27/1/17

Jorge García Sabal: "Cuando el cuerpo espera..."


VII


Ahí están los pasos del día y de la noche,
corredores de humo, cambiante fervor,
transparencias secretas.
Nada acostumbrado, cómodo ni fácil
pobló este corazón; sólo sangre, banderas
de agua viva, espejos rotos, quejas
del mundo.








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IV


¿Y más allá de la victoria?
¿Detrás de qué puerta, en qé otro mundo?

Cuando el cuerpo espera
y sobre tantos ojos el ojo
quiere alumbrar
y otra vez que no es la suya
busca el límite
y acepta
las dádivas del corazón
sólo tu piel
seguro puerto del abrazo
huye y reclama.








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No durará


Ola de calor. Y después lluvia. Lluvia
que trae la ola de calor y lluvia. Se repite:
hace calor, hay lluvia: se repite: no durará.

Pero allí hubo, entretanto, tormenta, un cielo
enorme y gris atravesado por luces y bengalas
y estruendo. Algo así como el amor, el tiempo,
moscas que se atrapan aquí y allá, chispas
volando con sus patas de miel y repentinas,
instantáneas, tiesas, sucias, desmoronadas.

Ola de calor, lluvia, alas: eso que ahora raspa
la pared y hundido respira: hocico, charco
contra una luz sosa, descompuesta.
¿quién?








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Sitio


Hice bien.
Esta noche tapé la jaula de los pájaros,
dejé sin luz a los peces que dormían
cautivos de un solo ojo, eché
por la escalera, justo en su última vida,
al gato.
Hice todo bien.
Ahora estoy solo y Billie Holliday me dice,
hamacándome, la voz llena de pasto y agria,
un cuento para dormir, un sueño. Ella
dice y cuenta cosas que conozco, hamacándome
suave, solos.

Ahora amanece, es el día para siempre.
Me hamaco. Estoy solo. Hice bien, todo bien.








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Soledades


Es confuso lo que uno podría ser
para otro cuando uno no conoce
aquello que oscuramente quiere,
pero sabe que lo perderá; como algo
que no está sino en uno, que hace daño,
pero como uno se hace daño a sí mismo;
que humilla y da miedo. Un miedo
que parece una pregunta de inicio
y despedida; mejor: un permanente adiós.
Es confuso; después uno vive la vida
lleno de miedo ante su piel, un miedo
de murciélago solo encerrado en una casa
de luces, un miedo como una mancha oscura,
otro.
Y pasa el tiempo y de a poco uno
va cambiando palabras intrascendentes
o palabras de búsqueda cada día, y
de a poco quita los espejos, descuelga
los cuadros, vende los muebles de la casa.

Con las puertas arrancadas, las ventanas
abiertas, agachado en un rincón lleno de frío,
uno termina preguntando a uno ¿qué vio? ¿qué?








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Fin de año


Qué importa si un rito o una memoria
de los hombres sólo alcanza a nombrar
la inutilidad del tiempo; si un día
está hecho de la noche y el atardecer
de la aurora, si mañana volverá a ser
pasado, brasa no es reposo, aire
que gasta las caras.

En medio de los sonidos, lazos
que pugnan y se ausentan, la certeza
de la desdicha, la sonrisa del brindis.








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Jorge García Sabal (1948-1996)
Balcarce, Buenos Aires, Argentina.


Mitad de la vida / Tabla Rasa - 2001
Ediciones Del Dock