7/4/15

Sonia Scarabelli: "entre Dios y el hombre..."


XIII


Tiembla
la gota de agua
sobre la superficie
de la hoja
y hace nido la luz
por un instante
en su muda belleza

de seres
intermedios

entre Dios
y el hombre









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V


Mujeres de dorados pies pequeños
bajan descalzas a la playa
con la tormenta
por la curva de sus arcos
alzados sobre la suavidad,
como livianos instrumentos
de pisar el aire,
pasa desnuda
la música del viento.









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VI


Así que vimos
a la liebre pasar

corriendo
velozmente
a campo traviesa.

Así que vimos,
sin comprender
de qué sustancia
el animal ligero

ni hacia dónde
atraído.

Siempre fue
más allá para nosotros,

rápida magia elástica
del cuerpo apenas impulsado

sobre la superficie

y un salto más adelante
casi pájaro.

Así que vimos a la liebre
y no nos dijo nada,

no pudimos
con el rastro
con la estela del aire.

Borrado el signo
en la pasión continua
del movimiento
se dejó ir
de nuestras pobres trampas,

rozó el misterio
y apagó su forma.









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III


Porque no era un secreto
el ala tornasolada del insecto,

estaba allí,
daba en un segundo
el azul, el verde,

el pequeño, revelado
brillo
se ofrecía,

no era mezquino
ni evasivo,

no negaba
ni aun el más minúsculo
detalle,

se entregaba más bien
a ser tomado

por el ojo apacible,
inquisitivo.

No se sabe
que haya renegado
nunca
del peso de la mota
de polvo

ni siquiera de su destino
último
en el pico sacrifical,

mucho menos,
mucho menos
entonces

de la mirada
fugaz,

suavemente acodada

en lo intangible.









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V


Nuestros pasos
perturban cada noche
el pequeño reinado
de la metrosidera
hermana humilde
de los altos eucaliptos.

Antes de alcanzar
la misma esquina,
donde espera,
sola y recatada.

su nombre se adelanta
con la magia imprevista
de un perfume,
en el aliento quedo
de las voces.

Siempre tenemos
una palabra para ella,
medidora de astros
o matriz,

que a cambio nos dona,
con encanto perenne,
la fronda que atesora

y el misterio modesto
de sus constelaciones.









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II


Atrapado,
sin gravedad
en la oscura seda del pelaje,
el animal
se entrega a la caricia.

Consiente,
desde una transcendencia
libre de espíritu,
el recorrido ciego de la mano
torpemente informada
de su imperio.

Algo único sucede
en la frontera borrada
entre el pelaje y la mano
que, por pudor
de los placeres ínfimos,
no quieren revelarnos
las palabras.




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Sonia Scarabelli (1968)
Rosario, Santa Fé, Argentina.


Celebración de lo invisible - 2003
Editorial Municipal de Rosario

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