20/6/15

Sharon Olds: "su vida empezó a despertar en mí..."


El arrastre


Cada hora, en este momento, él cambia,
derramando cierta capacidad de edad.
Con las rodillas flexionadas, su cuerpo color estaño,
el pelo negro y gris, espeso con
grasa como ungüento de ritual, mi padre
se mueve, hora tras hora, de cabeza,
hacia la muerte, siento cada pulgada de sus movimientos
a través de mí hacia allá, de la forma en que cada niño
se mueve, lentamente, descendiendo por mi cuerpo,
como si fuera Dios sintiendo los ríos
que se arrastran constantes a través de mí, y la tierra
presionando, el propio 
universo trasportado, pesado y fácilmente,
dibujado en mi cuerpo como una servilleta a través de un anillo -
como si mi padre pudiera vivir y morir
a salvo dentro de mí.









-------









Muerte y moralidad


La muerte de mi padre no es mala.
No es buena y no es mala,
está fuera del mundo moral por completo.
Cuando las enfermeras vacían su bolsa del catéter,
vertiendo el líquido ámbar pálido
en el vaso medidor, no
es ni bueno ni malo, es sólo
el cuerpo. Incluso su dolor, cuando su rostro
se contrae y su boca hace pequeñas succiones
cuando sus maxilares retrocede
no es malo, nadie se lo está haciendo,
no hay culpa, ni vergüenza,
sólo hay placer y dolor. Este
es el mundo en el que el sexo vive, el mundo
de los nervios, el mundo sin iglesia,
lo besamos en ese mundo, peinamos con la mano su pelo
disparado, su mujer y yo, una
a cada lado, limpiamos el flujo de
saliva como la arcilla de marfil del lado de su boca.
Su cuerpo siente nuestra compañía 
Fuera del mundo de la moral, como si
le estuviéramos haciendo el amor en el bosque
Y lo escuchamos, muy lejos, en un campo,
Los himnos distantes de un grupo,
Más pequeño que las más pequeñas gotas verde oscuras
El rocío sobre su cuerpo mientras nos sumergimos para tocarlo.









-------









La imagen que quiero


Es blanco y negro, cuadrado, densamente
glosado como una foto de una cámara Baby Brownie.
Él está sentado sobre el largo sofá,
un gran hombre vuelto pequeño con cáncer.
En el cuello abierto de su camisa deportiva
podés ver algunos de los bultos más grandes
presionando en su garganta y en el pecho,
él es como una media rellena de cosas.
Su cabeza se inclina hacia un lado,
descansando en la parte superior de mi cabeza, y mi cabeza
está apoyado en su hombro, mi cara tan cerca
del tumor primario como los labios un bebé 
que dormita al pecho de su madre. La luz
es áspera, las sombras filosas, podés ver
las líneas de la edad en ambas caras
y nuestros ojos cerrados - descansamos uno sobre el otro,
casi dormidos.









-------









Su terror


A él le encanta el altar portátil que el ministro
lleva al hospital, sus diminutas vinajeras y
redomas, su cruz que se levanta
cuando se abre la tapa, como la bailarina que se 
relaja, cuando abrí mi joyero, ella
se levantó y giró como los muertos. Después la tapa
se dobló hacia abajo, haciendo una reverencia en la oscuridad,
la manera en que esperaría, debajo de mi cama,
a la mañana. Mi padre se había olvidado de eso,
abre su boca para el disco poroso
que se pone sobre su lengua, le encanta llamar al ministro Padre.
Y sin embargo, en algún lugar de su cuerpo, ¿existe el terror?
Ahora los bultos del cáncer estan en todas partes,
puede poner su palma donde se hincha su piel, puede
manosear los agujeros donde el cirujano ha estado.
Me pide que toque.
Tal vez su terror no es morir,
o incluso la muerte, pero algún grito
se ha mantenido dentro toda su vida
y quedan semanas.









-------









Su quietud


El médico le dijo a mi padre: "Usted me pidió 
que le diga cuando nada más se pudiera hacer. 
Eso es lo que ahora le estoy diciendo." Mi padre 
sentado quieto, como siempre lo hacía, 
sobre todo sin mover los ojos. Yo había pensado 
que deliraría si comprendiera que iba a morir, 
movería los brazos y gritaría. Estaba sentado, 
flaco y limpio, en su pijama limpia, 
como un santo. El médico dijo, 
"Hay cosas que podemos hacer que le podría dar tiempo, 
pero no lo podemos curar." Mi padre dijo: 
"Gracias." Y se sentó, inmóvil, solo, 
con la dignidad de un líder extranjero. 
Me senté a su lado. Éste era mi padre. 
Él sabía que era mortal. Temía que tuviera que 
atarlo. No me acordaba 
que siempre estaba quieto y callado al soportar cosas, 
el licor era una manera. No lo había
conocido. Mi padre tenía dignidad. Al 
final de su vida, su vida empezó
a despertar en mí.









-------









La mirada


Cuando mi padre empezó a asfixiarse otra vez
gritó ¡masaje en la espalda! en un tono monótono,
como si hiciera un anuncio,
este hombre que nunca me pidió nada.
Era demasiado débil para inclinarse hacia adelante,
así que deslicé mi mano entre su espalda 
y la lámina, ambas calientes y se sentó ahí
con sus ojos saltones, aquellos ojos de goma
de borrar tinta usada que nunca realmente
me miraron. Su piel me impactó,
sedosa como un seno, voluptuosa
como la piel de un bebé, pero seca, y mi mano
estaba seca, así que me froté con facilidad, en círculos,
me miraba y no se ahogaba, cerré
mis ojos y frotaba como si su cuerpo fuera su alma.
podía sentir su columna vertebral en el fondo, podía
sentirlo bajo el imperio de la asfixia,
toda mi vida había sentido que estaba bajo una regla.
Hizo gárgaras, tenía un vaso preparado,
no lo derramé, escupió, 
me lo agradeció, dejé que todo el placer
de acariciar a mi padre despertara en mi cuerpo,
y entonces pude tocarlo desde el fondo de mi corazón,
él se movió a la cama, se inclinó, sus ojos
saltados y oscurecidos, el moco se levantó,
sostuve la copa en sus labios y se deslizó
de la cama y se sentó de nuevo, un rubor entró en
su piel, y levantó su cabeza con timidez pero
sin reticencias y me miró
directamente, por un momento, con una oscura
cara y ojos brillantes de confianza.









-------









Últimos actos


Desearía poder lavar la cara de mi padre,
tomar el algodón de la suciedad de la tierra
y pasárselo en su cara que sus rizos
laman sus poros antes de morir. Quisiera
estar en él, como una vez estuve en su interior,
galopando en sus bolas el día antes de ser expulsada-
fácilmente me lleva en sus largas piernas hasta las
colinas de San Francisco en tiempos de guerra, estoy
ahí entre sus piernas donde pertenezco,
soy su carne, me puede amar sin
reserva, seré su placer.
Ahora quiero sentir, en el roce
de la tela, los contornos de su piel sin hueso,
quiero lavarlo, de la forma en que fregaba
las caras de mis muñecas a fondo
antes de cualquier gran ceremonia.









-------









Últimas palabras


Hace tres días, mis maletas
estaban amontonadas ahí, en su habitación del hospital,
en un rincón, tenía que recogerlas
por el pescuezo del cuello, y dejarlo. Las dejaba
y volvía
a besarlo otra vez a pesar de que estaba agotado,
brillando como plata oxidada, y sin embargo,
no era capaz de recogerlas
y salir por la puerta de una vez. Volvía
a su boca se levantaría, su
frente brillando con empeño, sus ojos
giraron para volver, renunciando, hasta
que finalmente gritó ¡Último beso!
y lo besé y lo dejé. Esta mañana, su esposa
me llamó para contarme que ha dejado de hablar,
así que esas fueron sus últimas palabras para mí,
con las que me deja - y que está terminando con un beso -
una orden de piedad, sus labios
creadores y agrietados. Para rogar que me vaya,
mi padre ¡me pidió un beso! No lo
hubiera dejado de otra manera, no te dejaré excepto que me lo pidas.









-------









Cerca de la muerte


Siempre, ahora, lo siento, una constante
incluso presión, en todo mi cuerpo.
Como si estuviera sujetada a una prensa.
Estoy esperando a que suene el teléfono,
ellos lo dirán y no estaré lista,
No tengo un lugar preparado,
No sé qué pasará con él
o a dónde irá. Siempre pensé
que tuve una salvación para él, escondida,
incluso de mí misma, en mi pecho. Pero cuando suene el teléfono,
No sé quién será, después,
o donde, no tengo nada para él, sin red,
ni cielo para atraparlo - sólo me enseñó
la tierra, la noche, el sueño, el cuerpo
masculino en su belleza y miedo,
preparó ese paisaje para mí
para ir a él, e iré a él
y le daré, lo que me dio a mí, se lo daré,
la tierra, la noche, el sueño, la belleza, el miedo.









-------









Asombro


Cuando ella me llama para decirme que mi padre está muriendo
hoy o mañana, camino por el pasillo
y siento que mi boca se ha quedado abierta
y mis ojos miran fijamente. El planeta de su cabeza
nadaba por encima de mi cuna, no lo entendía.
Su cuerpo se acercó a mí en el lago sobre las ágatas,
el pelo de su pecho levantando como rastas
Lo vi y no lo entendía.
Acostado detrás de las puertas de cristales biselados, junto
a la jarra de cristal tallada, su futuro
en fragmentos enlazados como gavillas verticales.
Se sentó en el borde, no encontrando nuestros ojos,
sus iris hechos de alguna materia reducida, viscosa
satinada, no descubierta.
Cuando enfermó, empezó a girar,
cuando se hundió, brilló. Bajé
mi boca para la sopera reluciente de su cara
y él mismo inclinado hacia mí, un deslumbrante
meteoro cayendo hacia la cuna,
y ahora se va a morir. Desciendo por 
el pasillo cara a cara con eso
como si se tratara de un gran calor.
Me siento como uno de los niños pastores
cuando la estrella cayó sobre el techo.
Pero estoy acostumbrada, estoy en un asombro
familiarizado. Si me hubiera atrevido imaginar
una negociación podría haber deseado cambiar
los lugares con alguien criado en el amor,
pero ¿cómo iba alguien criado en el amor
soportar esta muerte?









-------









El pedido


Yacía como alguien caído desde un lugar
alto, sólo sus ojos podían girar,
gritaba,
nos inclinamos sobre él
su mujer y yo, a centímetros de su cara,
intentando beber a sorbos su respiro
los sonidos de su boca. Yacía con ojos abiertos
y desorbitados, el fluido se estancó
en la parte posterior de su garganta y la voz ahí era
gutural, a través de labios inmóviles, no pudimos
entender una palabra, estaba en el suelo
tan profundo dentro de sí mismo, nos acercamos más, como si
nos inclináramos al costado de un pozo
y poniendo la cabeza dentro. Una vez,
cuando su mujer estaba del otro lado del cuarto, empezó a hacer
gárgaras de algunos de esos sonidos físicos,
Oll - eh - A A, Oll - eh - A A, 
incluso bajé aún más, por encima de su boca 
abierta, Oll - eh - A, F F R, me hundí casi
en el cuerpo donde empezó la mitad de mi vida,
Voll - eh - F R A N  - "¡Volvé Frances!"
Dije, y cerró los ojos en su último
sí de aquiescencia agotada,
Dije, Ella está acá. Se acercó a él
lo tocó, le habló, y cerró sus
ojos, y se desmayó y nunca
volvió a despertar, ahora se podía mover
constantemente hacia abajo...









-------









Los ojos de mi padre


El día anterior a que mi padre murió
yacía ahí todo el día con los ojos abiertos,
observando con una mirada tenaz y cansada.
Sus iris se convirtieron en avellanas
como si su naturaleza hubiera cambiado, pedazos
de agua o cielo puesto en sus sólidos minerales.
Cada vez que parpadeaba, la poderosa
ola de un abrir y cerrar de ojos se movía por mi cuerpo
como si Dios hubiera parpadeado,
un mundo deshecho en el salto de un párpado.
Dijeron que probablemente no estaba viendo nada,
la esfera material de sus ojos simplemente
abierta a las cosas del mundo.
Pero hacia el atardecer parecía mover
sus ojos hacia mi voz o la voz de su mujer.
Y una vez, cuando estaba agitado,
me acerqué inclinándome
y desvió sus iris borrosos hacia mí y con
ellos por un momento su pupila reducida
y me llevó dentro, era mi padre
mirándome. Esto duró
sólo un segundo, como el repentino flash
del sexo que salta entre dos personas.
Entonces su visión volvió a hundirse
y dejó sólo el globo del ojo, y al
día siguiente el alma se fue
y dejó solo a mi padre ahí
y pensaba en ese último destello, un destello sin
calor o esperanza, su destello de reconocimiento.









-------









El último día


El último día de la vida de mi padre
lo bañaron en la mañana, le sacaron la sábana de la cintura
y me senté con ellas y lo lavaron, clavícula,
hombro, pecho, el granulado oscuro
la piel ocre, miré por la ventana 
las montañas plegadas de California, 
pensaba cómo ellas se fueron suavizando,
caliente, maleable, como si mi padre fuera
un pequeño pollo líquido dentro de su madre.
Enjabonaron los ángulos de su cuerpo desperdiciado,
miré la montaña, sus grietas,
las zonas de sombra y de luz - siempre
deseaba creer en lo que veía.
Enrollaron la sábana hasta su cintura,
su muslo era ahora sólo el hueso,
la piel como papel de carnicero que envuelve
estrechamente un hueso para el perro, vi
la larga curva y el vello de su pecho se paró,
salieron del cuarto un momento y quedé
a solas con él,
su pezón como un pequeño puñado de guijarros oscuros,
trajeron el horno blanco
con funda de algodón y giraron su cara a la ventana.
La luz del día le brillaba justo en la boca, pude
ver un copo de mucosa seca
vertical sobre su lengua como una pizca.









-------









Los sentimientos


Cuando lo interno escuchó al corazón detenido
lo miré fijamente, como si o yo
fuera salvaje, fuera de algún mundo, Tuve
que perder el lenguaje de los gestos, no podía
saber lo que significaba para un desconocido levantar
la bata del cuerpo de mi padre.
Mi cara estaba mojada, la cara de mi padre
era ligeramente húmeda con el sudor de su vida,
los últimos momentos de duro trabajo.
Estaba apoyada contra la pared, en el rincón, y
él tirado en la cama, ambos estábamos haciendo algo,
y todos los demás en el cuarto creían en el Dios cristiano,
llamaron a mi padre la cáscara en la cama, yo era la
única ahí que sabía
él se había ido, la única
ahí que despidió su cuerpo
que era todo lo que era, me abracé, fuerte,
a su pie, pensé en el anciano esquimal
abrazando la popa de la canoa de la muerte,
lo dejé ir lentamente del mundo físico.
Sentí la sequedad de sus labios bajo
mis labios, sentí cómo incluso mi ligero
beso movió su cabeza en la almohada
la forma en que las cosas se mueven como si estuvieran en aguas poco profundas,
Sentí su pelo despeinado entre mis dedos
como un lobo, las paredes cambiaron, el suelo, el
techo rodó como si no estuviera
saliendo del cuarto, pero el cuarto estaba
retrocediendo a mi alrededor. Me hubiese
gustado quedarme a su lado, conducirlo por 
su hombro mientras que lo llevaban al lugar donde lo iban a quemar
verlo de manera segura en el fuego,
tocar sus cenizas en su calor, y traerlo de mi
dedo a mi lengua. A la mañana siguiente,
sentí el cuerpo de mi marido sobre mí
aplastándome con dulzura como un peso pesado en alguna
cosa suave y alguna fruta, sosteniéndome
fuerte a este mundo. Sí, las lágrimas salieron
hacia fuera como jugo y azúcar de la fruta -
la piel delgada y se rompe, y se rasga, hay
leyes sobre esta tierra, y vivimos en ellas.









-------









La urna


Pensaba que sería ser cónica, con una pequeña
cintura y un par de asas, plateadas
como una taza adorable
o un trofeo de tenis, pero ahí sobre la mesa
era una caja cuadrada y lisa, con un toque
militar, las esquinas de acero inoxidable
soldadas, un contenedor que podría tener
residuos radioactivos. Lo giré hasta que me girará 
el nombre a mí, ese animal elegante
etiquetado como un nombre en una caja de sal gruesa -
esto es lo que ahora era, cuatro o cinco
libras de hueso en una caja, la cual había alzado
y sacudido. Hay personas que se tragan todos
los autos, pieza por pieza, pero el ministro
fue caminando, mi madrastra se acercó, 
lo abracé y sacudí, no sabía
exactamente donde estaba, o sentir
su peso desde que había levantado
su cabeza por su tibia nuca para tener el
fino tubo de arnés de oxígeno
de su cara después de su muerte.
Ahora que lo tenía detrás, me froté
el pulgar una y otra vez
a lo largo del acero inoxidable. Los que 
se alejaron de nosotros, o no nos pudieron
mirar, sólo la presión de su peso es una bendición.









-------









Más allá del daño


Una semana después de la muerte de mi padre
de golpe comprendí
su cariño para mí era seguro - nada
podía tocarlo. En esos últimos meses,
en ocasiones su cara iluminaba cuando lo hacía
entrar al cuarto, y su mujer dijo
que una vez, cuando estaba medio dormido,
sonrió cuando dijo mi nombre. Respetaba
mi coraje - cuando me ataron a la silla, esa vez,
estaban atando a alguien que respetaba, y cuando
no me habló, en semanas, era uno de los
seres a quienes no hablaba,
alguien con un lugar en su vida. La última
semana llegó a decirlo, una vez,
por error. Entré a su cuarto, y le dije: "¿cómo
estás?", y dijo:"te amo
también". Desde entonces, tuve
que perder esa palabra. Hasta el último
momento, podía cometer algún error, ofenderlo, y con
una de sus viejas bocas de disgusto podría re-
inclinar mi vida. No pienso en ello,
estaba ayudando a cuidarlo,
secándole la cara y observándolo.
Pero al final, un tiempo después de su muerte,
de golpe pensé, con asombro, que siempre
me amará, y me reí - estaba muerto, ¡muerto!









-------









Historia natural


Cuando pienso en las anguilas, pienso en Seattle,
el día que volví a la tumba de mi padre.
Sabía que habíamos enterrado cenizas, una caja
de pelusa aceitosa, y sin embargo, cuando me acerqué,
se sentía como si su longitud
estaba colgada ahí, masiva, suelta,
una anguila ámbar de seis pies descendió
profundamente en la colina. El aire estaba húmedo,
verdoso como el viejo aire del acuario cuando
entrábamos al zoológico. Cada vez que veíamos
un carnívoro, mi padre me daba
comida para alimentar - tigres, cocodrilos,
manta rayas, y esa morena y solitaria
anguila, se rizaría hasta nosotros, sin brazos,
sin piernas, ni labios como una mueca de terror.
Como le gustaría una chica apetitosa, mi
padre pediría la anguila, un ministro
realizaría el matrimonio. Como te gustaría
entrar ahí con eso, me levantó encima
del vidrio grueso, como si me estuviera subiendo
al poder de mi propio grito. Más tarde lo haría
pasar al living, y lo vería
dormido, desmayado, ondulante, flojo,
indiferente. Y en su tumba
era muy parecido a eso -
la piedra brillante, por debajo el ramo
aplastado de cenizas, y más abajo,
como un niño que se tiró a llorar,
la gran curva fácil y detenida
de mi padre. Longitud a longitud me acuesto sobre él
y duermo.









-------








Carta a mi padre de 40000 pies


Querido papá, hoy vi tu doble
a través de la cortina de Primera clase. De cara rojiza,
con pozos, hinchada, como fruta
la piel de las mejillas y labios de alcohólico, siendo un
hombre de negocios, no despedido aún.
Se sentó en el brazo de su asiento, charlando
al otro lado del pasillo, vi tu mirada
de vendedor, los ojos abiertos y astutos,
tenía la cabeza corta, la corbata
aflojada, la camisa, el cinturón. Miré
a través de la separación de los asientos, y quería,
Quería acercarme a él,
No quería mirarlo o besarlo,
sólo quería poner mis largos
brazos a su alrededor, oler el algodón
planchado, sentir el calor de su pecho
contra mi mejilla, el gran cuerpo masculino
libre de cáncer, la carne fina,
tamizada sin bultos. Bueno, eso es todo, de verdad,
sólo registrarlo. No es algo
en la forma en que no puedo tener más de vos, este
largo y profundo, deseo inmerecido, 
me hiciste cuando me hiciste, incluso después de tu muerte
brilla hacia vos, incluso cuando esté muerta estaré
frente a vos, mi no-ser
el objetivo de este no-amor ardiente
firmemente hacia vos. Supongo que estoy diciendo
que te odio, también, hay una manera que quiero
tomar a ese borrachín de primera clase y tirarlo
al suelo, sujetarlo
y ganarle, golpear su antebrazo en la tierra
mucho después de que grite.









-------









Quería estar ahí cuando murió mi padre 


Quería estar ahí cuando murió mi padre 
porque quería verlo morir -
y no sólo para conocerlo, descender
al suelo, la tierra de su deshacer y no
sólo para darle una última oportunidad
de darme algo, o devolver su odio. 
Todo el verano se había amordazado, como si tratara
de toser todo su esófago afuera,
seguramente su dolor y la depresión me habían apaciguado,
y sin embargo quería verlo morir
no sólo para no ver ningún alma venir
libre de su cuerpo, sin genio mágico de
espíritu saltando
adelante de su boca,
probando que el cuerpo sobre la tierra es todo lo que tenemos,
quería ver morir a mi padre
porque lo odio. Oh, lo amo,
mis manos lo acariciaron tanto, acostado como muerto en 
el sofá floreado donde me había golpeado,
su silencio me había mutilado, Yo era una Eva
él tomó y apretó de nuevo en la arcilla,
pulgares casuales deshaciendo el pómulo
la cavidad del ojo costilla pelvis tobillo de niña
y ahora lo vi deshacer y
alguien me vanagloriaba de ello,
alguien tirado donde había estado forrado
Edén, el cadáver de alguna chica, en espiral como
una de su ámbar escupir-ems, sonrió.
El sacerdote fue llamado a esa habitación,
violeta grosgrain de su cinta puesto
abajo sobre ese banco de carne
donde la hija de la muerte fue creada, debía decir
en otras manos que las nuestras
encomendamos este espíritu.








(versiones en castellano: Hugo Zonáglez)


-------







The Pulling


Every hour, now, he is changing,
shedding some old ability.
Knees up, body tin-colored,
hair black and grey, thick with
grease like ritual unguent, my father
moves, hour by hour, head-first,
toward death, I sense every inch of him moving
through me toward it, the way each child
moved, slowly, down through my body,
as if I were God feeling the rivers
pulling steadily through me, and the earth
pressing through, the universe
itself hauled through me heavily and easily,
drawn through my body like a napkin through a ring –
as if my father could live and die
safely inside me.








---------








Death and Morality


My father’s dying is not evil.
It is not good and it is not evil,
it is out of the moral world altogether.
When the nurses empty his catheter bag,
pouring the pale, amber fluid
into the hospital measuring cup, it is
neither good nor bad, it is only
the body. Even his pain, when his face
contracts, and his mouth makes a sucking snap
when his jaws draw back
is not wicked, no one is doing it to him,
there is no guilt, and no shame,
there is only pleasure and pain. This
is the world where sex lives, the world
of the nerves, the world without church,
we kiss him in it, we stroke back his gunned
hair, his wife and I, one
on either side, we wipe the flow of
saliva like ivory clay from the side of his mouth.
His body feels us attending him
Outside the world of the moral, as if
We are making love to him in the woods
And we hear, far away, in a field,
The distant hymns of a tent-meeting,
Smaller than the smallest drops of green-black
Woods dew on his body as we dip to touch him.









-------









The Picture I Want 


It is black and white, square, thickly
glossed like a snapshot from a Baby Brownie.
He is sitting up, on the long couch,
a large man gone small with cancer.
In the open neck of his sports shirt
you can see some of the larger lumps
pressing out at his throat and chest,
he is like a stocking stuffed with things.
His head is leaning over far to one side,
resting on the top of my head, and my head
is leaning on his shoulder, my face as near
to the primary tumor as a dozing baby's
lips to the mother's breast. The light
is harsh, the shadows sharp, you can see
the lines of age on both our faces
and our eyes are closed--we are resting on each other,
almost asleep.









-------









His Terror


He loves the portable altar the minister
brings to the hospital, its tiny cruets and
phials, its cross that stands up
when the lid opens, like the ballerina who un-
bent, when I opened my jewelry box, she
rose and twirled like the dead.  Then the lid
folded her down, bowing, in the dark,
the way I would wait, under my bed,
for morning.  My father has forgotten that,
he opens his mouth for the porous disc
to be laid on his tongue, he loves to call the minister Father.
And yet, somewhere in his body, is there terror?
The lumps of the cancer are everywhere now,
he can lay his palm where they swell his skin, he can
finger the holes where the surgeon has been in him.
He asks me to touch them.
Maybe his terror is not of dying,
or even of death, but of some cry
he has kept inside him all his life
and there are weeks left.









-------









His Stillness


The doctor said to my father, "You asked me
to tell you when nothing more could be done.
That's what I'm telling you now." My father
sat quite still, as he always did,
especially not moving his eyes. I had thought
he would rave if he understood he would die,
wave his arms and cry out. He sat up,
thin, and clean, in his clean gown,
like a holy man. The doctor said,
"There are things we can do which might give you time,
but we cannot cure you." My father said,
"Thank you." And he sat, motionless, alone,
with the dignity of a foreign leader.
I sat beside him. This was my father.
He had known he was mortal. I had feared they would have to
tie him down. I had not remembered
he had always held still and kept quiet to bear things,
the liquor a way to keep still. I had not
known him. My father had dignity. At the
end of his life his life began
to wake in me.









-------









The Look


When my father started choking again
he cried out Back rub! in a monotone,
as if making an announcement,
this man who had never asked me for anything.
He was too weak to lean forward much,
so I slid my hand between his hot
back and the hot sheet and he sat there
with his eyes bulging, those used India-
ink-eraser eyes that had never really
looked at me. His skin shocked me,
silky as a breast, voluptuous
as a baby's skin, but dry, and my hand
was dry, so I rubbed easily, in circles,
he stared and did not choke, I closed
my eyes and rubbed as if his body were his soul.
I could feel his backbone deep inside, I could
feel him under the rule of the choking,
all my life I had felt he was under a rule.
He gargled, I got the cup ready,
I didn't vary the stroke, he spat, I
praised him, I let the full pleasure
of caressing my father come awake Jn my body,
and then I could touch him from deep in my heart,
he shifted in the bed, he tilted, his eyes
bugged out and darkened, the mucus rose,
I held the cup to his lips and he slid out
the mass and sat back, a flush came into
his skin, and he lifted his head shyly but
without reluctance and looked at me
directly, for just a moment, with a dark
face and dark shining confiding eyes.









-------









Last Acts


I wish I could wash my father’s face,
take cotton from the dirt of the earth
and run it over his face so the loops
lick in his pores before he dies. I want
to be in him, as I was once inside him,
riding in his balls the day before he cast me –
he carries me easily on his long legs up the
hills of San Francisco in war-time, I am
there between his legs where I belong,
I am his flesh, he can love me without
reserve, I will be his pleasure.
Now I want to feel, in the rowelling
of the cloth, the contours of his pitted skin,
I want to wash him, the way I would scrub
my dolls’faces thoroughly
before any great ceremony.









-------









Last Words


Three days ago, my suitcases
were hunched there, in his hospital room,
in the corner, I had to pick them up
by the scruff of their necks, and leave him.  I kept
putting them down, and going back
to kiss him again although he was exhausted,
shining like tarnished silver, and yet
I could not seem to pick up those bags
and walk out the door the last time.  I kept
going back to the mouth he would lift, his
forehead glittering with effort, his eyes
slewing back, shying, until
finally he cried out Last kiss!
and I kissed him and left.  This morning, his wife
called to tell me he has ceased to speak,
so those are his last words to me,
the ones he is leaving me with--and it is ending with a kiss--
a command for mercy, the offer of his cracked
creator lips.  To plead that I leave,
my father asked me for a kiss!  I would not
leave till he had done so, I will not let thee go except thou beg for it.









-------









Close to Death


Always, now, I feel it, a steady
even pressure, all over my body.
As if I were held in a flower-press.
I am waiting for the phone to ring,
they will say it and I will not be ready,
I do not have a place prepared,
I do not know what will happen to him
or where he will go. I always thought
I had a salvation for him, hidden,
even from myself, in my chest. But when the phone rings,
I don’t know who he will be, then,
or where, I have nothing for him, no net,
no heaven to catch him – he taught me only
the earth, night, sleep, the male
body in its beauty and fearsomeness,
he set up that landscape for me
to go to him in, and I will go to him
and give to him, what he gave to me I will give him,
the earth, night, sleep, beauty, fear.









-------









Wonder


When she calls to tell me my father is dying
today or tomorrow, I walk down the hall
and feel that my mouth has fallen open
and my eyes are staring. The planet of his head
swam above my crib, I did not understand it.
His body came toward me in the lake over the agates,
the hair of his chest lifting like root-hairs--
I saw it and I did not understand it.
He lay, behind bevelled-glass doors, beside
the cut crystal decanter, its future
shards in upright bound sheaves.
He sat by his pool, not meeting our eyes,
his irises made of some boiled-down, viscous
satiny matter, undiscovered.
When he sickened, he began to turn o us,
when he sank down, he shined. I lowered my
mouth to the glistening tureen of his face
and he tilted himself toward me, a dazzling
meteor dropping down into the crib,
and now he is going to die. I walk down the
hall face to face with it
as if it were a great heat.
I feel like one of the shepherd children
when the star came down onto the roof.
But I am used to it, I stand in familiar
astonishment. If I had dared to imagine
trading I might have wished to trade
places with anyone raised on love,
but how would anyone raised on love
bear this death?









-------









The Request


He lay like someone fallen from a high
place, only his eyes could swivel,
he cried out,
we bent low, over him
his wife and I , inches from his face,
trying to drink sip up breathe in
the sounds from his mouth. He lay with unseeing
open eyes, the fluid stood
in the back of his throat, and the voice was from there,
guttural, through unmoving lips, we could
not understand one word, he was down
so deep inside himself, we went closer, as if
leaning over the side of a well
and putting our heads down inside it. Once,
when his wife was across the room, he started to
gargle some of those physical sounds,
Rass – ih – A A, rass – ih –A A, I
hovered even lower, over his open
mouth, Rass – ih – A A, B A A, I sank almost
into the body where my life half-began,
Frass – ih – B A A – “Frances Back!”
I said, and he close his eyes in his last
yes of exhausted acquiescence,
I said, She’s here. She came over to him
touched him, spoke to him, and he closed his
eyes, and he passed out and never
came up again, now he could move
steadily down...









-------









My Father's Eyes


The day before my father died
he lay there all day with his eyes open,
staring with a weary dogged look.
His irises had turned hazel in places
as if his nature had changed, bits
of water or sky set into his mineral solids.
Every time he blinked, the powerful
wave of the blink moved through my body
as if God has blinked,
a world unmade in the jump of an eyelid.
They said he was probably not seeing anything,
the material sphere of his eye simply
open to the stuff of the world.
But toward evening he would seem to move
his eyes toward my voice or his wife's voice.
And once, when he got agitated,
reaching out, I leaned down
and he swerved his blurred iris toward me and with-
in it for a moment his pupil narrowed and
took me in, it was my father
looking at me. This lasted
just a second, like the sudden flash
of sex that jumps between two people.
Then his vision sank back down
and left only the globe of the eye, and the
next day the soul went out
and left just my father there
and I thought of that last glint, glint without
warmth or hope, his glint of recognition.









-------









The Last Day


The last day of my father's life 
they bathed him in the morning, they drew the sheet down to his waist 
and I sat with them and they washed him, clavicle, 
shoulder, chest, the dark grainy
ochre skin, I looked out the window at the
folded California mountains, I
thought of how they were made when they were soft, 
hot, malleable, as my father was once a
tiny liquid chicken inside his mother. 
They soaped the angles of his wasted body, I
looked out the mountain, its crevices, 
the areas of shadow and the areas of light - I have
always longed to believe in what I was seeing. 
They rolled the sheet up to his hips, 
his thigh was just the bone now, 
the skin like butcher paper closely
wrapping a dog-bone, I saw the
long curve and the hair on his chest stood up, 
they left the room a moment and I was
alone with him, 
his nipple like a small handfull of dark pebbles, 
they broguht the white oven-heated
cotton cover and they turned his face to the window. 
The daylight was shining right into his mouth, I could
see a flake of dried mucous
upright on his tongue like a tiny.









-------









The Feelings


When the intern listened to the stopped heart
I stared at him, as if or I
were wild, were from some world, I has
lost the language of gestures, I could not
know what it meant for a stranger to push
the gown up along the body of my father. 
My face was wet, my father's face 
was faintly moist with the sweat of his life, 
the last moments of hard work. 
I was leaning against the wall, in the corner, and 
he lay on the bed, we were both doing something, 
and everyone else in the room believed in the Christian God, 
they called my father the shell on the bed, I was the
only one there who knew
he was entirely gone, the only one
there to say goodbye to his body
that was all he was, I held, hard, 
to his foot, I thought of the Inuit elder
holding the stern of the death canoe, I
let him out slowly into the physical world. 
I felt the dryness of his lips under
my lips, I felt how even my slight 
kiss moved his head on the pillow 
the way things move as if on their own in shallow water, 
I felt his hair rush through my fingers
like a wolf's, the walls shifted, the floor, the
ceiling wheeled as if I was not
walking out of the room but the room was 
backing away around me. I would have
liked to stay beside him, ride by his
shoulder while they drove him to the place where they would burn him
see him safely into the fire, 
touch his ashes in their warmth, and bring my
finger to my tongue. The next morning, 
I felt my husband's body on me
crushing me sweetly like a weight laid heavy on some
soft thing, some fruit, holding me
hard to this world. Yes the tears came
out like juice and sugar from the fruit -
the skin thins, and breaks, and rips, there are
laws on this earth, and we live by them.









-------









The Urn


I had thought it would be tapered, with a small
waist and a pair of handles, silver-
plated, like a loving cup
or tennis trophy, but there on the table
was a smooth, square box, with a military
look, the stainless steel corners
soldered up, a container that could bury
radium waste. I turned it till I turned the
name to me, that elegant animal
label like a name on a box of coarse salt—
this is who he was now, four or five
pounds of bone in a box, which I lifted
and rocked. There are people who swallow whole
cars, piece by piece, but the minister
was walking over, my stepmother approaching, I
held him and rocked him, I had not known
exactly where he was, or felt
the weight of him since I had lifted up
his head by its warm nape to get the
fine tube of oxygen harness
off his face after his death.
Now I had him back, I rubbed my
thumb over and over again
along the stainless steel. Whoever has
turned away from us, or could not
look at us, just the pressure of their weight is a blessing. 









-------









Beyond Harm


A week after my father died
suddenly I understood
his fondness for me was safe—nothing
could touch it. In those last months,
his face would sometimes brighten when I would
enter the room, and his wife said
that once, when he was half asleep,
he smiled when she said my name. He respected
my spunk—when they tied me to the chair, that time,
they were tying up someone he respected, and when
he did not speak, for weeks, I was one of the
beings to whom he was not speaking,
someone with a place in his life. The last
week he even said it, once,
by mistake. I walked into his room, and said “How
are you,” and he said, “I love you
too.” From then on, I had
that word to lose. Right up to the last
moment, I could make some mistake, offend him, and with
one of his old mouths of disgust he could re-
skew my life. I did not think of it,
I was helping to take care of him,
wiping his face and watching him.
But then, a while after he died,
I suddenly thought, with amazement, he will always
love me now, and I laughed—he was dead, dead!









-------









Natural History


When I think about eels, I think about Seattle, 
the day I went back to my father’s grave. 
I knew we had buried ashes, a box 
of oily fluff, and yet, as I approached, 
it felt as if the length of him 
were slung there, massive, slack, 
a six-foot amber eel flung down 
deep into the hill. The air was clammy, 
greenish as the old Aquarium air when we 
would enter from the Zoo. Whenever we saw 
a carnivore, my father would offer 
to feed me to it—tigers, crocodiles, 
manta rays, and that lone moray 
eel, it would ripple up to us, armless, 
legless, lipless as a grin of terror. 
How would you like a tasty girl, my 
father would ask the eel, a minister 
performing a marriage. How would you like 
to get in there with that, he’d lift me up the 
thick glass, as if I were rising 
on the power of my own scream. Later I would 
pass the living room, and see him 
asleep, passed out, undulant, lax, 
indifferent. And at his grave 
it was much like that— 
the glossy stone, below it the mashed 
bouquet of ashes, and under that, 
like a boy who has thrown himself down to cry, the 
great easy stopped curve 
of my father. Length to length I lay on it 
and slept. 









-------









Letter to My Father from 40,000 Feet


Dear Dad, I saw your double today 
through the curtain to First Class. Reddish faced, 
he had the pitted, swelled, fruit-sucker 
skin cheeks lips of the alcoholic, still a 
businessman, not fired yet. 
He sat on the arm of his seat, chatting 
across the aisle, I saw your salesman’s 
gaze, the eyes open and canny, 
he had the short head, the loosened 
tie, the shirt, the belt. I stared 
through the split in the seats between us, and I wanted— 
I wanted to go very close to him, 
I did not want to gaze at him or kiss him, 
I just wanted to put my long 
arms around him, smell the ironed 
cotton, feel the heat of his chest 
against my cheek, the big male body 
free of cancer, the fine sifted 
lumpless batter of the flesh. Well, that’s it, really, 
just checking in. Isn’t it something 
the way I can’t get over you, this 
long, deep, unearned desire 
you made when you made me, even after your death 
it beams toward you, even when I’m dead I will be 
facing you, my non-self 
aiming this ardent non-love 
steadily toward you. I guess I am saying 
I hate you, too, there’s a way I want 
to take that first-class toper and throw him 
down on the ground, arm-wrestle him 
and win, bang his forearm on the earth 
long after he cries out. 









-------









I Wanted to Be There When My Father Died


I wanted to be there when my father died
because I wanted to see him die—
and not just to know him, down to
the ground, the dirt of his unmaking, and not
just to give him a last chance
to give me something, or take his loathing
back. All summer he had gagged, as if trying
to cough his whole esophagus out,
surely his pain and depression had appeased me,
and yet I wanted to see him die
not just to see no soul come
free of his body, no magical genie of
spirit jump
forth from his mouth,
proving the body on earth is all we have got,
I wanted to watch my father die
because I hate him. Oh, I love him,
my hands cherished him so, his lying as if dead on the
flowered couch had pummeled me,
his silence had mauled me, I was an Eve
he took and pressed back into clay,
casual thumbs undoing the cheekbone
eye-socket rib pelvis ankle of the child
and now I watched him be undone and
someone in me gloried in it,
someone lying where he’d lain in chintz
Eden, some corpse girl, corkscrewed like
one of his amber spit-ems, smiled.
The priest was well called to that room,
violet grosgrain of his ribbon laid
down well on that bank of flesh
where the daughter of death was made, it was well to say
into other hands than ours
we commend this spirit.





-------




Sharon Olds (1942)
San Francisco, California, Estados Unidos.


The Father - 1992
Knopf Poetry Series