20/4/15

Carlos Battilana: "En estos terrenos fríos la pobreza no es posible..."


Paisaje


En estos días
luego de numerosas letras
y lecturas
puedo decir
que los gritos
temblorosos de mi hijo
me desvían
me llevan como en una estepa
a los árboles
inermes, al límite
blanco donde comienza
la debilidad.  Hundirme en la nieve
para que el grito
desbordado se tapone
de frío, para que la bilis
negra de cada noche
comercie su evidencia
con el hielo congelado…

Bondad, herida sutil
que los otros pueden conceder
y nosotros, nuestro tiempo amoroso,
lo que acumula
es paciencia y rencor,
aunque los sentimientos
se contradigan.

Trazo una línea
en el borde de la llanura
apoyo mis pies,
uno en cada sitio,
y como un aborigen
destrozado
por la Conquista
retiro mis viejas oraciones,
deshecho mi viejo lenguaje,
devuelvo mi memoria a la tierra
y camino,
como las arañas, o los
insectos invisibles,
en busca de una Biología
más elemental.









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Dioses


Cenamos. Mi padre, mi madre
arman con palos y ramitas
un jardín secreto.

Han huido de la gran Ciudad
y se han detenido
al costado de un Río.
Lo verde de un paisaje
les resulta
completamente extraño,
pero no se quejan.
El deseo de los días a venir
consume
sus nuevas horas. Anochece.
Hay un fresquito
que contrasta
levemente
con el sol del día. Mi padre
nos dice
que vamos a dar una vuelta
en el auto. Dejamos
los platos
con restos de comida.
Es una de las cosas
que más me gusta:
pasear, “dar una vuelta”
por el pueblo.
Mis padres
son fuertes
toman oscuras decisiones
y se llenan, poco a poco,
de algunas certezas. Alejados
del centro
y de la pasión
de sus propios ancestros
fundan un nuevo mundo.
Pronuncian palabras para Siempre
celebran ritos construyen
símbolos
rezan en voz alta
oraciones profanas
se tocan los cuerpos
se toman de la mano
se protegen
con el alimento
de su propia mitología.









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Lluvia sobre el mar


En el ardiente círculo del mar
en su frío oscuro
cae la lluvia
propia de la noche
y no por tener al horizonte
a su fina línea
será esta lluvia
menos cruel. Pues bien, el barco
atraviesa el mar,
miramos a lo lejos
la lluvia
sobre el círculo de agua,
olemos un último sabor
de peces y racimos,
detenemos
no con las máquinas,
sino con la perfección
de nuestras palabras
una escena
que hace mucho
consume
nuestra mente. Fieles a la tradición
recogemos
pedazos pequeños
de cielo
y de agua helada
que algo
dicen
o deben de decir
en su quietud
tan cruel.









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Arbustos


Sobre esta debilidad
en la que el viento
ha hecho su trabajo,
boqueando
como si las arañas
trajeran en sus
minúsculos cuerpos
arbustos, parvas,
troncos puntiagudos,
sobre este desecho
como si todos los animales
absorbieran
la sangre ajena,
rehago mi cuerpo, sin piernas,
sin brazos, arrancados
de raíz,
apenas perdura la cabeza,
su inteligencia
quemada
y trazo un número
un signo
aquí
en esta playa del Sur,
sin nadie,
solos, haciendo
de los símbolos
nuestra comida
huyendo de los verbos
conservar
cubrirse
preservar

En estos momentos
la piel ajada de los días
elige la Ley de la obediencia,
su música
capital

No
no queremos
esa muerte dudosa
sino la tierra ligera del viento









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El pasto que hace poco me acompaña


Mi madre me pone el delantal
blanco. Nos sacan
a los dos hermanos
la foto
del comienzo de clases. Sonreímos.
Al fondo
la pared gris
es lisa,
hace de nuestra vida
un panorama lleno de color
monótono. Sin embargo
la luz del sol
el aire liviano del verano
acompañan
nuestros primeros días de marzo.
De algún modo
somos felices
estamos habilitados
para querer
a nuestro Padre.

Hoy,
mi hijo Marcos
nombra a Andrés
a Ricardo. Le pongo
el delantal, lo acaricio,
sus palabras no me reclaman
nada, y hago un esfuerzo
sobrehumano
por comprender, por devolverle
parte de mi vida.
En la comparación
siempre me vuelvo menor. Los días
pasan. ¿Qué hacer?
Acumulo poco a poco
todas las horas vividas,
no podré leer muchos más libros,
mi comunicación
resulta insuficiente, ¿qué hacer?

Con el oxígeno que queda
haré un círculo perfecto
y no alabaré
el desgaste de la materia, lo que pronto
se acaba. Furioso, impasible,
pediré
besar todas las noches a mi hijo
mirar por TV todos los partidos del Campeonato
caminar sobre el pasto verde
que hace poco
me acompaña.









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Materia


Miro a los niños. Uno, dos,
tres... El peso de
estos años
fue terrible
y casi no hay paz
en el
aire. ¿Quién
podrá
fuera de la política,
alejado del Capital,
decirme: este objeto
es pequeño
aquella alegría
es versátil
esto se inscribe
en el terreno de la
bondad?

Saludo con mi mano izquierda
a los próceres
del día
y camino
bajo la lluvia
a costa
del pasado.

La línea de la playa
es gris, pero hay
viento. En estos terrenos
fríos la pobreza
no es posible, el constante
sobresalto
se vuelve una moneda
real. Apoyo mis pies
en la arena, hago un hoyo
con mis manos,
arrojo
sin tristezas
un poco de materia
al aire.









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Carlos Battilana (1964)
Paso de los Libres, Corrientes, Argentina.

Materia - 2010
Ediciones Vox, Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina.

11/4/15

Selva Casal: "contra todo sobrevivo..."


Aúllan


Como quien prepara un complot
Se prepara el silencio
Los enemigos lloran
Ya les hemos entregado la vida
Pero lloran
Aúllan su extraño sueño
Mis vísceras sueñan tu mismo sueño
Viven un destiempo
Un río
Todo se oscurece.









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Hay tantas formas de amar


Hay tantas formas de amar
Como seres vivientes
El mundo está hecho de tal manera
Como para que nadie entienda a nadie
De ahí la fantasía
Este quehacer que a nada se asemeja
Que vivifica y danza
Escribo desde el sueño
Y desde los espejos
Que misteriosamente se abrieron una tarde.









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En mí vive una pena


En mí vive una pena
A la que día y noche me abrazo
Si miro una flor ésta amanece
Y caen como racimos las noches blancas
Todos los seres humanos están en deuda
Están en crimen
Por el sólo hecho de existir
Y no poder
No poder llegar nunca
Mi rostro es el firmamento
El firmamento por donde navego
Qué importa que sea un siglo u otro.









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Pasión


Nunca busqué ganar ni perder nada
Mas temo perder esta pasión
Y olvidar
No sentir nás este dolor
Desde el que soy y me alimento
Encontrarás mi cuerpo en cada esquina
Mi único cuerpo sin fin y sin principio
Como una catacumba
O una supernova
El cuerpo por el cual entraste al mundo
Lo que quiero decir es tan hondo y extraño
Que lacera mis vísceras
Hace vibrar el aire
Tú como Lázaro volviste
Sólo por un momento
Para soñar el mar.









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Desaparecido


Desaparecidos ascienden tal un hombre asciende
Hasta el altísimo
Como una oración o un recuerdo
Recuerdo tu llegar
Mis manos latían de gozo
Recuerdo el crujir de la puerta
Porque eres así
Un presente absoluto
Cristo nos dio la esperanza
Por eso deberíamos vivir sin sospechar
Sin indagar
Sin nada
Donde está el desaparecido
No hay leyes que te restituyan la vida
Los pequeños días cotidianos
Cristo ven
Ya basta
Y pensar que morimos cada noche
Y no sabemos.









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Todo encuentro sufre de ausencia


No ser tu cuerpo ya
No poder ser tu cuerpo
Los bosques cantan
Las noches como dormidas casi desconocidas
La tierra en que viajamos
Entre nubes y cuerpos dislocados
Expedida de un vientre estrangulada yo caía
No ser tu cuerpo ya
No poder ser tu cuerpo
Yo soy mi propia madre
Para encontrarle extenderé mi piel sobre la hierba
Me arrancaré los ojos
Escarbaré raíces
Seré como un relámpago
Todos los que vivieron los malhechores estarán junto a mí
Contra ti contra todo sobrevivo
Recuerdo aquel abrazo en donde naufragamos
Todo por ser mortales
Llámame al 00000
Llámame al infinito
De dónde salí yo
Quién me indujo a existir
Si yo hubiera imaginado les confieso jamás me hubiera asomado a la vida.









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Quien soporta el peso de la nada


No nos podemos quedar
Tenemos que huir
Más quién explica esto
No nos podemos quedar
Sin embargo
Quién soporta el peso de la nada
Cortada por el ruido frenético de los vehículos de la calle
Quién soporta levantarse y sentir que es verdad
Que ya no estás
Verdad de ensueño y de luciérnaga
No puedo admitir razones
Hace siglos que espero
Y abrazo tal el viento abraza.









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En noches de hospital


En noches de hospital bajaron ángeles
El cielo conjuró a la tierra
Hacia el mar cabalgaban caballos blancos
Yo estaba viva y muerta
No sabía que todo mal es alucinante
Que todo bien duerme
Que convocamos sombras porque somos sombras
Y ya no sé qué hacer con tanta vida
No me dejes morir sin ver tu rostro
Voy por la tierra como un río iracundo
Me despeño tal la montaña se despeña
Poderoso es el sexo
Sagrado
Todo sucede en mí
Mientras escribo para un hombre distante
En noches de hospital se ve la nada
A ella me abrazo
Un animal que muere trastoca el mundo
Se cierne peligrosamente sobre los hombres
La luz que nunca jamás.









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Llegará el día


Llegará el día en que florecerán los muertos
Los abuelos que no conocimos
Los que forjaron tu pedazo de vida
Tu minúsculo ser entre los días
Y las noches
Eras
Estabas
Nadie escuchaba a nadie
Todos nos hemos ido
A un país que no existe
Yo tuve el cielo y lo perdí
Tuve la nube y la perdí
Este lugar está clavado en mí
Está clavado
Como el grito de un recién nacido
En la oscuridad más profunda.









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Cuadernos


Con un cuaderno donde escribes tus sueños
Padre nuestro hijo
Oremos con poesía pan y barro
Fui madre hijo tigre en la maleza
Asesino alevoso
La eternidad descalza
Grito descarnado hueso puro
Y de tus pies ausencia
No sé ser otro no sé ser nada
Por un campo de trigo emocionado
Sobrevuelan cabezas
Miles de águilas miden la distancia
La infinita distancia que hay entre las cosas
Yo que meditaba y creía en la lluvia
En las palabras ciertas amaba el viento
Tengo un duende en las venas
Un mar sin fin que arremete y me arroja
Allí donde no hay tabla de sumar ni de multiplicar
Una mujer se arroja al río
los árboles afirman que es verano
Yo que nunca maté a nadie
O tal vez sí de amor y de tristeza
Digo: nada de grandilocuencia
La verdad sólo la verdad
Basta de libros falsos
Menos conferencias
Clausuremos la solemnidad.









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Hombre mortal


Hombre mortal
Por ti soy como soy
Punzante y confidencial
Un asesino huyendo
Hurgando en los despojos
Derribando las puertas
De una casa invisible
Las noctilucas y los mares se enamoran
Engendran nuevos seres
Y somos habitantes de una casa infinita
Sin paredes ni llaves
Sin pasado
Dolor que no sé sabe dónde comienza
Y en mí es estrella de un cielo principal
Sabiendo que a cada momento
Puede suceder eso
Un ángel oscuro pende
Hiere mi rostro
Después es horrible
El homicida piensa en calles soles
No me pregunten por qué no lo sé
Está bien que esté mal
Esas calles esos soles que arden
Un miedo visceral me sube por la sangre
Sentir que enloquecemos
Que el cielo es una bola de cristal y explota
Sueño la espada de los pinos
El mar ajeno y triste
El amor como un mapa de esqueletos.









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Selva Casal (1934)
Montevideo, Uruguay.


Biografía de un arcángel - 2012
Estuario editora, Montevideo, Uruguay

7/4/15

Sonia Scarabelli: "entre Dios y el hombre..."


XIII


Tiembla
la gota de agua
sobre la superficie
de la hoja
y hace nido la luz
por un instante
en su muda belleza

de seres
intermedios

entre Dios
y el hombre









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V


Mujeres de dorados pies pequeños
bajan descalzas a la playa
con la tormenta
por la curva de sus arcos
alzados sobre la suavidad,
como livianos instrumentos
de pisar el aire,
pasa desnuda
la música del viento.









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VI


Así que vimos
a la liebre pasar

corriendo
velozmente
a campo traviesa.

Así que vimos,
sin comprender
de qué sustancia
el animal ligero

ni hacia dónde
atraído.

Siempre fue
más allá para nosotros,

rápida magia elástica
del cuerpo apenas impulsado

sobre la superficie

y un salto más adelante
casi pájaro.

Así que vimos a la liebre
y no nos dijo nada,

no pudimos
con el rastro
con la estela del aire.

Borrado el signo
en la pasión continua
del movimiento
se dejó ir
de nuestras pobres trampas,

rozó el misterio
y apagó su forma.









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III


Porque no era un secreto
el ala tornasolada del insecto,

estaba allí,
daba en un segundo
el azul, el verde,

el pequeño, revelado
brillo
se ofrecía,

no era mezquino
ni evasivo,

no negaba
ni aun el más minúsculo
detalle,

se entregaba más bien
a ser tomado

por el ojo apacible,
inquisitivo.

No se sabe
que haya renegado
nunca
del peso de la mota
de polvo

ni siquiera de su destino
último
en el pico sacrifical,

mucho menos,
mucho menos
entonces

de la mirada
fugaz,

suavemente acodada

en lo intangible.









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V


Nuestros pasos
perturban cada noche
el pequeño reinado
de la metrosidera
hermana humilde
de los altos eucaliptos.

Antes de alcanzar
la misma esquina,
donde espera,
sola y recatada.

su nombre se adelanta
con la magia imprevista
de un perfume,
en el aliento quedo
de las voces.

Siempre tenemos
una palabra para ella,
medidora de astros
o matriz,

que a cambio nos dona,
con encanto perenne,
la fronda que atesora

y el misterio modesto
de sus constelaciones.









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II


Atrapado,
sin gravedad
en la oscura seda del pelaje,
el animal
se entrega a la caricia.

Consiente,
desde una transcendencia
libre de espíritu,
el recorrido ciego de la mano
torpemente informada
de su imperio.

Algo único sucede
en la frontera borrada
entre el pelaje y la mano
que, por pudor
de los placeres ínfimos,
no quieren revelarnos
las palabras.




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Sonia Scarabelli (1968)
Rosario, Santa Fé, Argentina.


Celebración de lo invisible - 2003
Editorial Municipal de Rosario