I almost understand.








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Linda Pastan (1932)
New York, Estados Unidos.


The Imperfect Paradise - 1988
W. W. Norton & Company, New York, Estados Unidos.

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Hable o calle para siempre