30/12/15

Tracy K. Smith: "¿De qué sueño del mundo te libraste?..."


El clima en el espacio


¿Es Dios un ser o una fuerza pura? ¿El viento
o lo que lo maneja? Cuando vivimos lentos
y podemos mantener todo lo que amamos, se expande
en nuestro regazo como un muñeco desgarbado. Cuando la tormenta
patea y nada es nuestro, vamos persiguiendo
después de todo, estamos seguros de perder, tan vivos
con rostros radiantes de pánico.








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Ciencia ficción


No habrá bordes, sino curvas.
Líneas limpias apuntando sólo hacia adelante.

La historia, con su dura columna vertebral y las esquinas
dobladas, serán reemplazados por matices,

Como los dinosaurios dejaron paso
a montones y montones de hielo.

Las mujeres seguirán siendo mujeres, pero
la distinción estará vacía. El sexo,

habiendo sobrevivido a cada amenaza, se gratificará
sólo la mente, que es en donde existirá.

Para patear, bailaremos para nosotros mismos
ante espejos con incrustaciones de bombillas de oro.

La más antigua entre nosotros se le reconocerá ese brillo-
pero la palabra sol habrá sido reasignada

al dispositivo de neutralización estándar uranio
encontrada en asilos y hogares.

Y sí, vamos a vivir mucho más, gracias
al consenso popular. Ingrávido, trastornado,

eones de incluso nuestra propia luna, navegaremos
en la bruma del espacio, que será, de una vez

y para todos, escrutable y seguro.








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Ello y co


Somos una parte de ello. No huéspedes.
¿Somos nosotros, o lo que nos contiene?
¿Cómo puede ser otra cosa que una idea,
algo se tambalea en la columna vertebral
del número uno? Es elegante
pero evasivo. Evita los extremos embotados
de nuestros dedos mientras señalamos. Hemos
ido a buscarlo por todas partes:
en Biblias y anchos de banda que florece
como una herida desde el fondo del océano.
Aún así, resiste la cuestión de falso vs real.
Dudando de nuestro afán, es in-
apacible. Es como algunas novelas:
vasto e ilegible.








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Máquina salvadora


Pasé dos años sin mirar
el espejo en su oficina.
Hablando, en cambio, a mis manos
o una almohada en mi regazo. Mirando arriba
de vez en cuando para dejar salir una risa.
Poco a poco se sentía como una cita con un amigo,
lo que significaba que era hora de terminar.

Dos años después, lo vi caminando
por la calle Jay hacia el sol. Sin chaqueta,
su cara un poco agrietada por el viento.
Se veía como un hombre común que llevaba
camisas de casa a la lavandería, sonriendo
sobre algo que su hija había dicho
temprano esa mañana. Mucho antes

de que existieras para mí, eras una teoría.
Ahora lo sé todo: las palabras que odias.
Dónde te pica en la noche. En el pasillo,
hay cinco fotos de tu difunta esposa.
Esto es lo que entendemos por compartir una vida. Aún,
de vez en cuando, pienso en él observándome
por encima de sus anteojos, o comiendo caramelos

de un frasco. Recuerdo que le agradecí cada vez
que la sesión terminaba. Pero sobre todo lo que veo
es una mano humana levantando
un guijarro de mi lengua.








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La buena vida


Cuando algunas personas hablan de dinero
lo hacen como si fuera un amante misterioso
que sale a comprar leche y nunca
vuelve, y me hace sentir nostalgia
por los años que viví de café y pan,
siempre con hambre, caminando al trabajo el día de pago
como una mujer viajando por el agua
de un pueblo sin un pozo, después viviendo
una o dos noches como todos los demás
de pollo asado y vino tinto.








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Cuando su pequeña forma cayó en mí


Yo estaba desparramada en la cama como una alfombra de caza mayor:
boca abajo, las piernas abiertas. Era invierno.
Cada día. Tu padre bajó los pies al suelo.
Los niños arriba arrastraron algo de un lado a otro
sobre ruedas chillando. Yo estaba vacía, llevada
por cualquier oleaje, remolinando, y luego rota
noche tras noche en ese cuarto. Debiste haberlo visto
lo que parecía eterno, queriendo ser
lo que pasamos de un lado a otro entre nosotros como fuego.
queriendo peso, deseando deseo, agonizando
para descender en la carne, la culpa, la breve éxtasis del ser.
¿De qué sueño del mundo te libraste?
¿Qué aumentó, y qué dolió, cuando destinaste tu voluntad
en el sí de mi cuerpo vivo como ése sobre las sábanas?








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La velocidad de la creencia

en memoria, Floyd William Smith 1935-2008


Cuando murió tu dulce padre
te despertaste antes del amanecer
y te comiste medio plato de huevos y sémola,
y bebiste un vaso de leche.

Después de que te fuiste, me senté en tu lugar
y terminaste unas tostadas con mermelada
y huevos fríos, el tocino grueso
bridas en grasas, saboreando el gusto.

Después me dormí, tan joven para saber cuán estrecho
y serio parecía el camino delante de vos-
Todas las casas selladas, las pocas nubes
de la noche enturbian como café frío.

Te quedaste ido una semana, y ¿qué éramos nosotros
sin tu perfil limpio que nos roba
algo que nos hizo temer?
Un vecino te envió una torta. Comimos

los pollos horneados, los jamones endulzados.
Inclinamos nuestras cabezas y rezamos
que vuelvas sana y salva,
sabiendo lo que sería.








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La grandeza que no podemos ver


Cuando nuestra risa derrape por el suelo
como granos arrancados de la garganta de una chica,
¿qué espera donde la risa se junta?

Y más tarde, cuando los dientes de sierra respiren
nos tumben en una cama de hojas, ¿qué alimenta
con enfoque incesante en las hojas?

Es sólida, aún permeable, como un estado de ánimo.
como Dios, no tiene rostro. Como la lujuria,
parpadea sin un pinchazo de culpa.

Nos movemos dentro y fuera de los cuartos, dejando
nuestro polvo, nuestras voces agrupadas en alféizares.
Corremos de puerta en puerta en un aguacero

de días. Los viejos árboles crecen, sus troncos gruesos
con nuevos anillos. Todo lo que vemos crecer
por el suelo. Y todos vivimos ciegos

inclinamos su peso inmortal para nuestros oídos
                                                                              y canta.








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El universo es una fiesta en una casa


El universo se está expandiendo. Mirá: postales
y bragas, botellas con lápiz labial en los picos,

medias huérfanas y servilletas secas en nudos.
Con rapidez, sin palabras, todo lo mezclaron en un archivo

con ondas de radio de hace una generación,
naufragando hasta el límite de lo que no termina,

como el aire dentro de un globo. ¿Es brillante?
¿podrán nuestros ojos cerrarse? ¿está fundido, atómico,

una explosión de soles? Suena como una clase de fiesta
tus vecinos se olvidaron de invitarte: los graves que vibran

a través de las paredes, y todos barullan borrachos
en los techos. Machacamos lentes a una fuerza imposible,

apuntándolos hacia el futuro, y el sueño de los seres
nos darán la bienvenida con hospitalidad infatigable:

¡Qué maravilloso que hayas venido! No vamos a flaquear
a las bocas pinchadas, las protuberancias de miembros. Nos levantamos,

gráciles, robustos. "Mi casa es su casa"*. Nunca más sincero.
viéndonos, sabrán exactamente lo que queremos decir.

por supuesto, es nuestra. Si se trata de cualquiera, es nuestra.




*original en español








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Catedral kitsch


¿Dios ama el oro?
¿Él devuelve el brillo
a sí mismo desde las paredes
como estas, hojeados
en la riqueza más suave de la tierra?

Las mujeres encienden velas,
rezan en su puñado de perlas.
Las cámaras escupen luz humana
en la inmensa oscuridad santa,

y lo que devuelve el brillo
es alto y frío. Siento
el hombre acá. El mismo deseo
que nombraron los planetas.

El hombre con zapatos y herramientas,
Su insistencia para probar que existimos
como Dios, en lo amplio
y lo pequeño, lo grande

y lo rasgado. En los acordes
que surgen de las altas tuberías de cobre,
y el coro de latas aplastadas
que alguien arrastra sobre adoquines
en la calle secular.








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Museo de la obsolescencia 


Tanto que una vez codiciamos. Tanto
que eso nos habría salvado, pero vivimos,

en vez, su propio corto lapso, volviendo
a lo inútil con la aquiescencia muda

de cambiar la piel. Nos observa que lo observamos:
nuestros ojos defectuosos, nuestro calor delator, los corazones

latiendo a través de nuestras camisas. Estamos acá
riéndonos de las baratijas, las herramientas ingenuas,

las réplicas de réplicas apiladas como ladrillos.
Hay dinero verde, y aceite en tambores.

Ollas de miel robadas de una tumba. Libros
que relatan guerras, mapas de estrellas esfumadas.

En el ala sur, hay una pequeña habitación
donde un hombre que vive se sienta a la pantalla. Pide,

y describirá las viejas creencias. Si vos
reís, bajará la cabeza a sus manos

y suspirará. Cuando muera, lo reemplazarán
con un vídeo en un loop infinito.

Instalaciones especiales van y vienen. "Amor"
fue una temporada, seguido de "enfermedad"

conceptos difíciles de entender. La última cosa que ves
(Después de un espejo - ¿la idea de alguien de una broma?)

es una imagen del viejo planeta tomadas desde el espacio.
En el exterior, los vendedores pregonan camisetas, tres por ocho.








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El universo como grito primal


Las 5 pm en la nariz. Ellos abren la boca
y lanzan: alto, estridente y metálico.
Primero el niño, y después su hermana. De vez en cuando,
ambos lo sueltan a la vez, y pienso
ponerme los zapatos para subir y ver
si se trata sólo de un experimento
que sus padres han realizado
sobre el buen cristal, que sin duda
debe estar destrozado en el suelo.

Tal vez la madre todavía esté orgullosa
de los cuatro pulmones rosados que cuidó
para tales fuerzas. Quizás, si golpean
el decibel mágico, todo el edificio
despegará, y vamos a ir a la gloria
como Elías. Si eso es todo -si esto es lo que
sus gritos martillan- dejá el cielo
pasar del azul al rojo, de oro fundido,
al negro. Dejá que se acerque el cielo que heredamos.

Ya se trate de nuestros muertos con ropas del Antiguo Testamento,
o una puerta abierta que da al espacio de infinidades turbulentas.
Si se doblegará para recibirnos como un padre,
o nos trague como un horno. Estoy listo
para conocer lo que se niega a dejarnos sin nada
por mucho. Lo que nos burla de bendiciones,
nos dobla de dolor. Mago, ladrón, el gran
viento se precipita para golpear nuestros espejos en el suelo,
para barrer nuestras vidas cortas y limpias. Qué significa

que nuestra raqueta aparece al lado. Mi música en modo aleatorio.
El vecino que corta las cebollas a través de una pared.
Todo en un hipo en contra de lo que nunca puede
venir para nosotros. Y los chicos arriba todavía,
gritando como el amanecer del hombre, parece
que no tuvieran nombres porque empezaron a insistir
el haber nacido.








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Toma alternativa
para Levon Helm


He estado repitiendo en mi cabeza todo el día las mismas seis líneas,
separadas y reducidas a nada como un lápiz desgastado
masticado y limado, pintura amarilla que salpica en mis dientes.

Y todo este tiempo un viento tibio ha estado golpeando a mi puerta,
escupió de su boca y aterrizó justo contra mi oído.
todo el día apaleando al diablo de seis líneas y secándolo,

mientras él maneja en círculos a través de los bosques de mi mente con esa
sucia voz del camino, levantando grava como un fugitivo en un Buick.
Me pide que Debería entrar con ese ritmo de nuevo, cuales quiera que sean

las seis líneas se fueron deslizando como agua sobre grasa caliente.
Entra, Levon, con tus labios estirados apretados y ese gesto de cerdo en los ojos,
el bajo como maza golpeando a la batería. Recostate, como vos sabés

ya sabés cómo, hombros levantados con suavidad, el mentón inclinado hacia atrás
así la canción tiene que escalar su salida como un hombre de una mina.








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El universo: Banda Sonora Original


La primera pista todavía casi se mueve. High hat y redoblante, incluso
unas líneas de saxo la estratosfera lo chamuscará muy pronto.

Cuerdas sintetizadas. Después algo como celofán
entrando como si se enganchara a un zapato. Se arruga y arrastra. Ruido blanco,

Ruido Negro. Las que deben ser voces se levantan, después caen, como virutas de metal
en la melaza. Demasiado para nosotros. Demasiado para las banderas que nos aburrieron

en planetas secos como tiza, para las latas llenamos con fuego
y cabalgamos como vaqueros en todo lo que tratamos de domar. Escuchá:

la oscuridad que sólo imaginamos ahora audible, tamborileando,
veteada con estática como carne cartilaginosa. Un coro de motores se mezcla.

Burlas silenciosas: un desafío. Todo lo que desaparece
desaparece como si retornara a algún lado.







(versiones en castellano: Hugo Zonáglez)


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The Weather in Space


Is God being or pure force? The wind
Or what commands it? When our lives slow
And we can hold all that we love, it sprawls
In our laps like a gangly doll. When the storm
Kicks up and nothing is ours, we go chasing
After all we’re certain to lose, so alive—
Faces radiant with panic.








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Sci-Fi


There will be no edges, but curves.
Clean lines pointing only forward.

History, with its hard spine & dog-eared
Corners, will be replaced with nuance,

Just like the dinosaurs gave way
To mounds and mounds of ice.

Women will still be women, but
The distinction will be empty. Sex,

Having outlived every threat, will gratify
Only the mind, which is where it will exist.

For kicks, we'll dance for ourselves
Before mirrors studded with golden bulbs.

The oldest among us will recognize that glow—
But the word sun will have been re-assigned

To the Standard Uranium-Neutralizing device
Found in households and nursing homes.

And yes, we'll live to be much older, thanks
To popular consensus. Weightless, unhinged,

Eons from even our own moon, we'll drift
In the haze of space, which will be, once

And for all, scrutable and safe.








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It & Co.


We are a part of It. Not guests.
Is It us, or what contains us?
How can It be anything but an idea,
Something teetering on the spine
Of the number i? It is elegant
But coy. It avoids the blunt ends
Of our fingers as we point. We
Have gone looking for It everywhere:
In Bibles and bandwidth, blooming
Like a wound from the ocean floor.
Still, It resists the matter of false vs. real.
Unconvinced by our zeal, It is un-
Appeasable. It is like some novels:
Vast and unreadable.








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Savior Machine


I spent two years not looking
Into the mirror in his office.
Talking, instead, into my hands
Or a pillow in my lap. Glancing up
Occasionally to let out a laugh.
Gradually it felt like a date with a friend,
Which meant it was time to end.

Two years later, I saw him walking
Up Jay Street into the sun. No jacket,
His face a little chapped from wind.
He looked like an ordinary man carrying
Shirts home from the laundry, smiling
About something his daughter had said
Earlier that morning. Back before

You existed to me, you were a theory.
Now I know everything: the words you hate.
Where you itch at night. In our hallway,
There are five photos of your dead wife.
This is what we mean by sharing a life. Still,
From time to time, I think of him watching me
From over the top of his glasses, or eating candy

From a jar. I remember thanking him each time
The session was done. But mostly what I see
Is a human hand reaching down to lift
A pebble from my tongue.








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The Good Life


When some people talk about money
They speak as if it were a mysterious lover
Who went out to buy milk and never
Came back, and it makes me nostalgic
For the years I lived on coffee and bread,
Hungry all the time, walking to work on payday
Like a woman journeying for water
From a village without a well, then living
One or two nights like everyone else
On roast chicken and red wine.








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When Your Small Form Tumbled into Me


I lay sprawled like a big-game rug across the bed:
Belly down, legs wishbone-wide. It was winter.
Workaday. Your father swung his feet to the floor.
The kids upstairs dragged something back and forth
On shrieking wheels. I was empty, blown-through
By whatever swells, swirling, and then breaks
Night after night upon that room. You must have watched
For what felt like forever, wanting to be
What we passed back and forth between us like fire.
Wanting weight, desiring desire, dying
To descend into flesh, fault, the brief ecstasy of being.
From what dream of world did you wriggle free?
What soared—and what grieved—when you aimed your will
At the yes of my body alive like that on the sheets?








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The Speed of Belief

In memoriam, Floyd William Smith 1935–2008


When your own sweet father died
You woke before first light
And ate half a plate of eggs and grits,
And drank a glass of milk.

After you’d left, I sat in your place
And finished the toast bits with jam
And the cold eggs, the thick bacon
Flanged in fat, savoring the taste.

Then I slept, too young to know how narrow
And grave the road before you seemed—
All the houses zipped tight, the night’s
Few clouds muddy as cold coffee.

You stayed gone a week, and who were we
Without your clean profile nicking away
At anything that made us afraid?
One neighbor sent a cake. We ate

The baked chickens, the honeyed hams.
We bowed our heads and prayed
You’d come back safe,
Knowing you would.








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The Largeness We Can't See 


When our laughter skids across the floor
Like beads yanked from some girl's throat,
What waits where the laughter gathers?

And later, when our saw-toothed breaths
Lay us down on a bed of leaves, what feeds
With ceaseless focus on the leaves?

It's solid, yet permeable, like a mood.
Like God, it has no face. Like lust,
It flickers on without a prick of guilt.

We move in and out of rooms, leaving
Our dust, our voices pooled on sills.
We hurry from door to door in a downpour

Of days. Old trees inch up, their trunks thick
With new rings. All that we see grows
Into the ground. And all we live blind to

Leans its deathless heft to our ears
                                                         and sings.








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The Universe Is a House Party


The universe is expanding. Look: postcards
And panties, bottles with lipstick on the rim,

Orphan socks and napkins dried into knots.
Quickly, wordlessly, all of it whisked into file

With radio waves from a generation ago,
Drifting to the edge of what doesn’t end,

Like the air inside a balloon. Is it bright?
Will our eyes crimp shut? Is it molten, atomic,

A conflagration of suns? It sounds like the kind of party
Your neighbors forget to invite you to: bass throbbing

Through walls, and everyone thudding around drunk
On the roof. We grind lenses to an impossible strength,

Point them toward the future, and dream of beings
We’ll welcome with indefatigable hospitality:

How marvelous you’ve come! We won’t flinch
At the pinprick mouths, the nubbin limbs. We’ll rise,

Gracile, robust. Mi casa es su casa. Never more sincere.
Seeing us, they’ll know exactly what we mean.

Of course, it’s ours. If it’s anyone’s, it’s ours.








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Cathedral Kitsch


Does God love gold?
Does he shine back
At Himself from walls
Like these, leafed
In the earth’s softest wealth?

Women light candles,
Pray into their fistful of beads.
Cameras spit human light
Into the vast holy dark,

And what glistens back
Is high up and cold. I feel
Man here. The same wish
That named the planets.

Man with his shoes and tools,
His insistence to prove we exist
Just like God, in the large
And the small, the great

And the frayed. In the chords
That rise from the tall brass pipes,
And the chorus of crushed cans
Someone drags over cobbles
In the secular street.








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The Museum of Obsolescence


So much we once coveted.  So much
That would  have saved us, but lived,

Instead, its own quick span, returning
To uselessness with the mute acquiescence

Of shed skin.  It watches us watch it:
Our faulty eyes, our telltale heat, hearts

Ticking through our shirts.  We’re here
To titter at the gimcracks, the naive tools,

The replicas of replicas stacked like bricks.
There’s green money, and oil in drums.

Pots of honey pilfered from a tomb.  Books
Recounting the wars, maps of fizzled stars.

In the south wing, there’s a small room
Where a living man sits on display.  Ask,

And he’ll describe the old beliefs.  If you
Laugh, he’ll lower his head to his hands

And sigh.  When he dies, they’ll replace him
With a video looping ad infinitum.

Special installations come and go.  “Love”
Was up for a season, followed by “Illness,”

Concepts difficult to grasp.  The last thing you see
(After a mirror — someone’s idea of a joke?)

Is an image of the old planet taken from space.
Outside, vendors hawk t-shirts, three for eight.








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The Universe as Primal Scream


5pm on the nose. They open their mouths
And it rolls out: high, shrill and metallic.
First the boy, then his sister. Occasionally,
They both let loose at once, and I think
Of putting on my shoes to go up and see
Whether it is merely an experiment
Their parents have been conducting
Upon the good crystal, which must surely
Lie shattered to dust on the floor.

Maybe the mother is still proud
Of the four pink lungs she nursed
To such might. Perhaps, if they hit
The magic decibel, the whole building
Will lift-off, and we'll ride to glory
Like Elijah. If this is it—if this is what
Their cries are cocked toward—let the sky
Pass from blue, to red, to molten gold,
To black. Let the heaven we inherit approach.

 Whether it is our dead in Old Testament robes,
Or a door opening onto the roiling infinity of space.
Whether it will bend down to greet us like a father,
Or swallow us like a furnace. I'm ready
To meet what refuses to let us keep anything
For long. What teases us with blessings,
Bends us with grief. Wizard, thief, the great
Wind rushing to knock our mirrors to the floor,
To sweep our short lives clean. How mean

Our racket seems beside it. My stereo on shuffle.
The neighbor chopping onions through a wall.
All of it just a hiccough against what may never
Come for us. And the kids upstairs still at it,
Screaming like the Dawn of Man, as if something
They have no name for has begun to insist
Upon being born.








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Alternate Take

          for Levon Helm


I’ve been beating my head all day long on the same six lines,
Snapped off and whittled to nothing like the nub of a pencil
Chewed up and smoothed over, yellow paint flecking my teeth.

And this whole time a hot wind’s been swatting at my door,
Spat from his mouth and landing smack against my ear.
All day pounding the devil out of six lines and coming up dry,

While he drives donuts through my mind’s back woods with that
Dirt-road voice of his, kicking up gravel like a runaway Buick.
He asks Should I come in with that back beat, and whatever those

Six lines were bothered by skitters off like water in hot grease.
Come in, Levon, with your lips stretched tight and that pig-eyed grin,
Bass mallet socking it to the drum. Lay it down like you know

You know how, shoulders hiked nice and high, chin tipped back
So the song has to climb its way out like a man from a mine.








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The Universe: Original Motion Picture Soundtrack


The first track still almost swings. High hat and snare, even
A few bars of sax the stratosphere will singe-out soon enough.

Synthesized strings. Then something like cellophane
Breaking in as if snagged to a shoe. Crinkle and drag. White noise,

Black noise. What must be voices bob up, then drop, like metal shavings
In molasses. So much for us. So much for the flags we bored

Into planets dry as chalk, for the tin cans we filled with fire
And rode like cowboys into all we tried to tame. Listen:

The dark we've only ever imagined now audible, thrumming,
Marbled with static like gristly meat. A chorus of engines churns.

Silence taunts: a dare. Everything that disappears
Disappears as if returning somewhere.








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Tracy K. Smith (1972)
Falmouth, Massachusetts, Estados Unidos


Life on Mars - 2011
Graywolf Press, Minneapolis, Estados Unidos.

14/12/15

Paul Éluard: "El amor elige al amor si cambiar de rostro..."





A Gala
este libro sin fin

I

En voz alta
Se elevó el amor ligero
Con tan brillante esplendor
Que en su desván la cabeza
Tuvo miedo a confesar todo.

En voz alta
Cubrieron los cuervos de la sangre
La memoria de otros nacimientos
Después derramados en la luz
Futuro pulverizado de besos.

Imposible injusticia sólo un ser existe en el mundo
El amor elige al amor si cambiar de rostro.







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II


Sus ojos son contornos de luz
Bajo la osadía de su desnudez.

A flor de transparencia
Los cambios de pensamiento
Anulan las apagadas palabras.

Ella eclipsa todas las imágenes
Deslumbra al amor y sus sombras rebeldes
Ama -ama para olvidarse.







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III


Los todopoderosos representantes del deseo
De los graves ojos recién nacidos
Para suprimir la luz
El arco de tus senos tendido por un ciego
Que se acuerda de tus manos
Tu suave cabellera
Son en el río ignorante de tu cabeza
Caricias al filo de la piel.

Y tu boca que enmudece
Puede probar lo imposible.







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IV

Te lo he dicho para las nubes
Te lo he dicho para el árbol del mar
Para cada ola para los pájaros entre las hojas
Para los guijarros del ruido
Para las manos familiares
Para la mirada que se hace rostro o paisaje
Ya quien el sueño devuelve el cielo de su color
Para la noche entera bebida
Para la verja de los caminos
Para la ventana abierta para una frente descubierta
Te lo he dicho para tus pensamientos para tus palabras
Toda caricia toda confianza se sobreviven.







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V

Más era un beso
Menos las manos en los ojos
El halo de la luz
En los labios del horizonte
Y unos remolinos de sangre
Que se entregaban al silencio.







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VI


Tú sola y oigo la hierba de tu risa
Tú la cabeza que te conduce
Y desde la cima de los peligros de muerte
Sobre los brumosos globos de la lluvia de los valles
Bajo la densa luz bajo el cielo de la tierra
Engendras la caída.

Los pájaros ya no son un refugio suficiente
Ni la pereza ni el cansancio
El recuerdo de los débiles arroyos y los bosques
En la mañana de los caprichos
En la mañana de las caricias visibles
En la aurora de la ausencia y la caída

Las barcas de tus ojos se pierden
En el encaje de las desapariciones
El abismo se ha revelado otros han de apagarlo
Las sombras que tú creas no tienen derecho a la noche.








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VII

La tierra es azul como una naranja
No es ningún error las palabras no mienten
No os obligan a cantar
Y en vez de oírse unos besos
Unos insensatos amores
Su boca de alianza
Tiene todos los secretos todas las sonrisas
Y tan indulgentes vestidos
Que se le creería del todo desnuda.

Las avispas florecen de verde
El alba se coloca en torno al cuello
Un collar de ventanas
Y unas alas envuelven a las hojas
Tú tienes toda la alegría solar
Todo el sol de la tierra
Sobre los caminos de tu belleza.







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VIII

Mi amor por haber figurado mis deseos
Puesto tus labios en el cielo de tus palabras como un astro
Tus besos en la noche viva
Y en torno a mí la estela de tus brazos
Como una llama en señal de conquista
Mis sueños son en el mundo

Y cuando tú no estás
Sueño que duermo sueño que sueño.







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IX

Donde la vida se contempla todo está sumergido
Por encima de las coronas del olvido
El vértigo en el corazón de las metamorfosis
Una escritura de algas solares
El amor y el amor.

Tus manos hacen el día entre la hierba
Tus ojos hacen el amor en pleno día
Con las sonrisas en el talle
Y tus labios en las alas
Te colocas en el lugar de las caricias
Te colocas en el lugar de los sueños.







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X


Tan serena apagada calcinada la piel gris
Predilecta de la noche presa en sus flores de escarcha
Apenas contiene de la luz sino las formas.

Sentirse enamorada le hace estar hermosa
Sin tener que esperar la primavera.

El cansancio la noche el descanso el silencio
Todo un mundo viviente entre los astros muertos
Con la confianza en la pervivencia
Ella está siempre visible cuando ama.







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XI

Ella no sabe tender lazos
Tiene los ojos en su belleza
Tan simple tan simple es seducir
Y son sus ojos quienes la encadenan
Y es sobre mí en quien se apoya
Y es sobre ella sobre quien se arroja
La red voladora de las caricias.







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XII

La mentira que amenaza las tenaces y arriesgadas astucias
Las bocas al fondo de los pozos los ojos al fondo de las noches
Las súbitas virtudes las redes que se arrojan al azar
Los deseos de inventar ardides admirables
Las guadañas las trampas entre los cuerpos entre los labios
Las paciencias macizas las impaciencias calculadas
Todo lo que se impone y reina
Entre la libertad de amar
Y la de no amar
Todo lo que tú desconoces.







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XIII

Enamorada en secreto detrás de tu sonrisa
Desnuda las palabras de amor
Descubren tus senos y tu cuello
Tus caderas y tus párpados
Descubren todas las caricias
Para que los besos en tus ojos
Te muestren en toda tu estatura.







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XIV

El sueño ha apresado la huella
Y el color de tus ojos.







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XV

Se inclina sobre mí
Corazón ignorante
Para ver si la amo
Confía olvida
Bajo las nubes de sus párpados
Su cabeza se duerme en mis manos
Donde estamos
Juntos inseparables
Vivientes vivos
Vivientes viviendo
Y mi cabeza rueda en sus sueños.







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XVI
Bocas ávidas de los colores
Y de los besos que las dibujan
Llama hoja agua sensible
Un ala las mantiene en su palma
Una risa les derriba.







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XVII

Con una sola caricia
Te hago brillar con todo tu esplendor.







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XVIII

Vaivén de carne pasto tembloroso
En las orillas de la sangre que desgarran el día
Perseguida por la sangre nocturna
Desmelenada la garganta presa de los abusos de la tempestad
Víctima abandonada por las sombras
Por los pasos más suaves y los límpidos deseos
Su frente no será ya el reposo seguro
Ni sus ojos la gracia de soñar con su voz
Ni sus manos las manos que liberan.

Ahechada de pasión ahechada de amor sin amar a nadie
Ella se forja inconmensurables dolores
y todas sus razones para sufrir desaparecen.







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XIX


Una brisa de danzas
Por un camino sin fin
Los pasos de las hojas más veloces
Las nubes esconden tu sombra.

La boca de fuego de armiño
De hermosos dientes el fuego
Caricia color de diluvio
Tus ojos persiguen la luz.

El rayo rompe el equilibrio
Las lanzaderas del miedo
Dejan caer la noche
Al fondo de tu imagen.







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XX

Al alba te amo la noche entera en mis venas
La noche entera mirándote
Teniendo que adivinar todo seguro de las tinieblas
Que me conceden el poder
De envolverte
De agitar tu deseo de vivir
En el seno de mi inmovilidad
El poder de revelarte
De liberarte de perderte
Llama invisible en la claridad.

Si te vas la puerta se abre sobre el día
Si te vas la puerta se abre sobre mí.







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XXI

Nuestros ojos intercambian su luz
Su luz y el silencio
Hasta no reconocerse
Hasta sobrevivir a la ausencia.







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XXII

Con la frente en el cristal como a quien hace velar la pena
cielo cuya noche he traspasado
Diminutas llanuras en mis manos abiertas
En su doble horizonte inerte e insensible
Con la frente en el cristal como a quien hace velar la pena
Yo te busco más allá de la espera
Más allá de mí mismo
Y no sé -tanto te amo-
Cuál de los dos se halla ausente.







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XIII

Viaje del silencio
Desde mis manos a tus ojos

Y entre tus cabellos
Donde unas doncellas de mimbre
Se adosan al sol
Mueven los labios
Y dejan a la sombra de cuatro hojas
Alcanzar su cálido corazón de sueño.







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XXIV

La habitual
simula felicidad como el que simula ser ciego
El amor incluso cuando apenas en él se piensa
Ella está en la ribera y en todos los brazos
Eternamente
Y a su merced se halla el azar
Y el sueño de los ausentes
Ella sabe que vive
Todas las razones de vivir.







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XXV
Me separé de ti
Pero el amor me acompañó siempre
Y cuando le tendí los brazos
El dolor se hizo más amargo
Todo un árido desierto
Por separarme de mí mismo.







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XVI

He cerrado los ojos para no ver nada
He cerrado los ojos para llorar
Por no verte.
Dónde están tus manos las manos de la caricia
Dónde están tus ojos la voluntad del día
Tú perdido todo ya no estás aquí
Para iluminar la memoria de las noches.
Yo perdido todo me veo vivir.







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XXVII


Los cuervos aletean por los campos
La noche se apaga
Para una cabeza que se despierta
Los blancos cabellos el último sueño
Las manos se hacen luz de su sangre
De sus caricias

Una estrella llamada azul
Y cuya forma es terrestre

Enloquecida por los aullidos
Enloquecida por los sueños
Enloquecida por los capelos del ciclón fraterno
Infancia enloquecida por los fuertes vientos
Cómo harías la hermosa coqueta

No se reirá más
La ignorancia la indiferencia
no revelarán su secreto
Tú no sabes saludar a tiempo
Ni compararte con las maravillas
pero me oyes
Tu boca comparte mi amor
Y es por tu boca
Detrás del vaho de nuestros besos
Por donde estamos unidos.







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XVIII


Roja enamorada
Para compartir tu placer
Yo me tiño de dolor

Yo he vivido tú cierras los ojos
Te encierras en mí
Acepta entonces vivir.

Todo lo que se repite es incomprensible
Tú naces en un espejo
Delante de mi antigua imagen.







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XIX

Sería preciso que un sólo rostro
Respondiera por todos los nombres del mundo.





(versiones en castellano de Manuel Álvarez Ortega)


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à Gala
ce livre sans fin.



I


À haute voix
L’amour agile se leva
Avec de si brillants éclats
Que dans son grenier le cerveau
Eut peur de tout avouer.


À haute voix
Tous les corbeaux du sang couvrirent
La mémoire d’autres naissances
Puis renversés dans la lumière
L’avenir roué de baisers.


Injustice impossible un seul être est au monde
L’amour choisit l’amour sans changer de visage.







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II


Ses yeux sont des tours de lumières
Sous le front de sa nudité.


À fleur de transparence
Les retours de pensées
Annulent les mots qui sont sourds.
Elle efface toutes les images
Elle éblouie l’amour et ses ombres rétives
Elle aime — elle aime à s’oublier.







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III


Les représentants tout-puissants du désir
Des yeux graves nouveaux-nés
Pour supprimer la lumière
L’arc de tes seins tendu par un aveugle
Qui se souvient de tes mains
Ta faible chevelure
Est dans le fleuve ignorant de ta tête
Caresses au fil de la peau


Et ta bouche qui se tait
Peut prouver l’impossible.







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IV


Je te l’ai dit pour les nuages
Je te l’ai dit pour l'arbre de la mer
Pour chaque vague pour les oiseaux dans les feuilles
Pour les cailloux du bruit
Pour les mains familières
Pour l’œil qui devient visage ou paysage
Et le sommeil lui rend le ciel de sa couleur
Pour toute la nuit bue
Pour la grille des routes
Pour la fenêtre ouverte pour un front découvert
Je te l’ai dit pour tes pensées pour tes paroles
Toute caresse toute confiance se survivent.







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V


Plus c’était un baiser
Moins les mains sur les yeux
Les halos de lumière
Aux lèvres de l’horizon
Et des tourbillons de sang
Qui se livraient au silence.







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VI


Toi la seule et j’entends les herbes de ton rire
Toi c’est la tête qui t’enlève
Et du haut des dangers de mort
Sur les globes brouillés de pluie des vallées
Sous la lumière lourde sous le ciel de terre
Tu enfantes la chute.
Les oiseaux ne sont plus un abri suffisant
Ni la paresse ni la fatigue
Le souvenir des bois et des ruisseaux fragiles
Au matin des caprices
Au matin des caresses visibles
Au grand matin de l’absence la chute.

Les barques de tes yeux s’égarent
Dans la dentelle des disparitions
Le gouffre est dévoilé aux autres de l’éteindre
Les ombres que tu crées n’ont pas droit à la nuit.







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VII


La terre est bleue comme une orange
Jamais une erreur les mots ne mentent pas
Ils ne vous donnent plus à chanter
Au tour des baisers de s’entendre
Les fous et les amours
Elle sa bouche d’alliance
Tous les secrets tous les sourires
Et quels vêtements d’indulgence
À la croire toute nue.


Les guêpes fleurissent vert
L’aube se passe autour du cou
Un collier de fenêtres
Des ailes couvrent les feuilles
Tu as toutes les joies solaires
Tout le soleil sur la terre
Sur les chemins de ta beauté.







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VIII


Mon amour pour avoir figuré mes désirs
Mis tes lèvres au ciel de tes mots comme un astre
Tes baisers dans la nuit vivante
Et le sillage des tes bras autour de moi
Comme une flamme en signe de conquête
Mes rêves sont au monde
Clairs et perpétuels.


Et quand tu n’es pas là
Je rêve que je dors je rêve que je rêve.







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IX


Où la vie se contemple tout est submergé
Monté les couronnes d’oubli
Les vertiges au cœur des métamorphoses
D’une écriture d’algues solaires
L’amour et l’amour.


Tes mains font le jour dans l’herbe
Tes yeux font l’amour en plein jour
Les sourires par la taille
Et tes lèvres par les ailes
Tu prends la place des caresses
Tu prends la place des réveils.







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X


Si calme la peau grise éteinte calcinée
Faible de la nuit prise dans ses fleurs de givre
Elle n’a plus de la lumière que les formes.


Amoureuse cela lui va bien d’être belleElle n’attend pas le printemps.

La fatigue la nuit le repos le silence
Tout un monde vivant entre des astres morts
La confiance dans la durée
Elle est toujours visible quand elle aime.







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XI


Elle ne sait pas tendre des pièges
Elle a les yeux sur sa beauté
Si simple si simple séduire
Et ce sont ses yeux qui l’enchaînent
Et c’est sur moi qu’elle s’appuie
Et c’est sur elle qu’elle jette
Le filet volant des caresses.







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XII

Le mensonge menaçant les ruses dures et glissantes
Des bouches au fond des puits des yeux au fond des nuits
Et des vertus subites des filets à jeter au hasard
Les envies d’inventer d’admirables béquilles
Des faux des pièges entre les corps entre les lèvres
Des patiences massives des impatiences calculées
Tout ce qui s’impose et qui règne
Entre la liberté d’aimer
Et celle de ne pas aimer
Tout ce que tu ne connais pas.







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XIII


Amoureuse au secret derrière ton sourire
Toute nue les mots d’amour
Découvrent tes seins et ton cou
Et tes paupières
Découvrent toutes les caresse
Pour que les baisers dans tes yeux
Ne montrent que toi toute entière.







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XIV


Le sommeil a pris ton empreinte
Et la colore de tes yeux.







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XV


Elle se penche sur moi
Le cœur ignorant
Pour voir si je l’aime
Elle a confiance elle oublie
Sous les nuages de ses paupières
Sa tête s’endort dans mes mains
Où sommes-nous
Ensemble inséparables
Vivants vivants
Vivant vivante
Et ma tête roule en ses rêves.







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XVI


Bouches gourmandes des couleurs
Et les baisers qui les dessinent
Flamme feuille l’eau langoureuse
Une aile les tient dans sa paume
Un rire les renverse.







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XVII


D’une seule caresse
Je te fais briller de tout ton éclat.







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XVIII


Bercée de chair frémissante pâture
Sur les rives du sang qui déchirent le jour
Le sang nocturne l’a chassée
Échevelée la gorge prise aux abus de l’orage
Victime abandonnée des ombres
Et des pas les plus doux et des désirs limpides
Son front ne sera plus le repos assuré
Ni ses yeux la faveur de rêver de sa voix
Ni ses mains les libératrices.


Criblée de feux criblée d’amour n’aimant personne
Elle se forge des douleurs démesurées
Et toutes ses raisons de souffrir disparaissent.







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XIX


Une brise de danses
Par une route sans fin
Les pas des feuilles plus rapides
Les nuages cachent ton ombre.


La bouche au feu d’hermineÀ belles dents le feu
Caresse couleur de déluge
Tes yeux chassent la lumière.


La foudre rompt l’équilibre
Les fuseaux de la peur
Laissent tomber la nuit
Au fond de ton image.







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XX


L’aube je t’aime j’ai toute la nuit dans les veines
Toute la nuit je t’ai regardée
J’ai tout à deviner je suis sûr des ténèbres
Elles me donnent le pouvoir
De t’envelopper
De t’agiter désir de vivre
Au sein de mon immobilité
Le pouvoir de te révéler
De te libérer de te perdre
Flamme invisible dans le jour.


Si tu t’en vas la porte s’ouvre sur le jour
Si tu t’en vas la porte s’ouvre sur moi-même.







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XXI


Nos yeux se renvoient la lumière
Et la lumière le silence
À ne plus se reconnaître
À survivre à l’absence.







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XXII


Le front aux vitres comme font les veilleurs de chagrin
Ciel dont j’ai dépassé la nuit
Plaines toutes petites dans mes mains ouvertes
Dans leur double horizon inerte indifférent
Le front aux vitres comme font les veilleurs de chagrin
Je te cherche par delà l’attente
Par delà moi même
Et je ne sais plus tant je t’aime
Lequel de nous deux est absent.







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XXIII


Voyage du silence
De mes mains à tes yeux


Et dans tes cheveux
Où des filles d’osier
S’adossent au soleil
Remuent les lèvres
Et laissent l’ombre à quatre feuilles
Gagner leur cœur chaud de sommeil.







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XXIV


L’habituelle
Joue bonjour comme on joue l’avengle
L’amour alors même qu’on y pense à peine
Elle est sur le rivage et dans tous les bras
Toujours
Les hasards sont à sa merci
Et les rêves des absents
Elle se sait vivante
Toute les raisons de vivre.







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XXV


Je me suis séparé de toi
Mais l’amour me précédait encore
Et quand j’ai tendu les bras
La douleur est venue s’y faire plus amère
Tout le désert à boire


Pour me séparer de moi-même.







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XXVI


J’ai fermé les yeux pour ne plus rien voir
J’ai fermé les yeux pour pleurer
De ne plus te voir.


Où sont tes mains et les mains des caresses
Où sont tes yeux les quatre volontés du jour
Toi tout à perdre tu n’es plus là
Pour éblouir la mémoire des nuits.


Tout à perdre je me vois vivre.







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XXVII


Les corbeaux battent la campagne
La nuit s’éteint
Pour une tête qui s’éveille
Les cheveux blancs le dernier rêve
Les mains se font jour de leur sang

Une étoile nommée azur
Et dont la forme est terrestre

Folle des cris à pleine gorge
Folle des rêves
Folle aux chapeaux de sœur cyclone
Enfance brève folle aux grands vents
Comment ferais-tu la belle la coquette

Ne rira plus
L’ignorance l’indifférence
Ne révèlent pas leur secret
Tu ne sais pas saluer à temps
Ni te comparer aux merveilles
Tu ne m’écoutes pas

Mais ta bouche partage l’amour
Et c’est par ta bouche
Et c’est derrière la buée de nos baisers
Que nous sommes ensemble.







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XXVIII


Rouge amoureuse
Pour prendre part à ton plaisir
Je me colore de douleur.

J’ai vécu tu fermes les yeux
Tu t’enfermes en moi
Accepte donc de vivre.

Tout ce qui se répète est incompréhensible
Tu nais dans un miroir
Devant mon ancienne image.







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XXIX


Il fallait bien qu’un visage
Réponde à tous les noms du monde.








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Paul Éluard (1895 - 1952)
Saint-Denis, Francia.

L'Amour la poésie - 1929
Editions Gallimard, Francia
(versiones en castellano)
El amor y la poesía - 1979
Editorial: Visor Libros, Madrid, España






30/11/15

Edición especial: Oro nestas piedras (Jorge Leónidas Escudero)

"Oro nestas piedras" es un documental sobre el poeta oriundo de la provincia de San Juán Jorge Leónidas Escudero dirigido por Cristián Costantini, Leandro Listorti y Claudia Prado. Su voz (hablando y leyendo) es el hilo que reúne la experiencia como buscador de oro en las montañas, el entusiasmo por lo juegos de azar, la poesía, la naturaleza. El jugador pierde, sin embargo insiste. Quedan lo poemas, la amistad y el humor, la celebración de la palabra hablada. Jorge Leónidas Escudero recientemente ganador del segundo lugar de los Premios Nacionales a la Producción 2011-2014, que el Ministerio de Cultura otorga a los mejores del país. Sobre la ruta del oro


Es que estaba ordenando los papeles
que uno guarda prolijo y pospone
hasta ocasión propicia mientras sueña
días de gloria.
Encontré su carta que escrita
por Aniceto Paredes me invitaba
si quería compartir sus minerías
viajara a Valle Fértil
Pero años pasaron hasta que voy
finalmente a ver al amigo. Sale
un criollo comedido diciéndome descanse,
el hombre que usted busca hace a montones
oro en el infierno.
Y agrega:
Fue puro cuenterío ese Aniceto,
y no pudiendo aliviar su pobreza
pasó a difunto
donde más mentiras ya no puede.
Emprendido el regreso, pronto en casa
mi mujer grita:—¿Y? ¿Estamos como siempre?
—Silencio—le contesto—,
hemos tenido años de esperanza.








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Lejanías


En la avenida de Circunvalación
los automoviles pasan raudamente
creyendo que uno es tonto y no se da cuenta
que van a ninguna parte.

San Juan tiene autopista y hace aspavientos
de ciudad moderna;
pero yo miro al este, al cerro Pie de Palo
donde los guanacos estarán hablando
de la próxima nieve.

Luego vuelvo cabeza al cerro Villicum
y me aturdo de azulidades ¡Oh¡
que hermoso es esto, silbo entre dientes.

Y un camión enojado da al viento su motor
murmurando insultos
porque mi corazón esta puesto tan lejos.








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Riña de gallos


Otra vez
por dormido mal anoche amanecí atravesao.
Por eso le dije a un amigo tu poesía
nada que ver con la poesía,
es harina de otra bolsa.
Y como el hombre se molestó
l´endilgué este discurso: ¿Qué ti has créido ah?
tirás la taba al aire y cuando cae culo
vos decís gané.
Además si tu asunto es engañarte hacé
lo que se te más guste,
largá ventosidades por la boca
y escribilas como poema, pero no me vengás
con que son verdades mundiales.
Cierto le pegué rudamente hoy
por las palabras bostezadoras qu´escribe y él
de manera peor me devolvió los palos.
Si mi abuela viviera nos hubiera dicho dejen
de darse picotazos en la cresta,
con su pan se la coman a la poesía.








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Ella es así


Mi hermana Margarita es en extremo
cuidadosa,
anda mirando el suelo no sea
que inadvertidamente pise una hormiga.
Ciertos monjes de no sé dónde
caminan así
pero mi hermana lo hace por naturaleza.

Cuida la vida más allá de ella y suele
hablar bajito si un grillo namorado
canta en el jardín.
Y cuando va al campo trae alguna piedrita
que gracias yo encantado es hermosa digo.

Ahora quel tiempo se nos viene ciático,
cabizbajo y olvidadizo,
ayer salimos a la puerta de calle cuando
mirá mirá –dijo mi hermana- qué alegría,
los paraísos están floreciendo.
Ella es así.








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Los Muchachos


A la mesa del bar van tres amigos
todos los días para ver
extinguirse la mañana.

Hablan de que el río poco agua este año.
Y a ellos qué, pero discuten
como si poseyeran grandes cultivos.

¿Y la política?
¡Ah de los ladrones! Dice alguno
y a otro le viene a la memoria
el robo lejano de su bicicleta.
La plata ya no alcanza para nada se quejan
y arremeten contra la juventud
a la que consideran hoy pervertida.

Pagan de a cada uno el habido
consumo individual y se alejan después con
me duele un pie, esto es artritis, gastritis
me produce el café.

Y el mozo del bar con mirada aburrida
los ve irse a mansalva con cara de inocentes
cuando es público y notorio que están confabulados
y otra vez han asesinado a la mañana.








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El tiempo


Ya sé, vuelvo a intentarlo,
voy a hablar del tiempo otra vez
y ustedes dirán callate vas a repetir
meterte en dificultades.

Y a mí qué
Porque si muchos ya escribieron sobre el tema
A mí un bledo me importa y lo intento
porque ningún genio desos
entiende más que yo de los turnos de agua.
Del agua de riego digo
cando uno se dedica a regar la viña.

El tiempo es como una acequia el agua
pasa pero al mismo tiempo se quea.
Usté meta la mano y tóquela, está quietita
Y sin embargo corre,
dispara pero no se ha ido, tóquela.
después viene el celador ese que
maneja los turnos, baja la compuerta y al cortar el riego
ahí se te acaba el mundo.

Pero claro ya aquí ando hablando
de lo que ustedes piensan que no entiendo.
¿Será porque se me inquieta la inorancia?
sea como sea, aquí dejo escrito
lo que supe del tiempo mientras regaba la viña.








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Juego de fotos 


Con el mazo de fotografías
que guardo amorosamente
voy a jugar un solitario. Empiezo,
pongo sobre la mesa a mi hermana Margarita
y al lado a dos amigos muertos,
debajo al Loco Desiderio (el que creía ser caballo
y trotaba azotándose a dos verijas). Pongo
a mi tío Teodoro junto a su automóvil 1920
y enseguida yo, montado en un burro,
cuando de chico salí a conquistar el mundo.

Toda la mesa ocupo y descarto, saco y pongo
hasta que de pronto me detengo,
respaldo en la silla cierro ojos
y pienso en lo que ha barrido el tiempo:
tanto pariente al hoyo, tanto sobreviviente
gastado como por erosión eólica.

Barajo nuevamente y corto,
destapo la foto de mi madre
y entonces ella dice hijo mío
recuerdo las primaveras, dame un beso. Se lo doy
y ahí se me nublan los ojos y abandono el juego.








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Ventura


Fue lejos lejos. Me daba por las piedritas
desas bonitas que juntaba para
todavía tener algunas.

Niño cuidate decía mi mamá, no
traigás más porque algún día
buscándolas en el campo te vas a perder.

Así fue una vez. Buscando,
a los cerros de Zonda subí sin darme cuenta
y como bajar es difícil
se me hizo noche sin luna.

Me quedé ncerrao
y unos zorros ladraban susto grande pero
con la luz del día pude bajar.
Al volver a la casa me esperaba
un gran revuelo de gente en el camino,
todo el barrio había salido a si me hallaba.

Esa fue la primera gran ventura
por amor a las piedras cosa rara
porque todavía no se me cura.
Ahora camino en plena ciudá
mirando el suelo a ver si.








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Jorge Leónidas Escudero (1920)
San Juán, Argentina.

15/11/15

C.K. Williams: "Es una era de tanta muerte bestial..."



Dejándolo


Es una era
de tanta muerte bestial
que incluso antes de morir
nuestros fantasmas se van.
Mientras dormía he sentido el mío
enviar disparos sobre mi cara,
sondeando algún carbón futuro
ahí, degustando la carne
y el sudor
como si fuera la última vez

Y lo he sentido
desenredarse e irse,
llorando, debilitándose
e igualando su forma
a nuevos cuerpos; fusionándose,
entrando en las almas,
en los motores, edificios,
señales de alto, policías-
cualquier cosa.

Por la mañana volvió.
Disminuído, despojado
de su luz, yace arrugado
en mi palma, tiritando
en mi respiro como celofán.
Y cada día
no hay nada que hacer
pero lo trago como un resfriado
desgastado
y siguiendo adelante con él.








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Estar solo


Nunca en un solo poro de Eternidad
he sido tocado por tus nieves

o haber sentido tu boca tímida y temblorosa,
tu aliento quebrar en mí

como la ola blanca. No he sentido
tu desnudez desgarrarme

con hambre o tus manos de plata
traicionarme pero hoy lo prometo

cualquiera que sea la flor de tu casa
que debería florecer, me quedaré

asegurado a tu pecho.
Como un pecesito que vive

indemne bajo vientres de tiburones,
voy a ir a donde vaya,

navegando inconsiente
en la cruda rastra de tu poder

como una hoja, una burbuja de carroña,
un hombre que ha comprendido y no.








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Pérdida


En este día y era, Señor
sos como uno de esos campesinos pobres
que queman los bosques
y asesinan sus tierras y después
no pueden salir y van enojados y delgados
entre la chatarra del jardín que se oxida, el matorral
y la reserva hambrienta.

Señor, me he sentido rastrillado
en la tierra como el estiércol,
gradado y arado,
pero estoy tranquilo como vos
parada en el portón
masticando un tallo o bebiendo
mientras las malas hierbas crecen muertas
y los perros de la casa rompen
sus cadenas como polillas, aullan
y apuntan hacia los prados
que se extinguen a la nada.








-----









Incluso si pudiera


Excepto por la niña
que hace muecas detrás de mí, el arco iris
detrás de ella, la escuela y el camión,
la única cosa entre vos y el infinito
soy yo. Es el motivo por el que te cubrís los oídos
cuando hablo y por qué
siempre te filtrás por los bordes,
aferrándote, tratando
de ir por mí.
Y excepto por los ojos y la espalda








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De lo que está en el pasado


Engancho mis dedos en la valla de vieja cancha de tenis
y me arrodillo en un sobrecrecimiento de malas hierbas afiladas
para ver a los soldados entrenar en sus ratos libre.

¿Te acordás cuando esto era un parque? Cuando las chicas
movían sus raquetas acá en las calurosas mañanas de verano
y llegaban por la noche para abrir sus cuerpos a nosotros?

Ahora las culatas de armas estampadas en la arcilla pálida como pezuñas.
Las botas duras brillan.
Y aún así, los niños juegan a la escondida

más allá de las barreras. Unos enamorados se hunden en la maleza.
No son ellos, somos nosotros: sabemos demasiado.
Pronto sólo el pasado sabrá lo que sabemos.








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Es así con los hombres


Ellos penetraban en la tierra
como clavos; se mueven una pulgada,
se introducen otra vez.
La tierra es dolor con ellos.
Es un fruto espinoso
que ha perdido la esperanza
de ser levantado y comido.
Sólo puede madurar y madurar.
Y los hombres, también están heridos.
También son arrancados de su pérdida
y están sin esperanza. El núcleo
suaviza. La carne pura suaviza
y se derrite. Hay espinas, hay
semillas oscuras, y acaban.








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Lo que es y lo que no

Estoy muy lejos de ese lugar,
pero todavía puedo oír
el paso de impaciente de su pezuña
cerca del fuego, y el chasquido verde
de sus voces y su cuerpo que fluye.

En mi ventana, los espíritus habituales,
el mismo silencio. Un niño lo vería
mientas mi ropa cuelga como asesinos
en la puerta, pero no, y
no crujen en el pasillo para mí.

No es la muerte. En tu cara
la vislumbro. Estás alcanzando
una mano reconfortante
a pesar de que gruñe, se sumerge,
y sabés que el bebé
no levanta la vista de su juego
de belleza. No es amor u odio
o pasión. No nos toca,
ni sueña, habla, canta o
acerca, sin embargo lo consumimos.








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Capó


¿Te acordás de mí? Yo era
el que en la escuela siempre tenía miedo.
Llevaba cigarrillos en mi manga,
botas de ingeniero, el pelo largo, el cuello
del uniforme levantado y siempre había
chicas conmigo en los pasillos.

No eras nada. Las tenía para vos-
cuando le desprendí la goma a las luces
te agachaste como un profesor.
Y cuando choqué y me rompí los pulmones
con la rueda, estabas tan aliviado
que trazaste la pintura dura del Ford
como un pecho y tus manos temblaban.








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El más grande conductor de triciclos


El más grande conductor de triciclos
está en mi corazón, manejando como un salvaje,
sin manos, casi boca abajo
de las paredes y en los altos bordes
y frena, su timbre tan rápido,
el sol girando en sus radios como una llama.

Pero está envejeciendo. Sus pies
sobrepasan los pedales. Sus dientes apretados
demasiado fuerte contra las sacudidas, y me temo
que lo que he conservado de él es lo que
lo hace apretar con sus dedos el mango de goma
y lo impulsa una y otra vez en la misma cuadra.








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La parte dura


¿Te acordás cuando soñábamos con la lechuza
y el esqueleto, y el zapato
abierto y ahí estaba el ángel
con su dedo en el libro, su sonrisa como chocolate?

¿Y te acordás? Todo lo que había sido aplastado
o quemado, lo volvimos a cambiar.
Giramos el corazón
al principio, cerramos la flor, dejamos sonar el tambor.

Pero lo estás perdiendo ahora. Cada noche que lloramos
juntos, pero es tarde-
el oso blanco y el abogado
están cerrando la casa y ¿dónde estás?

El viento camina, la roca dando vueltas con los gusanos
pegado a las piernas-
¿cómo sabré que me amás ahora
y cómo no? ¿Cómo voy a perdonarte?







(versiones en castellano: Hugo Zonáglez)


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Giving It Up


It is an age
of such bestial death
that even before we die
our ghosts go.
I have felt mine while I slept
send shoots over my face,
probing some future char
there, tasting the flesh
and the sweat
as though for the last time

And I have felt him
extricate himself and go,
crying, softening himself
and matching his shape
to new bodies; merging,
sliding into souls,
into motors, buildings,
stop signs, policemen–
anything.

By morning, he is back.
Diminished, shorn
of his light, he lies crumpled
in my palm, shivering
under my breath like cellophane.
And every day
there is nothing to do
but swallow him like a cold
tear
and get on with it.








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Being Alone


Never on one single pore Eternity
have I been touched by your snows

or felt your shy mouth tremble,
your breath break on me

like the white wave. I have not felt
your nakedness tear me

with hunger or your silver hands
betray me but today I promise

whatever flower of your house
should bloom I will stay

locked to its breast.
Like little fish who live.

harmlessly under the bellies of sharks,
I will go where you go,

drift inconspicuosly
in the raw dredge of your power

like a leaf, a bubble of carrion,
a man who has understood and does not.








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Loss


In this day and age Lord
you are like one of those poor farmers
who burns the forests off
and murders his land and then
can't leave and goes sullen and lean
among the rusting yard junk, the scrub
and the famished stock.

Lord I have felt myself raked
into the earth like manure,
harrowed and plowed under,
but I am still enough like you
to stand on the porch
chewing a stalk or drinking
while tall weeds come up dead
and the house dogs, snapping
their chains like moths, howl
and point towards the withering
meadows at nothing.








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Even If I Could


Except for the little girl
making faces behind me, and the rainbow
behind her, and the school and the truck,
the only thing between you and infinity
is me. Which is why you cover your ears
when I speak and why
you're always oozing around the edges,
clinging, trying
to go by me.
And except for my eyes and the back








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Of What is Past


I hook my fingers into the old tennis court fence
and kneel down in an overgrowth of sharp weeds
to watch the troopers in their spare compound drill.

Do you remember when this was a park? When girls
swung their rackets here in the hot summer mornings
and came at night to open their bodies to us?

Now gun-butts stamp the pale clay like hooves.
Hard boots gleam.
And still, children play tag and hide-and-seek

beyond the barriers. Lovers sag in the brush.
It's not them, it's us: we know too much.
Soon only the past will know what we know.








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It Is This Way with Men


They are pounded into the earth
like nails; move an inch,
they are driven down again.
The earth is sore with them.
It is a spiny fruit
that has lost hope
of being raised and eaten.
It can only ripen and ripen.
And men, they too are wounded.
They too are sifted from their loss
and are without hope. The core
softens. The pure flesh softens
and melts. There are thorns, there
are the dark seeds, and they end.








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What Is and Is Not


I'm a long way from that place,
but I can still hear
the impatient stamp of its hoof
near the fire, and the green clicking
of its voices and its body flowing.

At my window, the usual spirits,
the same silence. A child would see it
as my clothes hanging like killers
on the door, but I don't, and it
doesn't creak in the hallway for me.

It's not death. In your face
I glimpse it. You are reaching
a hand out comfortingly
though it snarls, plunges,
and you know that the baby
won't look up from its game
of beauty. It isn't love or hate
or passion. It doesn't touch us,
dream us, speak, sing or
come closer, yet we consume it.








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Hood


Remember me? I was the one
in high school you were always afraid of.
I kept cigarettes in my sleeve, wore
engineer’s boots, long hair, my collar
up in the back and there were always
girls with me in the hallways.

You were nothing. I had it in for you–
when I peeled rubber at the lights
you cringed like a teacher.
And when I crashed and broke both lungs
on the wheel, you were so relieved
that you stroked the hard Ford paint
like a breast and your hands shook.








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The World's Greatest Tricycle-Rider


The world's greatest tricycle-rider
is in my heart, riding like a wildman,
no hands, almost upside down along
the walls and over the high curbs
and stoops, his bell rapid firing,
the sun spinning in his spokes like a flame.

But he is growing older. His feet
overshoot the pedals. His teeth set
too hard against the jolts, and I am afraid
that what I've kept from him is what
tightens his fingers on the rubber grips
and drives him again and again on the same block.








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The Hard Part


Do you remember when we dreamed about the owl
and the skeleton, and the shoe
opened and there was the angel
with his finger in the book, his smile like chocolate?

And remember? Everything that had been crushed
or burned, we changed back.
We turned the heart around
in the beginning, we closed the blossom, we let the drum go.

But you're missing now. Every night I feel us crying
together, but it's late-
the white bear and the lawyer
are locking the house up and where are you?

The wind walking, the rock turning over with worms
stuck to its haunches-
how will I know what loves me now
and what doesn't? How will I forgive you?








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C. K. Williams (1936-2015)
Newark, Nueva Jersey, Estados Unidos.


Lies - 1969
Houghton Mifflin, Boston, Estados Unidos.