30/5/15

Li-Young Lee: "el peso de la memoria..."


El peso de la dulzura 


No es cosa fácil de cargar el peso de la dulzura.

Canción, sabiduría, tristeza, felicidad: la dulzura
es igual a tres de cualquiera de estas fuerzas.

Mirá un durazno doblar
la rama y hacer presión en el tallo hasta
quebrarlo.
Tomá el durazno, sentí el peso, dulzura
y muerte tan redondas y acogedoras
en tu palma.
Y así, ahí tenés
el peso de la memoria:

sacudida por el viento, una rama llena
de agua de lluvia descarga su ducha
sobre el hombre y el chico.
Los deleitan los escalofríos
y el padre levanta de la mejilla de su hijo
una hoja verde
caída como un beso.

El buen chico se abraza a una bolsa de duraznos
que su padre le ha confiado.
Ahora sigue
a su padre, que lleva dos bolsas llenas en cada brazo.
Observá la mirada en la cara del chico
mientras su padre avanza
más y más rápido, al tiempo que sus propios pasos
se cansan y sus brazos empiezan a debilitarse mientras
que trabaja bajo el peso
de los duraznos.








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Mi añil


Es tarde. Vine
para encontrar la flor que crece y se abre
como un santo que nunca muere boca abajo.
La rosa no lo hará, tampoco el lirio, .
Vine a buscar la lodosa, la tímida,
abatida, grave y aislada.
Ahora la oscuridad se junta en el pasto
y estoy sobre mis manos y rodillas.
¿Cuál es su nombre?

Pequeña hermana, mi añil,
mi secreta , vaginal y dulce,
te desplegás sin vergüenza
hacia el suelo. Ardés. Vivís
un instante en dos mundos
a la vez.








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Las trenzas


6

Amor, cómo se acumulan las horas. Incontables.
Los árboles se hacen más altos, algunas personas se van
y se apagan para siempre.
Los húmedos días de peltre se escurren sin previo aviso
y cruzamos un año y un año.








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Temprano en la mañana


Mientras el largo grano se ablanda
en el agua que burbujea
sobre una hornalla puesta al mínimo, antes
de que el salado Vegetal de Invierno sea cortado
en rebanadas para el desayuno, antes de los pájaros,
mi madre desliza un peine de marfil
por su pelo, pesado
y negro como la tinta de los calígrafos.

Se sienta a los pies de la cama.
Mi padre observa, quiere oír
la música del peine
por su pelo.

Mi madre se cepilla,
tira hacia atrás su pelo
con firmeza, lo gira
con dos dedos y ajusta
el rodete en su nuca.
Ha hecho esto por medio centenar de años.
A mi padre le gusta verlo así.
Dice que queda prolijo.

Pero yo sé
que es por la manera
en que el pelo de mi madre cae
cuando él lo suelta.
Suavemente, como las cortinas
cuando las cierran al atardecer.








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La vida


Mi hijo se relaja
y se hace más pesado en mis brazos
y no necesito verle la cara
para saber que tiene los ojos cerrados,
que su mandíbula le cuelga floja.
Después de horas de mecerlo, de caminar, de canturrearle-
no una melodía sino lo que
a él le gusta, la sola sílaba que su abuela
le entonó dsde su necimiento, un monónoto
gemido que se acerca a un lamento-
se durmió y yo estoy demasiado cansado
para levantarme de esta silla, demasiado aturdido
para cerrar los ojos, entonces sigo mirando
boquiabierto por la ventana al cielo
de invierno, negro hace una hora, ahora de un azul profundo
e incluso mientras pienso esto, poniéndome
gris, el color cambiando
tan rápidamente, la luz
entrando con tanta furia que pienso que si cerrara los ojos y escuchara
podría triturar
al grande y blando corazón
del cielo. Cierro los ojos.
Escucho.

No escucho el cielo
sino el mar, o a alguien respirando cerca de mí
y miro
a un chico subir una escalera
hacia un cielo de agua habiéndose deslizado
de los brazos y del regazo de su padre, y reemplazando
su peso justo
con una jarra de arcilla
habiendo engañado a su pobre padre
que finalmente se durmió
luego de mucha amargura, de horas
de arduos pensamientos sobre el invierno,
el dinero y el agotamiento de los padres,
el agotamiento de los hijos y sus amores
y la confianza que será quebrada
y sobre todo lo esencial y humano que nos separa.

Es una hora sin profundidad de sueño dulcísimo
en que su frente se desarruga
como si una mano la hubiese alisado
del modo en que una mano lo hace con una pelota
de papel abollada, la abre,
la estira y suaviza,
para que el poeta pueda
volver a empezar
su poema.








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Siempre una rosa


10

Mi meditación, mi recitado,
te amo más de esta manera,
una vieja trompeta frágil,
una tira del vestido de mi madre, que dejó de ser majestuoso.
Amo tu desnudez.
Desnuda, tímida flor, dulce
para mi nariz y amarga
para mi lengua, entre
las cosas que mueren
estamos vos y yo.








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4

Oloroso y delicado cuerpo
de la flor, te como
para recordar mi primer infortunio.
Pequeño, amargo
cuerpo, te como
para entender a mi padre serio.
Excelente cuerpo de capas firmes
que no envuelven nada,
te como para que mi fe se apene.
Quemada en las puntas, muriendo
de la llama que te alimenta, yo
te como para hundirme hasta
mi propio cuerpo. Secreto cuerpo
de licor profundo,
te como
entero hasta tu secreto.







(versiones en castellano: Tom Maver)


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The Weight of Sweetness


No easy thing to bear, the weight of sweetness.

Song, wisdom, sadness, joy: sweetness
equals three of any of these gravities.

See a peach bend
the branch and strain the stem until
it snaps.
Hold the peach, try the weight, sweetness
and death so round and snug
in your palm.
And, so, there is
the weight of memory:

Windblown, a rain-soaked
bough shakes, showering
the man and the boy.
They shiver in delight,
and the father lifts from his son's cheek
one green leaf
fallen like a kiss.

The good boy hugs a bag of peaches
his father has entrusted
to him.
Now he follows
his father, who carries a bagful in each arm.
See the look on the boy's face
as his father moves
faster and farther ahead, while his own steps
flag, and his arms grow weak, as he labors
under the weight 
of peaches.








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My Indigo


It's late. I've come
to find the flower which blossoms
like a saint dying upside down.
The rose won't do, nor the iris.
I've come to find the moody one, the shy one,
downcast, grave, and isolated.
Now, blackness gathers in the grass,
and I am on my hands and knees.
What is its name?

Little sister, my indigo,
my secret, vaginal and sweet,
you unfurl yourself shamelessly
toward the ground. You burn. You live
a while in two worlds
at once. 








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Brainding


6

Love, how the hours accumulate. Uncountable.
The trees grow tall, some people walk away 
and diminish forever. 
The damp pewter days slip around without warning 
and we cross over one year and one year.








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Early in the Morning


While the long grain is softening
in the water, gurgling
over a low stove flame, before
the salted Winter Vegetable is sliced
for breakfast, before the birds,
my mother glides an ivory comb
through her hair, heavy
and black as calligrapher’s ink.

She sits at the foot of the bed.
My father watches, listens for
the music of comb
against hair.

My mother combs,
pulls her hair back
tight, rolls it
around two fingers, pins it
in a bun to the back of her head.
For half a hundred years she has done this.
My father likes to see it like this.
He says it is kempt.

But I know
it is because of the way
my mother’s hair falls
when he pulls the pins out.
Easily, like the curtains
when they untie them in the evening.








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My life


My son grows limp
and heavy in my arms,
and I don’t need to see his face
to know his eyes are closed,
his jaw hangs slack.
After hours of rocking, and pacing, ad humming–
not a melody, but what
he likes, the single syllable his grandmother
has intoned to him since his birth, a monotone
nasal wail approaching mourning–
he’s asleep, and I’m too tired
to get up from his chair, too dazed
to close my eyes, so keep
gaping out the window at the winter
sky, an hour ago black, now a deep blue,
and even as I think this, becoming
gray, the color changing 
so fast, the light
coming so furiously that I think if I close my eyes and listen

I might hear grind
the great soft heart 
of the sky. I close my eyes.
I listen.

I hear not the sky,
but the sea, or someone breathing near me,
and I watch
a boy ascend a ladder
into a ceiling of water, having slipped
out of his father’s lap and arms, and replacing
his precise weight there
with an earthen jar,
having fooled his poor father,
whose sleep has finally come
after long bitterness, after hours
of hard thoughts about winter,
and money, and the exhaustions of fathers,
and the exhaustions of sons, and their loves
and trusts that shall be breached,
and all of our essential, human separateness.

It is a depthless hour of sweetest sleep
as the man’s brow unwrinkles,
as if a hand had smoothed it,
the way a hand does a crushed
ball of paper, opens it,
smooths it, and smooths it,
so the poet might
begin again
his poem.








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Always a Rose


10

My meditation, my recitative,
I love you best this way,
an old brittle trumpet,
a shred of mother’s dress, no longer regal.
I love your nakedness.
Naked, shy flower, sweet
to my nose, and bitter
to my tongue, among
the dying things
are you and I. 








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4

Odorous and tender flower-
body, I eat you
to recall my first misfortune.
Little, bitter
body, I eat you
to understand my grave father.
Excellent body of layers tightly
wound around nothing,
I eat you to put my faith in grief.
Singed at the edges, dying
from the flames you live by, I
eat you to sink into
my own body. Secret body
of deep liquor,
I eat you
down to your secret. 





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Li-Young Lee (1957)
Yakarta, Indonesia.


Rosa - 2015
Editorial: Barba de Abejas

22/5/15

Wendell Berry: "dentro de los círculos oscuros del retorno..."


La rueda

                           para Robert Penn Warren


En los primeros trazos de un arco de violín
los bailarines se levantan de sus asientos.
El baile se empieza a dar forma
en la multitud, mientras las parejas se unen,
y las parejas se unen a parejas, sus movimientos
juntos aligeran sus pies.
Se mueven en el antiguo círculo
del baile. El baile y el canto
convocan a cada uno a unirse. Pronto
serán uno - extasiados en un simple
éxtasis, así que incluso la noche
tiene su claridad, y el tiempo
es la rueda que lo lleva.

En este éxtasis los muertos regresan.
El dolor se fue de ellos.
Son ligeros. Sus pasos
en los pasos de los vivos
y giran con ellos en el baile
en el recinto dulce
de la canción, y lo eterno
es la rueda que lo lleva.








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El baile


Haría que cada pareja gire,
una y desuna, se perdiera
en el gran giro
de otras parejas, tejidas
en el círculo de un baile,
la canción de un largo tiempo fluye

sobre ellas, para que puedan volver,
girar otra vez en sí mismas
por el deseo mayor que el propio,
perteneciendo a todos, a cada uno,
al baile y a la canción
que los mueve a través de la noche.

¿Qué es la fidelidad? ¿En qué
se sostiene? ¿El punto
de partida, la ausencia
y el camino a casa? Lo que somos
y lo que una vez fuimos

están muy distanciados. Para aquellos
que no cambiarán, el tiempo
es la infidelidad. Pero estamos casados
hasta la muerte, y están comprometidos
a cambiar. Por el silencio es así,
Aprendo mi canción. Gano

mis campos soleados con ausencia, una vez
y lo que venga. Y te amo
salís de la multitud
en el que venís y vas.
El amor cambia, y en el cambio está lo verdadero.








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Regresando


Estaba caminando en un valle oscuro
y encima de mí las cimas de las colinas
habían atrapado la luz de la mañana.
Oí la luz cantando mientras se iba
entre los pastos y las hojas.
Me estiré a través de la sombra
hasta que mi cabeza emergió,
mis hombros estaban cubiertos de luz,
y todo mi cuerpo salió de la oscuridad, y puesto
en la nueva orilla del día.
donde había llegado era a casa,
porque mi propia casa se puso blanca
donde el río oscuro llevaba la tierra.
El brillo de la generosidad estaba en el pasto,
y la primavera del año había llegado.








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Canción (1)


El desconocimiento de la fuente, afirma
nuestra abundancia en estos días.
La verdad nos guarda aunque no lo sepamos.
Oh espíritu, nuestra desolación es tu alabanza.








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Desolación


Un Espíritu gentil canta mientras viene
y va. Se mueve siempre
entre las cosas. Tierra y carne, pasando
de una a la otra, cantan juntos.

Convertidos en contra de esa canción, vamos
donde no hay canto o luz
o necesidad acopladas con sus sí,
excepto rencor, desesperación, miedo y soledad.

A menos que el solitario se abstenga,
el tiempo entra en la carne para cortar
la pasión de todo cuidado,
anular el linaje de la consecuencia.

A menos que el solitario se abstenga,
la hoja entra al suelo
para desgarrar la comodidad del mundo
por la raíz y la corona.








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Bajo la lluvia


1

Voy bajo el follaje
de la luz con una llovizna
en la hendidura de la colina,
y subo, mis pasos
silenciosos mientras vuelan
sobre las hojas mojadas.
A dónde voy, las piedras
se desgastan
bajo un flujo del cielo.




2

El camino que sigo
apenas puedo verlo
el suelo está tan inestable
y crecido.
A veces, mirando,
no logro pisarlo
entre los troncos oscuros, hojas
vivos y muertos. Y después
estoy solo, el bosque
sin forma a mi alrededor.
Aparto mis ojos, mi mirada
en reposo entre las hojas,
y después veo el camino
otra vez, un camino oscuro pasando
a través de la luz.








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Canción (2)


Mi leve colina, descanso
a tu lado en la oscuridad
en un lugar calentado por mi cuerpo,
donde por ardor, gracia, trabajo
y pérdida, pertenezco.








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Saliendo dispuesto

                        para Gurney Norman


Incluso el amor debe pasar por la soledad,
el labrador convertirse otra vez
en el Largo Cazador, y salir dispuesto
no a los árboles familiares cerca de casa
sino al bosque de la noche,
el verdadero desierto, donde la renovación
se encuentra, la disposición del suelo
una premonición de lo desconocido.
El vuelo de la hoja y el reyezuelo
lo llevan. Ya no puede estar en casa,
no puede regresar, a menos que comience
el círculo que primero lo llevará lejos.








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A distancia


1

Somos los demás y la tierra,
los vivos de los muertos.
Recordando lo que somos,
vivimos en la eternidad;
cualquier acto solitario
es trabajo de la comunidad.




2

Todos los momentos son uno
si el corazón se deleita
con el trabajo, si las manos
se unen al derecho mundial.




3

La rueda de eternidad da vuelta
a tiempo, sus rimas, austeras,
en intervalos largos, volviendo,
cantan en la mente, no en el oído.




4

Un hombre de pensamiento fiel puede sentir
la luz, entre la bestia y los campos,
el giro de la rueda.




5

Otoño del año:
en la tarde una niebla frágil
se elevó, brillando en la lluvia.
Los muertos y los no nacidos se acerca ron
al fuego. Una canción, no mía,
cerrada en la llama.








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Canción (4)
   
                   para Guy Davenport


Dentro de los círculos de nuestras vidas
bailamos los círculos de los años,
los círculos de las estaciones
dentro de los círculos de los años,
los ciclos de la luna
dentro de los círculos de las estaciones,
los círculos de nuestras razones
dentro de los ciclos de la luna.

otra vez, otra vez vamos y venimos,
cambiados, cambiando. Manos
unidas, desunidas en el amor y el miedo,
el dolor y la alegría. Los círculos se convierten,
cada uno dando a cada uno, en absoluto.

Sólo la música nos mantiene acá,
cada uno por todos los otros sujetados.
En la sujeción de las manos y los ojos
nos convertimos en parejas, que se unen
uniéndonos a cada uno a todos otra vez.

Y después nos desviamos, en soledad,
fuera de la luz solar

dentro de los círculos oscuros del retorno.








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La ley que se casa con todas las cosas



1

La nube sólo es libre
cuando va con el viento.

La lluvia sólo es libre
cuando cae.

El agua sólo es libre
cuando se junta,

en sus cursos en bajada,
en su creciente al aire.




2

La ley es el resto
si amás la ley,
si entrás, cantando, en ella
como el agua en su descenso.




3

O la canción es la ley más verdadera,
y vos debés entrar cantando;
no tiene otra entrada.

Es el gran coro
de partes. La única ilegalidad
está en división.




4

Lo que está cantando
se encuentra, esperando el regreso
de lo que está perdido.




5

Nos encontramos en el aire
sobre el agua,
cantan las golondrinas

Encontrame, encontrame,
el cardenal canta,
acá acá acá acá.







(versiones en castellano: Hugo Zonáglez)



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The Wheel

                   for Robert Penn Warren


At the first strokes of the fiddle bow
the dancers rise from their seats.
The dance begins to shape itself
in the crowd, as couples join,
and couples join couples, their movement
together lightening their feet.
They move in the ancient circle
of the dance. The dance and the song
call each other into being. Soon
they are one – rapt in a single
rapture, so that even the night
has its clarity, and time
is the wheel that brings it round.

In this rapture the dead return.
Sorrow is gone from them.
They are light. They step
into the steps of the living
and turn with them in the dance
in the sweet enclosure
of the song, and timeless
is the wheel that brings it round.








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The Dance


I would have each couple turn,
join and unjoin, be lost
in the greater turning
of other couples, woven
in the circle of a dance,
the song of long time flowing

over them, so they may return,
turn again in to themselves
out of desire greater than their own,
belonging to all, to each,
to the dance, and to the song
that moves them through the night.

What is fidelity? To what
does it hold? The point
of departure and absence
and the way home? What we are








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Returning


I was walking in a dark valley
and above me the tops of the hills
had caught the morning light.
I heard the light singing as it went
among the grass blades and the leaves.
I waded upward through the shadow
until my head emerged,
my shoulders were mantled with the light,
and my whole body came up out of the darkness, and stood
on the new shore of the day.
Where I had come was home,
for my own house stood white
where the dark river wore the earth.
The sheen of bounty was on the grass,
and the spring of the year had come.
and what we were once

are far estranged. For those
who would not change, time
is infidelity. But we are married
until death, and are betrothed
to change. By silence so,
I learn my song. I earn

my sunny fields by absence, once
and to come. And I love you
out of the multitude
in which you come and go.
Love changes, and in change is true.








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Song (1)


In ignorance of the source, our want 
affirms abundance in these days.
Truth keeps us though we do not know it.
O spirit, our desolation is your praise.








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Desolation


A gracious Spirit sings as it comes
and goes. It moves forever
among things. Earth and flesh, passing
into each other, sing together.

Turned against that song, we go
where no singing is or light
or need coupled with its yes,
but spite, despair, fear, and loneliness.

Unless the solitary will forbear,
time enters the flesh to sever
passion from all care,
annul the lineage of consequence.

Unless the solitary will forbear,
the blade enters the ground
to tear the world's comfort
out, by root and crown.








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In Rain


1

I go in under foliage
light with rain-light
in the hill's cleft, 
and climb, my steps 
silent as flight 
on the wet leaves. 
Where I go, stones 
are wearing away 
under the sky's flow. 




2

The path I follow
I can hardly see
it is so faintly trod
and over grown.
At times, looking,
I fail to find it
among dark trunks, leaves
living and dead. And then
I am alone, the woods
shapeless around me.
I look away, my gaze
at rest among leaves,
and then I see the path
again, a dark way going on
through the light.








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Song (2)


My gentle hill, I rest
beside you in the dark
in a place warmed by my body, 
where by ardor, grace, work, 
and loss, I belong.








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Setting Out

             for Gurney Norman


Even love must pass through loneliness,
the husbandman become again
the Long Hunter, and set out
not to the familiar woods of home
but to the forest of the night,
the true wilderness, where renewal
is found, the lay of the ground
a premonition of the unknown.
Blowing leaf and flying wren
lead him on. He can no longer be at home,
he cannot return, unless he begin
the circle that first will carry him away.








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From the Distance


1

We are others and the earth, 
the living of the dead.
Remembering who we are, 
we live in eternity;
any solitary act
is work of community.




2

All times are one
if heart delight
in work, if hands
join the world right.




3

The wheel of eternity is turning
in time, its rhymes, austere, 
at long intervals, returning, 
sing in the mind, not in the ear.


4

A man of faithful thought may feel
in light, among the beast and fields, 
the turning of the wheel.




5

Fall of the year:
at evening a frail mist
rose, glowing in the rain. 
The dead and unborn drew near
the fire. A song, not mine, 
shuttered in the flame.








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Song (4)

              for Guy Davenport


Within the circles of our lives
we dance the circles of the years, 
the circles of the seasons
within the circles of the years,
the cycles of the moon
within the circles of the seasons,
the circles of our reasons 
within the cycles of the moon.

Again, again we come and go,
changed, changing. Hands
join, unjoin in love and fear,
grief and joy. The circles turn,
each giving into each, into all.

Only music keeps us here,
each by all the others held.
In the hold of hands and eyes
we turn in pairs, that joining
joining each to all again.

And then we turn aside, alone,
out of the sunlight gone

into the darker circles of return.








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The Law that Marries All Things


1

The cloud is free only
to go with the wind.

The rain is free only
in falling.

The water is free only
in its gathering together,

in its downward courses,
in its rising into air.




2

In law is rest
if you love the law,
if you enter, singing, into it
as water in its descent.




3

Or song is trust law,
and you must enter singing;
it has no other entrance.

It is the great chorus
of parts. The only outlawry
is in division.




4

Whatever is singing
is found, awaiting the return
of whatever is lost.




5

Meet us in the air
over the water, 
sing the swallows

Meet me, meet me,
the redbird sings,
here here here here.








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Wendell Berry (1934)
Henry County, Kentucky, Estados Unidos


The Wheel - 1982
Editorial: North Point, San Francisco, Estados Unidos.

1/5/15

James Laughlin: "juntos como los amantes están destinados..."


La primera vez


Era la primera vez que habíamos hecho el amor.
Le pregunté qué le gustaría hacer
para darle placer. Pero no quiso
decirme. Me dijo que debo averiguarlo
por mí mismo. Sería lo mejor.








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El cuarto oscuro


La noche es un cuarto oscuro para los amantes.
El sol se fue, y nuestras preocupaciones
Y distracciones diurnas también.
Ahora en la oscuridad estamos juntos
Como los amantes están destinados.
Ya sea dormidos o despiertos
Nada se entromete entre nosotros.
Estamos calmados y protegidos
Por la oscuridad de nuestra habitación.








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El lago frío


Ese día cuando fuimos
A Sanct Wolfgang, arriba
En las pequeñas montañas
Por encima de Salzburgo, el agua
Estaba tan fría que solamente pudimos
Mantenernos nadando
Diez minutos. Aunque el
Sol brillaba salimos
Temblando, nuestros dientes
Chirriaban. Corrimos al
Pequeño vestidor que habíamos
Alquilado. Era tan chico que
Tuvimos que ponernos de pie para hacer
El amor y calentarnos.








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Todas las cosas buenas pasan


La chica de recepción de la Universidad
Press a quien solía comprar los clásicos de la Biblioteca
Loeb está ahora en un teléfono enganchada a una
computadora. Ella envolvía sus largas piernas alrededor
de mi cuello y me imaginé que era Tara de Cos.








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El reclamo de los amantes


Juro que no pregunto demasiado del cielo:
O hacer a esa chica desconsiderada
Que ayer me hizo
Su botín de guerra me ame
O me deje compartir su cama para demostrar que la amo.




Ovidio, un pasaje de la Ars Amatoria, traducción de Horace Gregory








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La invitación para hacer el amor


A ella le mostraste dibujos de animales haciendo el amor, después
de gente. La vista de criaturas eróticas como
gansos la hará sentir curiosidad. Escribí mensajes
de amoríos sobre hojas de palma. Contale tus
sueños sobre ella. Hacele cosquillas en sus pies con tu dedo.




Exceptúa del sánscrito de Kama Sutra de Vatsyayana (hacia siglo 5 d.c. ), traducido por Alain Daniélou.








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En Escandinavia 


en las danzas regionales
las chicas pliegan los pañuelos

de los chicos en sus
axilas y se las devuelven

para ser olidas








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Filosofía buena


Cuando te doy una manzana, si me amás
de corazón, lo cambiás por tu
virginidad. Pero si tus sentimientos son los que
espero que no sean, por favor tomá la manzana
y reflexioná sobre cómo lo efímero es belleza.








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Su problema


Era de un interés excesivo
En la vida del lenguaje.
No había lugar para la
Emociones en su existencia.
Estaba pasionalmente absorto
En palabras, tanto con palabras
A sí mismos con lo que
Decían. Más y más,
Las palabras construyen un muro a su alrededor,
Haciéndolo callar
Debería haber amado y
Aquellos que quisieron amarlo.








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Los amantes


Radha veía al dios Krishna que la deseaba sólo a ella,
que durante mucho tiempo había querido jugar con ella. Su cara
estaba poseída por el deseo. Mostraba su pasión
a través de temblorosas miradas. Era como
un estanque de lotos con un par de aguzanieves jugando.


-del Gita-Govinda hindú (siglo XII), traducción de Keyt.








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El regalo


En ese estacionamiento
presionaste

tu cuerpo contra
el mío  la iteración del

sueño de amor








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La habitación secreta


¿La gente olvida (si es que alguna vez lo sabían)
Que escuchan sus propias voces
No, a pesar de sus oídos
Excepto en sus propias gargantas
Hay ahí una imagen
Para cada bocanada de sonido?

Sí, hay una imagen
Pero rara vez se puede ver.
Se mueve tan rápida
Y no dura,
Se escapa del ojo.

Sin embargo nada, sonido o visión
Está totalmente perdido - cada sensación
Cada gesto o voz
Se almacena en la habitación oculta
En la parte de atrás del cerebro.
Sólo el guardián de los sueños
Tiene la llave de esa habitación oculta.








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Una elegía de Mimnermo


¿Cuánta alegría se abandona en la vida
Sin la bendición de Afrodita
nacida de la espuma? Dejame morir ahora
Que ya no puedo tener secretos
de amor, los dones del deseo
Y los placeres de camas suaves.
Estos fueron los florecimientos de
La juventud, dando felicidad tanto
Para los jóvenes y sus amantes.
Pero la edad trae dolores y mal
Olores al hombre que ha
Envejecido. Lo hace florecer
Mal en su cuerpo y
Mente. Desgasta el corazón.
Para él, el calor de la luz del sol
Está disminuida. Los niños le
temen y las mujeres a pesar de él.
Cruel es el tratamiento con
Que los dioses castigan a la vejez.


Una imitación









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Los cantos de la campana


El sonido que escuchamos es la campana
De una boya en la desembocadura del
Puerto. ¿Alguna vez te preguntaste
Cuál es su mensaje para nosotros?
En estos días no hay barcos
Calentando en ese canal. ¿Qué
Nos dice la campana balanceándose
Constantemente? Sin duda es la charla
De la muerte, pero escuchá un momento,
Deje que el sonido se hunda, no podría
Ser también un amor misterioso
La canción, nos recuerda que el amor
Aunque fuese transitorio,
Permanece con nosotros en la caída de la tarde.








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Los secretos


Los secretos de tu cuerpo
son difíciles de descubrir
y difíciles de resolver.
Te veo moverte
por la casa o caminar en
el jardín; tus movimientos
son normales. Pero cuando
te observo de cerca algunas veces
tengo la sensación de que ciertos gestos
de tu cuerpo, aparte
de los que puedas estar diciendo,
están eludiendo mi entendimiento.
Estas son cualidades raras
de tu ser físico.

¿Cómo puedo definir lo que
observo? Mis sentimientos mientras
te contemplo son tan tenues,
tan vagos. ¿Debería incluso estar
preocupado por estas percepciones
extrañas? ¿Está mi mente
a flote en andanzas? ¿Cómo
podrían los secretos de tu cuerpo
dañarme? No es como si
trasmitiera una enfermedad contagiosa.

Quizás sea yo el que tiene una
enfermedad: un ansia de
conocimiento completo y
posesión. Probablemente eso es
lo que me hace sentir tan curioso
por de los secretos de tu cuerpo.






(versiones en castellano: Hugo Zonáglez)


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The First Time 


It was the first time we had made love. 
I asked her what she would like me to do 
to give her pleasure. But she wouldn't 
tell me. She said I must find out for 
myself. It would be better so.








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The Darkened Room


Night is a room darkened for lovers.
The sun is gone, and our daytime concerns
And distractions with it.
Now in the darkness we are close together
As lovers are meant to be.
Wether we sleep or wake
Nothing intrudes between us.
We are soothed and protected
By the darkness of our room.








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The Cold Lake


That day when we went up
To Sanct Wolfgang, high
In the little mountains
Above Salzburg, the water
Was so cold we could only
Stay in it swimming about
Ten minutes. Though the 
Sun was shining we came
Out shivering, our teeth
Chattering. We ran to the
Little dressing box we had
Rented. It was so tiny we
Had to stand up to make








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All Good Things Pass


The girl at the order desk of the University
Press from whom I used to buy my Loeb Library 
classics is now a telephone hitched to a
computer. She would wrap her long legs around
my neck and I imagined she was Tara of Cos.








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The Lover's Complaint


I swear I do not ask too much of heaven: 
O make that thoughtless girl 
Who yesterday made me 
Her spoils of war either love me 
Or let me share her bed to prove I love her. 




Ovid, a passage from the Ars Amatoria, translation by Horace Gregory








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The Invitation to Make Love


Show her drawings of animals making love, then
of humans. The sight of erotic creatures such 
as geese will make her curious. Write amorois
messages to her on palm leaves. Tell her your
dreams about her. Tickle her toes with your finger.




Excepts from the Sanskrit of Vatsyayana's Kama Sutra (circa 5th century A.D.), translated by Alain Daniélou.








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In Scandinavia


at country dances the
girls tuck the boys'

handkerchiefs in their
armpits and give them

back to be sniffed.








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Good Philosophy


When I give you an apple, if you love me
from your heart, exchange it for your
maidenhead. But if your feelings are what 
I hope they are not, please take the apple 
and reflect on how short-lived is beauty. 





Plato.








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His Problem


Was an excessive interest
In the life of language.
There was no place for the
Emotions in his existence.
He was passionately absorbed
In words, as much with words
Themselves as with what they
Were saying. More and more,
The words built a wall around him,
Shutting him off from those
He should have loved and
Those who wanted to love him.








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The Lovers


Radha looked on the god Krishna who desired only
her, who long had wanted dalliance with her. His face
was possessed with desire. It showed his passion 
through tremblings of glancing eyes. It was like 
a lotus pond with a pair of wagtails at play.




An excerpt from the Sanskrit oj Jayadeva's Gita-Govinda (12th century A.D.), the love songs of Krishna and Radha, translated by George Keyt.








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The Gift


In that parking
lot pressure of


your body against
mine  iteration of

the dream of love








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The Secret Room


People forget (if they ever knew it)
That they hear their own voices
Not though their ears
But in their own throats 
Is there an image as well
For every breath of sound?

Yes, there's an image
But it seldom can be seen.
It moves too rapidly
And does not linger, 
It escapes the eye.

Yet nothing, sound or sight
Is entirely lost - every sensation
Every face or voice
Is stored in the hidden room
At the back of the brain. 
Only the keeper of dreams
Has the key to that hidden room. 









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An Elegy of Mimnermus


How much joy is left in life
Without the blessing of foam-
Born Aphrodite? Let me die now
That I can no longer have love
Secrets and the gifts of desire
And the pleasures of soft beds.
These were the blossomings of
Youth, giving happiness both
To young men and their lovers.
But age brings aches and bad
Smells to the man who has
Grown old. It makes evil
Flourish in his body and
Mind. It wears down the heart.
For him the warmth of sunlight
Is diminished. Children fear
Him and women despite him.
Cruel is the treatment with
Which the gods punish old age.



An imitation








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The Chanting Bell


The sound we hear is the bell
Of a buoy at the mouth of the 
Harbor. Have you ever wondered 
What its message for us is?
These days there are no ships
To warm in that channel. What 
Is the rocking bell relentlessly
Telling us? Surely it is talk
Of death, but listen a while, 
Let the sound sink in, could
It not also be an eerie love-
Song, reminding us that love
Even though it was transitory, 

Abides with us into eventide.








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The Secrets 


The secrets of your body 
are difficult to unlock 
and difficult to solve. 
I see you moving about 
the house or walking in 
the garden; your movements 
are ordinary. But when I 
watch you closely some times 
I sense that certain gestures 
of your body, quite apart 
from what you may be saying, 
are eluding my understanding.
These are rare qualities
of your physical being. 

How may I define what I 
observe? My feelings as I
watch you are so tenous, 
so vague. Should I even be
concerned about these strange
perceptions? Is my mind 
afloat in wanderings? How
could your body's secrets
harm me? It's not as if you
had a contagious disease.

Perhaps it's I who have a 
disease: a longing for
complete knowledge and
possession. Probably that's 
what makes me so curious
about the secrets of your body.







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James Laughlin (1914-1997)
Pittsburgh, Estados Unidos.

The Secret Room - 1997
New Directions Publishers, Estados Unidos.