15/11/15

C.K. Williams: "Es una era de tanta muerte bestial..."



Dejándolo


Es una era
de tanta muerte bestial
que incluso antes de morir
nuestros fantasmas se van.
Mientras dormía he sentido el mío
enviar disparos sobre mi cara,
sondeando algún carbón futuro
ahí, degustando la carne
y el sudor
como si fuera la última vez

Y lo he sentido
desenredarse e irse,
llorando, debilitándose
e igualando su forma
a nuevos cuerpos; fusionándose,
entrando en las almas,
en los motores, edificios,
señales de alto, policías-
cualquier cosa.

Por la mañana volvió.
Disminuído, despojado
de su luz, yace arrugado
en mi palma, tiritando
en mi respiro como celofán.
Y cada día
no hay nada que hacer
pero lo trago como un resfriado
desgastado
y siguiendo adelante con él.








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Estar solo


Nunca en un solo poro de Eternidad
he sido tocado por tus nieves

o haber sentido tu boca tímida y temblorosa,
tu aliento quebrar en mí

como la ola blanca. No he sentido
tu desnudez desgarrarme

con hambre o tus manos de plata
traicionarme pero hoy lo prometo

cualquiera que sea la flor de tu casa
que debería florecer, me quedaré

asegurado a tu pecho.
Como un pecesito que vive

indemne bajo vientres de tiburones,
voy a ir a donde vaya,

navegando inconsiente
en la cruda rastra de tu poder

como una hoja, una burbuja de carroña,
un hombre que ha comprendido y no.








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Pérdida


En este día y era, Señor
sos como uno de esos campesinos pobres
que queman los bosques
y asesinan sus tierras y después
no pueden salir y van enojados y delgados
entre la chatarra del jardín que se oxida, el matorral
y la reserva hambrienta.

Señor, me he sentido rastrillado
en la tierra como el estiércol,
gradado y arado,
pero estoy tranquilo como vos
parada en el portón
masticando un tallo o bebiendo
mientras las malas hierbas crecen muertas
y los perros de la casa rompen
sus cadenas como polillas, aullan
y apuntan hacia los prados
que se extinguen a la nada.








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Incluso si pudiera


Excepto por la niña
que hace muecas detrás de mí, el arco iris
detrás de ella, la escuela y el camión,
la única cosa entre vos y el infinito
soy yo. Es el motivo por el que te cubrís los oídos
cuando hablo y por qué
siempre te filtrás por los bordes,
aferrándote, tratando
de ir por mí.
Y excepto por los ojos y la espalda








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De lo que está en el pasado


Engancho mis dedos en la valla de vieja cancha de tenis
y me arrodillo en un sobrecrecimiento de malas hierbas afiladas
para ver a los soldados entrenar en sus ratos libre.

¿Te acordás cuando esto era un parque? Cuando las chicas
movían sus raquetas acá en las calurosas mañanas de verano
y llegaban por la noche para abrir sus cuerpos a nosotros?

Ahora las culatas de armas estampadas en la arcilla pálida como pezuñas.
Las botas duras brillan.
Y aún así, los niños juegan a la escondida

más allá de las barreras. Unos enamorados se hunden en la maleza.
No son ellos, somos nosotros: sabemos demasiado.
Pronto sólo el pasado sabrá lo que sabemos.








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Es así con los hombres


Ellos penetraban en la tierra
como clavos; se mueven una pulgada,
se introducen otra vez.
La tierra es dolor con ellos.
Es un fruto espinoso
que ha perdido la esperanza
de ser levantado y comido.
Sólo puede madurar y madurar.
Y los hombres, también están heridos.
También son arrancados de su pérdida
y están sin esperanza. El núcleo
suaviza. La carne pura suaviza
y se derrite. Hay espinas, hay
semillas oscuras, y acaban.








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Lo que es y lo que no

Estoy muy lejos de ese lugar,
pero todavía puedo oír
el paso de impaciente de su pezuña
cerca del fuego, y el chasquido verde
de sus voces y su cuerpo que fluye.

En mi ventana, los espíritus habituales,
el mismo silencio. Un niño lo vería
mientas mi ropa cuelga como asesinos
en la puerta, pero no, y
no crujen en el pasillo para mí.

No es la muerte. En tu cara
la vislumbro. Estás alcanzando
una mano reconfortante
a pesar de que gruñe, se sumerge,
y sabés que el bebé
no levanta la vista de su juego
de belleza. No es amor u odio
o pasión. No nos toca,
ni sueña, habla, canta o
acerca, sin embargo lo consumimos.








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Capó


¿Te acordás de mí? Yo era
el que en la escuela siempre tenía miedo.
Llevaba cigarrillos en mi manga,
botas de ingeniero, el pelo largo, el cuello
del uniforme levantado y siempre había
chicas conmigo en los pasillos.

No eras nada. Las tenía para vos-
cuando le desprendí la goma a las luces
te agachaste como un profesor.
Y cuando choqué y me rompí los pulmones
con la rueda, estabas tan aliviado
que trazaste la pintura dura del Ford
como un pecho y tus manos temblaban.








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El más grande conductor de triciclos


El más grande conductor de triciclos
está en mi corazón, manejando como un salvaje,
sin manos, casi boca abajo
de las paredes y en los altos bordes
y frena, su timbre tan rápido,
el sol girando en sus radios como una llama.

Pero está envejeciendo. Sus pies
sobrepasan los pedales. Sus dientes apretados
demasiado fuerte contra las sacudidas, y me temo
que lo que he conservado de él es lo que
lo hace apretar con sus dedos el mango de goma
y lo impulsa una y otra vez en la misma cuadra.








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La parte dura


¿Te acordás cuando soñábamos con la lechuza
y el esqueleto, y el zapato
abierto y ahí estaba el ángel
con su dedo en el libro, su sonrisa como chocolate?

¿Y te acordás? Todo lo que había sido aplastado
o quemado, lo volvimos a cambiar.
Giramos el corazón
al principio, cerramos la flor, dejamos sonar el tambor.

Pero lo estás perdiendo ahora. Cada noche que lloramos
juntos, pero es tarde-
el oso blanco y el abogado
están cerrando la casa y ¿dónde estás?

El viento camina, la roca dando vueltas con los gusanos
pegado a las piernas-
¿cómo sabré que me amás ahora
y cómo no? ¿Cómo voy a perdonarte?







(versiones en castellano: Hugo Zonáglez)


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Giving It Up


It is an age
of such bestial death
that even before we die
our ghosts go.
I have felt mine while I slept
send shoots over my face,
probing some future char
there, tasting the flesh
and the sweat
as though for the last time

And I have felt him
extricate himself and go,
crying, softening himself
and matching his shape
to new bodies; merging,
sliding into souls,
into motors, buildings,
stop signs, policemen–
anything.

By morning, he is back.
Diminished, shorn
of his light, he lies crumpled
in my palm, shivering
under my breath like cellophane.
And every day
there is nothing to do
but swallow him like a cold
tear
and get on with it.








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Being Alone


Never on one single pore Eternity
have I been touched by your snows

or felt your shy mouth tremble,
your breath break on me

like the white wave. I have not felt
your nakedness tear me

with hunger or your silver hands
betray me but today I promise

whatever flower of your house
should bloom I will stay

locked to its breast.
Like little fish who live.

harmlessly under the bellies of sharks,
I will go where you go,

drift inconspicuosly
in the raw dredge of your power

like a leaf, a bubble of carrion,
a man who has understood and does not.








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Loss


In this day and age Lord
you are like one of those poor farmers
who burns the forests off
and murders his land and then
can't leave and goes sullen and lean
among the rusting yard junk, the scrub
and the famished stock.

Lord I have felt myself raked
into the earth like manure,
harrowed and plowed under,
but I am still enough like you
to stand on the porch
chewing a stalk or drinking
while tall weeds come up dead
and the house dogs, snapping
their chains like moths, howl
and point towards the withering
meadows at nothing.








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Even If I Could


Except for the little girl
making faces behind me, and the rainbow
behind her, and the school and the truck,
the only thing between you and infinity
is me. Which is why you cover your ears
when I speak and why
you're always oozing around the edges,
clinging, trying
to go by me.
And except for my eyes and the back








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Of What is Past


I hook my fingers into the old tennis court fence
and kneel down in an overgrowth of sharp weeds
to watch the troopers in their spare compound drill.

Do you remember when this was a park? When girls
swung their rackets here in the hot summer mornings
and came at night to open their bodies to us?

Now gun-butts stamp the pale clay like hooves.
Hard boots gleam.
And still, children play tag and hide-and-seek

beyond the barriers. Lovers sag in the brush.
It's not them, it's us: we know too much.
Soon only the past will know what we know.








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It Is This Way with Men


They are pounded into the earth
like nails; move an inch,
they are driven down again.
The earth is sore with them.
It is a spiny fruit
that has lost hope
of being raised and eaten.
It can only ripen and ripen.
And men, they too are wounded.
They too are sifted from their loss
and are without hope. The core
softens. The pure flesh softens
and melts. There are thorns, there
are the dark seeds, and they end.








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What Is and Is Not


I'm a long way from that place,
but I can still hear
the impatient stamp of its hoof
near the fire, and the green clicking
of its voices and its body flowing.

At my window, the usual spirits,
the same silence. A child would see it
as my clothes hanging like killers
on the door, but I don't, and it
doesn't creak in the hallway for me.

It's not death. In your face
I glimpse it. You are reaching
a hand out comfortingly
though it snarls, plunges,
and you know that the baby
won't look up from its game
of beauty. It isn't love or hate
or passion. It doesn't touch us,
dream us, speak, sing or
come closer, yet we consume it.








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Hood


Remember me? I was the one
in high school you were always afraid of.
I kept cigarettes in my sleeve, wore
engineer’s boots, long hair, my collar
up in the back and there were always
girls with me in the hallways.

You were nothing. I had it in for you–
when I peeled rubber at the lights
you cringed like a teacher.
And when I crashed and broke both lungs
on the wheel, you were so relieved
that you stroked the hard Ford paint
like a breast and your hands shook.








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The World's Greatest Tricycle-Rider


The world's greatest tricycle-rider
is in my heart, riding like a wildman,
no hands, almost upside down along
the walls and over the high curbs
and stoops, his bell rapid firing,
the sun spinning in his spokes like a flame.

But he is growing older. His feet
overshoot the pedals. His teeth set
too hard against the jolts, and I am afraid
that what I've kept from him is what
tightens his fingers on the rubber grips
and drives him again and again on the same block.








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The Hard Part


Do you remember when we dreamed about the owl
and the skeleton, and the shoe
opened and there was the angel
with his finger in the book, his smile like chocolate?

And remember? Everything that had been crushed
or burned, we changed back.
We turned the heart around
in the beginning, we closed the blossom, we let the drum go.

But you're missing now. Every night I feel us crying
together, but it's late-
the white bear and the lawyer
are locking the house up and where are you?

The wind walking, the rock turning over with worms
stuck to its haunches-
how will I know what loves me now
and what doesn't? How will I forgive you?








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C. K. Williams (1936-2015)
Newark, Nueva Jersey, Estados Unidos.


Lies - 1969
Houghton Mifflin, Boston, Estados Unidos.

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