19/9/15

Carlos Battilana: "el pasado es indestructible..."


Septiembre


Hoy es septiembre.

Hace 4 años miro este jardín
casi nada se mueve
ni avanza

el árbol que planté murió
las plantas
que mi madre
me regaló
son
lacónicas y reticentes
pienso
que de tanto
mirar,
las cosas
terminan por detenerse.

de las tres enredaderas
solo una está viva
y ha restringido
su marcha
hace meses; otra
se marchitó, y la restante
-como una infancia interminable-
es remisa a crecer.

Irónicamente
el sauce
de la casa vecina
arroja
sus ramas
llenas de brotes
en primavera

nada importa de todo esto

a pesar del aire ligero
de los pájaros
que lo atraviesan
a pesar del cielo azul
celeste
y a pesar de la energía
acumulada
por el sol
no se ha podido construir un jardín.








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Una imagen


Estoy aquí, como una madera
estriada, deshaciéndose.

Hace días
una imagen
me persigue, y si digo que no es real,
fabulo.

Como una suave madeja
insiste el pequeño pasado,
su fulgor,
y si bien no son travesías
ni grandes hazañas
las que narrar,
esa imagen
hecha de breves
esfuerzos
hoy supera la línea de flotación.

En el frío de un mes invernal
en una plaza austera,
hay yuyos maltrechos, pasto, un poco
de juegos aquí, allí
una chica sonríe y hamaca
con suave inquietud
a un niño de 2, 3 años.

Esa imagen
insiste.

Como una gramática
que las colonias heredan,
como esos viejos sabios
cuya sabiduría
es decrépita
pero a la que aún
se le concede
algún valor,
respiro el aire de la estación, y no
puedo sino retener
un rostro, una mano, el cuerpo
cierto. Alguien -un ser que pertenece a la vida- me mira,
y saludo con la incertidumbre
que los días conceden.
Quieta lumbre.








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Después de la enfermedad


Fui cruel
Y todo
lo que pueda
escribir,
toda utopía de religiosidad,
no repara
el instante alto y sostenido
en que la ira
fue mi propósito.

Hoy, en este día,
devuelto de una enfermedad,
liberado de fiebres e insomnios,
arreglo objetos rotos
acomodo
los papeles
ordeno viejos emprendimientos.

Sin el aire del olvido
afuera hay sol,
y hoy
podré ser bueno
aunque
ya no alcance. Si cada
acto de contrición
es la huella
de una herida abierta,
mi cuerpo,
entonces,
se llenará de afluentes
y de ellos brotará
el quebranto
que ningún círculo
y ningún silencio
podrán callar.

Con una bolsa de piedras
al hombro
cubro mi cuerpo
de cruces y voces
y llevo,
a lo alto de la ciudad,
un poco de aire
algo de fresco rocío
para curar las heridas,
lavarlas,
dejar que los tajos
sigan su curso
espontáneo
y así alejarse
-huir-
como un desposeído
hacia los sitios
inhóspitos
del campo.

Nada podrá borrar el pasado
-todos sabemos
que el pasado
es indestructible-
y, sin embargo,
las palabras nuevas
son también cosas,
pequeñas balsas
adonde tender el cuerpo
y escuchar como Ulises,
amarrado a las velas de un barco,
el canto dulce de la oportunidad.








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Sigilosamente


Riego con agua
fresca
el pequeño pino,
el pasto
recién plantado,
la enredadera
todavía
incipiente. Sé
por alguna razón
que los hechos
suceden
a trasluz,
prosperan
cuando desvío
los ojos.
Como en silencio
los tallos
crecen
de manera
invisible,
sigilosamente
con el favor
del agua
y también
por omisión.








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Hogueras y frutos


Sería capaz
de atravesar el vidrio
de esta ventana
para recostarme
durante cuatro días
y cuatro noches
en la tierra,
para recordarme
los hechos
que pertenecen
a un tiempo
en que no fue posible
el sosiego.

Ahora
con la voluntad intacta,
voy a pensar,
otra vez,
en hogueras y frutos
voy a buscar
algo ajeno
a la abstracción.

Tocar, ver
la superficie
áspera
de las cosas
acaso
sea acompañar al mundo
y también
despedirse
de las horas
sin la carga
que los dioses
o el destino
les han asignado.

Si el destino
existe
voy a tomar con amoroso
cuidado
los racimos de uvas
que están
en la mesa
de la cocina
y hablaré
antes de cualquier acto

diré
quizás escriba
"¿cómo aman los que pasan los días
sin
la espesa conciencia
de la aflicción?"

Dura el quebranto
-aquí,
ahora-
y como si fuera una escultura
o un jarrón,
lo toco
lo hago viejo
me vuelvo creyente
camino
despaciosamente
por la liviana
extensión
del día.








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Una temporada en el sur

"(...) un ciervo herido"
José Martí

El ciervo
en la noche
andina
se vuelve
un hilo de sangre,
aquello que la blancura mortal
ofrece
a nadie.

Parte a parte
los 55 minutos de la agonía
harán que las nubes grises,
la tundra inclinada
cerca de su oxígeno
sean
el último resplandor,
un murmullo colmado de violencias nuevas
expuestas
a una zona de oscuridad.

El hilo de la sangre
-sabemos-
poco a poco
se diluirá
entre los líquenes
y la nieve
pero nada sabemos
adonde irá
eso
que tiembla allí,
asustado
en medio de la catástrofe
y que de repente
termina.





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Carlos Battilana (1964)
Paso de los Libres, Corrientes, Argentina.


Un Western del Frío - 2015
Viajero Insomne Editora, Buenos Aires, Argentina.

12/9/15

Kathleen Raine: "Yo era el animal agonizante..."


Mujer a amante


Soy el fuego
acallado al agua,

Una ola
que asciende del abismo.

En mis venas
la luna dibujada atrae la marea
a un árbol de flores
dispersas en la espuma del mar.

Soy aire
atrapada en una red,

El pájaro profético
que canta en un cielo reflejado,

Soy un sueño antes de la nada
soy una corona de estrellas,
soy el camino a la muerte.








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Tormenta


Dios en mí es la furia en el páramo desnudo
Dios en mí sacude el reino interior de mi cielo.
Dios en mí es el fuego que me quema.

Dios en mí arremolinea nubes y lluvia torrencial
Dios en mí llora un pájaro solitario sin nombre
Dios en mí golpea mi cabeza sobre una piedra.

Dios en mí los cuatro elementos de la tormenta
rabiando en el paisaje desamparado de la mente
fuera de las puertas enrejadas de mi corazón Goneril.








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Palabra hecha carne


Palabra cuyo aliento es la atmósfera que circunda el mundo,
palabra que pronuncia el mundo que cambia el viento,
palabra que articula el pájaro que surca el aire;

palabra que arde y sale de la alabanza del sol,
cuyo silencio es la música del violín, de las estrellas,
cuya melodía es el amanecer, y la noche la armonía,

palabra trazada en el agua de los lagos, y la luz en el agua,
ilumina el agua quieta, agua en movimiento, cascada
y los colores del agua de nube, de rocío, lluvia espectral,

palabra inscrita en piedra, cordillera sobre distintas piedras,
palabra que es fuego del sol y fuego
en el orden de los átomos, simetría cristalina,

gramática de la quinta parte de la rosa y sexta del lirio,
espiral de hojas en una rama, hélice de caparazones,
rotación de enredaderas en los ejes de oscuridad y luz,

sabiduría instintiva de los peces, el león y el carnero,
el ritmo de generación en el flagelado y el helecho,
destello de aleta, batir del ala, latido, ritmo de la danza,

jeroglífico en cuya exacta precisión están definidas
la pluma y el ala del insecto, refracción de ojos múltiples,
ojos de las criaturas, oh visión del mundo inagotable,

expresión de misterio, ¿cómo vamos a nombrar
a un espíritu revestido de mundo, un mundo hecho hombre?








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Lírica


Bajo la risa de la luz
en el cielo brillante
amanece sobre abismos
de memoria.

Si pudiera escuchar
debería oír,
si pudiera mirar,
debería ver
las olas en movimiento
del mar sin sonido.

Pero los ojos me ciegan,
los pensamientos me ligan,
el tiempo me ata,
me alejo.

Fui quien se rió
y era el día,
el temblor de la alegría
Y el arco de la luz
que se extiende por el cielo.







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El viaje

para Winifred Nicholson



Mientras examinaba la colina de fósiles
junté pequeñas piedras segmentadas,
y en el mar arcaico recordé
donde una vez estos guijarros fueron mis huesos.

Mientras caminaba por la muralla romana
el viento corría al sur desde el polo.
Oh, he sido esa violencia lanzada
contra las defensas del mundo.

Al caer la noche en una iglesia vacía
sentí el miedo de todas mis muertes:
figuaras que había visto con ojos de animales
atestando la oscuridad con misterios.

Me paré junto a un cauce empinado
dónde los cardos crecieron sobre un montículo
que muchos días había sido mi hogar,
dónde ahora mi corazón se pudre en el suelo.

Yo era la trucha que frecuenta el agua,
la sombría presencia de la corriente.
De muchas muchas vidas dejo
el hueso disperso y el ala rota.

Yo era el animal agonizante
cuyo ojo frío se cierra en una espina irregular,
cuya carcasa pronto se ahogará con el musgo,
cuyo cráneo se oculta en el helecho.

Mis huellas se hunden en arenas movedizas
y campos de cebada han bebido mi sangre,
mi sabiduría trazó el espiral de un caracol,
mi trabajo levantó un montículo en una caída.

Hasta acá he llegado y lejos debo ir,
en más de una tumba mi dolor yace,
pero siempre crecen desde dedos muertos
las flores que bendigo con ojos vivos.








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Paz mental


Si el estanque estuviera quieto
el mundo reflejado
de casas tambaleantes,
las ciudades que caen,
las montañas tiemblan
se integrarían en la superficie

y las estrellas invisibles
para la mente inquieta
deberían verse en el agua
dibujada del pozo sin fondo
del alma.








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El mundo


Se quema en el vacío
nada lo sostiene.
todavía viaja.

Viajando el vacío
sostenido por la quema
nada está quieto.

Quemando viaja.
El vacío lo sostiene.
Todavía no es nada.

Nada viaja
un vacío en llamas
sostenido por la quietud.








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El fin del amor


Ahora él está muerto
¿cómo debería reconocer
los brazos de mi amor verdadero
desde el viento y la nieve?

Ningún hombre encuentro
en el campo o la casa
aunque en la calle
cientos pasen.

El polvo corre
nunca una cara,
no más humana
en hombre o mujer.

Ahora él se fue
¿Por qué debo lamentar
mi verdadero amor más que barro,
que barro o piedra?








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Ser


¿Quién soy, quién
habla desde el polvo
¿quién ve desde el barro?

¿Quién escucha
la piedra muda,
sensaciones acuáticas frágiles
Con el dedo y el hueso?

¿Quien respira el bosque la noche,
ve la rosa,
quién sabe
lo que el pájaro canta?

¿Quién soy, quién el sol teme
el oscuro demonio,
en orden
de átomo y caos?

¿Quien de la nada ha mirado
sobre el rostro amado?






(versiones en castellano: Hugo Zonáglez)


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Woman to Lover


I am fire
Stilled to water,

A wave
Lifting from the abyss.

In my veins
The moon-drawn tide rises
Into a tree of flowers
Scattered in sea-foam.

I am air
Caught in a net,

The prophetic bird
That sings in a reflected sky,

I am a dream before nothingness
I am a crown of stars,
I am the way to die.








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Storm


God in me is the fury on the bare heath
God in me shakes the interior kingdom of my heaven.
God in me is the fire wherein I burn.

God in me swirling cloud and driving rain
God in me cries a lonely nameless bird
God in me beats my head upon a stone.

God in me the four elements of storm
Raging in the shelterless landscape of the mind
Outside the barred doors of my Goneril heart.








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Word Made Flesh


Word whose breath is the world-circling atmosphere, 
Word that utters the world that turns the wind,
Word that articulates the bird that speeds upon the air,

Word that blazes out the trumpet of the sun,
Whose silence is the violin-music of the stars,
Whose melody is the dawn, and harmony the night,

Word traced in water of lakes, and light on water,
Light on still water, moving water, waterfall
And water colours of cloud, of dew, of spectral rain,

Word inscribed on stone, mountain range upon range of stone,
Word that is fire of the sun and fire within
Order of atoms, crystalline symmetry,

Grammar of fivefold rose and sixfold lily,
Spiral of leaves on a bough, helix of shells,
Rotation of twining plants on axes of darkness and light,

Instinctive wisdom of fish and lion and ram,
Rhythm of generation in flagellate and fern,
Flash of fin, beat of wing, heartbeat, beat of the dance,

Hieroglyph in whose exact precision is defined
Feather and insect-wing, refraction of multiple eyes,
Eyes of the creatures, oh myriadfold vision of the world, 

Statement of mystery, how shall we name
A spirit clothed in world, a world made man?








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Lyric


Low laughter of light
In gleaming sky
Dawns over deeps
Of memory.

If I could listen
I should hear,
If I could look,
I should see
The moving waves
Of soundless sea.

But eyes blind me,
Thoughts bind me,
Time ties me,
I turn away.

It was I who laughed
And I was the day,
The tremor of joy
And the arch of light
That spans the sky.








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The Journey

For Winifred Nicholson


As I went over fossil hill
I gathered up small jointed stones, 
And I remembered the archaic sea
Where once these pebbles were my bones.

As I walked on the Roman wall
The wind blew southward from the pole.
Oh I have been that violence hurled
Against the ramparts of the world.

At nightfall in an empty kirk
I felt the fear of all my deaths:
Shapes I had seen with animal eyes
Crowded the dark with mysteries.

I stood beside a tumbling beck
Where thistles grew upon a mound
That many a day had been my home,
Where now my heart rots in the ground.

I was the trout that haunts the pool,
The shadowy presence of the stream.
Of many many lives I leave
The scattered bone and broken wing.

I was the dying animal
Whose cold eye closes on a jagged thorn,
Whose carcass soon is choked with moss,
Whose skull is hidden by the fern.

My footprints sink in shifting sand
And barley-fields have drunk my blood,
My wisdom traced the spiral of a shell,
My labour raised a cairn upon a fell.

Far I have come and far must go,
In many a grave my sorrow lies,
But always from dead fingers grow
Flowers that I bless with living eyes.








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Peace of Mind


If the pool were still
The reflected world
Of tottering houses, 
The falling cities,
The quaking mountains
Would cohere on the surface

And stars invisible
To the troubled mind
Be seen in water
Drawn from the soul’s
Bottomless well.








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The World


It burns in the void
Nothing upholds it.
Still it travels.

Traveling the void 
Upheld by burning 
Nothing is still. 

Burning it travels. 
The void upholds it. 
Still it is nothing. 

Nothing it travels 
A burning void 
Upheld by stillness.








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The End of Love


Now he is dead
How should I know
My true love's arms
From wind and snow?

No man I meet
In field or house
Though in the street
A hundred pass.

The hurrying dust
Has never a face,
No longer human
In man or woman.

Now he is gone
Why should I mourn
My true love more than mud,
than mud or stone?








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Self


Who am I, who
Speaks from the dust
Who looks from the clay? 

Who hears 
For the mute stone, 
For fragile water feels
With finger and bone?

Who for the forest breathes the evening, 
Sees for the rose, 
Who knowa
What the bird sings?

Who am I, who for the sun fears
The demon dark, 
In order holds
Atom and chaos?

Who out of nothingness has gazed
On the beloved face?









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Kathleen Raine (1908 - 2003)
Ilford, Essex, Inglaterra.

The Pythoness and other poems - 1949
Hamish Hamilton