19/12/14

Daniel Oblitas: "donde las profecías pronostican nuestro ahogo..."


Aneurisma


Ellos ya me creen dormido
hablan de sondear la arteria
abriéndome la espalda a pinchazos
y el mar golpeándome el pecho
en este quirófano invernal

adormecida carne
servida en la camilla
donde la hoja del bisturí
mortaja con su ciencia

y más allá de toda esta anestesia
sé que volveré a ver mi horizonte
de pie ante el suelo que me enseñó a caminar

abatidos los párpados
descienden como cascadas
de una blanca luz artificial
en áridas montañas
grises por un cielo seco

mientras un viento me tira de los pelos
abrazo una gigante piedra
y le pido que me lleve
a un pacífico océano
donde pueda sumergirme
y luego volver a la superficie

al despertar
cobijado por las frazadas
la ventana trasluce la noche
con un sosiego celeste
y siento el céfiro labial
de un beso húmedo








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El mar que se aproxima


espero que con toda esa agua
que se acerca impetuosa
estés nadando en busca mío
dulce acuática que alguna vez
me dejaste en el filo del océano

el cielo viene desbordándose como alud
y un inmenso azul se derrite
desprendiendo los hemisferios
los rayos surgen de esa extensión oscura
detellando mi paisaje tormentoso

no tengo más esa armonía soleada
con brotes de jardín crecido
soy una naranja partida al medio
cortada con el filo de una mano








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Dimensión fulgúrea


La imperiosa estrella
proyecta los últimos rayos
dejando los ladrillos calientes

y los altos postes
encienden el ojo
como cíclopes de neón

la jornada diaria ha dejado
su transpiración en el ambiente
inflamando las sombras

la calle con su profunda tiniebla
entona rituales
que se desatan deliberadamente

nuestra ventana encendida
despliega fucilazos
en la oscuridad donde muchos
duermen de cansancio








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Sugestión acústica


tu afinada lengua
provocando vibraciones
y tus piernas armoniosas
agitando el suelo

el efecto desato en mí
una resonante tentación
que concibe mi semblante de gozo

sabemos que la noche agudiza los sentidos
que la atracción es una fuerza conmovedora

al escucharte que le das
al aire que te atraviesa








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La resignación


como miembro vitalicio
de la clase laboral
me resigno a estar en el mostrador
saludando cordialmente los parroquianos

pero les confieso :
me gustaría ser el hijo de Al capone
vivir de su patrimonio
apadrinando fiestas indecorosas

dándole de beber
a cualquier sediento
cansado de su condición








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Hospital Naval


la embarcación de cemento
sobre el asfalto se muestra impotente
y ni los vientos más tormentosos pueden moverlo

en sus ventanas esféricas
el afuera se refleja
como giros sucesivos

las chicas de traje blanco
y guantes acrílicos
nos incrustan sus jeringas
cargadas de anestesia

mientras mis venas absorben el suero
me veo aislado en este navío
como uno de los muchos tripulantes
que aguardan echados en camas altas
para irse nadando en un sueño
o salir caminando








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Durmiendo de día


al abrir los ojos
los sueños se pierden
como una descarga eléctrica
y el humo que sale de mis pestañas
se desvanece con los fantasmas en la luz

duermo de día
espero la noche
mi cama se niega a soltarme
con sus frazadas me atrapa
tomando la forma de mi cuerpo

despertar solo
es como perderse en un desierto
el agua que crees ver
no es más que la misma arena
que te raspa la garganta

pero al lado de tu cuerpo
la naturaleza es aun más salvaje
y tengo ganas
de que cada respiración
sea como un tornado
que vuelve a enredarme los cabellos








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Hilando nuestro goce


pétalo por pétalo
deshojo las flores de tu vestido

dejando los trocitos de algodón
deshilándose entre mis dedos

despojándose del jardín tejido
para que aflores amazónica
ante mis ojos








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Invierno matinal


para él que me enseñó a trabajar
le deseo el doble de mis molestias
espero que siga ocupado
y cumpliendo horario

lo evoco
con mis labios partidos
por este invierno matinal
prensado en un autobús
marcho con el resto
a consumar mi pena








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El hombre que empuja la camilla


por los pasillos blancos
de luces frías
un hombre saludable
va empujando la camilla

él conoce el camino
sabe hacia dónde va
pero no sabe a dónde me lleva

sin apuro
con auriculares en los oídos
no escucha mis preguntas

solemne en aplicar su fuerza
no repara en los ojos que se hunden
en el chillido del camino








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Decibelio corporal


en los altos decibeles
el suelo pierde estabilidad
y el espíritu toma
sórdidas fantasías corporales

las mujeres blancas
gritan obscenas
al cuerpo oscuro
que afinado se mueve
con el brillo de su piel húmeda

y el ritmo va alterando el clima
donde la eternidad se hace el instante
de esta lujuria sonora
a la que nadie teme entregarse








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Tu verano en el océano


no dejes que el mar
te convierta en sirena
       acá en la urbe
los autos pasan encima de la gente
y las modernas estructuras empiezan a oxidarse

pero cuando las calles
se muestran despejadas
puede sentirse de a poco
cómo fluye el magnetismo

antojado de tu brisa
en mi cuerpo siento tu marea
y pienso en toda esa agua
donde las profecías pronostican nuestro ahogo









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Daniel Oblitas (1983-2011)
Lima, Perú.

Céfiro labial - 2010
Editorial: Huesos de Jibia.

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