30/12/15

Tracy K. Smith: "¿De qué sueño del mundo te libraste?..."


El clima en el espacio


¿Es Dios un ser o una fuerza pura? ¿El viento
o lo que lo maneja? Cuando vivimos lentos
y podemos mantener todo lo que amamos, se expande
en nuestro regazo como un muñeco desgarbado. Cuando la tormenta
patea y nada es nuestro, vamos persiguiendo
después de todo, estamos seguros de perder, tan vivos
con rostros radiantes de pánico.








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Ciencia ficción


No habrá bordes, sino curvas.
Líneas limpias apuntando sólo hacia adelante.

La historia, con su dura columna vertebral y las esquinas
dobladas, serán reemplazados por matices,

Como los dinosaurios dejaron paso
a montones y montones de hielo.

Las mujeres seguirán siendo mujeres, pero
la distinción estará vacía. El sexo,

habiendo sobrevivido a cada amenaza, se gratificará
sólo la mente, que es en donde existirá.

Para patear, bailaremos para nosotros mismos
ante espejos con incrustaciones de bombillas de oro.

La más antigua entre nosotros se le reconocerá ese brillo-
pero la palabra sol habrá sido reasignada

al dispositivo de neutralización estándar uranio
encontrada en asilos y hogares.

Y sí, vamos a vivir mucho más, gracias
al consenso popular. Ingrávido, trastornado,

eones de incluso nuestra propia luna, navegaremos
en la bruma del espacio, que será, de una vez

y para todos, escrutable y seguro.








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Ello y co


Somos una parte de ello. No huéspedes.
¿Somos nosotros, o lo que nos contiene?
¿Cómo puede ser otra cosa que una idea,
algo se tambalea en la columna vertebral
del número uno? Es elegante
pero evasivo. Evita los extremos embotados
de nuestros dedos mientras señalamos. Hemos
ido a buscarlo por todas partes:
en Biblias y anchos de banda que florece
como una herida desde el fondo del océano.
Aún así, resiste la cuestión de falso vs real.
Dudando de nuestro afán, es in-
apacible. Es como algunas novelas:
vasto e ilegible.








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Máquina salvadora


Pasé dos años sin mirar
el espejo en su oficina.
Hablando, en cambio, a mis manos
o una almohada en mi regazo. Mirando arriba
de vez en cuando para dejar salir una risa.
Poco a poco se sentía como una cita con un amigo,
lo que significaba que era hora de terminar.

Dos años después, lo vi caminando
por la calle Jay hacia el sol. Sin chaqueta,
su cara un poco agrietada por el viento.
Se veía como un hombre común que llevaba
camisas de casa a la lavandería, sonriendo
sobre algo que su hija había dicho
temprano esa mañana. Mucho antes

de que existieras para mí, eras una teoría.
Ahora lo sé todo: las palabras que odias.
Dónde te pica en la noche. En el pasillo,
hay cinco fotos de tu difunta esposa.
Esto es lo que entendemos por compartir una vida. Aún,
de vez en cuando, pienso en él observándome
por encima de sus anteojos, o comiendo caramelos

de un frasco. Recuerdo que le agradecí cada vez
que la sesión terminaba. Pero sobre todo lo que veo
es una mano humana levantando
un guijarro de mi lengua.








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La buena vida


Cuando algunas personas hablan de dinero
lo hacen como si fuera un amante misterioso
que sale a comprar leche y nunca
vuelve, y me hace sentir nostalgia
por los años que viví de café y pan,
siempre con hambre, caminando al trabajo el día de pago
como una mujer viajando por el agua
de un pueblo sin un pozo, después viviendo
una o dos noches como todos los demás
de pollo asado y vino tinto.








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Cuando su pequeña forma cayó en mí


Yo estaba desparramada en la cama como una alfombra de caza mayor:
boca abajo, las piernas abiertas. Era invierno.
Cada día. Tu padre bajó los pies al suelo.
Los niños arriba arrastraron algo de un lado a otro
sobre ruedas chillando. Yo estaba vacía, llevada
por cualquier oleaje, remolinando, y luego rota
noche tras noche en ese cuarto. Debiste haberlo visto
lo que parecía eterno, queriendo ser
lo que pasamos de un lado a otro entre nosotros como fuego.
queriendo peso, deseando deseo, agonizando
para descender en la carne, la culpa, la breve éxtasis del ser.
¿De qué sueño del mundo te libraste?
¿Qué aumentó, y qué dolió, cuando destinaste tu voluntad
en el sí de mi cuerpo vivo como ése sobre las sábanas?








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La velocidad de la creencia

en memoria, Floyd William Smith 1935-2008


Cuando murió tu dulce padre
te despertaste antes del amanecer
y te comiste medio plato de huevos y sémola,
y bebiste un vaso de leche.

Después de que te fuiste, me senté en tu lugar
y terminaste unas tostadas con mermelada
y huevos fríos, el tocino grueso
bridas en grasas, saboreando el gusto.

Después me dormí, tan joven para saber cuán estrecho
y serio parecía el camino delante de vos-
Todas las casas selladas, las pocas nubes
de la noche enturbian como café frío.

Te quedaste ido una semana, y ¿qué éramos nosotros
sin tu perfil limpio que nos roba
algo que nos hizo temer?
Un vecino te envió una torta. Comimos

los pollos horneados, los jamones endulzados.
Inclinamos nuestras cabezas y rezamos
que vuelvas sana y salva,
sabiendo lo que sería.








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La grandeza que no podemos ver


Cuando nuestra risa derrape por el suelo
como granos arrancados de la garganta de una chica,
¿qué espera donde la risa se junta?

Y más tarde, cuando los dientes de sierra respiren
nos tumben en una cama de hojas, ¿qué alimenta
con enfoque incesante en las hojas?

Es sólida, aún permeable, como un estado de ánimo.
como Dios, no tiene rostro. Como la lujuria,
parpadea sin un pinchazo de culpa.

Nos movemos dentro y fuera de los cuartos, dejando
nuestro polvo, nuestras voces agrupadas en alféizares.
Corremos de puerta en puerta en un aguacero

de días. Los viejos árboles crecen, sus troncos gruesos
con nuevos anillos. Todo lo que vemos crecer
por el suelo. Y todos vivimos ciegos

inclinamos su peso inmortal para nuestros oídos
                                                                              y canta.








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El universo es una fiesta en una casa


El universo se está expandiendo. Mirá: postales
y bragas, botellas con lápiz labial en los picos,

medias huérfanas y servilletas secas en nudos.
Con rapidez, sin palabras, todo lo mezclaron en un archivo

con ondas de radio de hace una generación,
naufragando hasta el límite de lo que no termina,

como el aire dentro de un globo. ¿Es brillante?
¿podrán nuestros ojos cerrarse? ¿está fundido, atómico,

una explosión de soles? Suena como una clase de fiesta
tus vecinos se olvidaron de invitarte: los graves que vibran

a través de las paredes, y todos barullan borrachos
en los techos. Machacamos lentes a una fuerza imposible,

apuntándolos hacia el futuro, y el sueño de los seres
nos darán la bienvenida con hospitalidad infatigable:

¡Qué maravilloso que hayas venido! No vamos a flaquear
a las bocas pinchadas, las protuberancias de miembros. Nos levantamos,

gráciles, robustos. "Mi casa es su casa"*. Nunca más sincero.
viéndonos, sabrán exactamente lo que queremos decir.

por supuesto, es nuestra. Si se trata de cualquiera, es nuestra.




*original en español








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Catedral kitsch


¿Dios ama el oro?
¿Él devuelve el brillo
a sí mismo desde las paredes
como estas, hojeados
en la riqueza más suave de la tierra?

Las mujeres encienden velas,
rezan en su puñado de perlas.
Las cámaras escupen luz humana
en la inmensa oscuridad santa,

y lo que devuelve el brillo
es alto y frío. Siento
el hombre acá. El mismo deseo
que nombraron los planetas.

El hombre con zapatos y herramientas,
Su insistencia para probar que existimos
como Dios, en lo amplio
y lo pequeño, lo grande

y lo rasgado. En los acordes
que surgen de las altas tuberías de cobre,
y el coro de latas aplastadas
que alguien arrastra sobre adoquines
en la calle secular.








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Museo de la obsolescencia 


Tanto que una vez codiciamos. Tanto
que eso nos habría salvado, pero vivimos,

en vez, su propio corto lapso, volviendo
a lo inútil con la aquiescencia muda

de cambiar la piel. Nos observa que lo observamos:
nuestros ojos defectuosos, nuestro calor delator, los corazones

latiendo a través de nuestras camisas. Estamos acá
riéndonos de las baratijas, las herramientas ingenuas,

las réplicas de réplicas apiladas como ladrillos.
Hay dinero verde, y aceite en tambores.

Ollas de miel robadas de una tumba. Libros
que relatan guerras, mapas de estrellas esfumadas.

En el ala sur, hay una pequeña habitación
donde un hombre que vive se sienta a la pantalla. Pide,

y describirá las viejas creencias. Si vos
reís, bajará la cabeza a sus manos

y suspirará. Cuando muera, lo reemplazarán
con un vídeo en un loop infinito.

Instalaciones especiales van y vienen. "Amor"
fue una temporada, seguido de "enfermedad"

conceptos difíciles de entender. La última cosa que ves
(Después de un espejo - ¿la idea de alguien de una broma?)

es una imagen del viejo planeta tomadas desde el espacio.
En el exterior, los vendedores pregonan camisetas, tres por ocho.








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El universo como grito primal


Las 5 pm en la nariz. Ellos abren la boca
y lanzan: alto, estridente y metálico.
Primero el niño, y después su hermana. De vez en cuando,
ambos lo sueltan a la vez, y pienso
ponerme los zapatos para subir y ver
si se trata sólo de un experimento
que sus padres han realizado
sobre el buen cristal, que sin duda
debe estar destrozado en el suelo.

Tal vez la madre todavía esté orgullosa
de los cuatro pulmones rosados que cuidó
para tales fuerzas. Quizás, si golpean
el decibel mágico, todo el edificio
despegará, y vamos a ir a la gloria
como Elías. Si eso es todo -si esto es lo que
sus gritos martillan- dejá el cielo
pasar del azul al rojo, de oro fundido,
al negro. Dejá que se acerque el cielo que heredamos.

Ya se trate de nuestros muertos con ropas del Antiguo Testamento,
o una puerta abierta que da al espacio de infinidades turbulentas.
Si se doblegará para recibirnos como un padre,
o nos trague como un horno. Estoy listo
para conocer lo que se niega a dejarnos sin nada
por mucho. Lo que nos burla de bendiciones,
nos dobla de dolor. Mago, ladrón, el gran
viento se precipita para golpear nuestros espejos en el suelo,
para barrer nuestras vidas cortas y limpias. Qué significa

que nuestra raqueta aparece al lado. Mi música en modo aleatorio.
El vecino que corta las cebollas a través de una pared.
Todo en un hipo en contra de lo que nunca puede
venir para nosotros. Y los chicos arriba todavía,
gritando como el amanecer del hombre, parece
que no tuvieran nombres porque empezaron a insistir
el haber nacido.








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Toma alternativa
para Levon Helm


He estado repitiendo en mi cabeza todo el día las mismas seis líneas,
separadas y reducidas a nada como un lápiz desgastado
masticado y limado, pintura amarilla que salpica en mis dientes.

Y todo este tiempo un viento tibio ha estado golpeando a mi puerta,
escupió de su boca y aterrizó justo contra mi oído.
todo el día apaleando al diablo de seis líneas y secándolo,

mientras él maneja en círculos a través de los bosques de mi mente con esa
sucia voz del camino, levantando grava como un fugitivo en un Buick.
Me pide que Debería entrar con ese ritmo de nuevo, cuales quiera que sean

las seis líneas se fueron deslizando como agua sobre grasa caliente.
Entra, Levon, con tus labios estirados apretados y ese gesto de cerdo en los ojos,
el bajo como maza golpeando a la batería. Recostate, como vos sabés

ya sabés cómo, hombros levantados con suavidad, el mentón inclinado hacia atrás
así la canción tiene que escalar su salida como un hombre de una mina.








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El universo: Banda Sonora Original


La primera pista todavía casi se mueve. High hat y redoblante, incluso
unas líneas de saxo la estratosfera lo chamuscará muy pronto.

Cuerdas sintetizadas. Después algo como celofán
entrando como si se enganchara a un zapato. Se arruga y arrastra. Ruido blanco,

Ruido Negro. Las que deben ser voces se levantan, después caen, como virutas de metal
en la melaza. Demasiado para nosotros. Demasiado para las banderas que nos aburrieron

en planetas secos como tiza, para las latas llenamos con fuego
y cabalgamos como vaqueros en todo lo que tratamos de domar. Escuchá:

la oscuridad que sólo imaginamos ahora audible, tamborileando,
veteada con estática como carne cartilaginosa. Un coro de motores se mezcla.

Burlas silenciosas: un desafío. Todo lo que desaparece
desaparece como si retornara a algún lado.







(versiones en castellano: Hugo Zonáglez)


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The Weather in Space


Is God being or pure force? The wind
Or what commands it? When our lives slow
And we can hold all that we love, it sprawls
In our laps like a gangly doll. When the storm
Kicks up and nothing is ours, we go chasing
After all we’re certain to lose, so alive—
Faces radiant with panic.








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Sci-Fi


There will be no edges, but curves.
Clean lines pointing only forward.

History, with its hard spine & dog-eared
Corners, will be replaced with nuance,

Just like the dinosaurs gave way
To mounds and mounds of ice.

Women will still be women, but
The distinction will be empty. Sex,

Having outlived every threat, will gratify
Only the mind, which is where it will exist.

For kicks, we'll dance for ourselves
Before mirrors studded with golden bulbs.

The oldest among us will recognize that glow—
But the word sun will have been re-assigned

To the Standard Uranium-Neutralizing device
Found in households and nursing homes.

And yes, we'll live to be much older, thanks
To popular consensus. Weightless, unhinged,

Eons from even our own moon, we'll drift
In the haze of space, which will be, once

And for all, scrutable and safe.








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It & Co.


We are a part of It. Not guests.
Is It us, or what contains us?
How can It be anything but an idea,
Something teetering on the spine
Of the number i? It is elegant
But coy. It avoids the blunt ends
Of our fingers as we point. We
Have gone looking for It everywhere:
In Bibles and bandwidth, blooming
Like a wound from the ocean floor.
Still, It resists the matter of false vs. real.
Unconvinced by our zeal, It is un-
Appeasable. It is like some novels:
Vast and unreadable.








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Savior Machine


I spent two years not looking
Into the mirror in his office.
Talking, instead, into my hands
Or a pillow in my lap. Glancing up
Occasionally to let out a laugh.
Gradually it felt like a date with a friend,
Which meant it was time to end.

Two years later, I saw him walking
Up Jay Street into the sun. No jacket,
His face a little chapped from wind.
He looked like an ordinary man carrying
Shirts home from the laundry, smiling
About something his daughter had said
Earlier that morning. Back before

You existed to me, you were a theory.
Now I know everything: the words you hate.
Where you itch at night. In our hallway,
There are five photos of your dead wife.
This is what we mean by sharing a life. Still,
From time to time, I think of him watching me
From over the top of his glasses, or eating candy

From a jar. I remember thanking him each time
The session was done. But mostly what I see
Is a human hand reaching down to lift
A pebble from my tongue.








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The Good Life


When some people talk about money
They speak as if it were a mysterious lover
Who went out to buy milk and never
Came back, and it makes me nostalgic
For the years I lived on coffee and bread,
Hungry all the time, walking to work on payday
Like a woman journeying for water
From a village without a well, then living
One or two nights like everyone else
On roast chicken and red wine.








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When Your Small Form Tumbled into Me


I lay sprawled like a big-game rug across the bed:
Belly down, legs wishbone-wide. It was winter.
Workaday. Your father swung his feet to the floor.
The kids upstairs dragged something back and forth
On shrieking wheels. I was empty, blown-through
By whatever swells, swirling, and then breaks
Night after night upon that room. You must have watched
For what felt like forever, wanting to be
What we passed back and forth between us like fire.
Wanting weight, desiring desire, dying
To descend into flesh, fault, the brief ecstasy of being.
From what dream of world did you wriggle free?
What soared—and what grieved—when you aimed your will
At the yes of my body alive like that on the sheets?








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The Speed of Belief

In memoriam, Floyd William Smith 1935–2008


When your own sweet father died
You woke before first light
And ate half a plate of eggs and grits,
And drank a glass of milk.

After you’d left, I sat in your place
And finished the toast bits with jam
And the cold eggs, the thick bacon
Flanged in fat, savoring the taste.

Then I slept, too young to know how narrow
And grave the road before you seemed—
All the houses zipped tight, the night’s
Few clouds muddy as cold coffee.

You stayed gone a week, and who were we
Without your clean profile nicking away
At anything that made us afraid?
One neighbor sent a cake. We ate

The baked chickens, the honeyed hams.
We bowed our heads and prayed
You’d come back safe,
Knowing you would.








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The Largeness We Can't See 


When our laughter skids across the floor
Like beads yanked from some girl's throat,
What waits where the laughter gathers?

And later, when our saw-toothed breaths
Lay us down on a bed of leaves, what feeds
With ceaseless focus on the leaves?

It's solid, yet permeable, like a mood.
Like God, it has no face. Like lust,
It flickers on without a prick of guilt.

We move in and out of rooms, leaving
Our dust, our voices pooled on sills.
We hurry from door to door in a downpour

Of days. Old trees inch up, their trunks thick
With new rings. All that we see grows
Into the ground. And all we live blind to

Leans its deathless heft to our ears
                                                         and sings.








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The Universe Is a House Party


The universe is expanding. Look: postcards
And panties, bottles with lipstick on the rim,

Orphan socks and napkins dried into knots.
Quickly, wordlessly, all of it whisked into file

With radio waves from a generation ago,
Drifting to the edge of what doesn’t end,

Like the air inside a balloon. Is it bright?
Will our eyes crimp shut? Is it molten, atomic,

A conflagration of suns? It sounds like the kind of party
Your neighbors forget to invite you to: bass throbbing

Through walls, and everyone thudding around drunk
On the roof. We grind lenses to an impossible strength,

Point them toward the future, and dream of beings
We’ll welcome with indefatigable hospitality:

How marvelous you’ve come! We won’t flinch
At the pinprick mouths, the nubbin limbs. We’ll rise,

Gracile, robust. Mi casa es su casa. Never more sincere.
Seeing us, they’ll know exactly what we mean.

Of course, it’s ours. If it’s anyone’s, it’s ours.








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Cathedral Kitsch


Does God love gold?
Does he shine back
At Himself from walls
Like these, leafed
In the earth’s softest wealth?

Women light candles,
Pray into their fistful of beads.
Cameras spit human light
Into the vast holy dark,

And what glistens back
Is high up and cold. I feel
Man here. The same wish
That named the planets.

Man with his shoes and tools,
His insistence to prove we exist
Just like God, in the large
And the small, the great

And the frayed. In the chords
That rise from the tall brass pipes,
And the chorus of crushed cans
Someone drags over cobbles
In the secular street.








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The Museum of Obsolescence


So much we once coveted.  So much
That would  have saved us, but lived,

Instead, its own quick span, returning
To uselessness with the mute acquiescence

Of shed skin.  It watches us watch it:
Our faulty eyes, our telltale heat, hearts

Ticking through our shirts.  We’re here
To titter at the gimcracks, the naive tools,

The replicas of replicas stacked like bricks.
There’s green money, and oil in drums.

Pots of honey pilfered from a tomb.  Books
Recounting the wars, maps of fizzled stars.

In the south wing, there’s a small room
Where a living man sits on display.  Ask,

And he’ll describe the old beliefs.  If you
Laugh, he’ll lower his head to his hands

And sigh.  When he dies, they’ll replace him
With a video looping ad infinitum.

Special installations come and go.  “Love”
Was up for a season, followed by “Illness,”

Concepts difficult to grasp.  The last thing you see
(After a mirror — someone’s idea of a joke?)

Is an image of the old planet taken from space.
Outside, vendors hawk t-shirts, three for eight.








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The Universe as Primal Scream


5pm on the nose. They open their mouths
And it rolls out: high, shrill and metallic.
First the boy, then his sister. Occasionally,
They both let loose at once, and I think
Of putting on my shoes to go up and see
Whether it is merely an experiment
Their parents have been conducting
Upon the good crystal, which must surely
Lie shattered to dust on the floor.

Maybe the mother is still proud
Of the four pink lungs she nursed
To such might. Perhaps, if they hit
The magic decibel, the whole building
Will lift-off, and we'll ride to glory
Like Elijah. If this is it—if this is what
Their cries are cocked toward—let the sky
Pass from blue, to red, to molten gold,
To black. Let the heaven we inherit approach.

 Whether it is our dead in Old Testament robes,
Or a door opening onto the roiling infinity of space.
Whether it will bend down to greet us like a father,
Or swallow us like a furnace. I'm ready
To meet what refuses to let us keep anything
For long. What teases us with blessings,
Bends us with grief. Wizard, thief, the great
Wind rushing to knock our mirrors to the floor,
To sweep our short lives clean. How mean

Our racket seems beside it. My stereo on shuffle.
The neighbor chopping onions through a wall.
All of it just a hiccough against what may never
Come for us. And the kids upstairs still at it,
Screaming like the Dawn of Man, as if something
They have no name for has begun to insist
Upon being born.








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Alternate Take

          for Levon Helm


I’ve been beating my head all day long on the same six lines,
Snapped off and whittled to nothing like the nub of a pencil
Chewed up and smoothed over, yellow paint flecking my teeth.

And this whole time a hot wind’s been swatting at my door,
Spat from his mouth and landing smack against my ear.
All day pounding the devil out of six lines and coming up dry,

While he drives donuts through my mind’s back woods with that
Dirt-road voice of his, kicking up gravel like a runaway Buick.
He asks Should I come in with that back beat, and whatever those

Six lines were bothered by skitters off like water in hot grease.
Come in, Levon, with your lips stretched tight and that pig-eyed grin,
Bass mallet socking it to the drum. Lay it down like you know

You know how, shoulders hiked nice and high, chin tipped back
So the song has to climb its way out like a man from a mine.








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The Universe: Original Motion Picture Soundtrack


The first track still almost swings. High hat and snare, even
A few bars of sax the stratosphere will singe-out soon enough.

Synthesized strings. Then something like cellophane
Breaking in as if snagged to a shoe. Crinkle and drag. White noise,

Black noise. What must be voices bob up, then drop, like metal shavings
In molasses. So much for us. So much for the flags we bored

Into planets dry as chalk, for the tin cans we filled with fire
And rode like cowboys into all we tried to tame. Listen:

The dark we've only ever imagined now audible, thrumming,
Marbled with static like gristly meat. A chorus of engines churns.

Silence taunts: a dare. Everything that disappears
Disappears as if returning somewhere.








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Tracy K. Smith (1972)
Falmouth, Massachusetts, Estados Unidos


Life on Mars - 2011
Graywolf Press, Minneapolis, Estados Unidos.

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