6/12/16

Alicia García Bergua: "Llega por fin esa presencia llana de las cosas..."


Mi cuerpo es sedentario 
le gusta demorarse,
centrarse en lo que siente
y no pasar de largo.
Pese a incomodarle estar inmóvil,
va llevando el compás de lo que escribo.
Él es quién sabe lo que estoy buscando,
él lleva el ritmo de lo que yo digo,
sin él no veo lo que estoy diciendo
desde la magnitud en que está dicho
que es mi respiración, mi titubeo.








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Tenía treinta años, 
me recuerdo fumando,
abordando esa vida
que parecía ir a alguna parte:
aquí, donde estoy
de nuevo conociéndome
como si fuera otra.
Pese al miedo,
me sentía caminar
de palmo a palmo
por eso que era yo;
no podía creer que envejecía,
que no iba a la cabeza
de mi tiempo.
Ahora que me pasa por encima
y que me hallo
ya cada vez más sola
con mi cuerpo,
me sé parte de todo,
un trozo que se va
y se despide a diario
únicamente para despertar,
despertar muchas veces.








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Luto


La familia es un sistema planetario.
En los momentos duros, cuando no la disfruta,
desconoce su inercia.
Se siente ajena a esas órbitas
que recorre en plena oscuridad.
Su sol no la alumbra para verse a sí misma,
sólo la perfila, le da fuerza.
Por eso cuando hay luto poco a nada se aclara.
Sólo las ilusiones pierden peso
frente a la contundencia del núcleo familiar.
La pena hace tocar ese duro granito
en que está cincelado.
Su apariencia es flexible y nos permite amar la libertad,
pero se vuelve cruel cuando se quiebra.








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Metafísica

para Carlos

Antes de aquel principio,
todo lo que en ahora nuestras vidas
también nos separaba.
Hubo sólo caminos
en los que nos cruzamos
sin nunca darnos cuenta;
oímos nuestros nombres
como si de otros mundos se tratara.
Éramos otros cuerpos, otras mentes;
ahora los vemos desde aquí
como una orilla vaga,
un lugar de partida
desde el cual el nosotros
va empujando el recuerdo
como un río.








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Mientras dormimos


Prosigue la memoria en la corteza;
ha dejado de ser esa palanca que nos lanza hacia afuera.
Ya todo se reduce a pálpitos e impulsos
que nuestro cuerpo debe reiterar.
Rondamos nuestros limites, vamos perdiendo el hilo,
todo lo que pensamos viene y va,
cruza por la cabeza como por una playa abandonada.
Quedamos dispersados en todos esos granos
que llevan uno a uno las ondas del espíritu.
Sostienen por momentos tormentas gigantescas
que pueden despertarnos,
se asientan en el fondo y surge un mar absurdo
que se atraviesapor necesidad.
¿Regresaremos acaso a un lugar donde ya sólo cuentan
las mínimas partículas de las que estamos hechos?








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Me detengo de pronto
en la hoja de un libro
por donde me escapé
olvidando que existo,
miro a mí alrededor y me entristezco.
Sin la tinta que pasas ante mis ojos
en caracteres ágiles,
no aguantaría el frío y la aridez
con la que nos repetimos insaciables.
Me quisiera soltar,
recuperar el ritmo aventurado
que alguna vez mantuve
más allá de esas letras.
Pero ahora no puedo,
las paginas impresas
son también las columnas de mi casa.
Sin ellas no habría nada,
todo estaría vacío
y no habría horizonte en qué pensar.








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Me gusta este silencio
de la ropa doblada en el armario,
me tranquiliza mucho;
mirarla hace una pausa contundente.

Una encima de la otra
las prendas del armario
esperan con paciencia,
parecen señalar que hay que cruzar los brazos,
mirar los pensamientos se aligeran
y se vuelven dispersos.








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Llega por fin esa presencia llana de las cosas
que una no quiere ver de puro miedo
y el amor que te tuve está entre ellas
ya sin sombra de duda.
Fuiste un resquicio, un ancla,
una vitalidad abrumadora,
tú que captabas todo tan ágilmente.

Un crédito en pantalla,
la imagen registrada de una persona...
eran los alfileres que ponías,
como tu madre, maestra y costurera,
para quedarte aquí y mantener a raya la añoranza
de ese tiempo imposible que acarrea el exilio.
Todos esos pinchazos de tu letra menuda
y esos dibujos rápidos
para atrapar el mundo en movimiento,
eran una manera de aferrarte,
de ir creando nostalgias.

Un diálogo, un chiste, alguna melodía
hacían surgir en ti ese simple placer de la memoria
con el que se recogen los momentos
como pequeños trozos coloridos.
Caminaste junto con mil amigos
para festejar siempre
el hilo milagroso de tu vida.








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Urgencias


Los pacientes se centran en su propio dolor y no se miran,
sólo algunos observan
a quienes deambulan entre ellos.
Los familiares vemos de reojo
a quien no es nuestro enfermo,
nos ayudamos casi sin rozarnos;
somos un pueblo efímero
unido por los sueros:
caminos solitarios a las venas
de todos los que yacen.
Médicos y enfermeras nos tratan de alejar
de lo que ocurre,
piden que respondamos cuestionarios
y nos dejan ahí, pegados al presente,
sin saber si en efecto nos entendieron bien
en esta aldea de cortinas
en la que no estaremos todo el tiempo,
pues nos harán salir a una sala de espera
en la que formaremos otro pueblo distinto,
distraído y con sueño,
nervioso de no oír el altavoz
y que cuida con celo cada silla
o el piso en el que duerme.








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Alicia García Bergua (1954)
Ciudad de Mèxico.


Tramas - 2007
Editorial: Calamus

10/10/16

Kenneth Rexroth: "la dicha de nuestro amor es incomprensible..."



Marichiko es un heterónimo que utilizó Kenneth Rexroth para escribir una serie de poemas de amor poniéndose en la piel de una poeta japonesa, al principio se publicaron como traducciones pero después el autor aclaró que no existe realmente Marichiko.




I


Me siento en mi escritorio.
¿qué puedo escribirte?
enferma de amor,
Ansío vernos en persona.
Sólo puedo escribir,

"te amo, te amo, te amo."
el amor me atraviesa el corazón
y desgarra mis entrañas.
Espasmos de anhelo me asfixian
y no se detendrán.








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II


Si pensara que pudiera escapar
y llegar a vos,
diez mil millas serían como una milla.
Pero ambos estamos en la misma ciudad
y no me atrevo a verte,
y una milla es más larga que un millón de millas.








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III



Oh, la angustia de estos encuentros secretos
en lo profundo de la noche,
espero con el *shoji abierto.
Llegás tarde, y veo tu sombra
moverse a través del follaje
en el fondo del jardín.
Nos abrazamos ocultos de mi familia.
Lloro en mis manos.
Mis mangas ya están húmedas.
Hacemos el amor, y de pronto
los vigilantes de incendios aparecen
con palmas y alumbrando.
Qué crueles son
al aparecer en un momento así.
Alterada por sus apariciones,
balbuceo sin sentido
y no puedo parar de decir
palabras sin conexión.




*shoji a un tipo de puerta tradicional en la arquitectura japonesa. Funciona como divisor de habitaciones y consiste en papel washi traslúcido con un marco de madera.








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IV


Me preguntás qué pensaba
antes de que fuéramos amantes.
La respuesta es fácil.
Antes de conocerte
no tenía nada en qué pensar.








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V


El otoño cubre todo el mundo
con brocado chino antiguo.
Los grillos gritan, "remendamos ropa vieja".
Son más austeros que yo.








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VI


Solo nosotros.
En nuestra pequeña casa,
Lejos de todos,
lejos del mundo,
sólo el sonido del agua sobre la piedra.
Y después te digo "Escuchá, escuchá.
Oí el viento en los árboles,
oí el viento
en nuestra pequeña casa.








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VII


Hacer el amor con vos
es como beber agua de mar.
Cuanto más bebo
más sed tengo,
hasta que nada puede saciar mi sed
excepto beber todo el mar.








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VIII


Un solo rayo en el amanecer,
la dicha de nuestro amor
es incomprensible.
No hay sol que brille ahí, ni
luna, ni estrellas, ni relámpago,
Ni siquiera una lámpara.
Todas las cosas son incandescentes
con el amor que ilumina todo el mundo.








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IX


Me despertás,
separás mis muslos, y me besás.
Te doy el rocío
de la primera mañana del mundo.








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X


La escarcha cubre las cañas del pantano.
Una bruma fina vuela a través de ellos,
haciendo crujir las hojas largas.
Mi corazón late lleno de felicidad.








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XII


Vení a mí, como venís
con suavidad a la cama rosa de carbones
de mi chimenea
que brilla a través del bosque ligado a la noche.








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XIII


Acostada en el prado, abierta a vos
bajo el sol del mediodía
un humo brumoso oculta a medias
mis pétalos de rosa.








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XV


Porque sueño
con vos cada noche,
mis días de soledad
son sólo sueños.








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XVI


Calcinada de amor, la cigarra
clama. Silenciosa como la luciérnaga,
mi carne es consumida de amor.








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XVII



Durmamos juntos esta noche acá.
Mañana, ¿quién sabe dónde vamos a dormir?
Tal vez mañana nos acostemos en los campos,
con nuestras cabezas en las rocas.








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XVIII


Fuegos
arden en mi corazón.
Ningún humo se levanta.
Nadie lo sabe.








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XIX


Paso el día tensa, en-
soñando con vos. Me relajo con gozo
cuando en el atardecer escucho
las campanadas de templo en templo.








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XX


¿Quién está ahí? Yo.
Yo quién? Yo soy yo. Vos sos vos.
Tomás mi pronombre,
y somos nosotros.








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XXI


La luna llena de primavera
se eleva desde el Vacío,
y empuja a un lado la red
de estrellas, una bola de cristal puro
sobre terciopelo pálido con gemas.








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XXIII


Me gustaría poder ser
Kannon con mil cabezas
para besarte y Kannon
con mil brazos
para abrazarte, y
Dainichi para abrazarte
por siempre


















XXIV


Grito mientras me mordés
mis pezones, y el orgasmo
drena mi cuerpo como si
hubiera sido cortada en dos.


















XXV


Tu lengua se mueve y rasguea
dentro de mí, y me vuelvo
hueca y ardo con luz
arremolinada, como el interior
de una perla vasta y creciente.


















XXVI


Es el tiempo cuando
los gansos salvajes vuelven. Entre
el atardecer y
la luna creciente, una línea de
Brantas escribe la figura "corazón".


















XXVII


Cuando salía del
baño caliente, me tomaste ante
el espejo horizontal
al lado de la cama baja, mientras mis
pechos temblaban en tus manos y mis
nalgas se estremecían contra vos.


















XXVIII


La primavera llega antes este año.
laureles, ciruelas, melocotones,
almendras, mimosas,
todas florecen a la vez. Bajo la
luna, la noche huele a tu cuerpo.


















XXIX


Amame. En este momento
somos las personas
más felices del mundo.


















XXXI


Algún día sólo seis pulgadas
de cenizas será todo
lo que quede de nuestras mentes apasionadas,
de todo el mundo creado
por nuestro amor, su origen
y muerte.


















XXXII


Sostengo tu cabeza apretada entre
mis muslos, y la presiono contra
tu boca, y floto a la deriva
por siempre, en un barco
de orquídeas sobre un río del cielo.


















XXXIII


No puedo olvidarme
del perfume de la noche dentro
de la carpa de mi vello negro,
mientras nos despertamos para hacer el amor
después de una noche larga de amor.


















XXXIV


Cada mañana
que despierto sola, sueño
que mi brazo es tu dulce carne
presionando mis labios.


















XXXVI


Estoy triste esta mañana.
la niebla era tan densa
que no pude ver tu sombra
mientras pasaste mi shoji.


















XXXVII


¿Es sólo el viento
en el pasto de bambú,
o sos vos que venís?
Al menor sonido
mi corazón se saltea un latido.
Trato suprimir mi tormento
y dormir un poco,
pero sólo consigo desvelarme más.


















XXXVIII


Esperé toda la noche.
hasta la madrugada, estaba en llamas.
En la mañana, con la esperanza
de encontrarte en un sueño,
apoyé mi cabeza cansada
sobre mis brazos cruzados,
pero el canto de los pájaros
que despertaban me atormentó.


















XL


Mientras la rueda sigue la pezuña
del buey que tira del carro,
mi dolor sigue tus pasos,
mientras me dejás al amanecer.









(versiones al castellano: Hugo Zonáglez)






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I


I sit at my desk.
What can I write to you?
Sick with love,
I long to see you in the flesh.
I can write only,

“I love you. I love you. I love you.”
Love cuts through my heart
And tears my vitals.
Spasms of longing suffocate me
And will not stop.


















II


If I thought I could get away
And come to you,
Ten thousand miles would be like one mile.
But we are both in the same city
And I dare not see you,
And a mile is longer then a million miles.


















III


Oh the anguish of these secret meetings
In the depth of night,
I wait with the shoji open.
You come late, and I see your shadow
Move through the foliage
At the bottom of the garden.
We embrace hidden from my family.
I weep into my hands.
My sleeves are already damp.
We make love, and suddenly
The fire watch loom up
With clappers and lantern.
How cruel they are
To appear at such a moment.
Upset by their apparition,
I babble nonsense
And can't stop talking
Words with not connection.


















IV


You ask me what I thought about
Before we were lovers.
The answer is easy.
Before I met you
I didn't have anything to think about.


















V



Autumn covers all the world
With Chinese old brocade.
The crickets cry, “We mend old clothes”.
They are more thrifty than I am.


















VI


Just us.
In our little house,
Far from everybody,
Far from the world,
Only the sound of water over stone.
And then I say to you “Listen. Listen.
Hear the wind in the trees,
Hear the wind
In our little house.


















VII


Making Love with you
Is like drinking sea water.
The more I drink
The thirstier I become,
Until nothing can slake my thirst
But to drink the entire sea.


















VIII


A single ray in the dawn,
The bliss of our love
Is incomprehensible.
No sun shines there, no
Moon, no stars, no lightning flash,
Not even lamplight.
All things are incandescent
With love which lights up all the world.


















IX


You wake me,
Part my thighs, and kiss me.
I give you the dew
Of the first morning of the world.


















X


Frost covers the reeds of the marsh.
A fine haze blows through them,
Crackling the long leaves.
My full heart throbs with bliss.


















XII


Come to me, as you come
Softly to the rose bed of coals
Of my fireplace
Glowing through the night-bound forest.


















XIII


Lying in the meadow, open to you
Under the noon sun
Hazy smoke half hides
My rose petals.

















XV


Because I dream
Of you every night,
My lonely days
Are only dreams.

















XVI


Scorched with love, the cicada
Cries out. Silent as the firefly,
My flesh is consumed with love.


















XVII


Let us sleep together here tonight.
Tomorrow, who knows where we will sleep?
Maybe tomorrow we will lie in the fields,
Our heads on the rocks.

















XVIII


Fires
Burn in my heart.
No smoke rises.
No one knows.

















XIX


I pass the day tense, day -
Dreaming of you. I relax with joy
When in the twilight I hear
The evening bells ring from temple to temple.

















XX


Who is there? Me.
Me who? I am me. You are you.
You take my pronoun,
And we are us.

















XXI


The full moon of Spring
Rises from the Void,
And pushes aside the net
Of stars, a pure crystal ball
On pale velvet, set with gems.

















XXIII


I wish I could be
Kannon of the thousand heads
To kiss you and Kannon
Of the thousand arms
To embrace you, and
Dainichi to hold you
Forever

















XXIV


I scream as you bite
My nipples, and orgasm
Drains my body, as if I
Had been cut in two.

















XXV


Your tongue thrums and moves
Into me, and I become
Hollow and blaze with
Whirling light, like the inside
Of a vast expanding pearl.

















XXVI


It is the time when
The wild geese return. Between
The setting sun and
The rising moon, a line of
Brant write the character “heart”.

















XXVII


As I came from the
Hot bath, you took me before
The horizontal mmirror
Beside the low bed, while my
Breasts quivered in your hands, my
Buttocks shivered against you.

















XXVIII


Spring is early this year.
Laurel, plums, peaches,
Almonds, mimosa,
All bloom at once. Under the
Moon, night smells like your body.

















XXIX

Love me. At this moment we
Are the happiest
People in the world.

















XXXI


Some day in six inches of
Ashes will be all
That's left of our passionate minds,
Of all the world created
By our love, its origin
And passing away.

















XXXII

I hold your head tight between
My thighs, and press against your
Mouth, and float away
Forever, in an orchid
Boat on the River of Heaven.

















XXXIII


I cannot forget
The perfumed dusk inside the
Tent of my black hair,
As we awoke to make love
After a long night of love.

















XXXIV


Every morning, I
Wake alone, dreaming my
Arm is your sweet flesh
Pressing my lips.

















XXXVI


I am sad this morning.
The fog was so dense,
I could not see your shadow
as you passed my shoji.

















XXXVII


Is it just the wind
In the bamboo grass,
Or are you coming?
At the least sound
My heart skips a beat.
I try to suppress my torment
And get a little sleep,
But I only become more restless.


















XXXVIII


I waited all night.
By midnight I was on fire.
In the dawn, hoping
To find a dream of you,
I laid my weary head
On my folded arms,
But the songs of the waking
Birds tormented me.

















XL


As the wheel follows the hoof
Of the ox that pulls the cart,
My sorrow follows your footsteps,
As you leave me in the dawn.













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Kenneth Rexroth (1905-1982)
South Bend, Indiana, Estados Unidos.


The Love Poems of Marichiko - 1978.
Christopher's Books, Santa Barbara, California, Estados Unidos.

23/7/16

Jorge Leónidas Escudero: "Soy como el ignorante empeñoso que aspira a un tesoro..."



Cero 


El fuego los consuma 
les aúllen los monos de hórrida selva
y los papagayos trastruequen sus nombres, 
las orquídeas abunden, vanamente, 
sobre sus itinerarios confusos. 

Porque no fueron más que semilla de viento, 
ojo de tormenta o sea
en sus manos existen elementos angélicos
pero se malogran las vetas, 
todo termina en burla. 

Y es que nadie ha visto más forma de desierto
que ellos, más aguda
soledad o un desquite que jamás llega. 

A bancos de las plazas madrugadas
suelen ir esas penas o hiantes hombres enroscados, 
las sus lágrimas luego de perder
y el aplauso de las palmeras para mayor escándalo.

Constructores tozudos de castillos de naipes
al azar de su ansia, sin abrigo; 
tropezar en la misma piedra a cada
paso en la inmensidad. 

Sin embargo resumen lo más hondo del hombre: 
Sobrepasar sus límites, pura búsqueda y nada. 

El juego es hermoso, pero el camino es triste.









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15


En Baden Baden o en Wiesbaden,
donde amó la ruleta Dostoievski,
ahí estuve en mil
ochocientos sesenta y pico.

Aún lo veo al ingenuo de Fedor
perder hasta el pasaje de vuelta a Rusia
y me veo a mí mismo, ilusionado,
perseguir infames mariposas.

Es que vengo haciendo en muchas partes
vida de iluso,
soñando con aves del paraíso
y perdiendo las plumas.

Sin duda que el eximio novelista,
jugador extremoso,
seguirá todavía en Baden Baden o en Wiesbaden
(tal como lo dejé)
luchando a pie juntillas contra los numerosos
caprichos de la suerte.

Por eso le remito este mensaje hoy
para que venga a ver mi última martingala,
tan bonita,
que si no anda inventaré otra.

Vendrá por descontado el amigo Fedor
a que juguemos juntos, porque le gustaba mucho
colgarse en los precipicios y sacar la lengua.









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4


Tableteo de fichas, el fracaso
que las arañas tejen. En efecto, 
punto y banca es un juego extraordinario
para gente omitida que decide
tomar cartas en algo.

La mano de la mujer, un bote dado vuelta, 
trataba de retener su última esperanza. 
Fumaba desesperada. Un acierto
quiso enhebrar de apuro y se le torció el humo.

Vieja madera rubia la echaron a una orilla
para alimento de las hormigas.
Mientras tanto la noche iba de ancar, 
siete por uno, esperen, cinco y pide;
mucha gente humillada.

Entonces se dirigió a mí con la mirada
y sin pronunciar labio
dijo que estaba muy delgada, 
que era representante de la Humanidad sufriente, 
que podría desquitarse si yo le regalara una ficha.

Más no quise ayudarla porque es muy difícil
que la Humanidad se desquite.









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25


Este burro me ha hecho perder la fe en el mundo.
Tan lindo que es cuando avanza. ¡Winedrop! ¡Winedrop! 
pero después afloja y todo termina en desquicio.

Primaveral domingo hora quince.
Temperatura exactamente la de mi furia
por manejar boletitos de modo 
que se metió Farfal por la mismísima:
perdí por cuatro cuerpos.

Ahora soy un seco padre de familia
expuesto a los lobos que me persiguen. Era
jugarle a un caballito fenómeno
y miren lo que pasó.

Volveré volveré como las oscuras
a escupir este piso e insultar
cualquier pedigree. Pasaba, 
iba solamente a la florería
a comprar un ramo para una amiga de mi mujer
que falleció en domingo, pobrecita,
cuando entré al hipódromo y me jugué las flores
a las patas de un pura sangre.









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6


Si usted ve a los buscadores de oro de la Amazonia
dice que son grandes muchachos.
En cambio de mí dirá que soy un vago.
Es admisible que no se fije bien;
pero ellos y yo nos revolcamos
en el mismo barro del juego.

No olvide pensar que esos trabajadores
juegan a la ruleta ahondando su veta
y sueñan con acertar una bonanza
para así despedirse de la selva hórrida, 
los bichos ponzoñosos y cuanta bestia
se enquista donde habita la esperanza. 

Ahora si medita hasta profundamente
usted podría llegar a la evidencia
de que los garimpeiros de la Sierra Pelada, 
al igual que yo, 
estamos agarrando el rábano por las hojas.









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13


Soy como el ignorante empeñoso
que aspira a un tesoro.
Todo lo conseguido fueron llagas
y cuanto más un ¡Ah!, como alto gozo
en la noche total, por haber visto.

Eso y tomar mujer. Ella y los niños.
El desierto por tierra prometida.
A veces un oasis pequeñísimo. 

Terrible vanidad quererlo todo
y elegir el camino más difícil.

Nadie dirá, el día que me quiebre, 
que pude en una cosa seria.
Mis amistades, comentando el hecho, 
moverán la cabeza como péndulo
negándome al barrer. Así es la vida.









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36


Apareció transido una mañana
cuando me levantaba para ir a la escuela.
Observé tras los vidrios que dudaba
si entrar a casa o no. Era mi padre.

De sobretodo largo arrugado
y barba en crecida. Va y le abre
mi madre. Nos sentamos
a desayunar y ni agrega esta boca es mía.

Ven que revea ese mazo, papaíto,
tu mano en cucharita temblorosa al café,
la falta de seguridad en los ojos,
y el sol que apareció, no obstante
habías perdido todo
según supe después.

Nunca más ocurrió y prestamente
dijiste cuidadito hijo mío,
el juego es un abrojo que se te prende
hasta dejarte desnudo.

Y desde entonces su ausencia
de sobretodo fúnebre vigila
en la puerta de todos los casinos y timbas
para que yo no entre;
pero entro no más y a la salida
digo tenés razón viejito, perdoname.









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8


Tanto morder barrotes de la jaula
ha perdido los dientes, 
tanto llevar el monstruo en sus espaldas
las clavículas se le han incrustado
en los pulmones. 

Le ha puesto al 11 y ha cobrado espanto.

Se dirige a un sillón y casualmente
me atrevo a explicarle. 
La seguidilla que usted busca no existe, 
es un sueño de tontos, se deshoja
a cada golpe de brisa. 

Me mira de reojo
para decirme evidentemente molesto:
Los números vecinos son amores, 
nada más que ahora están perezosos, más espere
y van a cantarlos hasta usted morirse. 

Ahí le pongo las manos en los hombros
y le siento hundidas las clavículas 
en efecto, por el peso del monstruo.









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33


De los jugadores difuntos que pululan
en sus lugares afines, 
cada vez que asisto salía uno
y se me ubica en el hombro.

Se me acomoda encima como un loro perverso
y desde ese momento ya no puedo ganar, no, 
porque entonces abrigo un ícono-vestigio, 
un espíritu mistificado 
como dicen los entendidos.

Me cantará en el oído esos números
que si apuesto no salen y al a viceversa.
¡Oh!, entidad fraccionaria y mentirosa, 
núcleo de espanto, inteligencia parásita, 
¿por qué insistes en humillarme?

Tendré que hacerme exorcizar.









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20


La lombriz solitaria que abarcó su corazón
se ha retirado al fin, toda ofendida, 
ante la buena vida que hace Ignacio, 
quien ya non toca dado ni baraja
y ruletísticamente hablando tampoco.

El caso es que la tenía alevosa
que lo tenía chupado y ojeroso, 
y hasta con un cordón de acreedores
alrededor de la casa, ha soltado presa. 

Hermoso.
Hermoso si esto terminara aquí;
pero el hombre anda raro, 
como si le faltara aire.

Su mujer cree verlo definitivamente a salvo;
pero yo digo que no, 
que cualquier noche de éstas volverá a las andadas
y dará gritos tristes, 
retorciéndose lujuriosamente, 
cuando lo exprima otra vez la lombriz.









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9


Por haberme excedido en un todo
he vendido a masticar estropajo. 
Entregué mi herencia a eventos, olvidé
toda prudencia.

Llevado a coronar números varios
se me fueron los años entre los dedos, 
mis sueños terminaron en humo, 
mi delirio expiró en tercera docena. 

No quería charlar de esta manera
pero he de desahogarme. Anoche mismo
me dijo un amigo no acudas
porque la luna está adversa.
Sin embargo asistí ya que existe
un expedicionario impenitente en mí, 
un Prometeo, Un Ícaro, un ofendido
capitán ballenero que ha muerto
mil veces destrozado por sí mismo.









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3


Soñándote a ti mismo serás tu sueño.
Suéñate, pero despierto.
Luego olvida los pensamientos:
tu acción se transformará en la no acción.

El zorro no premedita, acecha, 
y salta sobre la presa en el momento oportuno.
De modo que si pretendes ganar nunca elijas
porque el saber habla de ti o no habla
sin que haya vacilación.

esto lo aprendí en mis estrujamientos, 
un cavilar nocturno
escribir fino, lixiviar ceniza, 
quemarme los ojos en vista de todo.

Acércate a la mesa como idiota, 
como si estuvieras ajeno a todo
y coloca la apuesta donde tu corazón diga ¡Ah!

Pero mejor olvídate, 
apártate de estas palabras.
El fuego de lo desconocido se alimenta con mariposas.









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Jorge Leónidas Escudero (1920-2016)
San Juán, Argentina.


Los grandes jugadores - 1987
Edición del autor, San Juan, Argentina.

9/5/16

Ronald Stuart Thomas: "Hay preguntas de las cuales somos la solución..."


Nuevo


No es como en los viejos días, rezo,
Dios. Mi vida no es lo que era...
Una vez había pedido curación.
Ahora voy a ser manipulado...
prestar mi carne como manuscrito del gran poema
del bisturí. Me he arrodillado
tanto, luchando con vos, cansándote. 
Escuchá mi rezo Señor, escuchá mi rezo.
como si estuvieras sordo, miríadas 
de los mortales que mantuvieron su llanto
agudo, lo que explica tu silencio por sus ineptitudes.

Empieza a aparecer
esto no es de lo que el rezo se trata.
Es la aniquilación de la diferencia,
la conciencia de mi ser en vos,
de vos en mí... empiezo a reconocerte
de nuevo, Dios de forma y número.
Hay preguntas de las cuales somos la solución, 
otras cuyas ecos nos debemos expandir
para contener. Circular tal como nuestro camino, 
que nos lleva no de vuelta a la serpiente encantada
del jardín, sino adelante a la ciudad alta
de cristal que es el laboratorio del espíritu.








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La mano


Era una mano. Dios lo vio 
y alejó la mirada. Había una frialdad
sobre su corazón, como si la mano
lo estrechara. Mientras al final 
de un tunel oscuro, vió ciudades
que la mano construiría, motores
que arrasaría con ellos. Su vista
nublada. Tentado de soltar las uniones
de los dedos, lo recogió.
Pero la mano luchó con él. "Decime
tu nombre", lloró, "y la escribiré
en oro brillante. No hay obras
que hacer, niños que crear, poemas
para ser escritos. El mundo
carece de sentido, esperá
mi llegada."Pero Dios, sintiendo las uñas
en su costado, el calor terrible
del contacto, luchó
en silencio. Esta fue la larga guerra consigo mismo
siempre previsto, la pregunta
no contestada. ¿Para qué
es la mano? ¿La inmaculada concepción
precede la entrega
de la primera herramienta? "Te dejo ir,"
dijo, "pero sin bendición.
Mensajero de las cosas contradictorias
de tu realización, deciles que soy".








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La palabra


Una lapicera apareció, y el dios dijo:
"Escribe lo que es ser
hombre." Y mi mano se desplazó
prolongada sobre la página desnuda,

hasta que, como huellas
de viajeros perdidos, las letras
tomaron la forma de la blanquedad
de la página, y deletreé

la palabra "solo". Y mi mano se movió
para borrarla; pero las voces
de todos los que esperan en la ventana
de la vida gritaron: "es verdad."








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Ahí afuera


Es otro país.
No hay lenguaje ahí
como el que conocemos: incluso los colores
son diferentes.
Cuando los residentes usan sus ojos,
no ven formas sino la distancia
entre ellos. Si salen,
no van en la dirección habitual
de un viajero, pero hacia los lados y
hacia fuera a través del espejo de una refractada
escala de tiempo. Si te juntaras con ellos temprano,
los reconocerías por una ausencia
de sombra. Tus problemas
están en su pasado;
los que están a punto de resolver
son lo que no sos capaz
de concebir. En experimentos
en exogamia, bajo el creciente microscopio
de la mente, aislan el virus humano y lo queman
en el ardor de su indiferencia.








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Amen


Todo estaba arreglado:
la virgen con el niño, el nacimiento
en Belén, el viaje árido cuesta arriba
a Jerusalén. Los profetas lo predijeron,
las escrituras lo condicionaron
a aceptarlo. Judas se fue a su trabajo
con su amargo beso; ¿Qué más
podía hacer?

Una vejez sabia,
los honores recibidos por durar,
no son de un salvador. Él tuvo
que ser asesinado; la salvación obtenida
por una culpa mayor. El árbol,
con sus raíces en la oscuridad de la mente,
fue plantado con divinidad, el rastrillo original
existente. No hay sentido en la vida,
a menos que los hombres puedan rechazar
el amor. Dios necesita su martirio.
Los suaves ojos miran desde la Cruz
en triunfo perverso. ¿Qué le importa
los pequeños sacrificios de la gente?








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El cuento de Dios


Mil años pasaron.
Buda se sentó bajo el árbol Bodhi
rimando. Dios ardió en el cielo

como antes. La familia esperaba
por él que no volvería
nunca más. ¿Quién es mi padre

y madre? Dios tocó el agujero
en su costado, de donde salió
el árbol verde. El desierto rindió

a sus santos. El anillo del Papa era letal
como el beso de una serpiente. El arte y la poesía
bebieron de ese veneno lento, Dios,

mira en un cáliz seco,
sintió el tacto frío de la máquina
en su mano, que lo conduce

a un altar de acero. "¿Dónde estás?"
él llamó, buscándose entre
los engranajes mudos y los incansables árboles de levas.








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La plegaria


Él se arrodilló
rechazando sus oraciones
como inapropiadas; una a una
vinieron a sus labios y fueron tragadas
pero sin bilis.
Recurrió
a un viejo orador: Enseñame a conocer
por qué orar. Él
escuchó; después de soportar
su petición, áun sin, voz 
suave, sólo el desfile 
de fantasmas, víctimas 
de sus peticiones anteriores. 
Mantuvo sus manos, ahuecadas
como si fuera a recibir sangre, que se fuga
del lado de su vida.
Permanecieron secas, como su boca. 
Pero la oración se formó:
liberame de la larga sequía
de la mente. Dejá que las hojas
de la cruz caduca
caiga sobre nosotros, nos
limpia y convierte en oro 
nuestro otoño por la riqueza de su fuente.








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El instrumento


¿Entonces no había nada?
Nada. ¿Un eco?
¿Quién habló? Hubo vacío
y una cara que mira fijo, busca
una semejanza. Pensó
en probar una ausencia. Dios
sabía que estaba desnudo y
retraído. Y los gérmenes
aglomerados, su alfabeto
alargado; ¿donde estaba la lengua
para pronunciarlo? Dolor, dijo
la voz, y la criatura
se paró, su mente plegada
en la oscuridad. Sacó una mano,
como para implorar
sabiduría, y un instrumento
brillaba ahí. Las alternativas
del árbol afilado. Dios
habló con él desde el árbol de
la totalidad, pero el sonido
del instrumento lo ahogó. Se presentó
en su desnudez. "Perdoname,"
dijo, sufriendo la insolencia
del instrumento en su propio cuerpo.








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Mujer peinándose. Degas


Así que el pelo, también,
¿puede jugar?

Ella lo suelta
y peina una sonata

desde ahí: cello marrón
de pelo, con el brazo

reverencia. Pintor,
que con su rápido

pincel, nos dio este música
silenciosa, no hay nada

que no incluyeras.
Los azules y los verdes,

la nevada abandonada
de su transición, la luz

de su carne suave nos cuenta
desde qué partitura interpreta.








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El hijo


Fue tu madre la que te quería:
ya estabas a medio formar
cuando me enteré. Pero ¿puedo negar
el hambre, la soledad que me trae
desde mi interior? Y cuando apareciste
delante de mí, no hubo arrepentimiento
por lo que había hecho, como sí vergüenza
en lo que hago; sólo compasión
para eso que era tan pequeño para ser llamado
humano. El despliegue de tus manos
eran como una planta, tu oído el caparazón
me tronaban; tus gritos. cuando llegaron,
eran las de una criatura ciega
y pisoteada: aún el dolor no se convierte en tristeza.








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Mediaciones


Y para uno Dios dice: Vení
a mí en números y
cifras; mirá mi belleza
en los ángulos entre
las estrellas, en las ecuaciones
de mi reino. Ofrece
tu mirada a la adoración
de mis dimensiones: extraña
y lejana, siempre
hay más de mí
en proporción. Y para:
soy la zarza ardiente
en el centro de
tu existencia; debés apartar
tu conocimiento y vení
a mí con tu mente
en blanco. Y a éste
le dice: Debido
a tu delicado estómago, la crudeza
de tus emociones,
iré a vos de la forma más
simple, en el cuerpo
de un hombre colgado de un árbol
alto que hayas convertido en
la madera y no me conocerás.








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La capilla


Un poco al costado de la carretera principal
calmada en un gris del siglo pasado
está la capilla, fea, sin el recurso
al turista para detener su auto
y visitarla. El tráfico y el río 
fluyen, y las sombras veloces
de las nubes también, y la capilla se asienta
un poco más en el pasto

Pero acá una vez en una noche como esta,
en la oscuridad que estaba cerca
de sus oyentes, un predicador se incendió,
y ardió constante delante de ellos
con una luz extraña así que vieron
el esplendor de las montañas estériles
sobre ellos y cantaron sus amenes
con fuerza, limitados pero a salvo
en un modo que los hombres no lo son ahora.








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El problema


Había este problema.
La mente lo contemplaba;
El cuerpo se entretuvo
en el sol. por decirlo de alguna manera,
El viento susurraba. La mente
dormida. Siete imperios se hundieron
en la arena removida. Unas personas se detuvieron
en Atenas; el problema los reconoció, 
pero no iban a ser contemplados
por su escultura ciega. ¿Hijo de Dios
o hijo del hombre? En Jerusalén
el problema se dio de una nueva forma.
La Cruz ofreció su solución descarnada
a los gentiles; bajo su sombra
sus huesos blanqueados. Los filósofos bautizaron
su premisa. El problema reposaba
sobre los sótanos de los alquimistas.








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La brecha


Dios despertó, pero la pesadilla
no desapareció. Palabra a palabra
la torre del discurso creció.
Miró desde el aire
que desprendió. Una palabra más y
estaría en un mismo nivel
con él; el vocabulario
habría triunfado. Él
se midió con la delgada brecha
de su mente. No, no, no,
¡más amplio que eso! Pero la cercanía
persistió. ¿Cómo vivir con
la situación, era miedo
ahora? Cómo tomar su descanso
en el borde de un abismo que una
palabra podría colmar.
Se inclinó
y miró en el diccionario
que usaban. Ahí estaba el blanco aún
por su nombre del mismo
orden como el territorio
entre ellos, el hambre verbal
de la cosa en sí. Y la oscuridad
que es la sangre de dios engrosada
dentro de él, y lo dejó
hacer la señal en el espacio
en la página, eso es en todos los idiomas
y ninguno; ese es el tormento
gramatical y el misterio
en el núcleo de la célula, y la ecuación
que no resultará, y
la estrechez que miramos
fijo en el silencio
eterno, es el reposo de Dios.








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El combate


No tenés nombre.
Hemos luchado con vos todo 
el día, y ahora llega la noche,
la oscuridad de la que surgimos
buscando; y anónimo
te retirás, nos dejás tratando
nuestras contusiones y luxaciones.

Para el fracaso del lenguaje
no hay reparo. Los físicos
nos cuentan tu tamaño, los químicos
los ingredientes de tu
pensando. Pero nadie nos dice
quién sos, ni por qué
en las marchas inocentes
del vocabulario deberíamos elegir
comprometernos y flagelarnos
con tu silencio. Morimos, morimos
sabiendo que tu resistencia
es interminable en la frontera del gran poema.








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Vivo


Está vivo. Sos vos,
Dios. Mirando lo que puedo ver
ninguna muerte. La tierra se mueve, el
mar se mueve, el viento sigue
en su trayecto
exuberante. Muchas criaturas
te reflejan, las flores
tu color, las mareas la precisión
de tus cálculos. Ahí
no hay nada demasiado amplio
para que puedas desbordar, nada
tan pequeño que tu mano de obra
no se revele. Escucho
y sos vos el que habla,
encontré el lugar donde reposás
abrigado. Por la noche, si me despierto,
existen aglomeraciones insomnias
de las estrellas. La oscuridad
es la sombra profunda
de tu presencia; el silencio un
proceso en el metabolismo
del ser de amor.








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Matrimonio


Miro arriba; vos pasás.
Tengo que conciliar tu
existencia y su significado 
con lo que leo: reyes y reinas
y sus batallas
por el poder. Vos tenés tu batalla,
también. Me pregunto: ¿He
estado de tu lado? ¿Es más hermosa
una reina muerta que una esposa
viva? La historia venera
el hecho pero no puede permanecer
neutral. Porque no hay reyes
dignos de vos; porque poetas
mejores que yo no están acá
para describirte; porque el tiempo
es siempre tan corto, debés pasar
ahora, sin ser mencionada, como desconocida
para el futuro como para
el pasado, con los ojos
de un hombre reposando en vos
en el intervalo de su preocupación.








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Montrose


Se dijo que fue alegre a ese andamio,
vestido magníficamente como un novio,
su encaje caía sobre él como la helada blanca
en una mañana sin viento de su valor.

Su sangre roja fue el agua de la vida,
convertida en vino en el banquete de boda;
la novia Escocia, el espíritu depende
tanto de la consumación de su matrimonio.








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El campo brillante


He visto el sol abrir camino 
para iluminar un pequeño campo
por un momento, y me perdí
y lo olvidé. Pero esa era la
perla de gran valor, el campo que tenía
el tesoro en él. Ahora me doy cuenta
que debo dar todo lo que tengo
para poseerlo. La vida no se apura

en un futuro en perspectiva, ni anhela ante
un pasado imaginado. Es el desvío
como Moisés en el milagro
de la zarza encendida, a un brillo
que parecía tan transitorio como tu juventud
alguna vez, pero es la eternidad la que te espera.








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Ahora


Hombres, ¿quién en su día
bajaron reconociendo
la derrota?, ¿qué dirían
ahora, dónde los superlativos
no tienen significado? Lo que era fracaso
para ellos, nuestro abandono
de una idea se convirtió
en arte elevado. ¿Podrían
con tal presagio haber
sido felices? ¿Podemos,
porque hay niveles
aún no descendidos,
tener consuelo? ¿Es
suficiente para nosotros, 
como esa minoría
de nuestros compañeros en los siglos
de apresuramiento, hacernos a un lado 
reingresar al jardín? ¿Qué
es la serenidad del valor del arte
sin los ángeles
en las puertas calientes, cuya espada
es el tiempo y nuestra conciencia inquieta?








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El interrogatorio


Pero los financieros preguntarán
ese día: ¿No es mejor
dejar saldos bancarios rotos
detrás que cabezas rotas?

Y Cristo que reconoce a los 
nuevos guerreros sentirá la violación 
de su herida sanada, sus lápices 
terribles y la hemorragia de sus cifras.








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Bien


El anciano sale sobre la colina
y mira hacia abajo para recordar los primeros días
en el valle. Él ve el brillo del arroyo,
la iglesia, escucha la camada de
voces de los niños. Un escalofrío en la carne
le dice que la muerte no está lejos
ahora: es la sombra bajo las grandes ramas
de la vida. Su jardín con hierbas creciendo.
El cernícalo pasa con la presa fresca
en sus garras. El viento esparce el olor
del frijol silvestre. El tractor trabaja
en el cuerpo de la tierra. Su nieto está ahí
arando, su joven esposa le trae
pasteles, té y una sonrisa oscura. Está bien.







(versiones al castellano: Hugo Zonáglez)


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Emerging


Not as in the old days I pray,
God. My life is not what it was...
Once I would have asked healing.
I go now to be doctored...
to lend my flesh as manuscript of the great poem
Of the scalpel. I would have knelt
long, wrestling with you, wearing
you down. Hear my prayer Lord, hear my prayer. 
As though you were deaf, myriads of mortals
have kept up their shrill
cry, explaining your silence by their unfitness.

It begins to appear
this is not what prayer is about.
It is the annihilation of difference,
the consciousness of myself in you,
of you in me...I begin to recognize
you anew, God of form and number.
There are questions we are the solution 
to, others whose echoes we must expand
to contain. Circular as our way
is, it leads not back to the snake-haunted
garden, but onward to the tall city
of glass that is the laboratory of the spirit.








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The Hand


It was a hand. God looked at it
and looked away. There was a coldness
about his heart, as though the hand
clasped it. As at the end
of a dark tunnel, he saw cities
the hand would build, engines
that it would raze them with. His sight
dimmed. Tempted to undo the joints
of the fingers, he picked it up.
But the hand wrestled with him. "Tell
me your name," it cried, "and I will write it
in bright gold. Are there not deeds
to be done, children to make, poems
to be written. The world
is without meaning, awaiting
my coming." But God, feeling the nails
in his side, the unnerving warmth
of the contact, fought on in
silence. This was the long war with himself
always foreseen, the question not
to be answered. What is the hand
for? The immaculate conception
preceding the delivery
of the first tool? “I let you go,”
he said, “but without blessing.
Messenger to the mixed things
Of your making, tell them I am.” 








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The Word


A pen appeared, and the god said:
"Write what it is to be
man." And my hand hovered
long over the bare page,

until there, like footprints
of the lost traveller, letters
took shape on the page's
blankness, and I spelled out

the word "lonely". And my hand moved
to erase it; but the voices
of all those waiting at life's
window cried out loud: "It is true." 








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Out There


It is another country.
There is no speech there such
as we know: even the colours
are different.
When the residents use their eyes,
it is not shapes they see but the distance
between them. If they go,
It is not in a traveller’s
Usual direction, but sideways and
out through the mirror of a refracted
timescale. If you meet them early,
you would recognise them by an absence
of shadow. Your problems
are in their past;
those that they are about to solve
are what you are incapable
of conceiving. In experiments
in outbreeding, under the growing microscope
of the mind, they are isolating the human virus and burning it
up in the fierceness of their detachment.








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Amen


It was all arranged:
the virgin with child, the birth
in Bethlehem, the arid journey uphill
to Jerusalem. The prophets foretold
it, the scriptures conditioned him
to accept it. Judas went to his work
with his sour kiss; what else
could he do?

A wise old age,
the honours awarded for lasting,
are not for a saviour. He had
to be killed; salvation acquired
by an increased guilt. The tree,
with its roots in the mind’s dark,
was divinely planted, the original fork
in existence. There is no meaning in life,
unless men can be found to reject
love. God needs his martyrdom.
The mild eyes stare from the Cross
in perverse triumph. What does he care
that the people’s offerings are so small?








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God's Story


A thousand years went by.
The Buddha sat under the Bo tree
rhyming. God burned in the sky

as of old. The family waited
for him who would not come back
any more. Who is my father

and mother? God fingered the hole
in his side, where the green tree
came from. The desert gave up

its saints. The Pope's ring was deadly
as a snake's kiss. Art and poetry
drank of that slow poison, God,

looking into a dry chalice,
felt the cold touch of the machine
on his hand, leading him

to a steel altar. "Where are you?"
he called, seeking himself among
the dumb cogs and tireless camshafts.








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The Prayer 


He kneeled down
dismissing his orisons
as inappropriate; one by one
they came to his lips and were swallowed
but without bile.
He fell back
on an old prayer: Teach me to know
what to pray for. He
listened; after the weather of
his asking, no still, small
voice, only the parade
of ghosts, casualties
of his past intercessions. He
Held out his hands, cupped
as though to receive blood, leaking
from life’s side. They
remained dry, as his mouth
did. But the prayer formed:
Deliver me from the long drought
of the mind. Let leaves
from the deciduous Cross
fall on us, washing
us clean, turning our autumn
to gold by the affluence of their fountain.








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The Tool


So there was nothing?
Nothing. An echo?
Who spoke? There was emptiness
And a face staring, seeking
A likeness. There was thought
Probing an absence. God
Knew he was naked and
Withdrew himself. And the germs
Swarmed, their alphabet
Lengthened; where was the tongue
To pronounce it? Pain, said
the voice, and the creature
Stood up, its mind folded
On darkness. It put out a hand,
As though to implore
Wisdom, and a tool
Gleamed there. The alternatives
Of the tree sharpened. God
Spoke to him out of the tree’s
Wholeness, but the sound
Of tool drowned him. He came forth
In his nakedness. ‘forgive me,’
He said, suffering the tool’s
Insolence in his own body.








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Woman Combing. Degas


So the hair, too,
can be played?

She lets it down
and combs a sonata

from it: brown cello
of hair, with the arm

bowing. Painter,
who with your quick

brush, gave us this silent
music, there is nothing

that you left out.
The blues and the greens,

the abandoned snowfall
of her shift, the light

of her soft flesh tell us
from what score she performs.








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The Son 


It was your mother wanted you: 
you were already half-formed 
when I entered. But can I deny 
the hunger, the loneliness bringing me in 
from myself? And when you appeared 
before me, there was no repentance 
for what I had done, as there was shame 
in the doing it; compassion only 
for that which was too small to be called 
human. The unfolding of your hands 
was plant-like, your ear was the shell 
I thundered in; your cries. when they came, 
were those of a blind creature 
trodden upon: pain not yet become grief. 








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Mediations


And to one God says: Come 
to me by numbers and 
figures; see my beauty 
in the angles between 
stars, in the equations 
of my kingdom. Bring 
your lenses to the worship 
of my dimensions: far 
out and far in, there 
is always more of me 
in proportion. And to another: 
I am the bush burning 
at the centre of 
your existence; you must put 
your knowledge off and come 
to me with your mind 
bare. And to this one 
he says: Because of 
your high stomach, the bleakness 
of your emotions, I 
will come to you in the simplest 
things, in the body 
of a man hung on a tall 
tree you have converted to 
timber and you shall not know me. 








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The Chapel


A little aside from the main road
becalmed in a last-century greyness
there is the chapel, ugly, without the appeal
to the tourist to stop his car
and visit it. The traffic goes by
and the river goes by, and quick shadows
of clouds too, and the chapel settles
a little deeper into the grass

But here once on an evening like this,
in the darkness that was about
his hearers, a preacher caught fire,
and burned steadily before them
with a strange light so that they saw
the splendour of the barren mountains
about them and sang their amens
fiercely, narrow but saved
in a way that men are not now.








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The Problem


There was this problem.
The mind contemplated it;
The body amused itself
In the sun. put it by, put it by,
The wind whispered. The mind
Dozed. Seven empires went under
The blown sand. A people stood up
In Athens; the problem recognized
Them, but was not to be outstared
By their blind sculpture. Son of God
Or son of Man? At Jerusalem
The problem was given a new shape.
The Cross offered its gaunt solution
To the Gentiles; under its shadow
Their bones whitened. The philosophers christened
Their premise. The problem reposed
Over the cellars of the alchemists.








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The Gap


God woke, but the nightmare
did not recede. Word by word
the tower of speech grew.
He looked at it from the air
he reclined on. One word more and
it would be on a level
with him; vocabulary
would have triumphed. He
measured the thin gap
with his mind. No, no, no,
wider than that! But the nearness
persisted. How to live with
the fact, that was the fear
now. How to take his rest
on the edge of a chasm a
word could bridge.
He leaned
over and looked in the dictionary
they used. There was the blank still
by his name of the same
order as the territory
between them, the verbal hunger
for the thing in itself. And the darkness
that is a godfs blood swelled
in him, and he let it
to make the sign in the space
on the page, that is in all languages
and none; that is the grammarian’s
torment and the mystery
at the cell’s core, and the equation
that will not come out, and is
the narrowness that we stare
over into the eternal
silence that is the repose of God.








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The Combat 


You have no name.
We have wrestled with you all
day, and now night approaches,
the darkness from which we emerged
seeking; and anonymous
you withdraw, leaving us nursing
our bruises, our dislocations.

For the failure of language
there is no redress. The physicists
tell us your size, the chemists
the ingredients of your
thinking. But who you are
does not appear, nor why
on the innocent marches
of vocabulary you should choose
to engage us, belabouring us
with your silence. We die, we die
with the knowledge that your resistance
is endless at the frontier of the great poem.








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Alive


It is alive. It is you,
God. Looking out I can see
no death. The earth moves, the
sea moves, the wind goes
on its exuberant
journeys. Many creatures
reflect you, the flowers
your color, the tides the precision
of your calculations. There
is nothing too ample
for you to overflow, nothing
so small that your workmanship
is not revealed. I listen
and it is you speaking,
I find the place where you lay
warm. At night, if I waken,
there are the sleepless conurbations
of the stars. The darkness
is the deepening shadow
of your presence; the silence a
process in the metabolism
of the being of love.








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Marriage


I look up; you pass. 
I have to reconcile your 
existence and the meaning of it 
with what I read: kings and queens
and their battles 
for power. You have your battle,
too. I ask myself: Have 
I been on your side? Lovelier 
a dead queen than a live 
wife? History worships 
the fact but cannot remain 
neutral. Because there are no kings 
worthy of you; because poets 
better than I are not here 
to describe you; because time 
is always too short, you must go by 
now without mention, as unknown 
to the future as to 
the past, with one man's 
eyes resting on you 
in the interval of his concern.







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Montrose


It is said he went gaily to that scaffold, 
dressed magnificently as a bridegroom, 
his lace lying on him like white frost 
in the windless morning of his courage. 

His red blood was the water of life, 
changed to wine at the wedding banquet; 
the bride Scotland, the spirit dependent on 
such for the consummation of her marriage. 








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The Bright Field


I have seen the sun break through
to illuminate a small field
for a while, and gone my way
and forgotten it. But that was the
pearl of great price, the one field that had
treasure in it. I realise now
that I must give all that I have
to possess it. Life is not hurrying

on to a receding future, nor hankering after
an imagined past. It is the turning
aside like Moses to the miracle
of the lit bush, to a brightness
that seemed as transitory as your youth
once, but is the eternity that awaits you.








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Now


Men, who in their day 
went down acknowledging 
defeat, what would they say 
now, where no superlatives 
have meaning? What was failure 
to them, our abandonment
of an idea has turned
into high art. Could
they with foreknowledge have
been happy? Can we, 
because there are levels
not yet descended to, 
take comfort? Is it
sufficient for us
that we, like that minority
of our fellows in the hurrying
centuries, turning aside
re-enter the garden? What
is the serenity of art
worth without the angels
at the hot gates, whose sword
is time and our uneasy conscience?








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The Interrogation


But the financiers will ask
In that day: IS it not better
To leave broken bank balances
Behind than broken heads?

And Christ recognizing the
New warriors will feel breaching
His healed side their terrible
Pencil and the haemorrhage of its figures.







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Good


The old man comes out on the hill
and looks down to recall earlier days
in the valley. He sees the stream shine,
the church stand, hears the litter of
children's voices. A chill in the flesh
tells him that death is not far off
now: it is the shadow under the great boughs
of life. His garden has herbs growing.
The kestrel goes by with fresh prey
in its claws. The wind scatters the scent
of wild beans. The tractor operates
on the earth's body. His grandson is there
ploughing; his young wife fetches him
cakes and tea and a dark smile. It is well. 








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Ronald Stuart Thomas (1913 - 2000)
Cardiff, Gales, Reino Unido.


Laboratories of the Spirit - 1975
Editorial: Macmillan, Londres.