30/11/15

Edición especial: Oro nestas piedras (Jorge Leónidas Escudero)

"Oro nestas piedras" es un documental sobre el poeta oriundo de la provincia de San Juán Jorge Leónidas Escudero dirigido por Cristián Costantini, Leandro Listorti y Claudia Prado. Su voz (hablando y leyendo) es el hilo que reúne la experiencia como buscador de oro en las montañas, el entusiasmo por lo juegos de azar, la poesía, la naturaleza. El jugador pierde, sin embargo insiste. Quedan lo poemas, la amistad y el humor, la celebración de la palabra hablada. Jorge Leónidas Escudero recientemente ganador del segundo lugar de los Premios Nacionales a la Producción 2011-2014, que el Ministerio de Cultura otorga a los mejores del país. Sobre la ruta del oro


Es que estaba ordenando los papeles
que uno guarda prolijo y pospone
hasta ocasión propicia mientras sueña
días de gloria.
Encontré su carta que escrita
por Aniceto Paredes me invitaba
si quería compartir sus minerías
viajara a Valle Fértil
Pero años pasaron hasta que voy
finalmente a ver al amigo. Sale
un criollo comedido diciéndome descanse,
el hombre que usted busca hace a montones
oro en el infierno.
Y agrega:
Fue puro cuenterío ese Aniceto,
y no pudiendo aliviar su pobreza
pasó a difunto
donde más mentiras ya no puede.
Emprendido el regreso, pronto en casa
mi mujer grita:—¿Y? ¿Estamos como siempre?
—Silencio—le contesto—,
hemos tenido años de esperanza.








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Lejanías


En la avenida de Circunvalación
los automoviles pasan raudamente
creyendo que uno es tonto y no se da cuenta
que van a ninguna parte.

San Juan tiene autopista y hace aspavientos
de ciudad moderna;
pero yo miro al este, al cerro Pie de Palo
donde los guanacos estarán hablando
de la próxima nieve.

Luego vuelvo cabeza al cerro Villicum
y me aturdo de azulidades ¡Oh¡
que hermoso es esto, silbo entre dientes.

Y un camión enojado da al viento su motor
murmurando insultos
porque mi corazón esta puesto tan lejos.








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Riña de gallos


Otra vez
por dormido mal anoche amanecí atravesao.
Por eso le dije a un amigo tu poesía
nada que ver con la poesía,
es harina de otra bolsa.
Y como el hombre se molestó
l´endilgué este discurso: ¿Qué ti has créido ah?
tirás la taba al aire y cuando cae culo
vos decís gané.
Además si tu asunto es engañarte hacé
lo que se te más guste,
largá ventosidades por la boca
y escribilas como poema, pero no me vengás
con que son verdades mundiales.
Cierto le pegué rudamente hoy
por las palabras bostezadoras qu´escribe y él
de manera peor me devolvió los palos.
Si mi abuela viviera nos hubiera dicho dejen
de darse picotazos en la cresta,
con su pan se la coman a la poesía.








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Ella es así


Mi hermana Margarita es en extremo
cuidadosa,
anda mirando el suelo no sea
que inadvertidamente pise una hormiga.
Ciertos monjes de no sé dónde
caminan así
pero mi hermana lo hace por naturaleza.

Cuida la vida más allá de ella y suele
hablar bajito si un grillo namorado
canta en el jardín.
Y cuando va al campo trae alguna piedrita
que gracias yo encantado es hermosa digo.

Ahora quel tiempo se nos viene ciático,
cabizbajo y olvidadizo,
ayer salimos a la puerta de calle cuando
mirá mirá –dijo mi hermana- qué alegría,
los paraísos están floreciendo.
Ella es así.








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Los Muchachos


A la mesa del bar van tres amigos
todos los días para ver
extinguirse la mañana.

Hablan de que el río poco agua este año.
Y a ellos qué, pero discuten
como si poseyeran grandes cultivos.

¿Y la política?
¡Ah de los ladrones! Dice alguno
y a otro le viene a la memoria
el robo lejano de su bicicleta.
La plata ya no alcanza para nada se quejan
y arremeten contra la juventud
a la que consideran hoy pervertida.

Pagan de a cada uno el habido
consumo individual y se alejan después con
me duele un pie, esto es artritis, gastritis
me produce el café.

Y el mozo del bar con mirada aburrida
los ve irse a mansalva con cara de inocentes
cuando es público y notorio que están confabulados
y otra vez han asesinado a la mañana.








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El tiempo


Ya sé, vuelvo a intentarlo,
voy a hablar del tiempo otra vez
y ustedes dirán callate vas a repetir
meterte en dificultades.

Y a mí qué
Porque si muchos ya escribieron sobre el tema
A mí un bledo me importa y lo intento
porque ningún genio desos
entiende más que yo de los turnos de agua.
Del agua de riego digo
cando uno se dedica a regar la viña.

El tiempo es como una acequia el agua
pasa pero al mismo tiempo se quea.
Usté meta la mano y tóquela, está quietita
Y sin embargo corre,
dispara pero no se ha ido, tóquela.
después viene el celador ese que
maneja los turnos, baja la compuerta y al cortar el riego
ahí se te acaba el mundo.

Pero claro ya aquí ando hablando
de lo que ustedes piensan que no entiendo.
¿Será porque se me inquieta la inorancia?
sea como sea, aquí dejo escrito
lo que supe del tiempo mientras regaba la viña.








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Juego de fotos 


Con el mazo de fotografías
que guardo amorosamente
voy a jugar un solitario. Empiezo,
pongo sobre la mesa a mi hermana Margarita
y al lado a dos amigos muertos,
debajo al Loco Desiderio (el que creía ser caballo
y trotaba azotándose a dos verijas). Pongo
a mi tío Teodoro junto a su automóvil 1920
y enseguida yo, montado en un burro,
cuando de chico salí a conquistar el mundo.

Toda la mesa ocupo y descarto, saco y pongo
hasta que de pronto me detengo,
respaldo en la silla cierro ojos
y pienso en lo que ha barrido el tiempo:
tanto pariente al hoyo, tanto sobreviviente
gastado como por erosión eólica.

Barajo nuevamente y corto,
destapo la foto de mi madre
y entonces ella dice hijo mío
recuerdo las primaveras, dame un beso. Se lo doy
y ahí se me nublan los ojos y abandono el juego.








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Ventura


Fue lejos lejos. Me daba por las piedritas
desas bonitas que juntaba para
todavía tener algunas.

Niño cuidate decía mi mamá, no
traigás más porque algún día
buscándolas en el campo te vas a perder.

Así fue una vez. Buscando,
a los cerros de Zonda subí sin darme cuenta
y como bajar es difícil
se me hizo noche sin luna.

Me quedé ncerrao
y unos zorros ladraban susto grande pero
con la luz del día pude bajar.
Al volver a la casa me esperaba
un gran revuelo de gente en el camino,
todo el barrio había salido a si me hallaba.

Esa fue la primera gran ventura
por amor a las piedras cosa rara
porque todavía no se me cura.
Ahora camino en plena ciudá
mirando el suelo a ver si.








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Jorge Leónidas Escudero (1920)
San Juán, Argentina.

15/11/15

C.K. Williams: "Es una era de tanta muerte bestial..."



Dejándolo


Es una era
de tanta muerte bestial
que incluso antes de morir
nuestros fantasmas se van.
Mientras dormía he sentido el mío
enviar disparos sobre mi cara,
sondeando algún carbón futuro
ahí, degustando la carne
y el sudor
como si fuera la última vez

Y lo he sentido
desenredarse e irse,
llorando, debilitándose
e igualando su forma
a nuevos cuerpos; fusionándose,
entrando en las almas,
en los motores, edificios,
señales de alto, policías-
cualquier cosa.

Por la mañana volvió.
Disminuído, despojado
de su luz, yace arrugado
en mi palma, tiritando
en mi respiro como celofán.
Y cada día
no hay nada que hacer
pero lo trago como un resfriado
desgastado
y siguiendo adelante con él.








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Estar solo


Nunca en un solo poro de Eternidad
he sido tocado por tus nieves

o haber sentido tu boca tímida y temblorosa,
tu aliento quebrar en mí

como la ola blanca. No he sentido
tu desnudez desgarrarme

con hambre o tus manos de plata
traicionarme pero hoy lo prometo

cualquiera que sea la flor de tu casa
que debería florecer, me quedaré

asegurado a tu pecho.
Como un pecesito que vive

indemne bajo vientres de tiburones,
voy a ir a donde vaya,

navegando inconsiente
en la cruda rastra de tu poder

como una hoja, una burbuja de carroña,
un hombre que ha comprendido y no.








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Pérdida


En este día y era, Señor
sos como uno de esos campesinos pobres
que queman los bosques
y asesinan sus tierras y después
no pueden salir y van enojados y delgados
entre la chatarra del jardín que se oxida, el matorral
y la reserva hambrienta.

Señor, me he sentido rastrillado
en la tierra como el estiércol,
gradado y arado,
pero estoy tranquilo como vos
parada en el portón
masticando un tallo o bebiendo
mientras las malas hierbas crecen muertas
y los perros de la casa rompen
sus cadenas como polillas, aullan
y apuntan hacia los prados
que se extinguen a la nada.








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Incluso si pudiera


Excepto por la niña
que hace muecas detrás de mí, el arco iris
detrás de ella, la escuela y el camión,
la única cosa entre vos y el infinito
soy yo. Es el motivo por el que te cubrís los oídos
cuando hablo y por qué
siempre te filtrás por los bordes,
aferrándote, tratando
de ir por mí.
Y excepto por los ojos y la espalda








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De lo que está en el pasado


Engancho mis dedos en la valla de vieja cancha de tenis
y me arrodillo en un sobrecrecimiento de malas hierbas afiladas
para ver a los soldados entrenar en sus ratos libre.

¿Te acordás cuando esto era un parque? Cuando las chicas
movían sus raquetas acá en las calurosas mañanas de verano
y llegaban por la noche para abrir sus cuerpos a nosotros?

Ahora las culatas de armas estampadas en la arcilla pálida como pezuñas.
Las botas duras brillan.
Y aún así, los niños juegan a la escondida

más allá de las barreras. Unos enamorados se hunden en la maleza.
No son ellos, somos nosotros: sabemos demasiado.
Pronto sólo el pasado sabrá lo que sabemos.








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Es así con los hombres


Ellos penetraban en la tierra
como clavos; se mueven una pulgada,
se introducen otra vez.
La tierra es dolor con ellos.
Es un fruto espinoso
que ha perdido la esperanza
de ser levantado y comido.
Sólo puede madurar y madurar.
Y los hombres, también están heridos.
También son arrancados de su pérdida
y están sin esperanza. El núcleo
suaviza. La carne pura suaviza
y se derrite. Hay espinas, hay
semillas oscuras, y acaban.








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Lo que es y lo que no

Estoy muy lejos de ese lugar,
pero todavía puedo oír
el paso de impaciente de su pezuña
cerca del fuego, y el chasquido verde
de sus voces y su cuerpo que fluye.

En mi ventana, los espíritus habituales,
el mismo silencio. Un niño lo vería
mientas mi ropa cuelga como asesinos
en la puerta, pero no, y
no crujen en el pasillo para mí.

No es la muerte. En tu cara
la vislumbro. Estás alcanzando
una mano reconfortante
a pesar de que gruñe, se sumerge,
y sabés que el bebé
no levanta la vista de su juego
de belleza. No es amor u odio
o pasión. No nos toca,
ni sueña, habla, canta o
acerca, sin embargo lo consumimos.








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Capó


¿Te acordás de mí? Yo era
el que en la escuela siempre tenía miedo.
Llevaba cigarrillos en mi manga,
botas de ingeniero, el pelo largo, el cuello
del uniforme levantado y siempre había
chicas conmigo en los pasillos.

No eras nada. Las tenía para vos-
cuando le desprendí la goma a las luces
te agachaste como un profesor.
Y cuando choqué y me rompí los pulmones
con la rueda, estabas tan aliviado
que trazaste la pintura dura del Ford
como un pecho y tus manos temblaban.








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El más grande conductor de triciclos


El más grande conductor de triciclos
está en mi corazón, manejando como un salvaje,
sin manos, casi boca abajo
de las paredes y en los altos bordes
y frena, su timbre tan rápido,
el sol girando en sus radios como una llama.

Pero está envejeciendo. Sus pies
sobrepasan los pedales. Sus dientes apretados
demasiado fuerte contra las sacudidas, y me temo
que lo que he conservado de él es lo que
lo hace apretar con sus dedos el mango de goma
y lo impulsa una y otra vez en la misma cuadra.








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La parte dura


¿Te acordás cuando soñábamos con la lechuza
y el esqueleto, y el zapato
abierto y ahí estaba el ángel
con su dedo en el libro, su sonrisa como chocolate?

¿Y te acordás? Todo lo que había sido aplastado
o quemado, lo volvimos a cambiar.
Giramos el corazón
al principio, cerramos la flor, dejamos sonar el tambor.

Pero lo estás perdiendo ahora. Cada noche que lloramos
juntos, pero es tarde-
el oso blanco y el abogado
están cerrando la casa y ¿dónde estás?

El viento camina, la roca dando vueltas con los gusanos
pegado a las piernas-
¿cómo sabré que me amás ahora
y cómo no? ¿Cómo voy a perdonarte?







(versiones en castellano: Hugo Zonáglez)


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Giving It Up


It is an age
of such bestial death
that even before we die
our ghosts go.
I have felt mine while I slept
send shoots over my face,
probing some future char
there, tasting the flesh
and the sweat
as though for the last time

And I have felt him
extricate himself and go,
crying, softening himself
and matching his shape
to new bodies; merging,
sliding into souls,
into motors, buildings,
stop signs, policemen–
anything.

By morning, he is back.
Diminished, shorn
of his light, he lies crumpled
in my palm, shivering
under my breath like cellophane.
And every day
there is nothing to do
but swallow him like a cold
tear
and get on with it.








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Being Alone


Never on one single pore Eternity
have I been touched by your snows

or felt your shy mouth tremble,
your breath break on me

like the white wave. I have not felt
your nakedness tear me

with hunger or your silver hands
betray me but today I promise

whatever flower of your house
should bloom I will stay

locked to its breast.
Like little fish who live.

harmlessly under the bellies of sharks,
I will go where you go,

drift inconspicuosly
in the raw dredge of your power

like a leaf, a bubble of carrion,
a man who has understood and does not.








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Loss


In this day and age Lord
you are like one of those poor farmers
who burns the forests off
and murders his land and then
can't leave and goes sullen and lean
among the rusting yard junk, the scrub
and the famished stock.

Lord I have felt myself raked
into the earth like manure,
harrowed and plowed under,
but I am still enough like you
to stand on the porch
chewing a stalk or drinking
while tall weeds come up dead
and the house dogs, snapping
their chains like moths, howl
and point towards the withering
meadows at nothing.








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Even If I Could


Except for the little girl
making faces behind me, and the rainbow
behind her, and the school and the truck,
the only thing between you and infinity
is me. Which is why you cover your ears
when I speak and why
you're always oozing around the edges,
clinging, trying
to go by me.
And except for my eyes and the back








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Of What is Past


I hook my fingers into the old tennis court fence
and kneel down in an overgrowth of sharp weeds
to watch the troopers in their spare compound drill.

Do you remember when this was a park? When girls
swung their rackets here in the hot summer mornings
and came at night to open their bodies to us?

Now gun-butts stamp the pale clay like hooves.
Hard boots gleam.
And still, children play tag and hide-and-seek

beyond the barriers. Lovers sag in the brush.
It's not them, it's us: we know too much.
Soon only the past will know what we know.








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It Is This Way with Men


They are pounded into the earth
like nails; move an inch,
they are driven down again.
The earth is sore with them.
It is a spiny fruit
that has lost hope
of being raised and eaten.
It can only ripen and ripen.
And men, they too are wounded.
They too are sifted from their loss
and are without hope. The core
softens. The pure flesh softens
and melts. There are thorns, there
are the dark seeds, and they end.








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What Is and Is Not


I'm a long way from that place,
but I can still hear
the impatient stamp of its hoof
near the fire, and the green clicking
of its voices and its body flowing.

At my window, the usual spirits,
the same silence. A child would see it
as my clothes hanging like killers
on the door, but I don't, and it
doesn't creak in the hallway for me.

It's not death. In your face
I glimpse it. You are reaching
a hand out comfortingly
though it snarls, plunges,
and you know that the baby
won't look up from its game
of beauty. It isn't love or hate
or passion. It doesn't touch us,
dream us, speak, sing or
come closer, yet we consume it.








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Hood


Remember me? I was the one
in high school you were always afraid of.
I kept cigarettes in my sleeve, wore
engineer’s boots, long hair, my collar
up in the back and there were always
girls with me in the hallways.

You were nothing. I had it in for you–
when I peeled rubber at the lights
you cringed like a teacher.
And when I crashed and broke both lungs
on the wheel, you were so relieved
that you stroked the hard Ford paint
like a breast and your hands shook.








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The World's Greatest Tricycle-Rider


The world's greatest tricycle-rider
is in my heart, riding like a wildman,
no hands, almost upside down along
the walls and over the high curbs
and stoops, his bell rapid firing,
the sun spinning in his spokes like a flame.

But he is growing older. His feet
overshoot the pedals. His teeth set
too hard against the jolts, and I am afraid
that what I've kept from him is what
tightens his fingers on the rubber grips
and drives him again and again on the same block.








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The Hard Part


Do you remember when we dreamed about the owl
and the skeleton, and the shoe
opened and there was the angel
with his finger in the book, his smile like chocolate?

And remember? Everything that had been crushed
or burned, we changed back.
We turned the heart around
in the beginning, we closed the blossom, we let the drum go.

But you're missing now. Every night I feel us crying
together, but it's late-
the white bear and the lawyer
are locking the house up and where are you?

The wind walking, the rock turning over with worms
stuck to its haunches-
how will I know what loves me now
and what doesn't? How will I forgive you?








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C. K. Williams (1936-2015)
Newark, Nueva Jersey, Estados Unidos.


Lies - 1969
Houghton Mifflin, Boston, Estados Unidos.

2/11/15

Enrique Molina: "Juega el amor sus dados de ladrón del destino..."



Los trabajos de la poesía


El lejano bramido de una noche cuya verde coraza se abre como un pescado
La influencia de la lluvia con mejillas de invernáculo errante empañado por el vapor de las plantas
Las ligaduras sueltas que dejan cicatrices invisibles
La música de dos cuerpos escogidos por el amor para estatuas del fuego levantadas en una llanura
                [infinita
O en la sombra de un puerto perseguida por una garra de plata
Con las uñas iluminadas como ventanas de hogares distantes en los que se ve a una pobre muchacha
                [preparando el alimento para las bestias del sueño.
Los rojos candelabros de palmeras donde silba el exilio
Las agujas de sangre viva los pájaros hacia el fin las nubes los trajes de lentejuelas marinas
Y el golpe de las pisadas en el extraño planeta llamado Tierra
Hacen el gusto a liquen de los días
La paciencia insaciable de los hombres
La ahogada del invierno arrojada a otra costa por el viento.
Ahora veo el país de grandes alas
Limitado lágrima a lágrima por todo aquello que no vuelve jamás
Atravesado por la emigración de las almas arrastrando sus pesados cubos de sangre y sus utensilios
                [de pasión y de cólera
Habitaciones invadidas por helechos gigantescos en las que acecha la fiera de gris de las mujeres
                [olvidadas
Posando el solitario acaricia la cabellera de la distancia cubierta de plumas centelleantes
                [y estremecida por viajeros
Faroles que brillan con un hechizo venenoso
Como la serpiente de las añoranzas eternas cuyo estuche sombrío
Exhala un olor a mariposas descompuestas dentro de una caja de terciopelo misterioso envuelta
                [en llamas.
Un desván de cenizas

Un hombre avanzando con su fantasma contra la bocanada del sueño
Contra esos torbellinos de plumas engastados en ciertos anillos de pájaro muerto
¡Oh son los antiguos días!
Los alcoholes terrestres:
Un poco de alimentos fríos en un pan tras un trago de sopa
La momia primaveral en su ataúd de hielo dorado
Un escorpión junto a la llave de la luz en un hotel del trópico
El cáliz de madera y ocio ofrecido a los monos por un pequeño vapor en un río del trópico
Y esas trenzas abiertas sobre los senos del amor en los parajes indescriptibles vistos desde lo alto
                [de una caricia
O el tañido de platos extranjeros de los cuales se alimentan algunas mujeres muy tristes atravesadas
                [por un gemido o un soplo de novela

Y aún desnudas bajo la maldición marina

¡Oh son los antiguos días!
Pasiones miseria y orgullo
Una tienda de antigüedades saqueada por el pájaro de prensa y esparcida al sol
Y en la que sólo vale el oro lívido del tiempo
Con diocecillos tenebrosos crujiendo bajo tus planta.
Hasta el instante de sorprender esos antros de insomnio donde se guardan las apariciones
Con noches en cuyo rondo se ven niñas en llamas
O la enferma sentada bajo la luz del plátano
Cubierta de yeso y de magnolias sombrías sobre su alto trono de tortura que ha labrado el fracaso
Pero más bella que toda primavera y que toda victoria sobre el mundo
¡La gran ala de plumas inmortales que nace en todo aquello destinado a la muerte!
Vestidos y rostros y callejuelas anudadas por un mismo suspiro de adiós desesperado
Para que nunca más te maraville
Un abrazo una garganta o un sollozo de mujer que no aluda a esas hogueras enterradas
Reclamando las mismas joyas tenebrosas para el mismo esplendor:
La gran aureola de la lejanía
Y esos enigmas de la edad arrastrando pesados trozos insolubles de una existencia falsa y misteriosa
Con personajes de pulso eterno que laten en la oscuridad inalcanzables como toda dicha humana
Y convertidos en el resplandor de las cosas que rozaron poseyeron o soñaron alguna vez
En carne y hueso
Entre la llamarada de la tierra.









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Canción amarilla


Tenía el sueño
Sus bellas cavernas consagradas
Tenía los labios ávidos
El gusto de estar de pie

Tenía los gestos impuros
De recoger migajas sombrías
Siempre esos labios que no tuve nunca
Una ausente mujer a mi lado
El terror de la metamorfosis

Tenía lo oscuro para ver
Los espejos con aire de ladrones de niños
El dado de la aventura
La llanura de esos países
A los cuales se llega caminando hacia nunca
Cubiertos de nidos sin dueño
Cubiertos de pueblos que se alejan

Y estoy aquí con toda mi alma
Mientras la tierra me circunda
Con su cajón lleno de sal
Para guardar las grandes rosas









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El amor a lo lejos


Hace mil años abandonamos el último beso en una noche devorada por las montañas
Indefensa entre los colmillos del páramo
Entre las serpientes petrificadas que silban en el viento
Y la ternura de caminar en la niebla con una bujía cuya pálida piel flota en el aire como
                [un halo
Chisporroteando en la mansión de las lluvias poblada de espejos que ondulan con un lamento
                [de eucaliptus sombríos
Podríamos comenzar así esa novela inconstante:
“Una vez cruzábamos el desierto donde el pájaro del desdén se cierne lleno de adioses sobre
                [las almas
Y sus miradas iluminan la poblaciones con un diamante gris
Mientras dormíamos graznaba en sueños con el reclamo de países hechiceros abiertos
                [lentamente al abandono
Pero ahora en su pecho hay fisuras relampagueantes como las ruinas del amor
Como esas incisiones profundas que dejan irse el gusto de los días
Desierto magnético
desierto descabellado con una rosa de nieve eterna resplandeciendo hasta las lágrimas
Como la dádiva del demonio de la lejanía
Puro y ardiente
De ojos dorados que atraviesan el mundo”

¡Oh insensato!
Ya sólo quedan los diferentes disfraces escogidos para morir
Tanta pasión tanto desamparo
Entre unas matas de cactus y unas frases de esperanza suplicando el lazo del estrangulador
Lanzado por estrellas salvajes sobre la llanura de un cuerpo
En vez de despojos
En vez de sonrisas
En vez de sangre seca
Esta ráfaga abrasadora y esta temporada en el infierno
Los monumentos de hiedra viva palpitan como una música en la oscuridad
Con los secretos de la aventura
Entonces abrías tus más bellas heridas en una cámara de cristal vertiginosa
Donde la tierra es arrancada a sus cadenas por la velocidad del deseo
O te ocultabas en tu madriguera
De amor de fieras de invernáculo
Recogiendo amuletos invisibles al borde de la locura:
Pequeños trozos de tempestad para no olvidar nunca
que se cuelgan del cuello como esas piedrecillas
transparentes que dan la luz de la nostalgia
Canciones besos alegorías de la dicha y ascuas de la gran batalla ya inmóvil en el alma
y desprendida de la insaciable mutación de la vida
Pequeños fragmentos de eternidad

Pequeñas frases sueltas de una oscura sentencia

Un nido de víboras en el torbellino de un sueño









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Llave perdida


Bajo estas alas de alcatraces
Todo límite desaparece
Miras el sol pero es el agua
Miras el mar y no es el mar

Bajo este golpe de grandes alas
Se une el silencio y el fragor
El verde rostro de lo profundo
La mujer que gira en su fondo

Bajo estas espumas en viaje
El sabor de la infancia perdura
Sobreviven sus bellos ojos
Más ligeros que las espumas

Nada se aparta de tu aliento
Aunque violes las cerraduras
Jamás te irás aunque te vayas
Elige el viento o el olvido

Puedes decir adiós con la mano
Saborear tu grano de exilio
Llorar en tu guarida nocturna
Recorrer tu oscuro arrabal

No saldrás nunca sin embargo
De tu gran presión de alcatraces
Aunque te ocultes en arenas
Aunque huyas entre los sueños
Aunque des vuelta la cabeza
Para mirar entre los muertos









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Regreso del pródigo


En esas horas de amargura
Cuando oculto en las lanas de un camastro
Inmundas monedas rescatadas a un tiempo de juventud
Acuñadas con las efigies del fracaso:
Damas de pesados ropones escarlata suntuosamente cayendo sobre sus pasos estériles
¿Qué espero sino el arma que arrebate al avaro sus ricos instrumentos de tortura?
¿Qué espero sino el rayo que devuelva al avaro la llave de la vida?

 De esos países sumergidos
Que tan sólo reviven cuando beben tus lágrimas
Corre la lenta sangre de la melancolía
–Sangre de enormes mariposas trocadas en un rizo de mujer
Y en esas callejuelas de miseria el amor es un personaje sombrío desmantelado por los pájaros
La muchacha con un revólver de brillantes que acecha tus lágrimas a través de los muros
Con la misma sonrisa de costumbre
Con la misma guarida ardiente de caer hasta el fondo de sus brazos
Como la muerte en cuyo espejo se ven las rosas.

Escucha escucha amante empecinado
La vehemencia de tantos lugares que creíste olvidar con un sollozo
Pues aún destella la memoria sobre las ruinas
Como la cerilla en la pupila del muerto
¡Oh conjura a los príncipes de las arenas cubiertos de inscripciones incomparables!:
Nombres de mares y de hoteles e itinerarios de compañías de vapores unidos a promesas
La casa vagabunda sostenida en el viento mientras se columpia entre las ráfagas
En tales habitaciones los muebles hacen un rumor de trenes en marcha
De olas enmascaradas bajo canciones de mujer
De frases llenas de arena en el fondo de viejas fiebres
O tienen la forma de esas heridas que produce la lluvia en las almas sensibles
Y  que vuelven a abrirse a cada beso como lo flor de la nostalgia
La indescifrable miel humana que sólo se dora al resplandor del Bien Perdido

Pero si regresas sólo encontrarás
La negra sangre del reloj  coagulada sobre los maderos
O el cordaje dormido de una hoguera de antaño solamente pulsada por una mano de exilio
En esa hora enmallada de sombra como un verdugo
En la morada donde nada existe
Como no sean esas aguas sin rumor que algunos beben para morir
Y los menos audaces denominan recuerdo

(Su ácido corroe ciertas máscaras
Las convierte en hierro:
La de olvidar que quema hacia adentro
La de esperar el amor por cuyos agujeros pasan los días más tristes de la tierra)









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La voluptuosidad de las aves migratorias


Tan lejos de la felicidad de las familias
Como la mendiga que riega los geranios con un líquido fosforescente
Como los pies de la aventura sobre el nácar de lo imprevisto
Nos amamos en la casa que corta todo lazo
Un lugar de hierros al rojo
Hierro de canciones de mar de náufragos de golpe de sueños contra los arrecifes de cocina
                [ennegrecidos por el uso
Y las lámparas colgando de los mástiles de la techumbre
Con el secreto de las aves migratorias y el viento que provoca una sed inextinguible en
                [esas cabezas de fuego cercenadas sobre un haz de leña

Siempre rodeados de tentáculos marinos ramificados sobre el lecho
Pues allí palpitaban como un diamante vivo todos los espejismos del ocio
En esos planos de la marea llenos de de plantas oceánicas cuyo perfume es la música
                [de la nostalgia
Y en una ampolla de cristal sobre el estrépito de los muelles a cada partida licuaban su sangre
las reliquias de la noche veneradas por los amantes
¡Oh Dios mío!
Demasiado feroces demasiado azuzados
Donde jamás la Rueda de la Fortuna deja de tender sus brazos perpetuamente jóvenes
                [y amenazadores
Y nunca tocamos un objeto que no se convirtiera en polvo de idolatría sobre los sentidos
Y nunca hombre ni mujer se destruyeron tan apasionadamente en el esplendor de su amor
Así conocimos las fórmulas de la locura
La pasión de los perros vagabundos
Frases ininteligibles que sólo las caricias descifran
Las lluvias y el desenfreno de la noche
Y las águilas ardientes que caen de pronto sobre los cuerpos queridos para tributarles
                [su cólera
En las barcazas de plumas varadas a modo de lechos sobre la arena de los dormitorios
Con esas nubes de insectos como grandes esferas que hacen tan bella luz suspensas en los
más perdidos de este mundo
Iguales al farol de ciertos carros con largos ejes de canciones en ruinas recogiendo los
                [despojos de la tormenta
(La ventana se abría a una neblina misteriosa de color azul pálido
Que pegaba a los vidrios su rostro de niña embellecida por el frío
El piso era un colchón de hojas rojas con el tornasol de la hermosura inalcanzable
Con la fascinación de los abandonos súbitos
Y restos de aves marinas preferidos de la memoria)









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Ahora llueve muy lejos de esa noche


Las joyas eternas de la melancolía
Los grandes pájaros de adiós girando sin fin en el azul de una sonrisa
Lentos como el Océano Pacífico cuando se envuelve la garganta a la luz de la luna con
                [una cinta blanca para disimular la herida de su degollación.
Clavan en nuestros pechos sus uñas afiladas por el roce de la lima con empuñadura de nieve
que pule las grandes cifras del año arrancadas de cuajo en un claro del alma donde todavía
                [persiste el olor de sus raíces:
La comarca del viento cuyo rostro es un grito de ebrios o un camino que se pierde de vista
La soledad en las montañas
Los amantes convertidos en una llamarada inhumana en la más espléndida de las ceremonias
                [del fuego
A través de sonrisas
A través de sollozos
En la caverna de cristal donde se abre las venas el relámpago

Pero la tierra pura enamorada
Ríe con risa sorda en las tinieblas
Vierte su roja sangre de hojas secas en otras tumbas
Tras el hilo que cose la herida de los sueños

Deja que el lobo aúlle a la intemperie
Déjalo que se abrigue al gran sol de la duda
Poniendo en carne viva el misterio de toda la combustión y de toda ceniza
Entonces el fantasma de hiedras cautivo en tu corazón se levanta en silencio vestido de seda
sangrienta como un asesino
En un rincón de su pasado hay un arpa de negro plumaje de golondrina para despertar
                [los besos de ayer
Y a su lado se sienta en actitud melancólica
La mujer pálida en cuyos labios fríos brilla el destello de lo irrealizable
Belleza defendida por el cristal de otro mundo
Belleza de lámpara inmóvil que siempre espera
Repitiendo con fascinación su llamado
Como el hechizo de la existencia en la ardiente bahía que resucita en tu memoria amortajada
                [por el viento









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El instinto de la orientación


La ciudad que levanta su cabeza
Al rumor de unos pasos perdidos en la sombra
La ciudad que se acerca hacia los labios
Cargada con el peso de sus joyas nocturnas

La ciudad cuyos muertos son campanas
El alba en una sala con tapices en ruinas
La ciudad que en la sombra se levanta y se pierde
Como el fulgor de una guitarra

La ciudad que se oculta en el desierto
Dibujando sus almas con un palito gris
La ciudad que solloza en un jergón
La ciudad que se duerme mecida por las olas

La otra cuando teje su mortaja
O sale de su cueva de arcilla y se silencio
O aquella con estrías de hielo
Que bebe en su cobriza tinaja
Que enciende las hogueras en el atardecer
Sus cabellos ornados de pájaros inmóviles

¿Acaso no hemos sido los amantes en viaje
El sonido de pasos que se alejan
El rumor de sombríos pasajeros
A través de los tabiques terrestres?

Aquellos que descienden con mendigos
A sentarse en la lluvia sobre fardos de ciego
En los andenes donde la aventura
Distribuye sus piedrecitas de morir

Los que comen en mesas ajenas
Los que cierran la puerta sin llave
Los que abandonan sin nostalgia
La hierba que cubre los muros

Los que duermen en alcobas de paja
Para estrecharse con terror
Los que beben su filtro en los trenes
No importa que mañana sea tarde

¿Y no hemos sido aliento de los campos
La extraña levadura de la vida
La fuente orgullosa que bebe sus lágrimas
El puñado de harina derramado en el umbral?

Los que preguntan por sus propios huesos
Asistiendo a secretas ceremonias
Como un oscuro lujo del olvido
Sobre las piras extranjeras

Abriéndose sus grandes venas
Para olvidar la luz de sus padres
Con su moneda de pasar
Y su pobre manto de tierra que los envuelve con ternura

Aunque al volver a abrir la ventana
No reconocen los contornos:
No es la misma vieja ventana
La enredadera de la infancia

¿No hemos sido los lobos hambrientos
Carne del alba como los amantes al despertar
A la intemperie su sangre impura
Su amor de lobos en el viento?









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La estrella polar


Esa mujer que fuiste con tu carne dorada
Cuyos cabellos aparta el tiempo para descifrar su misterio
–Bella Durmiente– se irisa con la linterna donde arden las lágrimas
Su cabeza apoyada en una canción
Abandonada a las hierbas del cielo
Amor mío
Tornasolada de eternidad en tu prisión de naufragio
Donde tus vestiduras desiertas se deshacen
Y caen en sal de invierno indiferente
Caen en alas rotas a tus pies

Las manos en cuya caricia
Vertió la tierra un vino de ternura
Y la antigua morada de los besos
La habitación a modo de cuerpos que se estrechan
Quedan de pronto inmóviles a través del olvido
En el museo de cera donde reina la estatua del amor sin límites
Hecha en miradas que se desvanecen
Hecha en el aire de los días más bellos
Pálida en su castillo transparente labrado en un témpano
Llorando un mundo muerto sobre la nieve de las efemérides
Ahí está todo cuanto amamos
Lo que fue nuestro en una lágrima resbalando en la seda de una sonrisa
Lo que es más mío en el infierno
Como tu brazo sobre los ojos cuando despertabas
En la almohada de la tormenta donde laten de nube en nube las venas de un país desconocido
O la canción lasciva que te cubría enteramente en el palacio de la noche
Enjoyada con los brillantes de la lujuria
Ataviada con la llama invisible tejida de suspiros

Ahí está todo lo que amamos:
Las negras máscaras del vino
Los enigmas las despedidas las transformaciones
Las esferas de Navidad
Con su fulgor en otro cielo como el chaleco del Gran Maulnes en su sueño
O el caballo que pasa por un puente lluvioso desde el fuego hasta el mar
Caballo de berlina condenada
Caballo de galope de adiós
En un camino más suave que la gran cabellera a cuyo borde hay una casa en ruinas invadida
                [por las hormigas
Aunque aún brilla la lámpara velada por la flora del salón
Entre las enormes mariposas posadas para siempre sobre un sonriente maniquí de muerta
                [exhalando la calma de la profundidad
Con el cuello ceñido por la cinta sombría cuyo extremo se pierde en una promesa
A solas en el color de la lluvia
Sobre su pedestal de alas desesperadas ante un abismo de juventud

¡Oh la extranjera!
La huérfana de exilio en la luz calcinada
Refrescando sus labios con el antiguo veneno extraído del amor
O de plumas barridas por el viento









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Los hoteles secretos


El brillo nómade del mundo
como un ascua en el alma una joya del tiempo
se abre tan sólo al paso de ciertos hechos tormentosos
arrastrados por la corriente
hasta las escaleras cortadas por el mar
en ciertos antros de lujuria de bordes sombríos
poblados por estatuas de reyes
casi irreconocibles entre el reverberar de las antorchas cuya
luz es la hiedra que cubre los muros
¡Oh corazón corazón orgulloso!
entrégate al fantasma apostado en la puerta
           
Ahora que tan bien te conozco
sin otra sed que tu memoria
criatura melancólica que tocas mi alma de tan lejos
invoca en las alcobas el éxtasis y el terror
el lento idioma indomable de la pasión por el infierno
y el veneno de la aventura con sus crímenes
¡Oh! invoca una vez más el gran soplo de antaño
en estas cámaras de piedra enlazada a tu amante
y ambos envueltos en la lona de los días perdidos como el muerto en el mar
y prontos a deshacerse en las hogueras instantáneas
sobre lechos de un metal misterioso que brilla en las tinieblas bajo la zarpa de los candelabros
y el coro de pájaros lascivos girando con furia en las habitaciones
selladas por el hierro de otras noches

Pues tales antros solemnes cubiertos de flores carnívoras
con mármoles que se pudren a la sombra de cabelleras opulentas
se balancean labrados pomposamente desde el portal hasta la cúpula
como la nave anclada sobre el abismo
agitando con lentitud sus espejos para adormecer a la mujer
desnuda entre los verdugos que incineran el corazón de la noche
y el zaguán donde se cruzan la lluvia y la frustración
los camareros con el rostro podrido por el tufo de las flores
acumuladas en los pasillos infinitos
el rumor de los suspiros sofocados
los besos entretejidos en nácar tristísimo
la hierba sin nombre en que se hunden sus huéspedes
repiten una vez más entre la sombra
la leyenda del amor que nunca muere









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Amantes vagabundos


Nunca tuvimos casa ni paciencia ni olvido
Pero un poco más lejos hacia nada
Están las lámparas de viaje
Temblando suavemente
Los hoteles de garganta amarilla siempre rota
Y sus toscas vajillas para el suicidio o la melancolía
-¡Oh el errante graznido sobre la cumbrera!
Dormíamos al azar con montañas o chozas
Bajo las altas destrucciones del cielo prontas a arder con un fuego inasible
Junto al árbol de paso que se aleja
A menudo asomados a ventanas en ruinas
A balcones en llamas o en cenizas

En esos lechos de comarca
La lluvia es igual a los besos te desnudabas
Girando dulcemente en la oscuridad con la rotación de la tierra
Belleza impune belleza insensata
Pero sólo una vez sólo una vez
Juega el amor sus dados de ladrón del destino:
Si pierdes puedes saborear el orgullo
De contemplar tu porvenir en un puñado de arena.
¡Cuántos rostros abandonados!
¡Cuántas puertas de viaje entreabriendo su llanto!
Cuántas mujeres que la luz ahoga
Sueltan sus cabelleras de región indeleble besada por el viento
Con aves inmóviles posadas para siempre en su mirada
Con el silbo de un tren que arranca lentamente sus raíces de hierro.
Con la lucha de todo abandono y de toda esperanza
Con los grandes mercados donde pululan cifras injurias legumbres y almas cerradas sobre sus
                [negros sacos de semilla
Y los andenes disueltos en una espuma férrea
-Desvarío tiempo y consumación-
Tumba de viejos días
Bella como el deseo en las venas terrestres
Su fuego es la nostalgia
La celosía del trópico tras la cual hay arañas cortinas en jirones y una vieja victrola con la misma canción inacabable
Pero los amantes exigen frustraciones tormentos
Peligros más sutiles:
Su pasado es incomprensible y se pierde como el mendigo
Dejado atrás en el paradero borrascoso.









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El aire libre


El aire libre hecho de adiós como el olvido
Tejiendo espumas en el corazón
Hecho de fuego azul y de imprevisto cuando emerge vestido de terciopelo salvaje sobre los detritus
Con sus labios en forma de tormenta
En un lugar desierto
Entre las negras ramas que cristalizan en el corazón
Deja ver sin embargo a través de sus grietas
Un caballero en ruinas comido por las ratas
Y dos piernas de mujer enmalladas en seda sombría que se alejan sobre las cornisas hasta perderse
                [en el viento.
Con la fosforescencia del deseo infinito

Allá lejos donde las esfinges del mar alzan sus rostros de sal verde
Tatuados por el sol
Abriendo sus abanicos feroces entre las arenas
Cada noche las cuerdas de cristal y las poleas furiosas suspendidas del techo
Balanceaban su péndulo sobre mi cabeza
En una selva transparente de puertas tornasoladas girando hasta la locura
Por las que entran y salen figuras de mujeres completamente envueltas en raíces
Entre las radiantes desdichas talladas en la niebla de cambiar de lugar:
Comidas del páramo ceremonias terrestres
Relámpagos perdidos en el confín de un beso
Y el sortilegio de la desesperación insaciable
Con su bala de plata
Para la caza de los grandes pájaros que se alzan suavemente de toda caricia
Al paso de la ciega que rige los adioses humanos a través de las promesas de amor
¡Ay! ella sueña con voz tan dulce bajo las palmeras
En la ciudad lacustre -el ruinoso vampiro roncando en su ataúd de viejas aguas-
Rodeado de prostitutas y espumas en esas callejuelas del viento donde agita sus aletas pálidas a la luz de la luna con un gemido más hondo que la melancolía
Pero la costa está llena de garras azules
O de chozas que exhalan una canción irresistible al tocarlas la sombra
En el aire grasiento

Allá lejos
Donde la leche terrestre solo alimenta criaturas solemnes de largas trenzas tejidas con las hierbas                         [suspendidas del sueño
Donde ruedan las profundas corrientes
De fuera del mundo
Se desliza la barca alada de la noche inflando sus andrajos inmensos entre las serpientes del cielo
Con sus solemnes máscaras de cera colgando en las bordas
Y los demonios que ocultaba el follaje
Iguales a un camino cualquiera
A una taza de restaurante incierto
A una gota de lluvia en un vidrio extranjero
O un poco de ropa misteriosa caída desde lo alto de una mujer de paso
En su cueva de fuga o de tormenta

Alza la tapa para ver
Pillaje y miseria
Pillaje de cosas en viaje y luces vespertinas
Esta es la factoría del sueño
Factoría de ladrones para reposar al sol
Factoría sin agua para delirar al sol









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La maleta de piel de pájaro


Algunas cosas atraídas por el horizonte
Vuelven a antiguos sitios para descifrar las idea melancólicas
O nos arrastran como el tren en ruinas envuelto en terciopelo de flancos ardientes desgarrados por
                [la ferocidad del recuerdo
Con criaturas de volcán impasible o estepa en la que se ocultan momias
Pasando de mano en mano la negra brasa de la lejanía
El tren ahogado lento con orejas de lluvia
El tren de roncas venas de ceniza
Arrastrando entre sueños su voz que deletrea viejas cartas de amor con la misma locura
Mientras fluye hacia el túnel de ramas del invierno
Cielo de fango y hierro del olvido

Una mujer de mirada polvorienta asomada al cristal
Vierte el aceite nocturno en un farol de luz verde como la esmeralda de la juventud que se pierde a
                [lo lejos
Su cabellera de ráfaga en la niebla
Es el torbellino de nieve de mariposas sobre una joven en un trineo dentro de esas esferas inolvidables que agitan los niños
Viajera de perfume viajera de suspiro viajera de lamento
Viajera de sollozo de luna entre las piedras
Deslizándose entre dos inmensos mascarones solitarios en medio del páramo separados entre sí por
                [el rayo
Figuras de proa de abismo:
Una del lado de las cosas imposibles infinitamente tierno
La otra del lado de la pasión jamás vivida
Y siempre ese silbato de tren con ruedas de rosal calcinado
El tren de vagos labios que sonríen
Siempre esa sal de lluvia en las lágrimas
El tren que se deshace el tren de plumas
Rodando tristemente por el humo del alma

Tal es la vieja máquina de fuego
Que alimenta la velocidad del tiempo a través de todo latido
Y los vagones tapizados de musgo con un asiento abandonado
Donde viaja un vestido vacío de mujer de lana verde a cuadros
Descolorido en los sitios donde la nostalgia apoyó su cabeza
El tren de collares errantes
El tren de primavera nómade que se deshace en una lluvia negra invisible en la tierra
Manando a borbotones la sangre de las canciones olvidadas:
"No necesito silencio ya no tengo en quién pensar"
A lo largo de las hondonadas salvajes idénticas a besos
Junto a los indios de miel helada apostados al borde de sus tumbas
En el país construido como una enorme choza de cristal y tinieblas purificado por los ácidos de                           [la  tormenta
El tren de pesados peñascos que cierran una puerta
El tren de adiós de luz irreparable

(Un gemido un encuentro pueden llevar más lejos
La realidad de estos delirios que invocas)









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Escena de tormenta


Heroína invisible
Vestida de mendiga con coronas salvajes en un antiguo romance
Haz la señal al amante tras la ventana en la casa desierta
Con un candelabro de lobo entreabriendo sus fauces en el viento
En la lejanía de las rosas
Te precipitas al escenario iluminada por la locura
Cantando tu vieja aria de lluvias
Desvanecida por el aplauso de los años
¡Oh! Y sin embargo tu rostro perfumado por el aliento de esas planicies sin fin que se recorren en un                   [beso
No deja sospechar tu extravío mientras la ola te arrastra entre los enormes telones de la muerte
O escoges esa almendra sombría que no se abre jamás en este lado del mundo
Pero toda la escena está llena de escombros
Y flores rotas sollozos y bebidas bajo esta cúpula de vientre de barco suspendida en ruinas sobre un                   [salón saqueado donde se cruzan los caminos
Con viejas sangre de comedia
De fango
De plumas erizadas por la sal del olvido

¡Pájaro! Yo solo duermo en los rincones a donde llegan los cantos ajenos las voces de los                                      [desconocidos y los juramentos de esos mártires hechizados por la ternura de lo imprevisto
Donde nunca se posa el buitre ambiguo de la costumbre
Lejos de la vajilla entre las estatuas mojadas por el mar
Mientras resplandecen de nuevo tus antiguas cabezas
Restauradas un instante a la luz de la luna:
La cabeza sonriente en una jaula de raíces
La cabeza cubierta de lentejuelas nocturnas sobre una piedra de carnaval pintada de escarlata
La cabeza de cielo de abismo en la que una gaviota no cesa nunca de caer
Cuando te llamo algunas noches muy lejos
Con una emoción sin nombre a la vista de una bujía o de una hoja de afeitar cuyo significado se pierde de pronto como tus pisadas
Y el espectáculo de la dicha me exalta como esos mensajes celestes que impulsan a la manada a                          [perseverar en la injuria del hambre
¡Pájaro! Nada más bello que la piedad materna perdiéndose en el alba hacia un lugar futuro donde los                  [días dejarán caer todo su peso con una lágrima

He allí los cerdos del vals al claro de luna

Yo me unía a los cazadores de piojos
A los saqueadores de tumbas
A los desesperados por la esperanza
En los lugares cálidos como la tempestad
En las guaridas donde aúllan los trenes
Donde las grandes serpientes que cruzan el cielo
Se enlazan en mi corazón formando un monograma misterioso
Deslumbrador como el infierno









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De la erosión de las nubes o discurso sobre los desplazamientos de la realidad


El vino oscuro de la tierra
Donde mojas los labios cuando pasan las horas
Tiene un sabor de cárcel transparente
-Su perla de ceniza se deshace en latidos-

Cada uno de nosotros vierte en él su veneno
Y la mujer que avanza desde el fondo del vaso
Mece en sus brazos blancos el sentimiento de la lejanía
A veces tan profundo
Como la música producida por un arco de infancia al rozar como un violín la tumba de un pájaro
O la tormenta enterrada viva en el bosque
Atravesada por temas salvajes
Con un canto de pinos cuyas raíces en forma de hélices los conducen más allá de los límites de la                            [memoria
Hasta el fondo inacabable erizado por la sagrada esfera de  estiércol de un insecto
Un país de cimerios
De ritos en torno a una brasa lunar donde ponen a hervir el agua de las lágrimas
Poblado por criaturas sin rostro
Desplegando un reguero de hormigas a modo de sonrisa
¡Oh escucha ese galope!
La andrajosa diligencia se pierde por el camino pantanoso
Y cuando una vez más
El demente cochero te saluda
Los destellos de su alto sombrero enceguecen las mariposas
de otrora como la llama en que deben morir
Su espalda se transforma en un armario con negros frascos de golosinas sombrías
O una almohada cubierta de pequeños trocitos de alcanfor
A cuya sola vista ciertas enfermedades transparentes retrocedían espantadas sobre el terciopelo
                [de antaño
Pero su látigo aún chasquea con el mismo fulgor
Y al beber otro trago
Torna la lenta fuga de las cosas
Torna el adiós de espumas del último peldaño en la escalera del embarcadero

(Noche tras noche
En el silencio de mi habitación
Un puerto envuelto en una enorme gasa negra
Saca del agua su torno ornado con imágenes obscenas
Y la serpiente embriagadora de ese vertiginoso color azul-deliro de la tinta de tatuar
Exaltando el deseo de la desolación y la tentación de lo desconocido
En los ángulos las cariátides de sal encienden los sueños destinados a la venganza
Sus miradas son una vasta sala donde suben y bajan las mareas alimentando la llama de los                                 [candelabros
E inclinándose sobre mi lecho en la sombra con un jadeo sofocante
Balancean sus cabellos de oro incorruptible a las canciones sedentarias
Y desaparecen con el amanecer a través de los muros
Dejando sólo una plancha de paisaje gris podrido por la nostalgia marina)

Ahora bien,
Los más bellos amores
Tienen sus alas sin paz en la lujuria de lo pasajero
Sobre esos terrenos vagos donde hay siempre una niña acosada
por los lobos
La heroína incomparable bajo la telaraña del tiempo perdido
Bella y cruel
Su retrato tiene el color de la corriente estival
Con su lerda voz ocre de barcaza
Esa gran flor de nombres melancólicos
Esa rampa sin fin

Pero las cartas escritas en cada hoja amarilla
Y el viejo cartero sin rostro cuya valija se abre como las venas
Hasta perder la vida
A cada caricia
A cada sollozo
A cada cabellera que despliega su abanico de plumas en el aire de un sueño
A cada esfinge que teje un destino mortal con un hilo infinito
¿Qué mensaje indecible depositan en medio de esta seda de adiós
Sobre la panoplia de los seres
A través de los intersticios en la juntura de los años?...

Bebe de un largo trago ese vino imantado
Hecho con el brebaje de los lugares ardientes
Los diferentes grados de latitud
El sonido marino de un cuerpo enamorado flotando en la corriente
Las sábanas plegadas como un guante aferrado a un perfume
Las promesas abandonadas en ciertas habitaciones donde brota la lluvia
Y el nombre de los meses siempre empañando el cristal del deseo con el aliento de lo irrecobrable

Un hombre cuenta el oro de sus lágrimas
Oro de carcelero
Oro decapitado
Ligeramente oculto en la madurez casi terrible de las flores









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Enrique Molina (1910 — 1997)
Buenos Aires, Argentina.


Costumbres errantes o la redondez de la Tierra - 1951
Ediciones Botella al mar, Buenos Aires.